La Sombra

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Siento algo. Siento algo raro. ¿Es normal ver sombras en todas partes? ¿O me estoy volviendo loca? Todo es posible. Dormía y podía jurar que el aire de mi cuarto estaba más pesado que de costumbre, que todo era más oscuro de lo que lograba recordar. En las calles me sentía incómoda, una mirada en mi nuca, un frio seco que me abrazaba cruelmente hasta en el más caluroso verano.
Todas estas situaciones hacían que no pudiese vivir tranquila por todo un año. Sentía como el pelo de los brazos se erizaba ante las miles de respuestas sobrenaturales que se me venían a la cabeza.
Mi vida había comenzado a ser un fracaso por culpa de esa maldita cosa. Yo siempre fui una fanática de las historias de terror, lo cual me daba cancha a imaginarme millones de cosas que me podrían estar siguiendo, logrando que sufriera, literalmente. Mis calificaciones habían bajado. Mi vida social era lo mismo que un pañuelo usado. No sabía si era la influencia esta o qué. Tal vez era yo, no más.
Ahora me tengo que ir a una fiesta, aunque ni ganas tengo. Siento como algo me observa desde mi ventana mientras me maquillo. Con cierto miedo, o impresión, pongo música a todo volumen.
-          ¡Luz! ¡Baja el volumen! – me grita mi madre.
A regañadientes obedezco. Termino de delinearme, tomo mis cosas, y me voy. En la calle las cosas estaban muy oscuras. Las luces de la ciudad estarían averiadas, no lo sabía, pero no lo ignoraba. El miedo recorría de forma estremecedora mi columna, mis vertebras.
Me aferro a mi cartera, con terror. Sé que es inútil, que mi miedo no iba por el lado de que me robaran. Mi miedo era la oscuridad.
Escucho unos latidos detrás de mí pero me niego a darme vuelta e intento convencerme de que son míos.
Tum, tumtum, tum, tumtum.
Paso, paso, paso, paso.
Me detengo, cierro los ojos. Escucho otros pasos. Miro a mí alrededor y no hay nada más que sombras.
-          Coño de su madre… - susurro.
Sigo caminando, abrazándome a mí misma. Estoy tan distraída que pierdo mi rumbo y cuando me quiero dar cuenta estoy perdida.
Me doy vuelta y hecho un grito que desgarra mi garganta.
Eso no era exactamente una sombra, era algo horrible, tenebroso. El olor ha podrido llena el lugar. Yo estoy paralizada en el suelo,  pero logro agarrar lo que necesitaba en mi cartera.
Cuando aquel monstruo se me acerca, lentamente, me aferro al objeto y me levanto. Empiezo a retroceder, hasta chocar con la pared. Cuando esa criatura de sombras se me acerca no dudo ni un segundo, y con todo el valor que me queda lo apuñalo con las tijeras en el estómago y corro, pero no a la fiesta, sino a mi casa. Ignorando a mis padres, corro a mi cama, llorando, llena de sangre. Me meto bajo las sabanas. Sigo llorando…
Siento como la sangre me rodea, yo me desespero. Es como si la sangre de ese monstruo quisiera algo de mí, mi alma, mi cuerpo, algo…
Desaparezco…




El detective encargado en el caso de la chica desaparecida se quedó trabajando hasta la madrugada.
-          Maldita niña – musita – tengo que quedarme hasta tan tarde…
-          ¿Qué dijiste? – se escucha la voz de una joven detrás de él
El detective se levanta y empieza a buscar. Solo había oscuridad.
¿Alguien podría haberse metido en la oficina? ¿Sin ser visto?
¿Quién…?
-          ¿… soy? – una risita inunda el lugar, su tenebrosa voz hacía eco, rebotaba – Estas en mi caso, detective, y no me reconoces.
-          ¿Luz? – pregunta el aterrado.
Risas.
-          ¿No me reconocías?
-          ¿Dónde estás?
El detective puede sentir como la chica sonríe pero no la encuentra.
-          Búscame.
-          ¡Basta de juegos, no sos un demonio!
Se hace un silencio, y él comienza a dudar de su estado mental.  ¿Sería el sueño que le juega una mala pasada?
-          ¿Querés verme? – pregunta ella, él dudo, pero asiente.
A todo esto, un policía vigilaba, como era usual, las cámaras, una de ellas situada en la oficina del detective. El policía podía ver como aquel hombre hablaba solo, y no lograba comprender que sucedía, pero casi muere del miedo. Ve la expresión de horror y oye el grito del detective y pudo sentir como se le erizaba el pelo de la nuca. ¿Tendría que llamar a la ambulancia o a un manicomio?
Entonces vio algo aun peor. Ve como una sombra negra impedía la vista, pero supo que estaba pasando, algo se devoraba a aquel hombre.
Una sombra se comía a aquel hombre.

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