La Chica de Pelo Negro II

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Rory tenía terror de sacarse el traje. No sabia si el aire de aquella superficie era respirable y si las criaturas no tendrían alguna cosa que fuese contagiosa. No quería ser una de ellos. Prefería la muerte antes de ser un Parásito. Ella sabía que en el fondo aquella gente se podía salvar… pero debía tener cuidado. El parásito era algo mas contagioso que la gripe y mas letal que el veneno. Te torturaba hasta la muerte. Te sacaba hasta el último atisbo de personalidad hasta volverte alguien desquiciado. Hasta ser un asesino, un transmisor. Tu piel se iba como un perro mojado, te quedabas con tus músculos al descubierto.
Rory se mantuvo lo mas alejada posible. La habían mandado como espía a aquellos parajes, a observar el comportamiento de los parásitos y descubrir como desenvolverse entre ellos…
Ella era sin duda la indicada para aquel trabajo… pero su desagrado hacia aquellos seres llegaba demasiado lejos.
Recordaba su hermano, Conan, quien había sido atrapado por aquel horrible ser. Lo vió transformarse de a poco hasta que no le quedo otra opción pero la de llevarlo con el resto de los suyos. Fue la decisión mas dura que tuvo que tomar…
Intento acercarse un poco, para escuchar lo que hablaban. Estaba escondida detrás de un sillón, cuando vio una sombra y una risa extraña. Sintió que su corazón latía a toda velocidad. La habían descubierto. Tenia que correr antes de que intentaran algo que la contagiara…
-         - Vos eras Siara, ¿no?
Ciara saltó sobresaltada, preparada para correr como si fuese Rory. Se quedó mirando a la chica. Había algo en ella… estaba vacía. Algo en sus ojos le dio la impresión de que aquella chica podría adaptarse a cualquier lado por ser como una jarra vacía: depende el lugar se llenaba con algo distinto.
Sintió asco. Pero que mas daba, lo usaría a su favor.
-         - No.
-       -   Aah… perdón… es que estaba viendo todos los del retiro y solo me faltaba una chica con ese nombre para hablar, y como no te reconocía…
-         - Es que se pronuncia “Kira”.
-         - Aaah...
La idea de usar a la chica vacía a su favor se desvaneció en un instante. Ya se había aburrido. Frunció los labios y asintió mientras se alejaba de ella.
Se sentó en el sillón mas alejado posible. Era horrible eso… todos se conocían del colegio, de la vida, o se acababan de conocer y ya actuaban como mejores amigos. Era tan aburrido que a Ciara le daban ganas de vomitar.
Solo había una cosa buena: la mayoría se divertía tanto que ni se percataban de su existencia. Si… podría sobrevivir a esto… solo una semana…
Alguien se sentó a su lado, pero ella no se dignó en devolverle la mirada. No  tenía ganas de invitar a alguien a una conversación. Sin embargo, además de la calidez que sentía a su lado, percibió un olor que no había sentido antes. Era como una mezcla de algo limpio y de un perfume que le encantaba. El olor solo la obligo a voltearse a verlo.
Con cuidado para que no la note, miró al chico con el rabillo del ojo y sintió como si su corazón se saliera de su lugar de lo fuerte que latía. Intentó mantener su respiración normal y se obligó a ver a otro lado. Acababa de desmentir a Brianna.
Encontró a alguien que parecía haber salido de un libro.
Hizo un repaso mental de aquel chico como para estar segura. Pelo rubio oscuro, ojos verdes también oscuros. A simple vista le hacía acordar a Lucas de Medianoche. Era bastante mas alto que ella, y aunque la mayoría de las chicas lo hubiesen visto como demasiado flaco, para ella tenia cierta gracia.
Notó que para mirarlo y decirle algo debía armarse de valor, lo cual la asusto. Si bien ella odiaba sociabilizar, no era tímida. Simplemente no quería tener que dejar su impulsividad a riendas sueltas. Entre que no le gustaba la gente en general, porque nunca había conocido a una sola persona que no intentase ser como el otro, y que no tenía filtro cuando se trataba de dar su opinión, Ciara decidía que mejor no decir nada que dañar a alguien. Por mas falso e insoportable que le pareciera. El hecho de que no le importaba la gente lo hacía fácil para hablarles… pero no era la opinión que tenían de ella, eran las múltiples que ella tenia de los demás. Se sentía culpable.
Cuando lo miró se dio cuenta de que él estaba escuchando la charla que había por ahí cerca, pero no participaba. Estaba solo, como ella. Por una razón que ella no supo, Ciara empezó a imaginarse a aquel extraño como un personaje de sus historias. En sus historias, aquellos que luchaban contra los parásitos usaban unos uniformes rojos enormes, que, para hacerlo un poco mas cómico, a Rory le quedaba muy holgado. Se lo imagino a el así vestido y no pudo evitar el reírse por lo bajo.
Entonces notó que la estaba mirando, lo cual le dio mas gracia aun. Tuvo que voltearse para no reírse de él en su cara. Para la buena suerte de Ciara, parecía que le había sonreído y no que se estaba burlando de él. Le sonrió de vuelta.
-         - Hola. – dijo en un tono de voz muy bajo.
Ella lo miró por un instante, medio tildada. Sonrió.
-         - Hola.
Para su decepción, él no respondió de vuelta. No preguntó su nombre ni nada. ¿Y si era ella la que tenía que seguir la conversación? Se puso nerviosa, pero al ver que él ni se percataba de su existencia se encogió de hombros y siguió en la suya.
-         - Eeeeeeeh, mirate, la única mina por acá. – escuchó a una voz de chico decirle.
Lo miró. Era fácil tres cabezas mas alto, con una gran contextura, y aunque no fuese de su agrado, tenia una sonrisa amplia y simpática. Inspiró con fuerza y miró a su alrededor para ver que tenía razón: todas las chicas se reían como histéricas en el otro lado del salón. Ella estaba sola en una esquina donde estaban todos los chicos. Mejor.
-         - Eso parece. – contestó con una sonrisa forzada.
-         - Soy Juan. – dijo, acercándose para darle un beso.
Horrible costumbre argentina. Odiaba saludar con besos, en especial si era un desconocido. Se alejo y le estrechó la mano.
El la miró sorprendido y se empezó a reir. Le estrecho la mano con tanta fuerza que ella casi sale volando y se sentó a su lado, dejándola apretada entre el chico Lucas y él.
-         - ¿Y como te llamas, pecosa?
-   - ¿Pecosa? No sos muy bueno empezando amistades, Juancho. – dijo ella con una expresión falsa de desaprobación.  – Soy Ciara.
-          ¿Kira? Naa… dame la death note, hija de puta.
Al escuchar esa mención de uno de las series que a ella mas le gustaba le sonrió. Bueno… no estaba tan mal esto de sociabilizar. Era raro encontrar a gente que le gustaran las mismas cosas, y aunque el anime no fuese la principal cosa que ella viera, era una que le encantaba.
Creo que puedo sobrevivir…
Ciara se rio y sacudió su cabeza.
-         - Ojala tuviese la death note, tengo bastantes nombres para poner ahí.
-        -  Entonces creo que mejor llevarse bien con vos… no sea cosa que me ponga en contra a la justiciera. – le sonrió – Ahora, hablando en serio, ¿Cómo se escribe tu nombre?
Ciara le deletreo su nombre.
-         - Ah… nada que ver.
-       -   Es un nombre irlandés, acá se pronuncia cualquier cosa. No hay nada mas molesto que cuando alguien se me acerca y me llama Siara.
-         - ¿Sos de allá?
-         - Si.
-         - Aaaah, mi primer amiga extranjera. – dijo mientras la abrazaba.
Alerta, incómodo, alerta, incómodo.
-         - ¿Conociste a mi amigo? – preguntó señalando al chico Lucas – Es medio parco… pero es copado.
-         - Lo saludé y ahí quedamos. – contesté mientras aprovechaba el momento para mirarlo detenidamente. Era… lindo.
-         - Uuy, chabón, no podes dejar a una piba asi, tenes que darle charla.
-         - ¿Y qué querés que le diga? – preguntó, notablemente molesto.
Creo que no le caigo bien… pensó ella.
-         - Algo, podrías haberle preguntado el nombre.
-         - No importa. – intervino Ciara – Soy Ciara, un gusto. – le extendió la mano.
El la tomó, pero no contesto.
-        -  El aburrido es Leo. No le hagas caso, es simpático cuando quiere.
-         - Aah, veo que no quiere ser simpático conmigo.
-         - Exacto. – respondió Juan riéndose.
Leo, bastante irritado, se levanto y se dirigió a otro lado.
-         - Disculpalo, no esta de muy buen animo.
-       -   No… lo noté. – Ciara inspiró hondo – Y decime… ¿Soy a la única a la que arrastraron acá?
-         - ¿Arrastrar?
-        -  Si… mi vieja me trajo porque decía que no tenía amigos ni vida y que tenía que salir mas… es muy pesada.
-     -  Aah, si, se como es eso. A mi me pasó igual, pero a mi me arrastró Leo para que pudiese hacer algo con mi vida. – se rieron los dos – Aunque yo creo que era mas para acompañarlo.
-         - Por lo que veo él necesita más que vos el hacer algo de su vida.
-         - No… es que creo que lo pusiste nervioso.
-         - Vamos, no se su nombre entero, no puedo anotarlo en mi death note.
-         - Estas loca, ¿sabias? – se rio.

Y así Rory se acercó al parásito… para ver que no era lo que creía. 

La Chica de Pelo Negro I

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Sintió como si le hubiesen dado una inyección de adrenalina. Rory corrió a toda velocidad. En una mano, la daga de sangre, en la otra un revolver viejo, pero muy eficiente. Su amigo se quedó mirándola sin poder dar crédito a sus ojos, mientras ella saltaba uno de los cadáveres y se enfrentaba cara a cara con el Parásito. La criatura, muy similar a lo que una vez fue un humano, temblaba mientras su risa maniática resonaba en todo el salón de actos. Sus ojos se salían de las órbitas dado a su falta de parpados, los músculos, rodeados de una gruesa capa de sangre negra, se contraían y se relajaban de una manera epiléptica. Rory, con sus últimos atisbos de energía, se abalanzo sobre la bestia con una furia y ansia de sangre digna de un guerrero espartano y con una fuerza inimaginable, lanzó…
Ciara sintió como si la despertaran de una pesadilla. Miró madre con los ojos desorbitados, mientras la miraba con total enojo, con un cable en la mano.
-         - Mamá… ¿Qué hiciste?
-         - Intento salvarte de vos misma. ¡Mirate! Una chica de tu edad tendría que estar con sus amigos, saliendo, divirtiéndose…
-         - ¡Me estoy divirtiendo!
-         - ¡… no todo el día encerrada en la soledad de su cuarto escribiendo historias!
-         - ¡¿Pero qué tiene de malo?! Cualquier padre querría una hija con mi imaginación y con mi responsabilidad. No sé de qué te quejas, no tenés que preocuparte por que me violen, me roben, me agarre un coma alcohólico o cualquier cosa que a un idiota de mi edad le pueden pasar.
Ciara ya tenía experiencia en este tipo de peleas. Su madre siempre insistía en que ella intentase ser… bueno, ni siquiera tenía que decir normal. Siempre intentó desesperadamente que Ciara fuese como su hermana Brianna. Su hermana, ocho años mayor, era la envidia de cualquier chica, su vida era el sueño de cualquiera… siempre que te encontraras en una serie estadounidense y quieras ser la rubia que queda embarazada en plena adolescencia porque era tan idiota que no sabía usar anticonceptivos o condones. No es que esa hubiese sido la suerte de Brianna… pero si era la típica chica que todos quieren ser su amiga, todos la aman y quieren ser como ella. Una chica que aunque tenga dos dedos de frente para la vida cotidiana tenía un promedio de nueve en toda su vida escolar y un pase por la universidad tan tranquilo que parecía alarmante.
Ciara… ella era… especial. Una cosa que siempre se preguntó era porque su hermana parecía haber sacado lo mejor de sus padres: el carisma, el pelo rubio largo, los ojos verdes impactantes, el cuerpo alto y con curvas, y hasta el nombre… al venir de una familia irlandesa, todos tenían nombres que en la Argentina, para mala suerte de Ciara, eran impronunciables. Brianna tenía un nombre fácil de pronunciar, el cual significaba princesa. Ciara se veía a diario con el mal humor de explicarle a los de lengua hispana que su nombre era “Kira” y no “siara”, nombre cuyo interesante significado era: la chica de pelo negro. Sus padres no estaban muy inspirados el día que nació, o se decepcionaron mucho al ver al primer integrante de su familia con pelo de un color que no fuese colorado o rubio.
-         - Ciara, por favor. ¿Por qué no llamas a alguna amiga para que se vean?
-         - Iba a hacer una video llamada con Paula cuando terminara la historia para discutir la continuación, ahora gracias a tu interrupción, voy a tener que reescribir todo el ultimo capitulo. Por no mencionar el corte de inspiración y las secuelas que le van a quedar a mi compu por haberla desconectado de la nada y las secuelas emocionales que me van a quedar por no haber logrado terminar de matar al Parásito.
-         - ¿Parásito?
-         - Mamá, ya sabes que cortarme la inspiración es peor que despertar a Brianna cuando se pone sonámbula.
La madre suspiró. Ciara supo que estaba por ganar.
-         - Mamá… voy a necesitar un momento a solas. – concluyó, haciendo de cuenta de que iba a llorar.
-         - No, basta. – la madre le prendió la luz de su cuarto y ella se tapó la cara como si le dañara la luz – No quiero a una niña rata en mi casa. Te vas a vestir, te vas a maquillar o a hacer algo con las bolsas de consorcio bajo tus ojos, vas a ponerte algo lindo, y vas a salir de esta casa. No quiero excusas. Te voy a sacar de esta madriguera.
-         - Pero… mamá… la historia…
-         - ¡Estoy cansada de tus historias Ciara! ¡No sos escritora y ni siquiera pudiste terminar una de las historias que empezaste!
-         - ¡Estaba por terminar esta!
-         - ¡¡No me importa!! ¡Si en diez minutos no estas lista te voy a sacar todos tus libros!
Y así, con el último grito, la madre de Ciara se fue de su cuarto.
-         - Si claro… como si tuviese lugar donde meter todos los libros.
Al cabo de diez minutos, Ciara se estaba viendo con disgusto en un espejo. Siempre quiso ser como Rory, su personaje en todas las historias. Era parecida en ella en varias cosas. Tenía su valentía, sus ideales, su actitud y demás… la diferencia es que Rory tenía maneras de demostrar todas sus cualidades. Ciara lo único que tenía para enfrentarse era una madre que la obligaba a ser normal. Pero Rory era físicamente lo que ella siempre quiso. Aunque Ciara tenía que admitir que a Rory siempre se la imaginó como si fuese un dibujo anime, pero igual era lo que ella quería. Pelo rojo largo y brillante, una cara tierna que podía llegar a ser la cosa más amenazadora del mundo, ojos verdes, buen cuerpo…
Cuando Ciara se veía al espejo veía a un chico. Es más, varias veces en la calle la habían confundido con un chico, lo cual desesperaba a su madre a tal punto que la obligaba a usar polleras. Ella no tenía muchos atributos femeninos más allá de ciertas delicadezas en su rostro. Tenía una contextura normal, pero su falta de busto la hacía parecer más gorda de lo que era, a menos que la confundieran con un chico. Era bajita, dentro de todo. Tenía el pelo corto, aunque su madre intentase persuadirla de mil y un maneras para que se lo dejara largo, por el simple hecho de que sus rulos se le hacían imposibles de mantener de una manera decente si no se lo cortaba. Su cara era más bien cuadrada. Tenía una mandíbula grande, pero no se notaba su gran tamaño, gracias a que el flequillo que usaba hacia que su cara pareciera más bien redonda. Después de eso, sus rasgos no dejaban nada que desear. Labios finos per bien delineados, ojos claros, entre verdes y azules, y una piel tan pálida que parecía traslucida si no fuese por las pecas que iban desde su nariz a las mejillas.
Con pocas ganas se dirigió al living, donde la esperaban su madre y hermana, mientras se alisaba la pollera negra de cuero que Brianna le había regalado hacia una semana. Odiaba ir de shopping, en especial si era con su asquerosamente perfecta hermana. Pero tenía que admitir tres cosas: cada tanto había ropa que le encantaba, la quería a su hermana y la pasaba mucho mejor que si fuese con cualquier otra persona.
Porque en realidad ella nunca iría a ningún lugar siquiera parecido a un shopping si no era con su hermana.
Mientras las otras dos hablaban y salían de la casa, Ciara las siguió detrás fijándose en los mensajes de su teléfono, que era un viejo Samsung touch, que solía ser de su padre, que tenía una funda que ella había pintado con los esmaltes de uña que su hermana le había regalado (ya que no los iba a usar para otra cosa) que decía: bloody life.
Tenía un solo mensaje, que como ya se imaginaba era de Paula:
Cara de plopus, estoy esperando a que me llames.
Esto iba seguido de una banda de emoticones. ¿Por qué whats app tenía hasta un emoticón de deshechos sonriéndote? Era como si alguien te dijera: mira, me cague felizmente en vos.
Dios mío… estoy argentinizada. Pensó Ciara.
Le respondió a Paula dos simples palabras que para ellas significaba la peor de las tragedias:
Código Erin.
Erin era el nombre de su madre.
En otras palabras: sálvame, mi vieja me rompe las pelotas.
Pero la respuesta de su amiga era exactamente lo que la chica de pelo negro se esperaba:
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJA
JAJAJAJAJJAJAJAJ
JA
JAJ
AJAJA
MATATE.
Aay… Paula… siempre puedo confiar en vos para acordarme de la opción kamikaze. Ciara sacudió su cabeza y se puso a pensar en que responder a esa incitación tan explícita al suicidio.
Mientras escribía su respuesta se sentó en la parte trasera del auto e hizo de cuenta de que estaba escuchando a su familia con una sonrisa falsa y un asentimiento.
Enferma, ayúdame! Me están llevando a nosedonde.
Paula: y pregunta!! Tenemos que terminar el cap.
Ciara: lo se… pero desconecto mi compu, no me dejó ni tiempo de guardar.
Paula: larcha miertera…
-         - ¡Ciara!
Tanto su hermana como su madre tenían una expresión de enojo.
-         - ¿Qué? – preguntó haciendo caso omiso a la frustración de ambas.
-         - Te estamos hablando, Ciara, podrías prestar un poco de atención, ¿te parece?
-         - No.
Su madre la miro desde el retrovisor con impaciencia.
-         - Era broma… - se retractó - ¿Qué pasa?
-         - Te estamos llevando a un retiro.
Ciara no lo pudo evitar… sus carcajadas fueron tan fuertes que terminó hecha una bola en su asiento.
-         - Linda broma, chicas.
-         - No es una broma. – contestó Brianna – Queremos que estés con gente de tu edad, que tengas amigos…
-         - ¡Tengo amigos! Y son de mi edad.
-         - Paula es solo una, y es más chica, estas por entrar a la facultad y necesitas poder desenvolverte.
-         - Yo puedo desenvolverme sin problemas.
-         - ¿y cómo es que sos una antisocial?
-         - Nadie me cae bien.
-         - Ciara… - intervino su madre – no quiero pasar más situaciones como las de la secundaria que un día te aparecías en la casa con un moretón en la cara, que me llamaba la directora todos los días porque te metías en peleas…
-         - ¡ellos me metían a mí!
-         - Ciara, si son tres chicos contra una chica, y uno queda con la cabeza abierta porque le tiraste un ventilador encima, el otro queda con un genital inutilizable y otro llorando en un rincón mientras vos apenas temes un moretón en el brazo creo que fuiste vos más la que causo la pelea. – agregó Brianna.
-         - Fue en defensa propia. Ellos me golpearon primero.
Las dos suspiraron completamente frustradas.
-         - Mira, esto lo vas a hacer quieras o no. Hoy te vamos a llevar a una junta que hacen unos chicos. Vas a conocerlos, vas a ser lo más simpática que puedas… y más te vale que no escuche ni una queja de tu comportamiento. – la amenazo su madre.
-         - Y te vamos a sacar el teléfono. No queremos que te refugies en Paula para no hablar con los demás. – finalizó su hermana.
-         - ¡Eso es represión! No voy a dejar que me hagan algo así. No tengo porque sociabilizar. No necesito ni amigos ni novio para ser feliz. Con mis libros…
-    - Ciara, no seas infantil. Estamos orgullosos de que seas una chica intelectual y autosuficiente, pero es inmaduro que compares a una historia de ficción con tus amigos. Los personajes no existen y no hay nadie como ellos. Empezá a conformarte con la sociedad.
Y con esas palabras Brianna tocó un punto sensible. Ciara se quedó con la mirada sombría clavada en la ventana mientras ellas seguían con una conversación diferente.

Era cierto. Nunca iba a encontrar a nadie como sus personajes. A ninguna persona que fuese tan interesante. Supongo que son así porque a la sociedad le pasa lo mismo que a mí, que no puedo ser como Rory. La gente no es como en los libros porque la sociedad no los deja ponerse a prueba y ser distintos...


Era cierto. Nunca iba a encontrar a nadie como sus personajes. A ninguna persona que fuese tan interesante. Supongo que son así porque a la sociedad le pasa lo mismo que a mí, que no puedo ser como Rory. La gente no es como en los libros porque la sociedad no los deja ponerse a prueba y ser distintos...

Reales II

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-          Veo que lograron atraparla. – dice un hombre desde afuera del cuarto.
-          Si… fue difícil, fue casi un mes de persecución. Cuando logramos atraparla ya estaba en pésimas condiciones. Creímos que la perdíamos.
-          No me sorprende… es igual de terca que el padre.
-          Supongo. Ahora el tema es… ¿Qué van a hacer con ella?
-          Tenemos que mantenerla cerca nuestro, es nuestra única esperanza… sino todo se nos irá de las manos.
Miro a mi alrededor. Estaba todo oscuro, a excepción de una larga línea vertical de una puerta entreabierta por la cual unos rayos de luces amarillas artificiales salen, junto con las voces de aquellos desconocidos. ¿Están hablando de mi? No entiendo mucho, me siento abombada, mis músculos están demasiado agarrotados para moverme, y me duele la espalda de tanto estar acostada. Veo unas sombras acercarse y mi instinto me obliga a aparentar un sueño profundo.
Se escucha el largo chirrido de la vieja puerta abrirse.
-          Kali, despierta.
No los escuches, ellos solo te quieren hacer mal… hazte la muerta hasta que se cansen… ahí te escapas… no… no…
Mi mente y mi cuerpo actúan uno contra el otro. Mi mente quiere seguir al instinto de supervivencia y quedarme callada hasta que se fueran, mi cuerpo me pide una clase de recompensa, una descarga inmediata y violenta. ¿Podía tener alguien tantas ganas de golpear a alguien como las que tengo ahora?
-          Keily… despierta... – me pide con un calidez congelada el primer hombre cuya voz habia notado.
Siento un instinto asesino que me cosquillea por cada capilar que cruza mis extremidades. Quiero arañarlo, golpearlo, escupirle… ¿Cómo me llamaba Ally? Nadie más que mi padre podía hacer eso.
¿Mi padre? Ya ni se que pienso…
-          Dale, tenemos que llevarte a lo de tu…
La puerta se abre de un portazo. Noto la luz hasta con mis ojos cerrados.
-          Aun no despierta, ¿Cierto? – preguntó una nueva voz. Esta vez, femenina.
-          No…
-          Déjenme a mí.
-          Un momento…  Madame Aradia…
La mujer toma algo de la mesa. Siento que algo moja mi rostro. Mis ojos se abren por acto reflejo.
-          ¿Qué le pasa? – grito enojada. Odio que me mojen. Odio el agua.
-          Levántate y vístete. Lo mas decentemente posible. Te vamos a llevar con Él.
-          ¿Y si me niego?
Madame Aradie larga una carcajada que parte al aire como un rayo.
-          No puedes negarte a Él… ya eres su esclava.
-          No soy la esclava de nadie.

-          Dicelo, a ver que hace.

Reales I

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Estoy muy cansada…
No quiero seguir…
¿Hace cuanto que estoy escapando? ¿De qué me escapo?
El cansancio me hizo olvidar hasta mi nombre, la sed mi destino, el hambre mi pasado.
¿Si ni siquiera se de qué me escondo, para que sigo? ¿Si no sé qué tengo que hacer, para que lo hago?
Salgo de la cueva en la cual me refugio. Me pesa la cabeza y las extremidades, mi ropa está completamente sucia, y siento como si las bolsas bajo mis ojos fueran de arena. Mis manos están completamente lastimadas, sin un lugar intacto de rasguños.
Me siento una mujer de las cavernas, pero en el fondo sé quién soy. Me siento en una roca y pienso…
¿Quién soy? Ya me olvidé.
¿Qué hago acá? Si tan solo supiese…
¿A qué le temo? A Él.
¿Quién es Él? Si tan solo supiese…
Las respuestas no cambian. Algo en mi mente está sellado. Bueno, mi mente está sellada, con una firma, como la marca al agua, que dice Él.
Yo no soy de ellos… ellos no me quieren… Él me busca…
¡¡¡BASTA!!!
Mi mente se debate consigo misma. Frases por el estilo cruzan y se calla a si misma. Quiero negar, quiero olvidar… pero a la vez quiero saber que sucede.
-          ¡AHÍ ESTÁ! – gritan unos hombres detrás mio.
-          Hay… no…
Corro hasta dónde puedo, pero el cansancio era demasiado. ¿Hacía cuanto que no bebía o comía algo? No recuerdo la última vez que lo hice, como tampoco recuerdo mi último descanso…
Me rindo inconscientemente. Mi mente se desmaya. Me caigo al suelo. A quien le importa… si de todos modos… no quiero seguir…
Entonces un fuerte olor acalla todo pensamiento.
Perdón má…
Te decepcioné…