Toqué la puerta al cuarto donde había estado hacía no
mas de una o dos horas. Nunca me había sentido tan pesada en mi vida, y no
entendía porque. No sufras por idioteces
me decía no sabes que va a pasar en el
futuro, si esto es lo que te toca, es porque algo bueno va a haber…
-
¿Se puede pasar? –
pregunté, entreabriendo la puerta.
-
Si. – gruñó la voz de
Gekko.
Miré
a Ciro, en busca de apoyo. Con un simple gesto con la cabeza, entramos los
tres. Sentí como me tranquilizaba cuando ninguno pareció percatarse de su hijo.
Solo por si al caso, hundí mi muñeca en mi bolsillo para que nadie notara mi
unión. Si la reina intenta robarme a
Ciro, por lo menos lo tengo atado a mi por estas cosas pensé.
-
¿Qué querían, chicas? –
preguntó la mujer con un tono maternal fingido. Tenía unas ganas desesperantes
de gritarle que me daba asco, pero cuando Ciro posó una mano en mi hombro me
calmé un poco. Tenía una misión.
-
Queríamos hablarles de
mi próximo viaje. – expliqué con la misma falsedad, aunque la frialdad detrás
de esas palabras aparntemente tranquilas era perceptible – Ciro nos contó que
tendría que volver, pero él no.
-
Ya sabíamos que les
contaría. De todos modos, no importa lo que digas, no va a ir.
-
Eso lo sé, pero no
venía a hablarles de él, si vengo a hablar del viaje hablo de él.
-
¿Entonces que hace
Yukari aca? – preguntó Gekko.
-
Vino porque tiene que
ver con ella el tema, en parte. Desde la muerte de Seth me encuentro con dos
problemas, primero, no tengo ni idea de que hacer, porque hasta ahora dabamos
pasos sin saber a donde ir. Segundo, no tengo manera en la cual llegar… - seguí
explicando, con un tono lo bastante formal como para que ellos tuvieran, en
cierto punto, miedo y respeto hacia mí, aunque era difícil, dado a la risa de
Ciro, quien había empezado a caminar con tranquilidad por el cuarto y me
escuchaba con atención disimulada.
Hubiera
seguido, pero Yuki tiró de mi manga para que la dejara hablar. Ella con
tranquilidad, aunque se notaba que no estaba contenta con sus padres, les
explicó lo que había pasado, sin detalles ni nada de eso. Evitó contar todo lo
que pudiera comprometer a alguno de nosotros y, con una actuación asombrosa de
nena asustada, anunció que aunque tenía miedo, quería venir.
-
Es lo que tengo que
hacer, no me quiero quedar de brazos cruzados, y como Ciro no va, supongo que
no habría problema con que yo fuese. Además, - añadió a ultimo momento con
dulzura – saben que siempre fue mi sueño…
Con
eso pareció ganarlos. Reprimí la risa, pero Ciro, al no tener la obligación de
hacerlo, hacía comentarios para hacernos reir, y aunque fuese desubicado, le
agradecí, ya que si no hubiese sido por las imitaciones que hacía de ambas o las
caras que ponía, yo hubiera colapsado por los nervios. Eso sí, contener la risa
y mantenernos serias nos resultaba un tanto complicado.
Terminamos
con suerte, ya que logramos ir juntas, aunque cuando pidió que nos retiraramos,
no me había dado la respuesta más importante ahora, ya que no tenía idea de que
hacer allá.
-
¿Nunca obedeces las
ordenes que te dan? – preguntó Gekko una vez que pedí la explicación.
-
No son quienes para
darme ordenes. – comencé a quejarme, aunque al ver que Ciro me hacía señas de
que me calmara, respiré hondo y continué cambiando un tanto el tono – El tema
es que, si no sabemos que hacer, nos vamos a quedar paradas en un mundo donde
no vamos a saber de qué manera mantenernos o continuar con lo que tenemos que
hacer.
-
De eso nos vamos a
encargar otro día de explicar, ahora necesitamos que se vayan. – nos hechaba la
mujer.
Tenía
ganas de sacar la foto y mostrarles que sabía algo de lo que ellos querían
ocultar, o por lo menos creía saberlo.
Entonces
se me pasó una pregunta por la cabeza, que no tenía mucho que ver con el caso,
pero me dio fuerzas: ¿Quién aseguraba el
hecho de que a la reina quisiera a Ciro? Hasta ese momento me había
preocupado por que él me dejaría si ella volvía, pero no podría estar segura de
nada… suprimí una sonrisa ante ese hecho.
-
¿Por qué no me quieren
explicar lo que pasa? – pregunté, sintiendome liviana y algo esperanzada –
Nunca supe que me esperaba, y ustedes tienen la obligación de explicarmelo si
son los que estan al cargo.
-
Y por eso mismo vos
tenes la obligación de obedecer lo que te decimos.
-
No. Eso sería si yo lo
hubiese elegido, pero no es así. Si quieren que haga algo, me tienen que decir
qué es eso.
-
¿Nunca obedecés a
nadie? – interrumpió Gekko.
-
Depende. Yo solo
obedezco a esos a los que les doy permiso de darme órdenes. – repuse con una
sonrisa, dejandolos a todos mirandome un tanto sorprendidos, hasta Ciro había
dejado sus bromas para mirar mi media sonrisa, un tanto arrogante – No se
olviden mañana, no los voy a dejar en paz hasta no tener una respuesta.
Entonces
me fui con los dos hermanos, dejandolos a ellos
parados en medio de su cuarto sorprendidos.
-
No puedo creer que les
dijeras eso… - comentó Ciro cuando estabamos más alejados.
-
¿Estuve mal? – le
pregunté, haciendo de cuenta de que estaba sorprendida. Tengo que dejar el sarcasmo, me sale muy mal pensé.
-
No, para nada,
estuviste genial.
No
pude hacer menos que sonreir. Él paso una manos sobre mis hombros, y yo apoyé
mi cabeza sobre su hombro mordiendome el labio. Yuki parecía animada.
Me
pregunté en qué momento podría hablar con ella, no encontraba el modo de
sacarme a Ciro de encima, aunque no quisiese en realidad dejarlo. Necesitaba
hablarle a solas, confirmar mi teoría, antes de que él se enterara de todo.
Como si leyera mi mente, me hizo señas con la mano, bastante disimulada, de que
teníamos que hablar. Asentí, pero no estaba segura.
Propuse
ir a mi cuarto y así lo hicimos. Me sentía tranquila a pesar de todo, había
aceptado todo, o por lo menos lo había olvidado. Agradecí mi falta de memoria,
o mi torpeza, o ambas, por ayudarme a dejar de temer de lo que vendría. Aunque
en realidad, no necesitaba olvidar, necesitaba ignorar.
Una
vez ahí, me acosté en la cama con Ciro al lado, aunque entre nosotros estaba
Yuki, quien se había acostado al revez.
-
¡No puedo creer que por
fin voy a conocer como eran las cosas antes de nuestro tiempo! – exclamó ella
emocionada.
-
No te pienses, no es
tan bueno como pensas…
-
Ciro, dejala en paz. –
me quejé, él no podía tener una gran impresión de ese mundo, ya que cada viaje
suyo significo un gran peligro, una gran desepción, una muerte. Me sentí
inquieta al recordar a Hang. Tenía que admitir que lo extrañaba.
-
Como quieras. De todos
modos antes de ir tenemos que saber que tenemos que hacer y suplicar porque nos
vayamos lo antes posible. – dijo Ciro – Lo único que falta es que ahora se den
cuenta de mi ausencia y piensen que me fugué.
-
A nadie le sorprendería
eso. - comenté.
-
Totalmente. – acordó
Yuki.
-
¿De que hablan? No es
cierto… - se quejó él.
-
Tiene razón Yuki, él es
el típico chico que necesita una autoridad de la cual rebelarse. Es un chico malo. – le burlé.
-
¿Y vos? – preguntó
Ciro, aguantando la poca risa que le causo el tono que había usado - Yo solo obedezco a esos a los que les doy
permiso de darme órdenes. No sos rebelde…
Cuando
se detuvo, un tanto pensativo, sabía el por qué. Lo miré, con una ceja alzada,
sabiendo que pensaba en la otra burla que tanto me había ofendido, sin embargo,
no me di por aludida, solo me reí y dije:
-
¡Claro! Aunque lo mío
es distinto, yo soy rebelde con lo que no me gusta, con el resto soy tranquila
y adorable. – concluí pestañando como tonta para ver si toda la presión que
aquel complicado día desaparecía, y en efecto se fue un poco, aunque no del
todo. Tenía un poco más de trabajo para hacer…
-
Bueno… - comentó Ciro.
-
¡En serio! Con ustedes
soy así… de todos modos, ya te tengo bien estudiado Ciro. Sos el típico rebelde
sin causa para tapar el hecho de que sos bruto y tímido. – expliqué con una
sonrisa. Al principio me miró sorprendido, pero después pasó a sonreirme.
-
No soy bruto… - se
quejó, pero ante la mirada mía y de Yuki se retractó – esta bien, tal vez un
poco… pero vos tambien sos así.
-
No, no soy ni un cuarto
de bruta que vos y tampoco soy tímida. – dije – Si fuese tímida no se me
hubiese sido tan fácil acercarme a ustedes.
-
Eso es cierto, aunque
dejen de pelear, ambos son idiotas... – dijo Yuki levantandose.
-
¿A dónde vas? –
preguntó su hermano, alzando la cabeza para ver mejor.
-
A mi cuarto, quiero ver
unas cosas para el viaje. – respondió ella, antes de salir, con una sonrisa
enorme y un brillo deslumbrante en los ojos.
En
cuanto se fue, se hizo un silencio, aunque no era uno incómodo. Ciro volvió a
apoyar su cabeza en la almohada y se dedicó a mirarme de tal manera que sentía
como si su mirada pudiera hacerme un agujero en la cara. Me negué a mirarle
para molestarle, aunque era difícil. Empecé a sentir inquietas las manos, tenía
demasiadas ganas de… ¿dibujar?
Sonreí
a la nada al ver que los recuerdos, las cosas que formaban a quien era antes,
volvían a mí. Ahora solo queda terminar
de decidir quien soy, después de todo, no debo ser igual a lo que era antes.
Pensé.
Me
senté en la cama, me sentía más cómoda así, y miré a la ventana, que poco a
poco, iba perdiendo su brillo a medida que anochecía.
-
¿Vas a seguir
ignorandome? – preguntó Ciro, y no pude evitar sonreir por lo menos.
-
¿Quién te dijo que te
estaba ignorando?
-
El hecho de que todavía
no me miras.
-
Tu poder no me afecta,
genio.
-
Ya, seguro, pero tenes
que admitir que te encanta.
-
Callate. – ordené.
-
También tenes que
admitir que vos también sos bruta.
-
¿Seguís con eso?
-
¡Si! Además, yo tambien
puedo decir cosas de vos.
Sabía
lo que quería lograr con eso, así que, para molestarlo, me senté como si
tuviese un profundo interés en lo que me fuera a decir.
-
¡Por favor! ¡Decime! –
exclamé con un tono idiota, para desoncertarlo.
-
Bueno eh… - dudó él
mirandome, y de algún modo, encontró un incentivo – Sos infantil y bastante
mandona.
-
¿Eso es todo? No… ¿no
tenes nada bueno para decirme? – pregunté , esta vez en serio y un tanto
decepcionada. Él me miró algo sorprendido, pareció ruborizarse, pero al
instante cambio su vergüenza por malicia, y con una sonrisa, se acercó a mí.
-
Me tenés a mí, ¿no es
suficientemente genial? – dijo, tan cerca de mí que nuestros labios se rozaban,
y sus ojos verdes, tan cercanos, me taladraban hasta la última neurona, me
sentía tonta, tenía ganas de acercarme, pero en cuanto me imaginé que aquel
sería su famoso poder, cerré los ojos y contuve el aire.
Escuché
la risa de Ciro mientras me sentía yo misma de nuevo, en eso, sus labios se
posaron sobre los mios y nos unimos en el beso mas largo hasta entonces.
Ciro es mío y solo mío, nadie me lo va a sacar. Pensé.