Reales II

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-          Veo que lograron atraparla. – dice un hombre desde afuera del cuarto.
-          Si… fue difícil, fue casi un mes de persecución. Cuando logramos atraparla ya estaba en pésimas condiciones. Creímos que la perdíamos.
-          No me sorprende… es igual de terca que el padre.
-          Supongo. Ahora el tema es… ¿Qué van a hacer con ella?
-          Tenemos que mantenerla cerca nuestro, es nuestra única esperanza… sino todo se nos irá de las manos.
Miro a mi alrededor. Estaba todo oscuro, a excepción de una larga línea vertical de una puerta entreabierta por la cual unos rayos de luces amarillas artificiales salen, junto con las voces de aquellos desconocidos. ¿Están hablando de mi? No entiendo mucho, me siento abombada, mis músculos están demasiado agarrotados para moverme, y me duele la espalda de tanto estar acostada. Veo unas sombras acercarse y mi instinto me obliga a aparentar un sueño profundo.
Se escucha el largo chirrido de la vieja puerta abrirse.
-          Kali, despierta.
No los escuches, ellos solo te quieren hacer mal… hazte la muerta hasta que se cansen… ahí te escapas… no… no…
Mi mente y mi cuerpo actúan uno contra el otro. Mi mente quiere seguir al instinto de supervivencia y quedarme callada hasta que se fueran, mi cuerpo me pide una clase de recompensa, una descarga inmediata y violenta. ¿Podía tener alguien tantas ganas de golpear a alguien como las que tengo ahora?
-          Keily… despierta... – me pide con un calidez congelada el primer hombre cuya voz habia notado.
Siento un instinto asesino que me cosquillea por cada capilar que cruza mis extremidades. Quiero arañarlo, golpearlo, escupirle… ¿Cómo me llamaba Ally? Nadie más que mi padre podía hacer eso.
¿Mi padre? Ya ni se que pienso…
-          Dale, tenemos que llevarte a lo de tu…
La puerta se abre de un portazo. Noto la luz hasta con mis ojos cerrados.
-          Aun no despierta, ¿Cierto? – preguntó una nueva voz. Esta vez, femenina.
-          No…
-          Déjenme a mí.
-          Un momento…  Madame Aradia…
La mujer toma algo de la mesa. Siento que algo moja mi rostro. Mis ojos se abren por acto reflejo.
-          ¿Qué le pasa? – grito enojada. Odio que me mojen. Odio el agua.
-          Levántate y vístete. Lo mas decentemente posible. Te vamos a llevar con Él.
-          ¿Y si me niego?
Madame Aradie larga una carcajada que parte al aire como un rayo.
-          No puedes negarte a Él… ya eres su esclava.
-          No soy la esclava de nadie.

-          Dicelo, a ver que hace.

Reales I

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Estoy muy cansada…
No quiero seguir…
¿Hace cuanto que estoy escapando? ¿De qué me escapo?
El cansancio me hizo olvidar hasta mi nombre, la sed mi destino, el hambre mi pasado.
¿Si ni siquiera se de qué me escondo, para que sigo? ¿Si no sé qué tengo que hacer, para que lo hago?
Salgo de la cueva en la cual me refugio. Me pesa la cabeza y las extremidades, mi ropa está completamente sucia, y siento como si las bolsas bajo mis ojos fueran de arena. Mis manos están completamente lastimadas, sin un lugar intacto de rasguños.
Me siento una mujer de las cavernas, pero en el fondo sé quién soy. Me siento en una roca y pienso…
¿Quién soy? Ya me olvidé.
¿Qué hago acá? Si tan solo supiese…
¿A qué le temo? A Él.
¿Quién es Él? Si tan solo supiese…
Las respuestas no cambian. Algo en mi mente está sellado. Bueno, mi mente está sellada, con una firma, como la marca al agua, que dice Él.
Yo no soy de ellos… ellos no me quieren… Él me busca…
¡¡¡BASTA!!!
Mi mente se debate consigo misma. Frases por el estilo cruzan y se calla a si misma. Quiero negar, quiero olvidar… pero a la vez quiero saber que sucede.
-          ¡AHÍ ESTÁ! – gritan unos hombres detrás mio.
-          Hay… no…
Corro hasta dónde puedo, pero el cansancio era demasiado. ¿Hacía cuanto que no bebía o comía algo? No recuerdo la última vez que lo hice, como tampoco recuerdo mi último descanso…
Me rindo inconscientemente. Mi mente se desmaya. Me caigo al suelo. A quien le importa… si de todos modos… no quiero seguir…
Entonces un fuerte olor acalla todo pensamiento.
Perdón má…
Te decepcioné…