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Veo
que lograron atraparla. – dice un hombre desde afuera del cuarto.
-
Si…
fue difícil, fue casi un mes de persecución. Cuando logramos atraparla ya
estaba en pésimas condiciones. Creímos que la perdíamos.
-
No
me sorprende… es igual de terca que el padre.
-
Supongo.
Ahora el tema es… ¿Qué van a hacer con ella?
-
Tenemos
que mantenerla cerca nuestro, es nuestra única esperanza… sino todo se nos irá
de las manos.
Miro
a mi alrededor. Estaba todo oscuro, a excepción de una larga línea vertical de
una puerta entreabierta por la cual unos rayos de luces amarillas artificiales
salen, junto con las voces de aquellos desconocidos. ¿Están hablando de mi? No
entiendo mucho, me siento abombada, mis músculos están demasiado agarrotados
para moverme, y me duele la espalda de tanto estar acostada. Veo unas sombras
acercarse y mi instinto me obliga a aparentar un sueño profundo.
Se
escucha el largo chirrido de la vieja puerta abrirse.
-
Kali,
despierta.
No los escuches, ellos
solo te quieren hacer mal… hazte la muerta hasta que se cansen… ahí te escapas…
no… no…
Mi
mente y mi cuerpo actúan uno contra el otro. Mi mente quiere seguir al instinto
de supervivencia y quedarme callada hasta que se fueran, mi cuerpo me pide una
clase de recompensa, una descarga inmediata y violenta. ¿Podía tener alguien
tantas ganas de golpear a alguien como las que tengo ahora?
-
Keily…
despierta... – me pide con un calidez congelada el primer hombre cuya voz habia
notado.
Siento
un instinto asesino que me cosquillea por cada capilar que cruza mis
extremidades. Quiero arañarlo, golpearlo, escupirle… ¿Cómo me llamaba Ally?
Nadie más que mi padre podía hacer eso.
¿Mi
padre? Ya ni se que pienso…
-
Dale,
tenemos que llevarte a lo de tu…
La
puerta se abre de un portazo. Noto la luz hasta con mis ojos cerrados.
-
Aun
no despierta, ¿Cierto? – preguntó una nueva voz. Esta vez, femenina.
-
No…
-
Déjenme
a mí.
-
Un
momento… Madame Aradia…
La
mujer toma algo de la mesa. Siento que algo moja mi rostro. Mis ojos se abren
por acto reflejo.
-
¿Qué
le pasa? – grito enojada. Odio que me mojen. Odio el agua.
-
Levántate
y vístete. Lo mas decentemente posible. Te vamos a llevar con Él.
-
¿Y
si me niego?
Madame
Aradie larga una carcajada que parte al aire como un rayo.
-
No
puedes negarte a Él… ya eres su esclava.
-
No
soy la esclava de nadie.
-
Dicelo,
a ver que hace.

