Ya había pasado el peligro. Todo había pasado…
No entendía que pasaba. Era una nube de luces y
gases bizarros para que, después de tanto dolor y misterios, quedaramos
envueltos por cenizas. El chico, cuyo pelo castaño y despeinado cosquilleaba
mis labios, seguía manteniendome a mi y a su hermana firmes, entre él y el
suelo, como si aún el peligro no hubiera terminado.
Con cierta lentitud se fue alejando. Estaba
algo débil. Tosió y clavo su mirada fijamente en mi. Por alguna razón no
retrocedi a pesar de que mi mente me pedía a gritos una retirada que hubiera
sido vergonzosa. En cambio, le devolví la mirada. Pense en los poderes que me
había contado Yuki, cualquiera que fuera su poder, estaba segura de que
lograría manipular a cualquiera con ellos… pero yo no me iba a ablandar. Sentí
repugnancia al hecho de que alguien intentara siquiera el manipularme, por alguna
razón, necesitaba ser completamente libre.
Sus ojos no mostraban mas que una léve rabia y
sorpresa, mezclada con una gran curiosidad.
- Sos una idiota. – me
insultó repentinamente.
- ¿Por qué? – pregunté con
calma.
- ¿Estabas loca? ¡Tenías que
cuidar de Yukari, sacarla de aca, ponerse a salvo!
No pude evitar notar el hecho de cómo Yuki se
escabullia, pero preferí, por su bien, no comentar o hacer preguntas de
cualquier tipo.
- ¡Disculpame por no tener
interes alguno en que te transformaras en cenizas! ¿No pensas uqe talvez
hubiera sido horrible para tu hermana que hubieras muerto? ¡Intenté
ayudar! - le discutí, siendo lo mas sarcastica posible, debido a que la
migraña no me dejaba pensar en una buena respuesta.
- ¡No ayudas en nada! Sos
como… ¡una maldición, o la comida que hace que las sanguijuelas te atrapen!
- ¿Por qué? – pregunté,
bastante dolida, aunque bien lo escondía.
Suspiró exasperado. Parecía realmente
frustrado. ¿Tanto me odiaba ese perfecto gladiador? ¿Qué había hecho mal?
- No importa. – dijo con
rabia – Tenemos que ir por nuestros padres, es un largo camino, asi que vamos,
- anuncio levantandose – vámonos, ¿Yukari? – preguntó al darse cuenta de que su
hermana no estaba - ¿Dónde esta? – preguntó asustado. Al parecer, algo la
quería.
- ¡Aca estoy, aca estoy! –
exclamó la chica, quien no había aparentemente llegado a su destino – Esperame,
necesito buscar algo.
- Como quieras… - accedió él,
entonces me miro con cierta intriga – sos raro…
- Rara. – le corregí con mal
humor.
- Lo que sea, no puede ser… -
empezó a decir, pero se itnerrumpió a si mismo - ¿Cómo te llamas?
Lo pensé con cuidado. ¿Cómo me llamaba? ¿Le
inventaba un nombre? ¿Qué debía hacer? No sabía mi nombre.
- No… no tengo idea.
Él pareció quedarse helado, si es que eso era
posible. Me atravesó con sus ojos verdes con una mirada de completa sorpresa y
disgusto. Quise correr.
- ¿Cómo que no? ¿No sabes
quien sos?
- No. Tengo un blanco…
- ¿Nada?
- Nada, se mi edad, por
alguna razón, aunque ni siquiera estoy segura de ella. No tengo recuerdos,
aunque me acuerdo del mundo de antes, las cosas… Mis conocimientos no se
fueron, pero sí mi vida. – expliqué con paciencia.
- No lo puedo creer…
- ¿Qué pasa?
- Se supone que deberías
saber…
- ¿Qué?
- Quien sos, para que estas
aca… ¿Por qué? No entiendo… - estaba hablando solo, pero no aguante la
violencia de la situación.
Con un simple golpe en el brazo desconcerte al
chico.
- ¿Qué pasa? – preguntó alertado
tomandose con ansiedad el brazo.
- ¡No debería decir esas
cosas! ¿Cómo te pensas que me siento no recordando nada?¿Feliz? A ver, date
cuenta de tres cosas, una, no me divierte no saber ni como me llamo, dos, menos
aun me divierte estar en un lugar desconocido, por mas de que cualquier cosa
para mi sea desconocida, y con gente que ni siquiera me suena la cara, y por
último… ¡No sos nadie para decirme esas cosas! – concluí alzando la voz, con un
pésimo humor.
- Perdón… - pidió asustado
corriendose para atrás.
- Ya esta… - anunció Yuki,
algo alarmada.
- Vamonos. – dijo
rapidamente, parandose con una velocidad admirable para alguien que acaba de
pasar lo que habíamos pasado.
- Disculpame, ¿Cómo te
llamas? – preguntó Yuki, con una sonrisa inocente.
La situación me puso violenta, pero la tierna
mirada de la chica, la cual estaba algo apagada, me tranquilizo.
- No se. ¿Vos? – pregunte
refiriendome a aquel gladiador, quien ya estaba a un par de metros mas lejos
nuestro.
- ¡Caminen! ¿Me hablabas? –
preguntó, aunque era obvio que me había escuchado.
- Si, te pregunté tu nombre.
- Ciro. – contesto sin dudas
- ¿Vos…? Nada, olvidalo – se retracto al ver mi cara de incredulidad.
Caminamos asi por algo muy parecido a calles.
Eran angostas, de un marrón claro, aunque no contrastaban demasiado con el
resto del rojo y brillante suelo. Era un camino complicado, lleno de pozos y
obstáculos, y después de haberme desmallado y sentirme algo tonta, me tropezaba
seguido, aunque sería posible de que, simplemente, yo fuera muy torpe.
Seguimos caminando y ciertas cosas pasaban por
mi mente. Al parecer era una persona un poco filosófica…
Odiaba esa situación, no saber quien y como
era. No tener ni siquiera un nombre, algo que me identificara entre el resto de
la gente. Lo único que me acordaba era información inútil sobre un mundo
aparentemente inexisstente. Me daba bronca, no entendía por que a mi, aunque
supuse que si no era yo otra pensona estaria con la misma pregunta.
Yo era una adolescente… esa es la edad para
experimentar y conocerse a uno mismo supuestamente, conocer a la persona que se
formo en la infancia… ¡Por algo son tan fuertes e importante los traumas
infantiles! Pero… yo tenía que conocer a alguien sin formación previa alguna,
sin nada que pudiera dar una reaccion, sin nada que la confudiera de los otros,
porque una de las cosas que diferencia es el pasado…
Esa persona era yo.
Me tenía que conocer a mi misma.
Tenía que conocer a un extraño, y yo era ese
extraño…
- ¿Y si… te ponemos un nombre?
– preguntó, después de largo rato, Yuki.
- ¿Para? – pregunté aun
sumergida en mi depresion.
- Va a ser difícil hablar con
alguien sin nombre. ¿Qué tal… Susuki?
- No. – dije, en ese mundo,
parecía algo común.
- ¿Rin? – siguió aconsejando.
- No me gustan los nombres
tan cortos.
- Shizuka – siguió.
- Eeh…
- ¿Caramelle? – preguntó con
voz ausente Ciro.
- Ese es lindo… - conteste
con sorpresa y una sonrisa.
- ¿En serio? – preguntó –
Bueno, entonces ya esta.
- ¡Caramelle! Que nombre mas
raro. – comentó Yuki.
- Si, la verdad. Por eso me
gusta.
- Es raro como vos. – opinó
Ciro – Perdon, fuera de lugar.
Levantó las manos como rindiendose. Era tierno
por momentos… supuse que no sería tan malo como yo creía.
- Raro… -dijo en voz baja
Yuki.
- ¿Qué cosa? – pregunté.
- Nada… - contestó alternando
la mirada entre su hermano y yo.
Caminamos un rato largo, mis piernas me pesaban
y suplicaban que me sentara por mi propio bien. El aire caliente me asfixiaba y
sentía mis pulmones llenos de agua y mis párpados eran de plomo… sin embargo me
negaba a detenerme, no quería parecer débil. No quería cerrar los ojos… no
quería perderme nada. Por mas monótono que fuera el paisaje, Ciro tenía algo…
algo que me hacía acordar al efeecto del canto de las sirenas sobre los
piratas, lo único que esto era al revés. Yo era la victima de una atracción
sobrenatural, no humana… y como me divertía. No quería perderme un momento.
Cada paso parecía ser distinto, por momentos parecía desconcertado y por otros
parecía completamente seguro de sí mismo. Parecía un personaje egocéntrico y
fuerte. Caminaba con la frente en alto, los ojos fijos en su camino y pasos
seguros y precisos. Era perfecto, fuerte… letal.
Si me ponía a pensar, tenía que mirar otra cosa.
No quería parecer desesperada, yo no era así… o por lo menos eso creía.
¿Cómo sería yo realmente? ¿Sería valiente?
¿Sería inteligente o valerosa? ¿Tendría algún talento?
Esas eran cosas difíciles de saber.
¿Qué significaba todo esto? Me sentía extremadamente
vulnerable, débil y ridícula. Tenía completamente contraído mi estómago, como
si me acabaran de golpear… era un sentimiento conocido, ¿Qué me habría pasado
para que me sintiera tan familiarizada con eso?
¿Quiénes serían mis padres? O quizá era huérfana…
Aunque sabía que tenía un largo camino antes de
tener esas respuestas, y algo me decía que ese camino no sería el que estaba
transitando detrás de Ciro y Yukari. También sabía, casi como si fuera una
certeza, que nadie lo sabía. Nadie sabía quien era.
Pensá, me dije en mis adentros, si no
sabes quien sos ni vos misma, nadie va a intentar sacarte información, nadie te
va a atormentar con tu pasado…
Si, un alivio, pero las dudas zumbaban y se
multiplicaban como bacterias, hinchando mi cabeza y haciendome dramas
innecesarios… o talvez si eran necerios. No sabía, como muchas cosas más.
Quería preguntar, pero no me animaba. ¿Por qué
tendían que saber quien soy yo si ni siquiera yo lo sabía? Seguí caminando en
silencio, reteniendo la angustia que me quemaba la garganta. Necesitaba
animarme de algún modo, me sentía muy incómoda en esa situación de tristeza, me
sentía patética. Fue entonces cuando se me cruzó por la cabeza la imagen de
alguien metiendose un encendedor por la garganta. Ridícula y extraña, la solución
tuvo un gran éxito en sacarme las preguntas de mi mente y angustia. Me reí
silenciosamente, no quería explicar, logrando despejar mi mente. Ahora me
sentía mejor, y me di cuenta de que esa atracción que hacía unas horas llamaba
mi atención, ahora estaba invertido. Mire para arriba, sintiendo mis mejillas
calientes, para ver la mirada de Ciro clavada en mí. Supe que en un caso
distinto hubiera desviado la mirada, pero el verlo a un chico asi, que parecía
tan mortífero, tan sorprendido ante mi indiferencia, me hizo sonreirle y no
pude reprimir, después de horas de hacerlo, una risita, pero no nerviosa, era
genuina, era de diversión.
¿Por qué estaba tan sorprendido? Me hizo
acordar a un gatito, que por ser un felino se pensaba que era un león o un
tigre de bengala, y después cuando lo asustaban salía corriendo asustado.
¿Habría leones miedosos? Me imagine la imagen.
De este modo dejé que mi mente divagara,
espaciar y olvidar todo el hecho de que no tenía qué recordar.
La luz se desvanecía, pero no podía decir que
el sol se estaba ocultando porque no había. Era extraño, la luz esa que emanaba
el suelo era el sustituto del sol, y eso resultaba deprimente.
- Esta oscureciendo… -
comenté, esperando una respuesta.
- Si, claro. Es de noche ya
casi. – contestó Yuki.
- No creo que en tus épocas
no existiera el día y la noche. – dijo en tono de burla Ciro.
- Claro que existía. Lo único
es que… no era el suelo el brillaba… - expliqué deteniendome para ver como se
apagaba el piso.
- ¿Y qué era entonces? –
preguntó él.
- ¡Esa cosa brillante! ¡No
seas tan ignorante! – exclamó Yuki.
Pobre Yuki, parecía ser una persona olvidada,
sin embargo siempre intentaba aparecer, ser alguien… era digna de admirar.
- El sol. – respondí con
nostalgia.
Entonces, recordé los rayos del sol penetrando
mi piel en una escena bizarra, desconocida, aunque era un recuerdo vívido en mí.

