Mundo Real 3

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Ya había pasado el peligro. Todo había pasado…
No entendía que pasaba. Era una nube de luces y gases bizarros para que, después de tanto dolor y misterios, quedaramos envueltos por cenizas. El chico, cuyo pelo castaño y despeinado cosquilleaba mis labios, seguía manteniendome a mi y a su hermana firmes, entre él y el suelo, como si aún el peligro no hubiera terminado.
Con cierta lentitud se fue alejando. Estaba algo débil. Tosió y clavo su mirada fijamente en mi. Por alguna razón no retrocedi a pesar de que mi mente me pedía a gritos una retirada que hubiera sido vergonzosa. En cambio, le devolví la mirada. Pense en los poderes que me había contado Yuki, cualquiera que fuera su poder, estaba segura de que lograría manipular a cualquiera con ellos… pero yo no me iba a ablandar. Sentí repugnancia al hecho de que alguien intentara siquiera el manipularme, por alguna razón, necesitaba ser completamente libre.
Sus ojos no mostraban mas que una léve rabia y sorpresa, mezclada con una gran curiosidad.
-    Sos una idiota. – me insultó repentinamente.
-    ¿Por qué? – pregunté con calma.
-    ¿Estabas loca? ¡Tenías que cuidar de Yukari, sacarla de aca, ponerse a salvo!
No pude evitar notar el hecho de cómo Yuki se escabullia, pero preferí, por su bien, no comentar o hacer preguntas de cualquier tipo.
-    ¡Disculpame por no tener interes alguno en que te transformaras en cenizas! ¿No pensas uqe talvez hubiera sido horrible para tu hermana que hubieras muerto? ¡Intenté ayudar!  - le discutí, siendo lo mas sarcastica posible, debido a que la migraña no me dejaba pensar en una buena respuesta.
-    ¡No ayudas en nada! Sos como… ¡una maldición, o la comida que hace que las sanguijuelas te atrapen!
-    ¿Por qué? – pregunté, bastante dolida, aunque bien lo escondía.
Suspiró exasperado. Parecía realmente frustrado. ¿Tanto me odiaba ese perfecto gladiador? ¿Qué había hecho mal?
-    No importa. – dijo con rabia – Tenemos que ir por nuestros padres, es un largo camino, asi que vamos, - anuncio levantandose – vámonos, ¿Yukari? – preguntó al darse cuenta de que su hermana no estaba - ¿Dónde esta? – preguntó asustado. Al parecer, algo la quería.
-    ¡Aca estoy, aca estoy! – exclamó la chica, quien no había aparentemente llegado a su destino – Esperame, necesito buscar algo.
-    Como quieras… - accedió él, entonces me miro con cierta intriga – sos raro…
-    Rara. – le corregí con mal humor.
-    Lo que sea, no puede ser… - empezó a decir, pero se itnerrumpió a si mismo - ¿Cómo te llamas?
Lo pensé con cuidado. ¿Cómo me llamaba? ¿Le inventaba un nombre? ¿Qué debía hacer? No sabía mi nombre.
-    No… no tengo idea.
Él pareció quedarse helado, si es que eso era posible. Me atravesó con sus ojos verdes con una mirada de completa sorpresa y disgusto. Quise correr.
-    ¿Cómo que no? ¿No sabes quien sos?
-    No. Tengo un blanco…
-    ¿Nada?
-    Nada, se mi edad, por alguna razón, aunque ni siquiera estoy segura de ella. No tengo recuerdos, aunque me acuerdo del mundo de antes, las cosas… Mis conocimientos no se fueron, pero sí mi vida. – expliqué con paciencia.
-    No lo puedo creer…
-    ¿Qué pasa?
-    Se supone que deberías saber…
-    ¿Qué?
-    Quien sos, para que estas aca… ¿Por qué? No entiendo… - estaba hablando solo, pero no aguante la violencia de la situación.
Con un simple golpe en el brazo desconcerte al chico.
-    ¿Qué pasa? – preguntó alertado tomandose con ansiedad el brazo.
-    ¡No debería decir esas cosas! ¿Cómo te pensas que me siento no recordando nada?¿Feliz? A ver, date cuenta de tres cosas, una, no me divierte no saber ni como me llamo, dos, menos aun me divierte estar en un lugar desconocido, por mas de que cualquier cosa para mi sea desconocida, y con gente que ni siquiera me suena la cara, y por último… ¡No sos nadie para decirme esas cosas! – concluí alzando la voz, con un pésimo humor.
-    Perdón… - pidió asustado corriendose para atrás.
-    Ya esta… - anunció Yuki, algo alarmada.
-    Vamonos. – dijo rapidamente, parandose con una velocidad admirable para alguien que acaba de pasar lo que habíamos pasado.
-    Disculpame, ¿Cómo te llamas? – preguntó Yuki, con una sonrisa inocente.
La situación me puso violenta, pero la tierna mirada de la chica, la cual estaba algo apagada, me tranquilizo.
-    No se. ¿Vos? ­– pregunte refiriendome a aquel gladiador, quien ya estaba a un par de metros mas lejos nuestro.
-    ¡Caminen! ¿Me hablabas? – preguntó, aunque era obvio que me había escuchado.
-    Si, te pregunté tu nombre.
-    Ciro. – contesto sin dudas - ¿Vos…? Nada, olvidalo – se retracto al ver mi cara de incredulidad.
Caminamos asi por algo muy parecido a calles. Eran angostas, de un marrón claro, aunque no contrastaban demasiado con el resto del rojo y brillante suelo. Era un camino complicado, lleno de pozos y obstáculos, y después de haberme desmallado y sentirme algo tonta, me tropezaba seguido, aunque sería posible de que, simplemente, yo fuera muy torpe.
Seguimos caminando y ciertas cosas pasaban por mi mente. Al parecer era una persona un poco filosófica…
Odiaba esa situación, no saber quien y como era. No tener ni siquiera un nombre, algo que me identificara entre el resto de la gente. Lo único que me acordaba era información inútil sobre un mundo aparentemente inexisstente. Me daba bronca, no entendía por que a mi, aunque supuse que si no era yo otra pensona estaria con la misma pregunta.
Yo era una adolescente… esa es la edad para experimentar y conocerse a uno mismo supuestamente, conocer a la persona que se formo en la infancia… ¡Por algo son tan fuertes e importante los traumas infantiles! Pero… yo tenía que conocer a alguien sin formación previa alguna, sin nada que pudiera dar una reaccion, sin nada que la confudiera de los otros, porque una de las cosas que diferencia es el pasado…
Esa persona era yo.
Me tenía que conocer a mi misma.
Tenía que conocer a un extraño, y yo era ese extraño…
-    ¿Y si… te ponemos un nombre? – preguntó, después de largo rato, Yuki.
-    ¿Para? – pregunté aun sumergida en mi depresion.
-    Va a ser difícil hablar con alguien sin nombre. ¿Qué tal… Susuki?
-    No. – dije, en ese mundo, parecía algo común.
-    ¿Rin? – siguió aconsejando.
-    No me gustan los nombres tan cortos.
-    Shizuka – siguió.
-    Eeh…
-    ¿Caramelle? – preguntó con voz ausente Ciro.
-    Ese es lindo… - conteste con sorpresa y una sonrisa.
-    ¿En serio? – preguntó – Bueno, entonces ya esta.
-    ¡Caramelle! Que nombre mas raro. – comentó Yuki.
-    Si, la verdad. Por eso me gusta.
-    Es raro como vos. – opinó Ciro – Perdon, fuera de lugar.
Levantó las manos como rindiendose. Era tierno por momentos… supuse que no sería tan malo como yo creía.
-    Raro… -dijo en voz baja Yuki.
-    ¿Qué cosa? – pregunté.
-    Nada… - contestó alternando la mirada entre su hermano y yo.
Caminamos un rato largo, mis piernas me pesaban y suplicaban que me sentara por mi propio bien. El aire caliente me asfixiaba y sentía mis pulmones llenos de agua y mis párpados eran de plomo… sin embargo me negaba a detenerme, no quería parecer débil. No quería cerrar los ojos… no quería perderme nada. Por mas monótono que fuera el paisaje, Ciro tenía algo… algo que me hacía acordar al efeecto del canto de las sirenas sobre los piratas, lo único que esto era al revés. Yo era la victima de una atracción sobrenatural, no humana… y como me divertía. No quería perderme un momento. Cada paso parecía ser distinto, por momentos parecía desconcertado y por otros parecía completamente seguro de sí mismo. Parecía un personaje egocéntrico y fuerte. Caminaba con la frente en alto, los ojos fijos en su camino y pasos seguros y precisos. Era perfecto, fuerte… letal.
Si me ponía a pensar, tenía que mirar otra cosa. No quería parecer desesperada, yo no era así… o por lo menos eso creía.
¿Cómo sería yo realmente? ¿Sería valiente? ¿Sería inteligente o valerosa? ¿Tendría algún talento?
Esas eran cosas difíciles de saber.
¿Qué significaba todo esto? Me sentía extremadamente vulnerable, débil y ridícula. Tenía completamente contraído mi estómago, como si me acabaran de golpear… era un sentimiento conocido, ¿Qué me habría pasado para que me sintiera tan familiarizada con eso?
¿Quiénes serían mis padres? O quizá era huérfana…
Aunque sabía que tenía un largo camino antes de tener esas respuestas, y algo me decía que ese camino no sería el que estaba transitando detrás de Ciro y Yukari. También sabía, casi como si fuera una certeza, que nadie lo sabía. Nadie sabía quien era.
Pensá, me dije en mis adentros, si no sabes quien sos ni vos misma, nadie va a intentar sacarte información, nadie te va a atormentar con tu pasado…
Si, un alivio, pero las dudas zumbaban y se multiplicaban como bacterias, hinchando mi cabeza y haciendome dramas innecesarios… o talvez si eran necerios. No sabía, como muchas cosas más.
Quería preguntar, pero no me animaba. ¿Por qué tendían que saber quien soy yo si ni siquiera yo lo sabía? Seguí caminando en silencio, reteniendo la angustia que me quemaba la garganta. Necesitaba animarme de algún modo, me sentía muy incómoda en esa situación de tristeza, me sentía patética. Fue entonces cuando se me cruzó por la cabeza la imagen de alguien metiendose un encendedor por la garganta. Ridícula y extraña, la solución tuvo un gran éxito en sacarme las preguntas de mi mente y angustia. Me reí silenciosamente, no quería explicar, logrando despejar mi mente. Ahora me sentía mejor, y me di cuenta de que esa atracción que hacía unas horas llamaba mi atención, ahora estaba invertido. Mire para arriba, sintiendo mis mejillas calientes, para ver la mirada de Ciro clavada en mí. Supe que en un caso distinto hubiera desviado la mirada, pero el verlo a un chico asi, que parecía tan mortífero, tan sorprendido ante mi indiferencia, me hizo sonreirle y no pude reprimir, después de horas de hacerlo, una risita, pero no nerviosa, era genuina, era de diversión.
¿Por qué estaba tan sorprendido? Me hizo acordar a un gatito, que por ser un felino se pensaba que era un león o un tigre de bengala, y después cuando lo asustaban salía corriendo asustado.
¿Habría leones miedosos? Me imagine la imagen.
De este modo dejé que mi mente divagara, espaciar y olvidar todo el hecho de que no tenía qué recordar.
La luz se desvanecía, pero no podía decir que el sol se estaba ocultando porque no había. Era extraño, la luz esa que emanaba el suelo era el sustituto del sol, y eso resultaba deprimente.
-    Esta oscureciendo… - comenté, esperando una respuesta.
-    Si, claro. Es de noche ya casi. – contestó Yuki.
-    No creo que en tus épocas no existiera el día y la noche. – dijo en tono de burla Ciro.
-    Claro que existía. Lo único es que… no era el suelo el brillaba… - expliqué deteniendome para ver como se apagaba el piso.
-    ¿Y qué era entonces? – preguntó él.
-    ¡Esa cosa brillante! ¡No seas tan ignorante! – exclamó Yuki.
Pobre Yuki, parecía ser una persona olvidada, sin embargo siempre intentaba aparecer, ser alguien… era digna de admirar.
-    El sol. – respondí con nostalgia.
Entonces, recordé los rayos del sol penetrando mi piel en una escena bizarra, desconocida, aunque era un recuerdo vívido en mí.

Mundo Real 2

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 De nuevo desperté en mi cuarto, pero esta vez me había despertado con un sueño horrible. Había soñado algo espeluznante, un mundo donde el aire no era aire pero si plomo, que la vista era monótona a mas no poder, con suelos erosionados de un rojo brillante y un cielo negro y triste.
Abrí lentamente los ojos, el frío había desaparecido casi por completo, ya que había sido reemplazado por un escalofrío, un temblor constante en el interior. Todo seguía oscuro, pero notaba un leve resplandor de un amarillo gastado a mi costado. Tenía sueño, los párpados me pesaban. Me levanté con lentamente, algo mareada.
Ahora salgo y todo va a estar como siempre, esto solo fue una pesadilla, todo va a volver a la normalidad… me repetía constantemente, pero, ¿Qué era la normalidad? Entonces recorde el hecho de que, ¡no tenía recuerdos!
Entonces algo, alguien, me detuvo. Estaba casi sentada ya. Me di vuelta sobresaltada para pegarme el susto de mi vida: era la nena de mi pesadilla. Unos ojos amarillos penetrantes me atravezaron como lanzas. Entonces, de ahí venía el resplandor… 
-    No te levantes, aún estás muy débil. – dijo, tenía una voz tranquila, algo apagada, pero bastante aguda.
No podía hablar, estaba demasiado… ¿sorprendida? Bueno, el punto es que no tenía palabras, o tenía tantas que no lograba identificarlas o hacer que salieran de su boca.
-    Supongo que esta algo confundida… - anunció algo incómoda y triste – La voy a dejar para que pueda pensar tranquila…
Entonces me agarró un arrebato maternal. Fue ahí cuando descubrí algo de mi misma, al parecer, era una persona maternal. Además, no sentía pena, sino tambien miedo, miedo a la soledad en un lugar como ese.
-    ¡No! – exclamé cuando ella se iba, tomándola del brazo – No me dejes, por favor. – supliqué con voz estrangulada.
Sus ojos, cuyo brillo hasta ese momento era ténue, ahora eran dos brillantes luceros. Tuve que tapar los mios con mi mano debido a que me encandilaba. Ella rio, parecía conenta, emocionada.
-    Perdón, el brillo cambia según las emociones, no lo puedo evitar. Es una mala suerte, yo quería tener un poder mas emocionante que un brillo. – explicó.
-    ¿Poder? Que… interesante. – comenté intentando recordar las cosas normales del mundo que conocía, y supe que no era normal que alguien tuviera poderes - ¿Qué es este lugar? La verdad es que… no entiendo nada.
-    Claro que no, un día estabas tranquila en tu casa y el otro estas aca, y no sabes que pasó con tus papas, tus amigos… Perdon, - se disculpó con la cabeza gacha – no la quería poner peor, tampoco hacerla sentir… ¿Cómo se dice? No quería faltarle el respeto.
-    ¿Qué? ¡No! No te hagas problema… nunca pensaría eso… ¡deja de tratarme asi de usted! Es algo exagerado…
-    Bueno. – dijo, con sus ojos aún mas brillantes – Perdon… - dijo riendo volviendo a agachar la cabeza.
-    No, es bueno tener algo de iluminación, es un cuarto oscuro. – bromeé.
-    Este… era tu cuarto, ¿me equivoco? – preguntó.
-    Me parece que no. – respondí mirando a mi alrededor.
-    ¿Cómo eran las cosas antes? – cuestionó con interés – Siempre me encantaron esas cosas, logré rescatar algunas cosas de aca – continuó en un susurro – las tengo guardadas… ¡Son fascinantes!
-    Que bueno… - dije – es que, la verdad, no tengo idea.
El brillo en sus ojos disminuyó.
-    ¿Cómo que no?
-    No… no recuerdo nada. ¡Dios! ¡No sé ni como me llamo! – exclamé completamente frustrada.
-    Uh… eso no es bueno. – dijo mirandome fijo con el brillo mucho más ténue.
-    ¿Por?
-    No se, pero tengo un mal presentimiento. – anunció.
-    ¿Es otro de tus poderes? – bromeé.
-    No. Honestamente, no tengo poderes. Lo mas interesante que tengo son mis ojos… - contó con cierta decepcion.
-    Pues… a mi me parecen geniales. – dije con una sonrisa.
-    ¿En serio? – preguntó con emoción.
-    Si. ¿Cómo te llamas?
-    Yukari. – respondió con una sonrisa.
-    Ah… ¿Y si tan solo te llamo Yukii? – pregunté.
-    ¿Un apodo? – preguntó con emoción - ¡Obvio!
-    Yukari, salí, los viejos dicen que tenes que dormir… - anunció la voz de un chico, aunque este parecía estar gritando desde un lugar lejano. Del living probablemente.
-    ¡No quiero! ¡Estoy… cuidandola! ¡Puedo dormir aca! – respondió ella a los gritos, aturdiendome.
-    No quiero causar molestias… - dije.
-    ¿Molestias? No quiero irme a mi cuarto, me aburro.
-    ¡Obedeceme! ¡Hasta que vuelvan estoy a cargo! – ordenó con voz autoritaria, me calló muy mal como trataba a Tony, era una chica dulce, no podía ser tan malo – De todos modos, ¿para que queres quedarte con el muerto?
-    ¿¡El muerto?! – pregunté escandalizada.
-    ¡Shh! – me chistó – no quiero que se entere de que estas despierta.
-    ¿Por qué?
-    Solo no hables. Por favor. – suplicó, su desesperación hacía que cualquier voluntad se tornara inútil.
-    Entonces salí de ahí. Si te encuentran despierta me matan. – volvió a decir la voz del chico.
-    ¿Quién es? – gesticulé sin hacer ruido alguno.
-    Mi hermano. – respondió con el mismo silencio - ¡No te van a hacer nada! ¡En todo caso a mi me retan!
-    A ver… - se escucho devuelta la voz de su hermano.
Se escuchaban pasos, que hacían eco. Se acercaba.
-    Acete la dormida. Por favor, acete la dormida.
Obedecí al instante. Cerré los ojos y Yukii me tapó hasta la cabeza. Sentía algo de nervios, el chico no parecía una peersona muy comprensiva, ademas, no entendía nada de ese lugar. Solo ssabía que estaba lista para ayudar a la nena esa en cualquier caso.
Se escucho el chirrido de mi puerta, y desvuelta la voz habló.
-    Andate a dormir… - dijo – mirame.
-    No quiero que me manipulen, gracias. – contestó con dignidad. ¿Manipulen?
-    Vamos… ¿esta dormido aún? – preguntó. ¿dormido? ¡Soy mujer! Idiota… pensé.
-    Si.
-    ¿Segura? – preguntó, cambiando tu tono de voz completamente, de una voz típica de un hermano mayor insoportable a una completamente persuasiva y… rara.
-    No, esta despierta. – dijo ella.
-    Lo sabía. Levantate, no tengo todo el día. – ordenó él.
-    ¿Quién…? – empecé a quejarme, me molestaba que me dieran órdenes, que me tomaran como si fuera un perro o menos que ellos. Pero no pude terminar mi queja, la vista me impresionó.
Era la primera cosa que era realmente… impresionante. Ese chico llamaba más la atención que todo ese extraño mundo junto. Tenía una combinación perfecta de la típica delicadeza en las facciones de una obra de arte renacentista y la fuerza del mejor gladiador. Su tentadora mirada era capaz de mover montañas. Sus ojos grandes y verdes me llamaban a los gritos… aunque ellos tambien estaban confundidos. Los dos nos habíamos quedado helados por alguna razón, y yo me sentía de lo más incómoda con la mirada de ese gladiador aplastandome como una papa. Saqué la mia, y la mire a Yuuki.
-    ¿Puedo saber que está pasando aca? – pregunté, cuando en realidad, lo único que quería era mirarle devuelta al gladiador.
-    Mira, te encontramos y nos cagaste la vida. – contestó él, después de unos segundos de espera.
-    ¿Qué les…? – y otra vez mis peleas fueron interrumpidas, pero por desgracia esta vez no fue por esa agradable vista…
Era un terremoto. La tierra vibraba a mas no poder. Se sacudía como un perro que recien salia del agua.
-    Yukari, anda con él al escondite. Apurate… - ordenó.
-    ¡Soy mujer! – grité entre el ruido que hacía la casa al sacudirse.
-    ¿Qué…? – preguntó él quedandose helado.
-    ¡Si!
-    ¿No te diste cuenta idiota? – preguntó con enojo Yuki - ¿Y vos? ¿Qué vas a hacer?
-    Voy a buscar el sobre. – dijo con la confianza y la atención recuperada.
-    ¿El sobre…? – pregunté, entonces la casa se empezó a derrumbar y el chico se fue corriendo antes de que se tornara mas peligroso.
-    ¡Vayanse, no se lastimen idiotas! – gritó mientras se iban.
Yuki me tomo de la mano y salimos corriendo. Sus ojos servían de faroles en las penumbras. Corriamos a toda velocidad, pero no pude evitar el detenerme cuando donde el chico desapareció paso a ser de un caminó a escombros hasta casi la pared. Me asusté… no quería que esa fuera la ultima vez en que viera a ese gladiador…
Corrí sin pensarlo dos veces en su rescate. No me importaba lo mal que hasta ese momento me había caído, necesitaba salvarle…
Con gran esfuerzo, logré zafarme de los escormbros después de separarme de Yuki. Menos mal que había ido, la casa estaba incendiandose, el calor y la sequedad asfixiaban y las lásgrimas brotaban por si mismas de mis irritados ojos. Él estaba tirado en el suelo, tosiendo sin fuerzas para escapar. Lo subí con cierta dificultad a mi espalda y lo lleve a donde estaba Yuki, cuyo alivio era obvio al verme a mi y a su hermano a salvo. Salimos a las corridas y con cierta dificultad en mi caso. Por alguna razón senti que ya había vivido eso antes, y me sentí inquieta por un momento
Terminamos afuera, donde por fin estuvimos tranquilos. Recosté al gladiador en el rojo suelo mientras Yuki y yo veíamos como se derrumbaba la casa que algún día había sido mia. No pude evitar que una única lágrima cayera y se deslizara por mi mejilla derecha.
Yuki poso una mano en mi hombro en forma de apoyo. Mi vista se deslizó al chico, quien se estaba levantando. Tenía… un sobre en la mano. Mi curiosidad era enorme.
De repente, un golpe fuerte interrumpió mi curiosidad. El chico nos estaba protegiendo a mi y a Yuki. Una especie de abrazo, nos sostuvo fuerte mientras una especie de ruido raro, de maquinas, zumbaba e intentaba lastimarnos, golpearnos… matarnos. 

Mundo Real 1

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Estaba tan cansada, era como si me hubiera dormido hacía mucho tiempo ya, eso por no mencionar que me congelaba. Sentía como cada célula de mi cuerpo fuera volviéndose una por una en hielo. Intentaba recordar el día anterior… nada. Un vacío completo. ¿Qué había pasado? ¿Por qué sentía como si algo malo hubiera pasado, o pasaba? En cierto punto, el no recordar y el estar ahí, viva, hizo que me sintiera un poco más tranquila, pero a medida de que más cuenta me daba de lo seria que era esta pérdida de memoria, más nerviosa me sentía. ¿Quién soy? ¿Qué se supone que tengo que hacer? Eran preguntas fundamentales, y no sabía ninguna. Miré a la ventana y exhalé aliviada y emocionada. Me acordaba de una cosa: esa era mi ventana. Esas eran mis paredes, mis posters, mi cama… era mi cuarto. Aunque… ¿siempre fue tan oscuro?
Era muy extraño.
¿Cuántos años tenía? ¿Quince? Diez y seis quizás. Recuerdos, cierta información del mundo diario llegaron a mi cabeza como impactos y luces que hacían un total contraste con mi oscuro cuarto. Bizarro…
Recordaba algunas vacaciones, algunos momentos. Creo que eran míos… no estaba segura. Eran cosas borrosas. No había nombres, no había rostros. Me exasperaba. No sabía ni como era yo, hasta ese momento, solo sabía de mi pelo castaño con rulos.
Sin embargo había cosas peores que la falta de memoria y la impotencia… cuando me levante a ver a través de la ventana los rosales y jazmines del jardín de al lado, vi algo que me impresionó más que nada.
¿Estaba en un desierto? Por el aire que respiraba parecía, y por la falta de vegetación también.
¿Sería otro planeta? Parecía Marte…
Cuando recuperé el aliento salí corriendo. Una voz en mi cabeza gritaba como loca: “esto está muy mal, muy mal… no sos de acá, salí, escapá de esta pesadilla”. La casa era borrosa. Todo oscuro y el aire parecía pesado. Me costaba ver, me tropezaba constantemente con los sillones y mesas, pero no dejaba de correr. Sentí un ataque de pánico. No solo sentía las piernas entumecidas por el frío, pero también sentí como si dejara de respirar. No me podía mover. Me faltaba el aliento y las lágrimas brotaban por sí mismas. Pero no quería llorar, aunque estaba desesperada.
Caí al piso. La gravedad llamaba a mis rodillas y estas cayeron suplicando piedad. Me di por vencida, mirando al piso y dejando esas lágrimas caer en libertad.
—¡Mamá, papá! ¡Se despertó! —anunció la voz de una nena.
Ese grito me despertó de mi patético estado e hizo que dejara de llorar y levanté mi vista al lugar de donde provenía la voz.
Era una nena, sin lugar a dudas, pero su imagen era impactante. Un pelo negro que caía perfectamente en cascada hasta su cintura y unos ojos grandes, como de gatos. Eran amarillos, muy brillantes… tanto que los podía ver en esas penumbras.
El miedo me invadió. ¿Quiénes serían sus padres? ¿Qué sería ella? Tenía que correr, escapar, esconderme… pero, ¿tendría suficiente tiempo?
Antes de pensarlo me di cuenta que mi cuerpo había tomado sus propias decisiones y había salido corriendo contra la fuerza de gravedad que el piso ejercía sobre mis rodillas. Abrí con brusquedad la puerta y me quede, nuevamente, paralizada con la vista.
Un paisaje completamente rojo. El piso estaba completamente erosionado, lo que antes solían ser hermosos jardines que desprendían un olor tranquilizante e inspirador, ahora eran pozos y tierra no fértil, roja como la sangre. El aire era pesado, cada bocanada resultaba un gran sacrificio. Me dolía la garganta, era como respirar en un jacuzzi. El cielo era negro azabache, ni una estrella alegraba la triste vista. Lo único que iluminaba el pesado paisaje, era el piso al rojo vivo.
Era horrible, asqueroso. Di un paso atrás horrorizada y volví a caer al piso por el miedo y el horror. Entonces, una mano grande y fuerte me tomó por el hombro, me sobresalté, aunque no quise mirar atrás.
—Bienvenida al mundo real —dijo una voz masculina y grave.
Creo que, en ese momento, me desmayé.