Mundo Real 27 - ultimo capitulo

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No quise gritar su nombre, intentar despertarlo o cualquier otra cosa que me hiciera creer que seguía vivo. Si había muerto no me servía de nada mentirme a mí misma, por más que quisiera. Ciro… que mal momento elegiste para morir pensé. Había admitido lo que sentía por él y se suicidaba, era deprimente, aunque peor era tener otra vez a alguien querido en mis brazos sin vida.
Sentía las gotas sobre mí. Hacía rato que llovía, pero recién ahora sentía los golpecitos imacientes sobre mi cabeza, hundido sobre el frío hombro de Ciro. Ni el viento ni la lluvia lograban llevarse consigo la opresión que sentía en la garganta.
No entendía porque, aunque fuese contra mi voluntad, no podía moverme de donde estaba. No podía soltarlo, lo tenía aferrado contra mi, escondiendo mis ojos al borde de las lágrimas en su cuello, que aunque estuviese frío, seguía oliendo como él.
No… esto era demasiado, no podía caer tan bajo.
Lo amaba, pero el no querría que me quedara ahí de brazos cruzados, siendo quien era.
Aparté mi rostro de su escondite y le miré. Se veía en paz.
Una ola de angustia me recorrió. No lo podía contener más, lo abracé más fuerte aún, y una única lágrima se escapo de mientras, golpeandolo directamente en la mejilla…
De repente, me devolvió el abrazo, y con un grito ahogado, me separé de él. Me estaba mirando con su fuerte mirada, aunque la batalla reciente se denotaba en sus ojeras. Me miraba con una expresión rara, era de alivio, según me lo imaginé.
-          No puedo creer que pensaras que estoy muerto. – bromeó – Con como soy…
Pero no lo deje seguir, me abalancé para abrazarlo. Ya había quebrado, no podía aguantar las lágrimas ni un segundo más, las dejé caer en silencio, solo dejando que una risa de alivio y alegria se escuchara y dejara ver lo que sentía.
En un momento me separó de él y me sacó los mechones enrulados de la cara.
-          ¿Por qué lloras? Ya paso todo…
-          Pero no soy tan fuerte, o tal vez solo soy estúpida…
-          Sos estúpida por decir eso.
Entonces me acordé de algo, no podía resistir la tentación de preguntar. Mi curiosidad era mas fuerte que cualquier cosa.
-          Cuando dijiste, antes de… desmayarte – dije eludiendo la malabra “muerte” – “yo tambien” te referías a…
Entonces sonrió, divertido y cansado, y me besó, dandome la respuesta a la pregunta que tanto me había hecho mientras que el viento los despeinaba y la lluvia lavaba nuestros pesares, dejando lugar a algo mejor.
Quedaba mucho aún pero… ya no me importaba.

Mundo Real 26

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La sangre parecía alterar mi sentido común, mi poder de comprensión, mi todo. No podía creer lo que mis ojos veían. No todo lo que ves es verdad me dije a mi misma a mis adentros. Ciro no era así, no era un asesino… aunque tampoco que supiera mucho de él, o talvez, si pensaba con la cabeza fría, mi cariño me nublaba, me distraía y me alejaba cada vez mas de la realidad.
-          Ciro… ¿Qué pasó? – pregunté. ¡Idiota! ¡No es Ciro! Gritó algo en mí.
-          Caramelle… - me llamó, algo confundido.
-          ¿Qué hiciste? – insistí, agachandome para ponerme al lado del difunto Seth, tirado en el suelo. Seth… las imágenes pasaron volando, desde que lo conocí, sus cambios repentinos de actitud, el beso, ese abrazo… había sido un gran chico, no podía creer que estuviera muerto. No quería llorar, era un momento poco oportuno, no tenía a nadie cerca…
-          Fue, fue… un accidente. – respondió y claramente no le creí – Se volvió loco y…
Era imposible. Ciro nunca acuaría así. Estaba demasiado asustado, poco seguro. Se veía muy idiota, bueno, mejor dicho, actuaba como un idiota.
-          Sos un mal actor… - le acusé, dejando a Seth en el suelo con delicadeza y levantandome - ¿Qué le hiciste? ¿Qué te pasa?
-          Me atacó…
-          ¿Y lo mataste así no mas?
Tenía una mirada extraña. Era lejana, no me estaba mirando a mí, miraba a algo mas allá, aunque a la vez de profunda no tenía nada. Se veía enojado y caprichoso, como un nene al que lo agarran haciendo una travesura, cometiendo una equivocación, y lo reprendían, pero el seguía con su idea fija de que hacía lo correcto.
-          ¿Qué te pasa? – pregunté sin piedad – No te conozco bien, Ciro, pero hay cosas que me dejaste bien claras desde la primera vez que te ví.
-          ¿De qué hablas? – su mirada era rara, seguía con esa lejanía, pero había algo peligroso en ella, alguna especie de instinto asesino escondido en esos tonos esmeralda, apagados por alguna razón.
-          ¿Quién sos? ¿Qué estas? ¿Poseído? – seguí, aunque en realidad no me creía lo que decía, aunque ya lo había pensado, negaba lo que podría ser la realidad. Tenía que deternerme.
-          Caramelle, callate.
Esa orden me sorprendió. ¿Callarme? ¿Habría descubierto algo? ¿Mi primera teoría era verdadera? Ahora las cosas cerraban. El cambio de actitud repentino que tuvo Seth, el corte en el cuello de Ciro, la pelea, el beso… ¿el beso? Me confundí por un segundo.
-          ¿Quién sos? – seguí con el cuestionario.
-          Caramelle, te lo advierto…
-          ¿Advertir? ¿Quién te pensas que sos? ¡Yo soy la que te advierte…!
-          Soy yo, idiota…
-          ¡Exacto! ¿Quién es ese yo?
Pero no pude seguir, porque aparentemente mi bronca y mis preguntas habían despertado su violencia, y con un simple movimiento me cortó la mejilla izquierda y el impacto me tiró al suelo. Posé mi mano sobre el corte, bastante profundo y algo doloroso, sangraba bastante, pero lo ignoré.
-          Que caballero. – comenté con sarcasmo y un tono frío como el hielo.
-          Te lo advertí. ¿Por qué no me crees?
Entonces me puse yo violenta. ¿Me tomaba de estúpida? No, nadie burlaba a Ciro, pero menos a mí.
-          - No sos Ciro, es obvio. – le acusé con cierta impaciencia, que intenté fingir -¿Por quien me tomas? ¿Por idiota? No sos Ciro, te ves como él, pero no le llegas ni a los talones. Tus modos, tu manera de hablar… sos demasiado tosco y muy poco inteligente. Como si fuese poco, tu mirada es mediocre, la de Ciro es mucho mas fuerte.
La honestidad me mataba, era difícil para mi orgullo, aunque a la vez interesantemente liberador. Intenté mantener mi mente fría para que las lágrimas de bronca e impotencia no salieran a la superficie. Se fuerte, se fuerte me repetía como un mantra para concentrarme en algo alejado de lo que sucedía, por mas que estuviera conectado.
- Pero vamos, - seguí con cierta indecisión a causa de mi concentración en las dos palabras que repetía en mi interior, levantandome y llendo hacía Ciro, con la intención de desconcertarlo - No estoy aca para esto, porque estoy como para hacer un libro de las mil y un maneras en las cuales es imposible hacerse pasar por Ciro. Pero entendé algo, nadie se mete ni conmigo ni con mis amigos, Roy.
¡Ya estaba! ¡Lo dije! Ahora solo había que esperar a ver si había cometido la mayor idiotez de mi vida o la mejor y más inteligente maniobra de la misma.
Sin embargo, decidí ser fuerte como me repetía una y otra vez. Pero no fuerte como la típica chica que su fuerza es tan solo en aguantar o algo así, una fuerza que odiaba y me parecía insoportable, sino que decidi ser fuerte como Ciro: iba a luchar, con una sonrisa desafiante. Inspirada por ese personaje, sonreí y con una maniobra me puse tras de él, sosteniendole el brazo como hacían en esas series policiales para inmobilizarlo y le saqué mi espada. No entendía algo, si la espada era mía, ¿por qué la tenía siempre él?
De todos modos, me resultaba inútil la espada. No podía ni siquiera rasguñarlo, no entendía porque, ya que en cualquier otro momento era capaz de dejarle un ojo morado, pero ahora… no era ni capaz de golpearlo un poco.
Sin embargo, Ciro era demasiado fuerte, y  yo no podía luchar contra él. Es en estos momentos que se usa la típica fortaleza de una mujer: confundir a los hombres con sus sentimientos, por más que me cueste. Siempre era igual, las mujeres nunca actuaban físicamente, usaban palabras o atacaban de un modo indirecto o psicológico. Era interesante, mucho más que los golpes de los chicos, sin embargo, no podía negar que preferiría noquearlo. Talvez, no me sentiría tan distinta de ese modo.
Pero no sabía empezar, aunque tampoco fue necesario. Ciro se libró de mí, no sin cierta dificultad, lo cual me animó un poco. A pesar de que algo le costaba librarse de mí, me empujó de manera que volví a caer, pero esta vez de cara al suelo. Me sentía patética. No podía dejar que la cosa siguiera así, no era una nena indefensa de la cual abusaban. No… era mas fuerte que eso… o eso quería pensar.
Ciro parecía dudar de lo que hacía. Me tendió la mano, dandome a entender que se había arrepentido, pero no la tomé. Me levanté mirandolo a los ojos, aunque sin satisfacción alguna, porque no tenía la mirada de Ciro, que en cualquier sircunstancia su mirada sería como algo interesante, algo del cual aprendieras algo útil.
-          Decime la verdad. – le pedí -¿Sos Roy?
Hubo un silencio incómodo, no… no podía saber si me miraba en serio o que, pero mi humor empeoraba con cada segundo sin una respuesta. Intenté regular mi respiración, si él realmente era Roy, ¿Dónde estaba Ciro? Estas cosas me confundían. Si mi primer teoría estaba bien, Seth había muerto hacía algun tiempo y Ciro… también. Hay que admitir las cosas como son, pero al darme cuenta de que sería así, me empecé a desesperar. Si era así, nunca había peleado con él en realidad…
-          Si.
Con esa palabra logró desmoronar mi mundo. Un sí que sacó mi aliento y me puso la piel de gallina. Lo mire paralizada del horror.
-          ¿Ciro… esta muerto? – pregunté, pero nuevamente hizo un silencio - ¡Contestame! ¡Si sos tan inteligente respondé rápido!
-          Si.
Otra vez, quedé paralizada con la misma palabra.
-          No… no es posible… - la desesperación nublaba mi mente y comencé a negar lo que debería ser verdad, no podía estar muerto, ¡era Ciro! Era mas fuerte que Roy, de eso podía estar segura, pero… ¿Cómo probar que estaba vivo?
Solo se me ocurrió llamarlo. Tal vez… tal vez lo despertaba…
-          ¡Ciro! – exclamaba - ¡Ciro por favor! ¡Se que estas vivo! Lo se, lo se… ¡Ciro por favor! – mi voz se volvía débil, y mis ojos se llenaban involuntariamente de lágrimas, no… no quería llorar… - ¡Te amo! Ciro…
Dije esas palabras sin pensar, aunque creo que nunca había dicho algo tan en serio. Por mas meloso o idiota que fuese, alguna realidad de lo que pasaba en mi vida tenía que ser admitida, y estaba bastante segura de haber admitido una de las más difíciles y útiles, ya que dio resultado. Los ojos de Ciro parecían recobrar su fuerza, aunque se veían cansados y desesperados. Sus ojos no me miraban, estaban fijos sobre la espada en mi mano derecha.
-          Caramelle… - me llamó con una voz extraña.
-          ¡Ciro! – le devolví, con cierto alivio.
Quería que me mirase, aunque fuese por solo un momento. No sabía que iba a pasar, todo sentido común estaba tapado por el alivio de que no me había quedado sola. Sin embargo, tomó mis manos, las hizo aferrarse a la espada antes de que yo pudiese detenerlo, y con nuestras manos entrelazadas alrededor del arma, se la clavo tal como un seppuku[1]. Lo miré con horror, y antes de morir, sus manos se aflojaron, llenas de sangre suya y de Seth, sobre las mias, y me miró. La mirada que tanto quería se había vuelto algo mas dramático de lo que hubiese querido.
-          Yo… también. – fueron sus últimas palabras.
Entonces calló sobre mis brazos, llenandome de dolor y sangre.


[1] Seppuku es un ritual suicida que hacían los samurais para no enfrentarse a una pérdida

Mundo Real 25 - El interior de Ciro

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¿Qué… qué me pasaba? No me podía controlar.
¿Por qué trataba así a Caramelle?
Bueno, son cosas que pasan, cuando se ve a un perro desolado no te queda mas que darle de comer.No… ¿Por qué le dije eso?
Parecía algo ofendida, pero es imposible entenderla, sabe ocultar las cosas…
Me senté en la cama, preocupado. La cabeza me pesaba de una manera algo sospechosa, y tenía demasiado sueño. Sin embargo, había cosas que no paraban de cruzarme por la mente…
La idea de haberle burlado a Caramelle ya me hacía sentir mal. Todo lo que había sufrido, y aún así parecía ser tan fuerte y… tierna.
Callate. Dijo una voz rebelde, aunque conocida, en mi mente.
La ignoré. Entonces pasó por mi cabeza el beso… aún no podía creer que la hubiese besado, que me hubiese dejado. ¿Me querría tambien? Era… estúpido. Ni que yo la quisiese en realidad, era solo…
¿A quien engaño? Aunque me sienta patético, la verdad es la verdad.
Las imágenes eran cada vez más nítidas, y en un momento, sentí como si nos vieramos a mi y a Caramelle desde otra perspectiva. Una especie de odio me inundo la mente y corría con una peligrosa violencia en mis venas. Nuevamente, no era dueño de mi mismo, y cuando quise enterarme, había caído en un sueño profundo.

¿Qué…?
No sentía nada. Ni los brazos, ni las piernas. Nada. Estaba tirado sobre una jaula, o eso parecía ser, las rejas oxidadas se alzaban a mis alrededores, dandome un espacio menos que grande para moverme con libertad. Intenté acostumbrar mi vista a las penumbras de ese lugar, pero era imposible. Con tantos años soportando a la oscuridad de las noches, en las cuales no había ni un atisbo de luz natural, uno se acostumbraba, se adaptaba, como decía la ley del mas apto, aunque tampoco sabía mucho de eso. La oscuridad se mantenía constante… era insoportable. Odiaba el no poder hacer algo, fuese por la razón que fuese. Mis padres siempre me acusaron de un caprichoso, pero nunca me importó. Incluso, estoy orgulloso de serlo, en cierto punto, para mi significa que no me rindo, para otros significa que soy testarudo. Si, soy caprichoso, testarudo y negador, porque lo ignoro. Y no me importa. O eso creo.
Me levanté con mucha dificultad. No… no parecía como si fuese mi cuerpo. Era raro, como si fuese algo que no era material. Una luz empezó a verse a lo lejos, y me costó entender lo que veía. Era algo borroso, aunque lo que mas me llamo la atención fueron dos puntos fuertes de un color azul verdoso…
Las cosas se iban aclarando poco a poco, y por un momento quise no verlo, pero no podía. Era Caramelle, con tajo en la cara del lado izquierdo. Tenía una mirada de horror, miedo, súplica… pero esa cambió en un instante. Su cara de ser la de una victima de acoso a la de odio, con sus ojos parecía decirte un discurso, reprenderte sin la necesidad de malgastar sus palabras. Siempre supe que Caramelle era mas que fuerte, y no me refería a fuerza física.
-          No sos Ciro, es obvio. – se escuchó la voz suave de la chica como si fuera lejana, aunque la podía ver ahí mismo, como si fuese una pantalla, agarré los barrotes con una sensación extraña en el estómago, aunque la saqué rápidamente, cunado me mire, me había quemado - ¿Por quien me tomas? ¿Por idiota? No sos Ciro, te ves como él, pero no le llegas ni a los talones. – con esas palabras, sentí como si mi pecho se hinchara de algo raro, sonreí, aunque me sentía como si viese una escena, la verdad era que no comprendía lo que estaba pasando – Tus modos, tu manera de hablar… sos demasiado tosco y muy poco inteligente. Como si fuese poco, tu mirada es mediocre, la de Ciro es mucho mas fuerte.
“ Pero vamos – continuó, poniéndose de pié y caminando hacia… ¿mi? – No estoy aca para esto, porque estoy como para hacer un libro de las mil y un maneras en las cuales es imposible hacerse pasar por Ciro. Pero entendé algo, nadie se mete ni conmigo ni con mis amigos, Roy.
Entonces, con cierta clase y una sonrisa desafiante dibujada a pesar de la sangre que le corría por la mejilla, golpeó a quien fuese en el estómago, le dobló el brazo y le arrebató la espada. Sentía lo que le pasaba al otro, pero levemente. No entendía que estaba pasando, pero inconcientemente y lleno de preocupación me volví a aferrar de los barrotes y me volvi a quemar, pero esta vez no me aparté, sino que luché para doblar los barrotes. Era complicado, la fuerza era demasiada. Mi vista se nubló y no lograba coordinar ni movimientos ni pensamientos. Solo tenía una cosa clara: tenía que ayudar a Caramelle.
Pero… la visión se volvía menos clara por cada segundo y los mis párpados, a pesar de no sentirlos del todo, se me iban cerrando. En poco tiempo solo pude diferenciar el dolor en las palmas y distinguía una única palabra, o mejor dicho, un nombre.
Caramelle…
Pero mis ojos se cerraron nuevamente.

Volví a despertarme, encerrado nuevamente en los barrotes, pero estos tenían un gran agujero en el medio… ¿lo habría logrado? ¿era libre? Pero, ¿libre de qué? No entendía donde estaba…
-          ¿Confundido, Ciro? – me preguntó una voz conocida, alcé la vista inmediatamente, la vista no me gustó para nada - ¿Complacido de verme?
Ahí parado estaba Roy. Su mirada parecía atravesarme, como siempre. Sus ojos azules parecían más débiles de lo normal, aunque en realidad, hacía demasiado que no lo veía como para darme cuenta. Solo al verlo lo recordaba bien, sus ojos azules, su pelo castaño claro, siempre vestido de negro y su mirada ausente que contrastaba su actitud decidida. Para las chicas parecía un punto perfecto, pero a los hombres en general era un idiota. Sin embargo, a mi siempre me había resultado un personaje interesante, una persona con actitud y rebeldía, la inocencia parecía haberlo abandonado por completo, era un hombre por naturaleza, pero… ¿Cuál era el uso de esa falta si no se sabía actuar? Siempre pensé que era un problema que ambos sufríamos, por eso, de mi familia sin contar a mi hermana, era el más interesante, o al que mas aprecio podría guardarle.
Aunque no por mucho tiempo.
No entendía que hacía ahí, las ideas no encajaban, me faltaba más de una pieza para un rompecabezas que no quería ver. ¿Había revivido? ¿Habría muerto realmente?
Miró a los barrotes doblados y después a mí. Sonrió con cierta maldad.
-          Las prisiones naturales de la mente son más fuerte de lo que un simple humano se podría imaginar. – dijo, haciendose el filosófico – Es una pena que no se puedan usar con facilidad, ya que cada uno se encuentra sin darse cuenta en esa prisión. Vos aparentemente lograste… deformarla en parte. – continuó hechandole una breve mirada a los barrotes.
-          No te me vengas con la charla filosófica Roy. – dije con una fingida seguridad - ¿Qué está pasando? ¿Dónde está Caramelle?
Su expresión cambió. Ya no parecía divertida, ahora era seria. Recordé de lo que habíamos hablado con Caramelle antes de dormir aquella noche. ¿Cómo supo lo de Roy? ¿Estaría sospechando algo?
¿Y… y no me lo dijo?
-          ¿Qué? – pregunté bruscamente.
-          ¿No entendés lo que está pasando? Sos más lento de lo que creía. – su sonrisa volvió, aunque ahora tenía una expresión más seria, y más cargada de odio - ¿Tanto te procupa la chica?
-          ¿Tanto te preocupa a vos?
Se hizo un silencio, incómodo, aunque ambos lo disimulabamos con las miradas desafiantes y llenas de odio. Era obvio lo que estaba pasando. Ambos queríamos lo mismo, pero no podíamos admitirlo.
-          ¿Vos que decis? – preguntó como si fuese un sabio.
-          Que tantas preguntas te van a pudrir aún más el cerebro. – respondí con odio – Respondeme.
-          Me sorprende tu prepotencia. Ademas, no puedo creer que no te des cuenta de la situación de inferioridad en la que te encontras.
-          No se en que estúpida situación me encuentro, solo sé que querés meterte con Caramelle – al decir esto, lanzó una silenciosa carcajada – y no lo pienso permitir.
-          A ver… te lo voy a explicar de una manera en la cual tu simple cerebro lo comprenda…
-          Veo que te pensas un dios, aunque Seth haya sido el elegido.
-          Callate, yo siempre fui superior a él. – escupió con desprecio.
-          Si, seguro… - comenté para molestarlo.
Entonces sentí una punzada de dolor. ¿De donde venía? Me dolía todo… era como si me quemaran vivo. Perdí la noción del tiempo, y ya no sabía cuanto tiempo estuve así, si un año, un día o un segundo.
-          ¿Listo para escuchar? – preguntó, quise quejarme, pero no tenía las fuerzas suficientes – Empecemos por el principio. ¿Te diste cuenta de que Seth cambió bastante? – acentí – Bueno, él hace tiempo que estaba débil, mi alma paso a su cuerpo cuando morí, y con el tiempo, mi alma, que era mas fuerte que la suya, lo iba desplazando de su cuerpo, hasta que finalmente desapareció tras ese beso suyo. – dijo con desprecio – A él le interesaba la chica esta en cierto punto, y al ver que no lo quería pareció desaparecer, así que volví a tener un cuerpo. Eh ahí que pudiese atacarte para debilitar tu alma, hacerte pelear con Caramelle y darme ventaja para enamorarla.
Terminó como si le estuviera contando a un amigo de toda la vida los planes para la fiesta de esa noche. Algo de inocencia tenía, después de todo. Unas palabras resonaron en mi mente y me hicieron sentir un horrible cosquilleo en la boca del estómago por la bronca. Enamorarla…
-          ¿Qué le hiciste? – pregunté con un profundo odio.
-          La besé. – contestó, parecía estar contento de aquel logro.
Nunca sentí tal violencia en mí. ¿Cómo se atrevía…?
-          No te preocupes, no vas a sufrir mucho. Pienso matarte, y después con la ayuda de esta chica vamos a dominar el mundo.
-          Dos cosas, uno, si estas tan enamorado de ella, no la trates como si fuese un objeto o una mascota. Dos, ¿sos tan débil que necesitas a una chica que te ayude? – pregunté.
-          Tenes razón, talvez, en lo primero, pero en lo segundo no. ¿tenes idea del potencial que tiene esta chica? – si, mas de lo que te imaginas contesté en mi interior – Con ella nadie podría vencernos. No te pienses que quería estar en tu cuerpo, intenté unirme a ella pero… es extremadamente fuerte. Sus barreras ya fueron rotas por su imaginación. Vos te pensas que la conoces, pero no sabes nada de ella.
Lo miré con odio. Intentó dominarla y ahora quería meterse con ella… ¿Por qué sentía como si me quisieran robar algo?
Entonces una voz dulce y conocida, aunque con un tono desesperado, nos alertó a ambos.
-          ¡Ciro! – llamó Caramelle desde lejos, no la podía ver - ¡Ciro por favor! ¡Se que estas vivo! Lo se, lo se… - repetía como intentando convencerse a sí misma, se sintió una sacudida - ¡Ciro por favor! – su voz se quebró y se escuchó un mínimo sollozo - ¡Te amo! Ciro…
Esa última frase nos alertó a ambos. Sentí como si mis pulmones se llenaran de algo… ¿alegría? No, era ridículo. Sin embargo de repente sentí como si estas limitaciones de las cuales Roy tanto había hablado de fueran y volvía a recobrar mi compostura, volvía a tener mi cuerpo… aunque no del todo.
Roy no se iría a menos que muriésemos los dos. Cuando pude recobrar mi vista, vi como primer cosa la espada de las almas… ¡Claro! Eso era… si lo hacía… no cabían dudas, era riesgoso, pero necesario. Era eso o dejarla a Caramelle en manos de aquel idiota.
-          Caramelle… - exclamé con cierta dificultad, me costaba dominarme por completo.
-          ¡Ciro! – exclamó ella, mirandome con alegría y alivio.
No pude dudarlo mas. No funcionaría sin ella, solo ella podía hacer funcionar a esa espada… ella era la elegida, la única restante…
Sin dudarlo, tomé sus dos manos, las cuales rodeaban la espada, y terminé con todo, escuchando un único grito de horror adentro de mi cabeza, y otro similar, pero mas agudo, por fuera.
Ya… ya había terminado todo. Mirando por última vez a Caramelle, caí.
- Yo… también. – fue lo último que dije.

Mundo Real 24

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Tenes ojos muy grandes,verdes… no, azules… no se. No logró distinguir. Sos muy pálida, aunque tenes bastante color en las mejillas a tono con tus labios finos y rojos… Pelo… castaño. Sos… En fin, sos muy linda. Recordé la voz de Ciro al mirarme al espejo.
No se había equivocado. Mi pelo era definitivamente castaño y ondulado. Mis ojos eran una mezcla entre un petróleo y gris, aunque muy fuertes, y definitivamente esa pálida.
Me sonreí a mi misma, como si me acabara de conocer en persona. Era como las relaciones virtuales, talvez llegabas a conocer a la persona en como era, pero no la veías en persona. Bueno, yo me acababa de conocer.
Sin embargo, me decidí en tomar el sobre y salir, no sin antes detenerme para decidir si ver o no mi historial. Era algo tentador, pero algo en mí me detenía.
¡Apurate! ¿Quién sabe lo que podría estar pasando? Me ordenó una voz en mi interior.
Entonces, renunciando en cierto punto a mi antigua persona, salí de la sala con disimulo. Había gente, que automáticamente se ganaron mi simpatía, en las sillas, casi dormidos. Me tapé la cara con el pelo y seguí caminando. No los conoces, no los conoces me repetía constantemente. Salí sin ser vista del hospital, con una suerte increíble.
Esperé a caminar un par de cuadras para hecharle nuevamente un vistazo al sobre.
Castillo de los pasadizos, 31 de diciembre.
No lo entendía, no sabía que día era, pero sabía a donde tenía que ir.
Llamé a un taxi y le pregunté por algun castillo en la zona.
-    ¿Castillo? – repitió con un tono burlón.
-    Si, ¿Algún problema? – consulté de mal modo, no era un día para burlarse de mí.
-    No… - contestó algo asustado – no hay palacios, pero lo que más se parece a uno es la antigua iglesia, que es muy parecido, aunque esta en ruinas…
-    No importa…
Todo era posible, no podía ignorar ninguna posibilidad… ¿Por qué sentía esas ganas feroces de ver a Ciro? Sentía como si necesitara ayuda… como si algo malo estuviese pasando.
El taxista se encogió de brazos y arrancó.
Las nubes tapaban todo lo que podría dar ilusión en un día como ese en la ciudad. Era todo gris, los edificios, el cielo, la gente… parecían todos deprimidos, nadie levantaba la vista, todos encapuchados, nadie parecía disfrutar de la libertad que podría ser tomar algo de aire libre, caminar contra el viento y que este se lleve consigo todo esos problemas…
Los edificios parecían monótonos, pero eran todos distintos. Edificios altos, bajos, casas, construcciones modernas de vidrio y otras que parecían de la época victoriana. A pesar de las diferencias, todas eran de un gris, reflejando al cielo.
Si pensaba, nunca me hubiese imaginado una ciudad tan deprimente. Esos lugares siempre me los imaginé como un lugar… ¿alegre? No, pero por lo menos no tan deprimente.
De todos modos, mientras me hundía en mis pensamientos sobre la ciudad y me olvidaba  de los problemas de mi vida “real”, llegamos a lo que sería mi destino. Me baje del taxi, después de un sentimiento desagradable al darme cuenta de que no sabía con qué pagar (por suerte tenía cambio suficiente para darle en los bolsillos de los jeans holgados que tenía puestos) y me fijé a mi alrededor, tras escuchar un gruñido de parte del taxista y al auto acelerar. Caminé en linea recta sin saber que hacer. Los ruidos parecían entrar por una oreja y salir por la otra, como si fueran normales, pero en las paredes de mi mente resonaba la afirmación de que algo pasaba. Algo… no muy bueno que digamos.
No tarde mucho en fijarme en la iglesia con estilo anglicano, semi-derrumbada, sin techo, extrañamente familiar…
Era el palacio de los pasadizos.
Sin dudarlo, corrí hacia la puerta. Cierta alegría me embargaba, era raro sentirse así como si… me dominara. ¿Sería parecido emborracharse? No, esto debería ser mejor.
Entré con cierta mezcla de felicidad del momento y preocupación para descubrir algo que definitivamente me desvió de todo lo que sentía.
Lo primero que ví al abrir las puertas, fue rojo. Un charco, grande, rojo… la sangre parecía estar en todo el suelo, aunque fuese en realidad una exageración mía.
Lo segundo que vi fue a Seth herido, sobre toda la sangre. Parecía no reaccionar.
Lo tercero fue a Ciro, con una mirada distante y una espada en mano. Mi espada, si no me equivocaba, manchada de sangre, tambien.
No… no pude asociar las imágenes en el instante. Me quedé ahí parada, mirando de Seth a Ciro sin comprender. Sabía que era obvio, pero una parte en mi lo negaba y la otra estaba en esta de shock.
No podía ser… Ciro, espada, Seth, sangre…
Esa mirada…
Solo por su mirada entendí lo que pasaba.
Ciro había matado a Seth, pero estaba segura de una cosa…
Ese no era Ciro.

Mundo Real 23

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Las cosas no cambiaron al día siguiente.
Seth seguía raro y lo mismo se puede decir de Ciro, y mis nervios estaban colgados del techo.
Cuando me desperté algo en mi repetía lo mismo constantemente. Hoy vuelvo… ¿adonde? No me entendía, y mi inconciente parecía carecer de sentido común, talvez por eso es inconciente.
Me levanté, callandome a mi misma, y me miré a mi misma desde abajo. ¿Cómo era posible que todavía no me había visto al espejo? Sin embargo algo era seguro de mi apariencia: tenía que cambiarme con urgencia. Mi ropa todavía tenía manchas de la sangre de Ciro y de otras cosas que no recordaba, probablemente del tiempo. Me di asco a mi misma, aunque sentí cierto alivio al dame cuenta de que había ropa en una silla cerca de mi cama.
No me gusta verte tan mal, te dejo algo mio. Era la letra de Seth, supuse. Reí ante mi capacidad de predicción, aunque eso no estaba segura de si fuese o no una predicción. Me puse rápidamente la ropa, me guarde el conejo de mi hermano en uno de los bolsillos, solo por si al caso, y en el otro bolsillo el reloj de mano de mi papa, y salí de mi cuarto para ir a la casa de Ciro. La ropa me quedaba muy grande, podía sentir el dobladillo del pantalón debajo de mis zapatillas y la remera, que aparentaba ser manga corta, me llegaba hasta casi más allá de los antebrazos. ¿Era Seth más grande de lo que me imaginaba o yo era prácticamente nada a comparación?
El camino parecía corto, ahora que me había casi acostumbrado a él. Cuando entré nadie pareció percatarse demasiado, sin embargo todos miraban a Seth hacer el portal para nuestro próximo viaje. No sabía que era más deprimente: el no tener nada que llevar conmigo mas que un conejo, un reloj y un libro, o el hecho de tener que ir con Ciro y Seth a un lugar que no conocía.
Entré y me pare al lado de Yuki, quien me saludó silenciosamente.
-          Caramelle, tanto tiempo… - me saludó Ryota, dandome cuenta de que me había olvidado de su existencia.
-          Hola. – salude con una timidez fingida.
-          ¿Querés comer algo antes de irte…? – preguntó, algo nervioso. Parecía un oso… uno bastante torpe.
-          No, muchas gracias. – negué con una sonrisa, mejor ser educada.
-          ¿Vamos Caramelle? – me preguntó Ciro, quien se había acercado a nosotros.
-          Si…
Lo miré. Parecía haberse mejorado, pero no podía decir lo mismo de su humor. No me miraba, se veía bastante distante… ¿Qué le pasaba? Me ponía nerviosa este cambio, antes tenía mas cercanía con Ciro, ahora parecía ser con Seth, y no me gustaba tanto esa idea.
Seth terminó el portal y caminó hacia donde Ciro y yo nos encontrabamos, y como si fueramos amigos de siempre, me pasó un brazo por el hombro, el cual intenté esquvar inútilmente.
-          Que bueno que te cambiaste. – dijo – Aunque va a ser mejor que nos vayamos ahora.
-          Supongo…
Ciro nos miraba con una expresión que no logré descifrar. Estaba ahí, pero a la vez no. No podría decir si estaba enojado o si simplemente era su mal humor el que lo hacía ver con esa cara…
De todos modos, no quise quedarme mirando demasiado rato. Me despedí de Yuki y del resto y pasé, primera, por el portal…
Nuevamente, cerré los ojos y me dejé llevar. El traslado me pareció tardar demasiado, no fue como los otros…
Entonces sentí como si me despertara de un largo sueño. Sentía el cuerpo entero abarrotado, y cierto dolor en mis brazos. Ese olor me sonó horriblemente conocido, a… desinfectante, medicinas… se podían escuchar sollozos a lo lejos, y pasos cerca. Un sonido agudo que sonaba cada segundo iba acelerando su frecuencia tal como los latidos de mi corazón.
No fue difícil darme cuenta de donde estaba. Tampoco fue difícil saber que estaba sola en un hospital internada.
No quería abrir los ojos, pero la pregunta de donde estarían Ciro y Seth era dominante. ¿Me habrían abandonado? ¿Por eso los cambios de actitud?
Era evidente que algo había pasado, porque estaba sola, bueno, con una enfermera. La mujer me miraba algo aliviada, como si hubiera estado esperando por algo. Yo me miré a mi misma: estaba acostada en una camilla, con unos tubos que entraban en mis brazos…
Tuve nauseas.
-          Hasta que despertó, señorita. – me dio la bienvenida la enfermera con una sonrisa cálida de pena y compasión que provocaba en mí cierta violencia.
-          ¿Qué… qué paso? – pregunté confundida intentando levantarme, con cierta desesperación - ¿Dónde estoy? ¿Dónde estan los chicos?
La enfermera me detuvo. Sostuvo mis manos sin piedad, aunque su mirada demostraba cierta tristeza compartida, que me daban ganas de gritarle. Que me miraran como la pobre chica me daba mucha bronca.
-          ¿Te referís a tus padres? – preguntó, soltando mis manos.
-          ¿Qué…? – pregunté sin comprender, pero entonces me dí cuenta.
Estaba devuelta en mi época…
Mi casa…
Pero… ¿por qué no lo sentía como mi hogar?
¿Por qué no recordaba nada?
-          Estas muy confundida… tus padres murieron en el accidente…
-          ¿Qué? – pregunté, esta vez con un tono de burla, mis padres no murieron en un accidente…
-          Si, no se sabe bien que paso en tu casa, que se derrumbó… ¿no te acordas? – preguntó mientras yo me agarraba la cabeza, malinterpretando lo que realmente sentía. En vez de la prisa y la confución por el hecho de no saber si había sido o no un sueño todo eso, probablemente pensó que estaba al borde de las lágrimas por la muerte de mi familia.
Ilusa… pensé con cierta crueldad sin intenciones.
Pero… ¿Y si en serio todo hubiese sido un sueño?
-          ¿Qué me pasó? – pregunté sin mirarla.
-          Estuviste en coma por casi un mes. – contestó, tomandome la mano, aunque yo la aparte. No… que no me tuviera pena, que me contestara… la impaciencia y la desesperación me mataban.
-          ¿Un mes? – repetí.
-          Si… hay algunos amigos tuyos afuera…
-          ¿Amigos? – pregunté, la mujer sonrió.
-          Si, esperaban a que despertaras. ¿Querés que los deje pasar?
-          No. – contesté al instante, no… no los conocía – No quiero ver a nadie por ahora… muchas gracias, ¿me podría dejar un poco a solas? Estoy un poco confundida.
-          Si, seguro. – dijo con una simple sonrisa.
Entonces salió de la sala, y pude escuchar los susurros al otro lado de la puerta. Las voces de alivio y felicidad… no me importaban en el fondo.
Solo me importaban dos cosas: terminar lo que tenía que hacer y encontrar a Ciro y a Seth.
Sabía que podría ser un sueño… pero algo, algo debería mostrarme que no había sido un sueño…
Me tiré en la camilla con exasperación, a pesar de mi impaciencia, no había mucho que pudiera hacer.
De todos modos, cuando giré mi cabeza vi en la mesa de luz algo que me sonó conocido… un sobre…
No era cualquier sobre, era el sobre por el cual Ciro casi se ahoga cuando lo conocí.
Me levanté con brusquedad, logrando marearme hasta casi caer de la camilla. En cuanto me recuperé lo tomé y lo abri.
Respiré aire con felicidad al ver que todo lo que había vivido, aunque increíblemente irreal, era verdadero.
Sonreí y no dude en levantarme y buscar algo de ropa, la cual se encontraba en el baño. Al cambiarme, me di cuenta de otra cosa que me demostraba que lo que había pasado no era creación de mi inconciente: todavía tenía la marca en el estómago del corte que me había dado ese soldado en el último viaje.
Sonreí aún más, y antes de irme, me miré al espejo…