Sin Título 1

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Nunca hay tiempo, y cuando lo hay, ya es tarde. Cuando uno sueña sabe que es imposible, y con ese ánimo nunca nada se logra, no hay tiempo para cumplir.
¿Y a dónde se va nuestro tiempo? Con el correr de los años la gente vive cada vez más y tienen cada vez menos tiempo. ¿En qué lo ocupan? Estresándose, deprimiéndose. Encerrados ocho horas con una ventana enrejada que deja ver un par de rayos, apilados unos encima de otros, atados a un escritorio y un ordenador, llenándose de información realmente inútil, poco interesante. Todo para tener plata. Después, cuando vuelven, ya están demasiado exhaustos, los sueños se quedan donde estaban, nunca se concretan. Todo por la falta de tiempo.
Asi uno ve como la humanidad dejó de usar el tiempo para cosas realmente útiles. Nos aseguramos de vivir mas para trabajar. Más tiempo tenemos, más nos llenamos de mierda.
Tiempo...
Y después la gente dice que el dinero lo es todo, cuando lo que condiciona todo es el sonar de las agujas del reloj.
Cada segundo esta perdido.

Leo por segunda vez mi respuesta. Teniamos que escribir que era lo que querríamos hacer cuando tuviésemos tiempo y preparación. Niego con la cabeza, era demasiado exagerado, y tacho todo mientras emboco a la canasta de basura. Siempre 10 puntos con mi puntería.
Continúo con mi trabajo, escribiendo las típicas cosas de una chica de 16 con serios problemas de maduración y una preocupante falta de cultura. Bueno, continúo pretendiendo ser normal. El profesor no tenía por qué darse cuenta de. Quien y como era yo.
Pienso. Si se me diera la oportunidad, ¿que querría ser?
Solo dos palabras salen de mí, escribo y entrego.
La mejor.
Si, eso quiero ser, ¿qué mejor que superar a los que me intentan diariamente destrozar? Mostrar mi talento, mis ganas, mi verdadero ser.
Pienso en el tiempo, en la plata. ¿Por qué tiene que ser así? ¿Tan complicado?
Suspiro, miro a mí alrededor. No hay nada más parecido a una cárcel que un colegio. Es potencial envasado en una clase lúgubre, con un hedor a humano encerrado, con la creatividad siendo pisoteada por los grandes zapatos de la rutina, la disciplina y el estudio.
No voy a dejar que esos zapatos me agarren.
Me fijo en la vestimenta de todos. Es tan. Igual. Odio los uniformes. Todas las chicas con sus cabelleras lacias y rubias perfectamente peinadas para parecer despeinadas y rebeldes, con la pollera que, oh dios mío, gracias, le tapaba sus partes traseras, la camisa deliberadamente abierta y el saquito que se compraban porque estaba de moda.
Me miro a mi misma en el reflejo de la ventana. La camisa cerrada, el buzo reglamentario que me quedaba enorme, la pollera por las rodillas, el pelo enrulado suelto y corto, de un marrón chocolate. Mis ojos enormes y azules acompañados por las ojeras del insomnio diario, y mis zapatos viejos, pisados y malgastados. Mi piel hasta en un simple y vago reflejo mostraba la palidez, por culpa de las horas de encierro en mi cuarto.
Escucho el ruido de papeles y miro de reojo al profesor, cuyo nombre no recuerdo, revolver la bolsa de basura y sacar mi hoja. La lee lento, lo cual me pone nerviosa, hago todo rápido, que tarden me exaspera. Me mira, levanto una ceja y suena el timbre.
- ¿Soy toda una poeta, no lo cree? - pregunto con soberbia mientras me hecho la mochila al hombro y me levanto para irme.
- No lo creo. Espéreme acá. Quiero hablarle a solas.
Me quedo helada, no me gustaba la idea de quedarme ahí. Suelo escapar del colegio al sonar la campana. Todos mis compañeros hacen ruidos para acrecentar la tensión <uuuuuuuh!> Solo puedo pensar en su inmadurez y en mi duda mientras me siento, sin perder el orgullo, en mi banco.
- Como usted quiera.
Uno por uno se van yendo de la clase, no sin pasar por al lado para darme una palmada en la cabeza. Intento respirar, imaginándome a mi misma pasando con una topadora sobre cada uno de ellos.
Después de un rato, nadie quedaba. Yo me quede ahí sentada, nerviosa.
El profesor se sentó en frente mío, en el asiento de al lado. Mi espalda apoyada contra la fría pared mientras que la mirada de sus ojos negros irradiaba calor.
- ¿En serio hiciste esto?- pregunto con la hoja arrugada en mano.
Asiento.
- Es. -empieza a decir mientras niega con la cabeza.
- ¿Estúpido, irrelevante, pesimista, aburrido...?
- Brillante.
Lo miro con sorpresa. No tendría más de 25, era un suplente. Hacía cinco meses que lo veía, era una vez a la semana. Estaba segura de que me odiaba, o al menos no quería darme algo de atención, siempre que quería responder algo (principalmente temas de historia o literatura, mis únicos intereses serios) no me veía siquiera.
Sus labios rojos llameaban, llaman a los míos con gritos desesperados. Aunque eso era solo mi imaginación, que me jugaba como tantas otras veces una mala pasada y me hacía creer cosas, desear cosas imposibles. Maldito sea el deseo de la carne, hace hasta al más fuerte y seguro dudar.
- ¿E, en serio? - pregunto tartamuda por la sorpresa de esta mezcla de sentimientos, buscando, como siempre, una reafirmación, algo que me sacara la duda.
- Totalmente. ¿Aunque, vos lo pensaste?
Asiento.
- Impresionante. Cuantos año tenes Kim?
Siento como si el aire se me fuera, como un globo pinchado. Sabe mi nombre. Y como sonaba al salir de sus labios era tan. Suave.
- 16 - respondo en voz baja, por la falta de aire.
- Veo.
Sacudo mi cabeza. No. Basta. Dejá de imaginar. Las ilusiones son inútiles.
- ¿Eso es todo?- pregunto, mordiéndome el labio.
Me mira confundido, con el entrecejo fruncido.
- ¿Parece todo?
Algo mas había, quería saber qué, pero me daba algo de miedo.
- Usted diga.
Silencio. Le mantengo la mirada, intentando no ser débil. Se acerca. La cercanía es peligrosa. Una fuerza me lleva a él, me hace que el peligro sea como el acercarse a la boca del león hambriento, bueno, era lo mismo, solo que. Con menos pelo y más pasión.
Me paro de repentino. No sabía si valía la pena. Pero él se para también, y con el hambre y el deseo en sus ojos acerca su cuerpo al mío.
Cada rincón de mi cuerpo toca el suyo. Me abraza y yo dejo mis manos reposar en su pecho. Sus labios rozan los míos. Siento tantas cosas por él en este momento, y no sé ni su nombre.
Nuestros labios se encuentran con fuerza. Nuestras lenguas juegan con intensidad e insistencia. Mis manos se mueven, y con una agarro su nuca y la otra su cabeza, con sus dedos entrelazados con su cabello. Las manos de él me presionan contra su cuerpo.
Cuando se aleja me mira a los ojos.
- Hace mucho que quería hacer eso. 

Improvisado 3

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- Y. entonces, señorita, nunca me dijo su nombre. -preguntó Black, abrazándola con la mirada.
Angélica lo miró, sabía que era más que estúpido lo que estaba haciendo, el estar caminando, lo más tranquila, tomada del brazo con un extraño, con alguien que hacía que perdiera todo dolor, pero no la conciencia. Alguien de quien solo sabía el nombre.
Dudó. ?Era correcto darle su nombre a un desconocido?
Acaso importaba?
- Angélica. Angélica Dreker. -respondió, simple.
El sonrió ampliamente, como si lo que ella le contara fuese una gran noticia, dejando ver las hileras de dientes perfectos, a excepción de un par rotos.
- Y decime. que es lo que querés olvidar?
Angélica siguió caminando, mirando al frente, sin perder su compostura esta vez. Su mente estaba en blanco, pero se sentía una filósofa por la nada y la paz que pasaban por esta.
De repente, lo miró con total tranquilidad.
- Lo que hay que olvidar es para no recordar.

Improvisado 2

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- ¿Quién sos? - preguntó con suma precaución Angélica. Era fría, como costumbre, pero no de un modo intimidante. Lo suficiente como para que la gente se alejara y no la odiara.
- Soy Thomas Black.
Irónico, creyó ella, llamarse así con esos ojos.
- ¿Y se puede saber que hace acá?
- Lo mismo que usted. Olvidar. - respondió, con una sonrisa que sacaba el aliento, pero era también melancólica.
Sacó s
u mirada de la trampa de la araña, del hechizo de esos ojos tan profundos como el mismo vacío.
Olvidar...esa palabra hacía eco en su mente. Quería vaciarla como miles de veces, con ayuda de la bebida. Pero no podía vaciarse. Lo que necesitaba era renovarse. El tema, el problema, era como hacerlo. Su válcula de escape había sido por años un trago, ahora no tenía.
Ahora que había escapado de los ojos de Black, se daba cuenta que solo quería sumergirse en su mirada de nuevo. Pero no se dio el lujo.
- ¿Quién le ha dicho, Señor Black, que yo estoy aquí para olvidar?
- ¿Qué clase de joven con un rostro tan delicado vendría a un bar de mala muerte en año nuevo, observando al suelo con tal tristeza?
Tenía razón. Eso era ella. Una joven con un pasado que olvidar y un futuro que crear. Aunque ya se había vuelto a perder en su mirada, mucho más eficiente que cualquier licor que vaciara y dañara su cuerpo, más poderosa que cualquier droga.
- ¿Me deja acompañarla a su casa?
Ella asintió, quería más de él, más de su mirada.

Improvisado 1

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La taberna apestaba a licor, cigarrillo y sudor. Los ebrios andaban de una punta a la otra, o sentados en sus lugares sin poder moverse de tantas copas de más, gritándose y peleándose ocasionalmente, como era usual en lugares como aquel. Angélica miró a su reloj, reliquia de su difunto padre. Las doce menos cinco. Las campanadas del año nuevo, probablemente el año nuevo mas triste y solitario que 
había pasado esa chica, iban a sonar en cualquier momento. Se repitió: Soy Angélica Dreker, dentro de poco cumpliré los 19, soy huérfana desde hace unos meses, mi hermano está luchando en la guerra... nada puede empeorar. Entonces recordó las palabras de su madre: cuando uno esta en el abismo solo le queda subir. Se sacudió y apartó su trago, no quería empezar otro año mas pasada de alcohol. No quería volver a perder su conciencia, que en el fondo era lo que mas quería perder. Los primeros gritos con la cuenta regresiva se escucharon, todos gritaban menos Angélica que observaba las manchas de sangre y los vidrios rotos en el suelo. Quiero recuperarme, se dijo, quiero ser yo misma de nuevo.
- Dos... uno... ¡CERO!
Angélica al escuchar el número que marcaba el comienzo de un nuevo año de guerras, levantó la vista y los vio. La conexión fue instantánea. Sus ojos azules se encontraron con otro par negros como el carbón y mas brillante que el mejor diamante.
- Feliz año nuevo. - le dijeron el par de labios bajo esos ojos.

La cacería

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Su mirada parece cortar las notas, como un rayo corta el aire. La perfecta coordinación entre sus dedos, sus ojos y oídos es envidiable, lo que no sería tan envidiable sería dentro de poco su suerte. ¿Quién sería el desalmado de destrozar esas manos? ¿Quién se animaría a arrebatar del mundo a tal talento? No tardara mucho... en poco sucederá. Yo mientras tanto... espero mantenerme fiel a mi promesa, mantener mi cordura y demás. Las cosas no serán iguales después de esta noche... 
La cacería ha comenzado...