Encontraron al cuerpo tirado a una esquina del colegio.
Un chico masacrado casi, apuñalado como pocas 10 veces, su rostro, que en sus
épocas había sido atractivo, estaba ahora deformado por rasguños que pedían a
los gritos algo…
El colegio entero estaba conmocionado mientras veían como
llevaban al estudiante, con su rostro tapado por un buzo azul oscuro de algún
egresado de aquel quinto año, cuyo año habría sido arruinado.
Varios lloraban, conocieren al chico o no, dado por el
impacto que aquella muerte trajo en ellos.
-
¿Cómo fue que termino así…? – se preguntaba la
directora.
-
Usted ignora muchas cosas, señora… es un colegio
tan chico y sin embargo hay tan poco control de parte de las autoridades…
-
¿Está usted sugiriendo que la muerte de
Velázquez fue culpa nuestra? – se indignó la mujer.
-
Si, sin duda alguna...
-
No tiene fundamentos.
La directora se retiró ofendida. No podían echarle la
culpa de aquel caso, en todo caso fue culpa de los padres del asesino, quien
sabe que cosas habrían pasado en aquella casa… Ella había dedicado su vida a la
educación de sus pocos alumnos, que en el colegio nunca habían superado los
400, desde salita de cuatro hasta quinto año de secundaria.
Decidida fue hasta la clase de quinto año y sacó a uno de
los chicos. Perfil callado, chico tímido, inocente. Él debería saber…
Un día común de escuela, el cielo se caía a pedazos y
amenazaba al edificio con sus truenos que temblaban en todos lados. La clase
era aburrida, los chicos de quinto intentaban distraerse en la hora libre.
En una esquina estaban los varones, tirando aviones de
papel, hablando de futbol y demás cosas casi que a los gritos. Las chicas
estaban en la esquina contraria hablando de chicos, de ropa y demás, típico de
ellas. Por último, una única chica estaba sentada en el medio, acurrucada en un
lugar en el suelo contra la pared, concentrada en un libro, sin molestar a
nadie.
Velázquez, con su amor hacia el bullying, fue acompañado de Mariano Adreas e Ignacio Casas, sus dos
amigos de siempre y que lo seguían a todos lados, a donde esta chica estaba.
-
Che, gorda friki, ¿Qué lees? – le preguntó con
prepotencia, sacándole el libro de las manos – Tanta mierda te va a pudrir aun
más el cerebro.
Haley Bange se quedó mirando a su regazo con cara de
póker. No entendía la necesidad de hacer eso. Levantó su vista, la más dura que
tenia, lentamente. Intentó fulminarlos con la mirada, cosa muy usada en sus
libros favoritos pero con ella era inútil.
-
¿y?
-
Lo que te pudre la cabeza son todos esos
programas de imbéciles en la tele. – contestó ella – Los libros solo aportan a
la cultura, al conocimiento del lenguaje y al entretenimiento.
Los dos acompañantes la miraron con desprecio, pero
Velázquez mantenía una mirada fija de disgusto. Ella ya sabía que la odiaba,
pero no sabía hasta que punto llegaba ese odio.
Entonces, hizo algo que a Haley le dolió hasta el alma.
Nunca creyó que alguien sería capaz de semejante horror. Velázquez, con dos
movimientos, destrozó el libro, lo partió a la mitad, y no solo eso, lo volvió
a partir, de nuevo, ve nuevo, y de nuevo. Cada simple rasguño se sentía como
patadas al pecho para la chica que miraba con desesperación e impotencia la
escena. Entonces, una vez concluido el desastre, tomo todos los papeles del
suelo y se los tiro sobre la cabeza, dejando la lluvia de tiras de papel caerle
con una dolorosa delicadeza sobre la cabeza.
Lo miró, sin poder moverse, con una mirada que pondría un
bebe cuando le quitan un dulce de la mano. Las lágrimas se peleaban
violentamente por salir primero, y como resultado, una marea de llanto se
desbordaba por sus ojos como cataratas silenciosas. Negó con la cabeza.
-
¿Por qué…?
-
Porque te lo mereces.
Ahí ella no aguanto más. Se tiró encima de él, insultando
a los gritos, tirándole del pelo, golpeándolo, haciéndole todo el daño que podía
para resarcir el hecho de que había roto una de las cosas más valiosas que
tenia, su libro favorito, y por haberle arruinado lo único que le hacía
sobrevivir los días de colegio: la lectura.
De repente, Haley sintió una mano en su cuello,
separándola bruscamente de su víctima.
-
¿¿Cuál es su problema?? – gritó una profesora,
que separaba a ambos.
Bange no respondió, pero Velázquez se quejó de que ella
lo había atacado sin excusa. Todos asintieron, menos ella que negaba
energéticamente con la cabeza.
-
¿Y qué es esto…? – preguntó sacándole una tira
de libro de la cabeza a Hay.
-
Me rompió mi libro favorito… - respondió con un débil susurro,
completamente colorada.
-
Basta, los dos quedan suspendidos… ni una
palabra más.
Joaquín Rojas se sentó en la oficina sin decir una
palabra. No parecía ni estar nervioso. Sus ojos no reflejaban sentimiento
alguno, aunque de todos los años que la directora lo observo, nunca había
demostrado ser alguien muy… sentimental. Con la única persona con la cual se lo
veía cada tanto de una manera amistosa era con la chica esta… Bange.
El chico empezó a comerse las uñas, pero la mirada estaba
fija en ella. Era alguien extraño.
-
Entonces…
-
Entonces usted quiere saber si se algo que usted
o la policía no sepa. Si no me equivoco.
La directora se quedó helada. ¿Cómo sabia? Ese chico… no
era normal.
-
Exactamente.
-
Me imagine… - tomó un lápiz y empezó a
garabatear en una nota antigua sobre el banco.
-
¿Qué sabes de Velázquez? – preguntó sin más
preámbulos.
Rojas se quedó mirando fijamente a su garabato. Era algo
sin sentido, pero cuando estaba incómodo lo hacía. Pensó…
-
Era un hijo de puta… - la miró – con todo
respeto.
-
¿Por qué lo decís?
-
Porque noto como trata a la gente, a Hey siempre
la trató mal…
-
¿Y por qué no hiciste nada por ella?
-
No soy del tipo de gente que defiende. Yo la
consolaba cuando era necesario. Estos temas no eran culpa mía… usted sabe
cuántas veces la acompañé a hablar con alguna autoridad para que se encargara
de su situación y nunca nadie hizo nada.
-
¿Vos también nos vas a culpar?
-
Mire, señora, se que usted no quiere escucharlo,
pero es la verdad. Esto no es culpa de nadie más que de ustedes. Lo vieron
todo. Estaban presente. Yo hice todo lo que pude, nunca me imagine que sería
así.
-
¿Piensan seguir viéndose?
Volvió a quedarse callado. La miró fijo.
-
Un sentimiento como el que sentía no se puede
borrar tan fácil, señora…
Una pequeña Haley Bange, con no más de siete años, estaba
escondida en un pasillo, escondiéndose de su nuevo compañero, quien parecía no
quererla demasiado. La perseguía, molestándola todo el día.
-
Che, Daniel, ¿viste a esta pendeja?
-
¿A la rubiecita ahí temblando?
-
Si.
-
¿No es la que tanto habla tu hermano?
-
Sin duda, Andrés parece no aguantarla.
-
¿No le gustará? Los Velázquez tienen fama de
tener buen gusto, esa nena es bastante linda…
-
No creo…
Haley visualizó al hermano de su enemigo y decidió
retirarse. Tenía algo de instinto supervivencia.
Pero no tuvo suerte, se chocó contra otro de los amigos y
él la miró con esa hambre de aquellos que te están por hacer la vida imposible,
con hambre de alguna desgracia ajena.
-
Mira que se metió en nuestro territorio…
-
Déjala en paz… - dijo el amigo del mayor de los
hermanos.
-
Esta nena siempre se mete donde no debe,
deberíamos enseñarle.
-
Sin duda… - dijo el mayor.
-
Permiso… - pidió ella intentando ignorar las
amenazas.
-
¿A dónde vas, chiquita?
El chico que se chocó contra ella la tomó del brazo con
fuerza, la tiró para atrás y la golpeó. Ella comenzó a gritar, pero él le tapó
la boca con fastidio.
-
¿Qué haces? – preguntó el hermano mayor alarmado.
-
¿Estas loco? – preguntó el otro.
-
¡Cállense!
Pero ella seguía gritando, llorando…
Entonces le golpeó la cabeza contra el borde de una
puerta, ella cayó desmayada.
Cuando se levantó ya era tarde, solo había una monja que
le acababa de tirar agua para que se despertara.
-
¿Qué te paso?
Ella comenzó anegar, le dolía la cabeza, sentía algo
pesado en el ojo derecho. Desesperada y asustada, salió corriendo y fue a su
casa, donde se escondió en su cuarto y lloró hasta no poder más.
Cuando la vieron los padres decidieron cambiarla de
colegio, y concordaron con la familia Velázquez, viejos amigos suyos, en
mandarla al mismo colegio que su hijo menor, quien también se cambiaría. Pero
ella no podía volver, perdió un año de clases.
-
Decime, ¿podes hablar? – preguntó la directora a
la joven frente a su escritorio, que no paraba de llorar.
-
Si… es que no puedo creer lo que le paso a Andy…
- reclamaba entre fuertes sollozos.
-
Entiendo, después de todo estaban juntos…
-
Se podría decir que sí…
-
¿Cuál era tu relación con él?
De repente, Camila Costabel se puso completamente seria.
Era una chica mediocre, aunque tenía un físico envidiable.
-
Andrés Velázquez… - explicó dejando
repentinamente de llorar – estaba con todas, por eso mismo lo mato esa puta…
estaba re enamorada de él y nos vio… no pudo evitar los celos.
-
¿Alguna vez te dijo que te amaba?
La joven miró con tal odio a su directora que ella supo
instantáneamente que aquella charla había llegado a su fin.
-
¿Alguna vez se lo dijo su marido?
-
Si…
-
Entonces me alegro por usted.
Haley Bange estaba de muy buen humor aquel primer día de
clases de su primer día de secundaria. Tenía novio, tenía amigas, tenía todo lo
que siempre quiso y un libro en sus manos…
Pero tenía al karma de su vida entera, a su sombra,
tirándola abajo desde que había comenzado el día. Velázquez se había puesto
insoportable desde que su madre mencionó de su nuevo novio…
Salió del aula, con una alegría que aquel chico nunca
lograría arruinar con sus insultos. Miró a su alrededor y estaba toda
secundaria esperando a que la directora hablara, ya que había pedido una
reunión con todos.
Antes de que se pudiera sentar sintió un hedor muy
fuerte. Era horrible. Todo era negro. Veía todo negro. Sentía una presión en el
cráneo, y escuchaba risas amortiguadas a su alrededor. Empezó a sentir
sacudidas, la gente la empujaba. En un momento se cayó, y las risas no pararon
hasta que alguien se la llevo lejos.
Le habían metido el tacho de basura en la cabeza…
El tacho del baño… frente a toda secundaria…
La vergüenza la invadía, la impotencia. El odio….
Después de un poco de forcejeo se vio cara a cara con una
chica, un poco más alta que ella, probablemente de primaria. Tenía pelo rojo
largo, y una rostro duro, aunque eso era solo por la expresión de odio que
tenía.
-
Que hijo de puta, ¿Cómo puede hacerle eso a
alguien?
Bange no pudo decir nada. No podía reaccionar.
-
Che, basura, ¿estas bien? – preguntó Velázquez,
asomándose por la puerta del aula aguantándose la risa.
-
SALI DE ACA, PEDAZO DE INFELIZ, SIEMPRE ESTAS
HACIENDO A ELLA SENTIR MAL, ¿POR QUÉ NO TE DEJAS DE HACER ALGUN DIA EL GENIO
QUE SOS MAS IDIOTA QUE UNA RATA PELADA DEL HIMALAYA? – le gritó la chica,
arrojándole una cartuchera para que se fuera.
Y así lo hizo. Haley miró a la chica sorprendida.
-
Me llamo Silver. No te preocupes por esos
idiotas, ya llegue.
No pudo hacer más que sonreír. Tenía una nueva amiga…
-
Dígame, Silver… ¿Usted qué opina? – preguntó la
directora. Todavía no entendía como era que esa chica cambiaba tanto su color y
su corte… siempre eran distintos, su cabello nunca era el mismo.
-
Que ese infeliz se lo merecía. – dijo sin mover
un solo músculo. En serio lo creía.
-
¿En serio crees que alguien se merece la muerte?
-
No… pero eso no era una persona, era el mismo
demonio. Manipulador, hijo de puta, insoportable…
-
Veo que no le tenía mucho aprecio…
-
Nadie le hace lo que él le hizo a otra persona,
menos a una amiga mía.
-
¿Tan fuerte fue el daño?
-
No, tan solo le arruino la vida…
¿Cómo es que una
escuela pone a dos personas que se odian solas en una librería dos días completos
a hacer trabajos en grupo después de esa pelea?
Bange se encontraba atrapada junto con su mayor enemigo.
Estaba más nerviosa de lo que jamás había estado.
-
¿Sabes esta respuesta? – le preguntó el chico.
Su pelo rubio le caía sobre la nariz. Haley odiaba que siempre se viera bien…
Lo miró y no le respondió. Obvio que sabía la respuesta,
ella ya había pasado esa fotocopia hacia media hora.
Él espero largo y tendido a su respuesta pero ella seguía
en lo suyo.
-
Mira, Hey… tenemos que hablar. ¿puede ser?
Haley se quedo mirando, esperando a que siguiera
hablando.
-
Quería… quería pedirte perdón. Fui un idiota…
-
¿Fuiste? ¿Fue una vez exclusiva?
Velázquez se rió. Nunca se había reído de algo que ella
dijo… ¡callate idiota! Se ordenó a sí
misma.
-
En serio… vos tenes que entender…
-
Que me odias. – concluyó ella evitando que su
voz se partiera como un vidrio.
Él la miró extrañado, desesperado.
-
¿De dónde sacaste eso?
-
A ver…
perdí un año de escuela casi, que tuve que rendir libre, porque vos
hablabas mal de mí y me molieron a golpes, me burlaste desde el primer día que
me conociste, me tiras del pelo, me golpeas, me puteas, me decís las cosas más
horribles que jamás creí que alguien podría decir, me rompiste mi libro
favorito, me encajaste un tacho de basura del baño en la cabeza frente a toda
secundaria, mandaste la foto de eso a todas mis amigas de aquel entonces, razón
por la cual las perdí a todas, le dijiste mil mentiras a mi novio para que el
me cortara… si no me odias, entonces…
-
Te amo.
Ella lo miró con extrema sorpresa. Abrió su boca sin
poder decir nada, en un estado completo de shock.
-
Estoy loco por vos desde la primera vez que te
vi… y no sabía reaccionar de otro modo para llamar tu atención…
-
¡¿Y por eso me arruinaste la vida?! – preguntó
ella levantándose de la silla, con las lágrimas llenándole los ojos – ¡El amor
se supone que es algo lindo! ¡Algo que hace feliz! No algo que hace al otro
sentir como una basura…
-
Nunca… nunca me imagine que te había hecho tanto
daño…
-
¿Y qué crees? ¿Qué me salvaste la vida haciéndome
sentir así?
-
No… no se…
-
¡NO!
-
Perdóname…
-
No, nunca te voy a perdonar…
Victoria Fray se sentó temblando de pies a cabeza. Dos
colitas colgaban en un peinado infantil, eso por no mencionar que ya de por sí
parecía menor, mucho menor, para ser de segundo año.
-
A ver, Vicky, ¿Me podrías contar acerca de tu
relación con Andrés Velázquez? – preguntó con piedad la directora.
-
No entiendo por qué, solo le hable una vez en mi
vida… y fue hace años ya… - respondió con un tono tan inseguro como si fuese
una pluma a la que el viento la vuela.
-
Sí, soy consciente de aquel día. ¿Qué opinaba de
él?
-
Lo odiaba.
-
¿Por qué? No tenga en cuenta las cosas que Haley
y Silver te dicen, pensé en razones serias.
-
Ellas lo odiaban mil veces más que yo, pero
nunca hablaron mal de él… no es el estilo de ellas.
-
¿estilo?
-
Ellas no chismean, ellas reaccionan. Además, yo
lo odiaba por como trataba a la gente, por cómo anda por el colegio como si
fuese el dueño del mismo.
-
¿muy egocéntrico?
-
Entre otras cosas cuenta. Además, odiaba al coro.
Eso me resultaba insoportable.