Mundo Real 3

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Ya había pasado el peligro. Todo había pasado…
No entendía que pasaba. Era una nube de luces y gases bizarros para que, después de tanto dolor y misterios, quedaramos envueltos por cenizas. El chico, cuyo pelo castaño y despeinado cosquilleaba mis labios, seguía manteniendome a mi y a su hermana firmes, entre él y el suelo, como si aún el peligro no hubiera terminado.
Con cierta lentitud se fue alejando. Estaba algo débil. Tosió y clavo su mirada fijamente en mi. Por alguna razón no retrocedi a pesar de que mi mente me pedía a gritos una retirada que hubiera sido vergonzosa. En cambio, le devolví la mirada. Pense en los poderes que me había contado Yuki, cualquiera que fuera su poder, estaba segura de que lograría manipular a cualquiera con ellos… pero yo no me iba a ablandar. Sentí repugnancia al hecho de que alguien intentara siquiera el manipularme, por alguna razón, necesitaba ser completamente libre.
Sus ojos no mostraban mas que una léve rabia y sorpresa, mezclada con una gran curiosidad.
-    Sos una idiota. – me insultó repentinamente.
-    ¿Por qué? – pregunté con calma.
-    ¿Estabas loca? ¡Tenías que cuidar de Yukari, sacarla de aca, ponerse a salvo!
No pude evitar notar el hecho de cómo Yuki se escabullia, pero preferí, por su bien, no comentar o hacer preguntas de cualquier tipo.
-    ¡Disculpame por no tener interes alguno en que te transformaras en cenizas! ¿No pensas uqe talvez hubiera sido horrible para tu hermana que hubieras muerto? ¡Intenté ayudar!  - le discutí, siendo lo mas sarcastica posible, debido a que la migraña no me dejaba pensar en una buena respuesta.
-    ¡No ayudas en nada! Sos como… ¡una maldición, o la comida que hace que las sanguijuelas te atrapen!
-    ¿Por qué? – pregunté, bastante dolida, aunque bien lo escondía.
Suspiró exasperado. Parecía realmente frustrado. ¿Tanto me odiaba ese perfecto gladiador? ¿Qué había hecho mal?
-    No importa. – dijo con rabia – Tenemos que ir por nuestros padres, es un largo camino, asi que vamos, - anuncio levantandose – vámonos, ¿Yukari? – preguntó al darse cuenta de que su hermana no estaba - ¿Dónde esta? – preguntó asustado. Al parecer, algo la quería.
-    ¡Aca estoy, aca estoy! – exclamó la chica, quien no había aparentemente llegado a su destino – Esperame, necesito buscar algo.
-    Como quieras… - accedió él, entonces me miro con cierta intriga – sos raro…
-    Rara. – le corregí con mal humor.
-    Lo que sea, no puede ser… - empezó a decir, pero se itnerrumpió a si mismo - ¿Cómo te llamas?
Lo pensé con cuidado. ¿Cómo me llamaba? ¿Le inventaba un nombre? ¿Qué debía hacer? No sabía mi nombre.
-    No… no tengo idea.
Él pareció quedarse helado, si es que eso era posible. Me atravesó con sus ojos verdes con una mirada de completa sorpresa y disgusto. Quise correr.
-    ¿Cómo que no? ¿No sabes quien sos?
-    No. Tengo un blanco…
-    ¿Nada?
-    Nada, se mi edad, por alguna razón, aunque ni siquiera estoy segura de ella. No tengo recuerdos, aunque me acuerdo del mundo de antes, las cosas… Mis conocimientos no se fueron, pero sí mi vida. – expliqué con paciencia.
-    No lo puedo creer…
-    ¿Qué pasa?
-    Se supone que deberías saber…
-    ¿Qué?
-    Quien sos, para que estas aca… ¿Por qué? No entiendo… - estaba hablando solo, pero no aguante la violencia de la situación.
Con un simple golpe en el brazo desconcerte al chico.
-    ¿Qué pasa? – preguntó alertado tomandose con ansiedad el brazo.
-    ¡No debería decir esas cosas! ¿Cómo te pensas que me siento no recordando nada?¿Feliz? A ver, date cuenta de tres cosas, una, no me divierte no saber ni como me llamo, dos, menos aun me divierte estar en un lugar desconocido, por mas de que cualquier cosa para mi sea desconocida, y con gente que ni siquiera me suena la cara, y por último… ¡No sos nadie para decirme esas cosas! – concluí alzando la voz, con un pésimo humor.
-    Perdón… - pidió asustado corriendose para atrás.
-    Ya esta… - anunció Yuki, algo alarmada.
-    Vamonos. – dijo rapidamente, parandose con una velocidad admirable para alguien que acaba de pasar lo que habíamos pasado.
-    Disculpame, ¿Cómo te llamas? – preguntó Yuki, con una sonrisa inocente.
La situación me puso violenta, pero la tierna mirada de la chica, la cual estaba algo apagada, me tranquilizo.
-    No se. ¿Vos? ­– pregunte refiriendome a aquel gladiador, quien ya estaba a un par de metros mas lejos nuestro.
-    ¡Caminen! ¿Me hablabas? – preguntó, aunque era obvio que me había escuchado.
-    Si, te pregunté tu nombre.
-    Ciro. – contesto sin dudas - ¿Vos…? Nada, olvidalo – se retracto al ver mi cara de incredulidad.
Caminamos asi por algo muy parecido a calles. Eran angostas, de un marrón claro, aunque no contrastaban demasiado con el resto del rojo y brillante suelo. Era un camino complicado, lleno de pozos y obstáculos, y después de haberme desmallado y sentirme algo tonta, me tropezaba seguido, aunque sería posible de que, simplemente, yo fuera muy torpe.
Seguimos caminando y ciertas cosas pasaban por mi mente. Al parecer era una persona un poco filosófica…
Odiaba esa situación, no saber quien y como era. No tener ni siquiera un nombre, algo que me identificara entre el resto de la gente. Lo único que me acordaba era información inútil sobre un mundo aparentemente inexisstente. Me daba bronca, no entendía por que a mi, aunque supuse que si no era yo otra pensona estaria con la misma pregunta.
Yo era una adolescente… esa es la edad para experimentar y conocerse a uno mismo supuestamente, conocer a la persona que se formo en la infancia… ¡Por algo son tan fuertes e importante los traumas infantiles! Pero… yo tenía que conocer a alguien sin formación previa alguna, sin nada que pudiera dar una reaccion, sin nada que la confudiera de los otros, porque una de las cosas que diferencia es el pasado…
Esa persona era yo.
Me tenía que conocer a mi misma.
Tenía que conocer a un extraño, y yo era ese extraño…
-    ¿Y si… te ponemos un nombre? – preguntó, después de largo rato, Yuki.
-    ¿Para? – pregunté aun sumergida en mi depresion.
-    Va a ser difícil hablar con alguien sin nombre. ¿Qué tal… Susuki?
-    No. – dije, en ese mundo, parecía algo común.
-    ¿Rin? – siguió aconsejando.
-    No me gustan los nombres tan cortos.
-    Shizuka – siguió.
-    Eeh…
-    ¿Caramelle? – preguntó con voz ausente Ciro.
-    Ese es lindo… - conteste con sorpresa y una sonrisa.
-    ¿En serio? – preguntó – Bueno, entonces ya esta.
-    ¡Caramelle! Que nombre mas raro. – comentó Yuki.
-    Si, la verdad. Por eso me gusta.
-    Es raro como vos. – opinó Ciro – Perdon, fuera de lugar.
Levantó las manos como rindiendose. Era tierno por momentos… supuse que no sería tan malo como yo creía.
-    Raro… -dijo en voz baja Yuki.
-    ¿Qué cosa? – pregunté.
-    Nada… - contestó alternando la mirada entre su hermano y yo.
Caminamos un rato largo, mis piernas me pesaban y suplicaban que me sentara por mi propio bien. El aire caliente me asfixiaba y sentía mis pulmones llenos de agua y mis párpados eran de plomo… sin embargo me negaba a detenerme, no quería parecer débil. No quería cerrar los ojos… no quería perderme nada. Por mas monótono que fuera el paisaje, Ciro tenía algo… algo que me hacía acordar al efeecto del canto de las sirenas sobre los piratas, lo único que esto era al revés. Yo era la victima de una atracción sobrenatural, no humana… y como me divertía. No quería perderme un momento. Cada paso parecía ser distinto, por momentos parecía desconcertado y por otros parecía completamente seguro de sí mismo. Parecía un personaje egocéntrico y fuerte. Caminaba con la frente en alto, los ojos fijos en su camino y pasos seguros y precisos. Era perfecto, fuerte… letal.
Si me ponía a pensar, tenía que mirar otra cosa. No quería parecer desesperada, yo no era así… o por lo menos eso creía.
¿Cómo sería yo realmente? ¿Sería valiente? ¿Sería inteligente o valerosa? ¿Tendría algún talento?
Esas eran cosas difíciles de saber.
¿Qué significaba todo esto? Me sentía extremadamente vulnerable, débil y ridícula. Tenía completamente contraído mi estómago, como si me acabaran de golpear… era un sentimiento conocido, ¿Qué me habría pasado para que me sintiera tan familiarizada con eso?
¿Quiénes serían mis padres? O quizá era huérfana…
Aunque sabía que tenía un largo camino antes de tener esas respuestas, y algo me decía que ese camino no sería el que estaba transitando detrás de Ciro y Yukari. También sabía, casi como si fuera una certeza, que nadie lo sabía. Nadie sabía quien era.
Pensá, me dije en mis adentros, si no sabes quien sos ni vos misma, nadie va a intentar sacarte información, nadie te va a atormentar con tu pasado…
Si, un alivio, pero las dudas zumbaban y se multiplicaban como bacterias, hinchando mi cabeza y haciendome dramas innecesarios… o talvez si eran necerios. No sabía, como muchas cosas más.
Quería preguntar, pero no me animaba. ¿Por qué tendían que saber quien soy yo si ni siquiera yo lo sabía? Seguí caminando en silencio, reteniendo la angustia que me quemaba la garganta. Necesitaba animarme de algún modo, me sentía muy incómoda en esa situación de tristeza, me sentía patética. Fue entonces cuando se me cruzó por la cabeza la imagen de alguien metiendose un encendedor por la garganta. Ridícula y extraña, la solución tuvo un gran éxito en sacarme las preguntas de mi mente y angustia. Me reí silenciosamente, no quería explicar, logrando despejar mi mente. Ahora me sentía mejor, y me di cuenta de que esa atracción que hacía unas horas llamaba mi atención, ahora estaba invertido. Mire para arriba, sintiendo mis mejillas calientes, para ver la mirada de Ciro clavada en mí. Supe que en un caso distinto hubiera desviado la mirada, pero el verlo a un chico asi, que parecía tan mortífero, tan sorprendido ante mi indiferencia, me hizo sonreirle y no pude reprimir, después de horas de hacerlo, una risita, pero no nerviosa, era genuina, era de diversión.
¿Por qué estaba tan sorprendido? Me hizo acordar a un gatito, que por ser un felino se pensaba que era un león o un tigre de bengala, y después cuando lo asustaban salía corriendo asustado.
¿Habría leones miedosos? Me imagine la imagen.
De este modo dejé que mi mente divagara, espaciar y olvidar todo el hecho de que no tenía qué recordar.
La luz se desvanecía, pero no podía decir que el sol se estaba ocultando porque no había. Era extraño, la luz esa que emanaba el suelo era el sustituto del sol, y eso resultaba deprimente.
-    Esta oscureciendo… - comenté, esperando una respuesta.
-    Si, claro. Es de noche ya casi. – contestó Yuki.
-    No creo que en tus épocas no existiera el día y la noche. – dijo en tono de burla Ciro.
-    Claro que existía. Lo único es que… no era el suelo el brillaba… - expliqué deteniendome para ver como se apagaba el piso.
-    ¿Y qué era entonces? – preguntó él.
-    ¡Esa cosa brillante! ¡No seas tan ignorante! – exclamó Yuki.
Pobre Yuki, parecía ser una persona olvidada, sin embargo siempre intentaba aparecer, ser alguien… era digna de admirar.
-    El sol. – respondí con nostalgia.
Entonces, recordé los rayos del sol penetrando mi piel en una escena bizarra, desconocida, aunque era un recuerdo vívido en mí.

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