Mundo Real 2

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 De nuevo desperté en mi cuarto, pero esta vez me había despertado con un sueño horrible. Había soñado algo espeluznante, un mundo donde el aire no era aire pero si plomo, que la vista era monótona a mas no poder, con suelos erosionados de un rojo brillante y un cielo negro y triste.
Abrí lentamente los ojos, el frío había desaparecido casi por completo, ya que había sido reemplazado por un escalofrío, un temblor constante en el interior. Todo seguía oscuro, pero notaba un leve resplandor de un amarillo gastado a mi costado. Tenía sueño, los párpados me pesaban. Me levanté con lentamente, algo mareada.
Ahora salgo y todo va a estar como siempre, esto solo fue una pesadilla, todo va a volver a la normalidad… me repetía constantemente, pero, ¿Qué era la normalidad? Entonces recorde el hecho de que, ¡no tenía recuerdos!
Entonces algo, alguien, me detuvo. Estaba casi sentada ya. Me di vuelta sobresaltada para pegarme el susto de mi vida: era la nena de mi pesadilla. Unos ojos amarillos penetrantes me atravezaron como lanzas. Entonces, de ahí venía el resplandor… 
-    No te levantes, aún estás muy débil. – dijo, tenía una voz tranquila, algo apagada, pero bastante aguda.
No podía hablar, estaba demasiado… ¿sorprendida? Bueno, el punto es que no tenía palabras, o tenía tantas que no lograba identificarlas o hacer que salieran de su boca.
-    Supongo que esta algo confundida… - anunció algo incómoda y triste – La voy a dejar para que pueda pensar tranquila…
Entonces me agarró un arrebato maternal. Fue ahí cuando descubrí algo de mi misma, al parecer, era una persona maternal. Además, no sentía pena, sino tambien miedo, miedo a la soledad en un lugar como ese.
-    ¡No! – exclamé cuando ella se iba, tomándola del brazo – No me dejes, por favor. – supliqué con voz estrangulada.
Sus ojos, cuyo brillo hasta ese momento era ténue, ahora eran dos brillantes luceros. Tuve que tapar los mios con mi mano debido a que me encandilaba. Ella rio, parecía conenta, emocionada.
-    Perdón, el brillo cambia según las emociones, no lo puedo evitar. Es una mala suerte, yo quería tener un poder mas emocionante que un brillo. – explicó.
-    ¿Poder? Que… interesante. – comenté intentando recordar las cosas normales del mundo que conocía, y supe que no era normal que alguien tuviera poderes - ¿Qué es este lugar? La verdad es que… no entiendo nada.
-    Claro que no, un día estabas tranquila en tu casa y el otro estas aca, y no sabes que pasó con tus papas, tus amigos… Perdon, - se disculpó con la cabeza gacha – no la quería poner peor, tampoco hacerla sentir… ¿Cómo se dice? No quería faltarle el respeto.
-    ¿Qué? ¡No! No te hagas problema… nunca pensaría eso… ¡deja de tratarme asi de usted! Es algo exagerado…
-    Bueno. – dijo, con sus ojos aún mas brillantes – Perdon… - dijo riendo volviendo a agachar la cabeza.
-    No, es bueno tener algo de iluminación, es un cuarto oscuro. – bromeé.
-    Este… era tu cuarto, ¿me equivoco? – preguntó.
-    Me parece que no. – respondí mirando a mi alrededor.
-    ¿Cómo eran las cosas antes? – cuestionó con interés – Siempre me encantaron esas cosas, logré rescatar algunas cosas de aca – continuó en un susurro – las tengo guardadas… ¡Son fascinantes!
-    Que bueno… - dije – es que, la verdad, no tengo idea.
El brillo en sus ojos disminuyó.
-    ¿Cómo que no?
-    No… no recuerdo nada. ¡Dios! ¡No sé ni como me llamo! – exclamé completamente frustrada.
-    Uh… eso no es bueno. – dijo mirandome fijo con el brillo mucho más ténue.
-    ¿Por?
-    No se, pero tengo un mal presentimiento. – anunció.
-    ¿Es otro de tus poderes? – bromeé.
-    No. Honestamente, no tengo poderes. Lo mas interesante que tengo son mis ojos… - contó con cierta decepcion.
-    Pues… a mi me parecen geniales. – dije con una sonrisa.
-    ¿En serio? – preguntó con emoción.
-    Si. ¿Cómo te llamas?
-    Yukari. – respondió con una sonrisa.
-    Ah… ¿Y si tan solo te llamo Yukii? – pregunté.
-    ¿Un apodo? – preguntó con emoción - ¡Obvio!
-    Yukari, salí, los viejos dicen que tenes que dormir… - anunció la voz de un chico, aunque este parecía estar gritando desde un lugar lejano. Del living probablemente.
-    ¡No quiero! ¡Estoy… cuidandola! ¡Puedo dormir aca! – respondió ella a los gritos, aturdiendome.
-    No quiero causar molestias… - dije.
-    ¿Molestias? No quiero irme a mi cuarto, me aburro.
-    ¡Obedeceme! ¡Hasta que vuelvan estoy a cargo! – ordenó con voz autoritaria, me calló muy mal como trataba a Tony, era una chica dulce, no podía ser tan malo – De todos modos, ¿para que queres quedarte con el muerto?
-    ¿¡El muerto?! – pregunté escandalizada.
-    ¡Shh! – me chistó – no quiero que se entere de que estas despierta.
-    ¿Por qué?
-    Solo no hables. Por favor. – suplicó, su desesperación hacía que cualquier voluntad se tornara inútil.
-    Entonces salí de ahí. Si te encuentran despierta me matan. – volvió a decir la voz del chico.
-    ¿Quién es? – gesticulé sin hacer ruido alguno.
-    Mi hermano. – respondió con el mismo silencio - ¡No te van a hacer nada! ¡En todo caso a mi me retan!
-    A ver… - se escucho devuelta la voz de su hermano.
Se escuchaban pasos, que hacían eco. Se acercaba.
-    Acete la dormida. Por favor, acete la dormida.
Obedecí al instante. Cerré los ojos y Yukii me tapó hasta la cabeza. Sentía algo de nervios, el chico no parecía una peersona muy comprensiva, ademas, no entendía nada de ese lugar. Solo ssabía que estaba lista para ayudar a la nena esa en cualquier caso.
Se escucho el chirrido de mi puerta, y desvuelta la voz habló.
-    Andate a dormir… - dijo – mirame.
-    No quiero que me manipulen, gracias. – contestó con dignidad. ¿Manipulen?
-    Vamos… ¿esta dormido aún? – preguntó. ¿dormido? ¡Soy mujer! Idiota… pensé.
-    Si.
-    ¿Segura? – preguntó, cambiando tu tono de voz completamente, de una voz típica de un hermano mayor insoportable a una completamente persuasiva y… rara.
-    No, esta despierta. – dijo ella.
-    Lo sabía. Levantate, no tengo todo el día. – ordenó él.
-    ¿Quién…? – empecé a quejarme, me molestaba que me dieran órdenes, que me tomaran como si fuera un perro o menos que ellos. Pero no pude terminar mi queja, la vista me impresionó.
Era la primera cosa que era realmente… impresionante. Ese chico llamaba más la atención que todo ese extraño mundo junto. Tenía una combinación perfecta de la típica delicadeza en las facciones de una obra de arte renacentista y la fuerza del mejor gladiador. Su tentadora mirada era capaz de mover montañas. Sus ojos grandes y verdes me llamaban a los gritos… aunque ellos tambien estaban confundidos. Los dos nos habíamos quedado helados por alguna razón, y yo me sentía de lo más incómoda con la mirada de ese gladiador aplastandome como una papa. Saqué la mia, y la mire a Yuuki.
-    ¿Puedo saber que está pasando aca? – pregunté, cuando en realidad, lo único que quería era mirarle devuelta al gladiador.
-    Mira, te encontramos y nos cagaste la vida. – contestó él, después de unos segundos de espera.
-    ¿Qué les…? – y otra vez mis peleas fueron interrumpidas, pero por desgracia esta vez no fue por esa agradable vista…
Era un terremoto. La tierra vibraba a mas no poder. Se sacudía como un perro que recien salia del agua.
-    Yukari, anda con él al escondite. Apurate… - ordenó.
-    ¡Soy mujer! – grité entre el ruido que hacía la casa al sacudirse.
-    ¿Qué…? – preguntó él quedandose helado.
-    ¡Si!
-    ¿No te diste cuenta idiota? – preguntó con enojo Yuki - ¿Y vos? ¿Qué vas a hacer?
-    Voy a buscar el sobre. – dijo con la confianza y la atención recuperada.
-    ¿El sobre…? – pregunté, entonces la casa se empezó a derrumbar y el chico se fue corriendo antes de que se tornara mas peligroso.
-    ¡Vayanse, no se lastimen idiotas! – gritó mientras se iban.
Yuki me tomo de la mano y salimos corriendo. Sus ojos servían de faroles en las penumbras. Corriamos a toda velocidad, pero no pude evitar el detenerme cuando donde el chico desapareció paso a ser de un caminó a escombros hasta casi la pared. Me asusté… no quería que esa fuera la ultima vez en que viera a ese gladiador…
Corrí sin pensarlo dos veces en su rescate. No me importaba lo mal que hasta ese momento me había caído, necesitaba salvarle…
Con gran esfuerzo, logré zafarme de los escormbros después de separarme de Yuki. Menos mal que había ido, la casa estaba incendiandose, el calor y la sequedad asfixiaban y las lásgrimas brotaban por si mismas de mis irritados ojos. Él estaba tirado en el suelo, tosiendo sin fuerzas para escapar. Lo subí con cierta dificultad a mi espalda y lo lleve a donde estaba Yuki, cuyo alivio era obvio al verme a mi y a su hermano a salvo. Salimos a las corridas y con cierta dificultad en mi caso. Por alguna razón senti que ya había vivido eso antes, y me sentí inquieta por un momento
Terminamos afuera, donde por fin estuvimos tranquilos. Recosté al gladiador en el rojo suelo mientras Yuki y yo veíamos como se derrumbaba la casa que algún día había sido mia. No pude evitar que una única lágrima cayera y se deslizara por mi mejilla derecha.
Yuki poso una mano en mi hombro en forma de apoyo. Mi vista se deslizó al chico, quien se estaba levantando. Tenía… un sobre en la mano. Mi curiosidad era enorme.
De repente, un golpe fuerte interrumpió mi curiosidad. El chico nos estaba protegiendo a mi y a Yuki. Una especie de abrazo, nos sostuvo fuerte mientras una especie de ruido raro, de maquinas, zumbaba e intentaba lastimarnos, golpearnos… matarnos. 

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