De nuevo desperté en mi cuarto, pero esta vez me había
despertado con un sueño horrible. Había soñado algo espeluznante, un mundo
donde el aire no era aire pero si plomo, que la vista era monótona a mas no
poder, con suelos erosionados de un rojo brillante y un cielo negro y triste.
Abrí lentamente
los ojos, el frío había desaparecido casi por completo, ya que había sido
reemplazado por un escalofrío, un temblor constante en el interior. Todo seguía
oscuro, pero notaba un leve resplandor de un amarillo gastado a mi costado.
Tenía sueño, los párpados me pesaban. Me levanté con lentamente, algo mareada.
Ahora salgo y todo va a estar como
siempre, esto solo fue una pesadilla, todo va a volver a la normalidad… me repetía constantemente, pero, ¿Qué era la
normalidad? Entonces recorde el hecho de que, ¡no tenía recuerdos!
Entonces algo, alguien, me detuvo.
Estaba casi sentada ya. Me di vuelta sobresaltada para pegarme el susto de mi
vida: era la nena de mi pesadilla. Unos ojos amarillos penetrantes me
atravezaron como lanzas. Entonces, de ahí venía el resplandor…
- No te
levantes, aún estás muy débil. – dijo, tenía una voz tranquila, algo apagada,
pero bastante aguda.
No podía hablar, estaba demasiado…
¿sorprendida? Bueno, el punto es que no tenía palabras, o tenía tantas que no
lograba identificarlas o hacer que salieran de su boca.
- Supongo que
esta algo confundida… - anunció algo incómoda y triste – La voy a dejar para
que pueda pensar tranquila…
Entonces me agarró un arrebato
maternal. Fue ahí cuando descubrí algo de mi misma, al parecer, era una persona
maternal. Además, no sentía pena, sino tambien miedo, miedo a la soledad en un
lugar como ese.
- ¡No! – exclamé
cuando ella se iba, tomándola del brazo – No me dejes, por favor. – supliqué
con voz estrangulada.
Sus ojos, cuyo brillo hasta ese
momento era ténue, ahora eran dos brillantes luceros. Tuve que tapar los mios
con mi mano debido a que me encandilaba. Ella rio, parecía conenta, emocionada.
- Perdón, el
brillo cambia según las emociones, no lo puedo evitar. Es una mala suerte, yo
quería tener un poder mas emocionante que un brillo. – explicó.
- ¿Poder? Que…
interesante. – comenté intentando recordar las cosas normales del mundo que
conocía, y supe que no era normal que alguien tuviera poderes - ¿Qué es este
lugar? La verdad es que… no entiendo nada.
- Claro que no,
un día estabas tranquila en tu casa y el otro estas aca, y no sabes que pasó
con tus papas, tus amigos… Perdon, - se disculpó con la cabeza gacha – no la
quería poner peor, tampoco hacerla sentir… ¿Cómo se dice? No quería faltarle el
respeto.
- ¿Qué? ¡No! No
te hagas problema… nunca pensaría eso… ¡deja de tratarme asi de usted! Es algo
exagerado…
- Bueno. – dijo,
con sus ojos aún mas brillantes – Perdon… - dijo riendo volviendo a agachar la
cabeza.
- No, es bueno
tener algo de iluminación, es un cuarto oscuro. – bromeé.
- Este… era tu
cuarto, ¿me equivoco? – preguntó.
- Me parece que
no. – respondí mirando a mi alrededor.
- ¿Cómo eran las
cosas antes? – cuestionó con interés – Siempre me encantaron esas cosas, logré
rescatar algunas cosas de aca – continuó en un susurro – las tengo guardadas…
¡Son fascinantes!
- Que bueno… -
dije – es que, la verdad, no tengo idea.
El brillo en sus ojos disminuyó.
- ¿Cómo que no?
- No… no
recuerdo nada. ¡Dios! ¡No sé ni como me llamo! – exclamé completamente
frustrada.
- Uh… eso no es
bueno. – dijo mirandome fijo con el brillo mucho más ténue.
- ¿Por?
- No se, pero
tengo un mal presentimiento. – anunció.
- ¿Es otro de
tus poderes? – bromeé.
- No.
Honestamente, no tengo poderes. Lo mas interesante que tengo son mis ojos… -
contó con cierta decepcion.
- Pues… a mi me
parecen geniales. – dije con una sonrisa.
- ¿En serio? –
preguntó con emoción.
- Si. ¿Cómo te
llamas?
- Yukari. –
respondió con una sonrisa.
- Ah… ¿Y si tan
solo te llamo Yukii? – pregunté.
- ¿Un apodo? –
preguntó con emoción - ¡Obvio!
- Yukari, salí,
los viejos dicen que tenes que dormir… - anunció la voz de un chico, aunque
este parecía estar gritando desde un lugar lejano. Del living probablemente.
- ¡No quiero!
¡Estoy… cuidandola! ¡Puedo dormir aca! – respondió ella a los gritos,
aturdiendome.
- No quiero
causar molestias… - dije.
- ¿Molestias? No
quiero irme a mi cuarto, me aburro.
- ¡Obedeceme!
¡Hasta que vuelvan estoy a cargo! – ordenó con voz autoritaria, me calló muy
mal como trataba a Tony, era una chica dulce, no podía ser tan malo – De todos
modos, ¿para que queres quedarte con el muerto?
- ¿¡El muerto?!
– pregunté escandalizada.
- ¡Shh! – me
chistó – no quiero que se entere de que estas despierta.
- ¿Por qué?
- Solo no
hables. Por favor. – suplicó, su desesperación hacía que cualquier voluntad se
tornara inútil.
- Entonces salí
de ahí. Si te encuentran despierta me matan. – volvió a decir la voz del chico.
- ¿Quién es? –
gesticulé sin hacer ruido alguno.
- Mi hermano. –
respondió con el mismo silencio - ¡No te van a hacer nada! ¡En todo caso a mi
me retan!
- A ver… - se
escucho devuelta la voz de su hermano.
Se escuchaban pasos, que hacían
eco. Se acercaba.
- Acete la
dormida. Por favor, acete la dormida.
Obedecí al instante. Cerré los
ojos y Yukii me tapó hasta la cabeza. Sentía algo de nervios, el chico no
parecía una peersona muy comprensiva, ademas, no entendía nada de ese lugar.
Solo ssabía que estaba lista para ayudar a la nena esa en cualquier caso.
Se escucho el chirrido de mi
puerta, y desvuelta la voz habló.
- Andate a
dormir… - dijo – mirame.
- No quiero que
me manipulen, gracias. – contestó con dignidad. ¿Manipulen?
- Vamos… ¿esta
dormido aún? – preguntó. ¿dormido?
¡Soy mujer! Idiota… pensé.
- Si.
- ¿Segura? –
preguntó, cambiando tu tono de voz completamente, de una voz típica de un
hermano mayor insoportable a una completamente persuasiva y… rara.
- No, esta
despierta. – dijo ella.
- Lo sabía.
Levantate, no tengo todo el día. – ordenó él.
- ¿Quién…? –
empecé a quejarme, me molestaba que me dieran órdenes, que me tomaran como si
fuera un perro o menos que ellos. Pero no pude terminar mi queja, la vista me
impresionó.
Era la primera cosa que era
realmente… impresionante. Ese chico llamaba más la atención que todo ese
extraño mundo junto. Tenía una combinación perfecta de la típica delicadeza en
las facciones de una obra de arte renacentista y la fuerza del mejor gladiador.
Su tentadora mirada era capaz de mover montañas. Sus ojos grandes y verdes me
llamaban a los gritos… aunque ellos tambien estaban confundidos. Los dos nos
habíamos quedado helados por alguna razón, y yo me sentía de lo más incómoda
con la mirada de ese gladiador aplastandome como una papa. Saqué la mia, y la
mire a Yuuki.
- ¿Puedo saber
que está pasando aca? – pregunté, cuando en realidad, lo único que quería era
mirarle devuelta al gladiador.
- Mira, te
encontramos y nos cagaste la vida. – contestó él, después de unos segundos de
espera.
- ¿Qué les…? – y
otra vez mis peleas fueron interrumpidas, pero por desgracia esta vez no fue
por esa agradable vista…
Era un terremoto. La tierra
vibraba a mas no poder. Se sacudía como un perro que recien salia del agua.
- Yukari, anda
con él al escondite. Apurate… - ordenó.
- ¡Soy mujer! –
grité entre el ruido que hacía la casa al sacudirse.
- ¿Qué…? –
preguntó él quedandose helado.
- ¡Si!
- ¿No te diste
cuenta idiota? – preguntó con enojo Yuki - ¿Y vos? ¿Qué vas a hacer?
- Voy a buscar
el sobre. – dijo con la confianza y la atención recuperada.
- ¿El sobre…? –
pregunté, entonces la casa se empezó a derrumbar y el chico se fue corriendo
antes de que se tornara mas peligroso.
- ¡Vayanse, no
se lastimen idiotas! – gritó mientras se iban.
Yuki me tomo de la mano y salimos
corriendo. Sus ojos servían de faroles en las penumbras. Corriamos a toda
velocidad, pero no pude evitar el detenerme cuando donde el chico desapareció
paso a ser de un caminó a escombros hasta casi la pared. Me asusté… no quería
que esa fuera la ultima vez en que viera a ese gladiador…
Corrí sin pensarlo dos veces en su
rescate. No me importaba lo mal que hasta ese momento me había caído,
necesitaba salvarle…
Con gran esfuerzo, logré zafarme
de los escormbros después de separarme de Yuki. Menos mal que había ido, la
casa estaba incendiandose, el calor y la sequedad asfixiaban y las lásgrimas
brotaban por si mismas de mis irritados ojos. Él estaba tirado en el suelo,
tosiendo sin fuerzas para escapar. Lo subí con cierta dificultad a mi espalda y
lo lleve a donde estaba Yuki, cuyo alivio era obvio al verme a mi y a su
hermano a salvo. Salimos a las corridas y con cierta dificultad en mi caso. Por
alguna razón senti que ya había vivido eso antes, y me sentí inquieta por un
momento
Terminamos afuera, donde por fin
estuvimos tranquilos. Recosté al gladiador en el rojo suelo mientras Yuki y yo
veíamos como se derrumbaba la casa que algún día había sido mia. No pude evitar
que una única lágrima cayera y se deslizara por mi mejilla derecha.
Yuki poso una mano en mi hombro en
forma de apoyo. Mi vista se deslizó al chico, quien se estaba levantando.
Tenía… un sobre en la mano. Mi curiosidad era enorme.
De repente, un golpe fuerte
interrumpió mi curiosidad. El chico nos estaba protegiendo a mi y a Yuki. Una
especie de abrazo, nos sostuvo fuerte mientras una especie de ruido raro, de
maquinas, zumbaba e intentaba lastimarnos, golpearnos… matarnos.
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