Sintió como
si le hubiesen dado una inyección de adrenalina. Rory corrió a toda velocidad. En
una mano, la daga de sangre, en la otra un revolver viejo, pero muy eficiente. Su
amigo se quedó mirándola sin poder dar crédito a sus ojos, mientras ella
saltaba uno de los cadáveres y se enfrentaba cara a cara con el Parásito. La criatura,
muy similar a lo que una vez fue un humano, temblaba mientras su risa maniática
resonaba en todo el salón de actos. Sus ojos se salían de las órbitas dado a su
falta de parpados, los músculos, rodeados de una gruesa capa de sangre negra,
se contraían y se relajaban de una manera epiléptica. Rory, con sus últimos atisbos
de energía, se abalanzo sobre la bestia con una furia y ansia de sangre digna
de un guerrero espartano y con una fuerza inimaginable, lanzó…
Ciara sintió como si la despertaran de una pesadilla. Miró
madre con los ojos desorbitados, mientras la miraba con total enojo, con un
cable en la mano.
- - Mamá… ¿Qué hiciste?
- - Intento salvarte de vos misma. ¡Mirate! Una chica
de tu edad tendría que estar con sus amigos, saliendo, divirtiéndose…
- - ¡Me estoy divirtiendo!
- - ¡… no todo el día encerrada en la soledad de su
cuarto escribiendo historias!
- - ¡¿Pero qué tiene de malo?! Cualquier padre
querría una hija con mi imaginación y con mi responsabilidad. No sé de qué te
quejas, no tenés que preocuparte por que me violen, me roben, me agarre un coma
alcohólico o cualquier cosa que a un idiota de mi edad le pueden pasar.
Ciara ya tenía experiencia en este tipo de peleas. Su madre
siempre insistía en que ella intentase ser… bueno, ni siquiera tenía que decir
normal. Siempre intentó desesperadamente que Ciara fuese como su hermana Brianna.
Su hermana, ocho años mayor, era la envidia de cualquier chica, su vida era el
sueño de cualquiera… siempre que te encontraras en una serie estadounidense y
quieras ser la rubia que queda embarazada en plena adolescencia porque era tan
idiota que no sabía usar anticonceptivos o condones. No es que esa hubiese sido
la suerte de Brianna… pero si era la típica chica que todos quieren ser su
amiga, todos la aman y quieren ser como ella. Una chica que aunque tenga dos
dedos de frente para la vida cotidiana tenía un promedio de nueve en toda su
vida escolar y un pase por la universidad tan tranquilo que parecía alarmante.
Ciara… ella era… especial. Una cosa que siempre se preguntó
era porque su hermana parecía haber sacado lo mejor de sus padres: el carisma,
el pelo rubio largo, los ojos verdes impactantes, el cuerpo alto y con curvas,
y hasta el nombre… al venir de una familia irlandesa, todos tenían nombres que
en la Argentina, para mala suerte de Ciara, eran impronunciables. Brianna tenía
un nombre fácil de pronunciar, el cual significaba princesa. Ciara se veía a
diario con el mal humor de explicarle a los de lengua hispana que su nombre era
“Kira” y no “siara”, nombre cuyo interesante significado era: la chica de pelo
negro. Sus padres no estaban muy inspirados el día que nació, o se
decepcionaron mucho al ver al primer integrante de su familia con pelo de un
color que no fuese colorado o rubio.
- - Ciara, por favor. ¿Por qué no llamas a alguna
amiga para que se vean?
- - Iba a hacer una video llamada con Paula cuando
terminara la historia para discutir la continuación, ahora gracias a tu
interrupción, voy a tener que reescribir todo el ultimo capitulo. Por no
mencionar el corte de inspiración y las secuelas que le van a quedar a mi compu
por haberla desconectado de la nada y las secuelas emocionales que me van a
quedar por no haber logrado terminar de matar al Parásito.
- - ¿Parásito?
- - Mamá, ya sabes que cortarme la inspiración es
peor que despertar a Brianna cuando se pone sonámbula.
La madre suspiró. Ciara supo que estaba por ganar.
- - Mamá… voy a necesitar un momento a solas. –
concluyó, haciendo de cuenta de que iba a llorar.
- - No, basta. – la madre le prendió la luz de su
cuarto y ella se tapó la cara como si le dañara la luz – No quiero a una niña
rata en mi casa. Te vas a vestir, te vas a maquillar o a hacer algo con las
bolsas de consorcio bajo tus ojos, vas a ponerte algo lindo, y vas a salir de
esta casa. No quiero excusas. Te voy a sacar de esta madriguera.
- - Pero… mamá… la historia…
- - ¡Estoy cansada de tus historias Ciara! ¡No sos
escritora y ni siquiera pudiste terminar una de las historias que empezaste!
- - ¡Estaba por terminar esta!
- - ¡¡No me
importa!! ¡Si en diez minutos no estas lista te voy a sacar todos tus libros!
Y así, con el último grito, la madre de Ciara se fue de su
cuarto.
- - Si claro… como si tuviese lugar donde meter
todos los libros.
Al cabo de diez minutos, Ciara se estaba viendo con disgusto
en un espejo. Siempre quiso ser como Rory, su personaje en todas las historias.
Era parecida en ella en varias cosas. Tenía su valentía, sus ideales, su
actitud y demás… la diferencia es que Rory tenía maneras de demostrar todas sus
cualidades. Ciara lo único que tenía para enfrentarse era una madre que la
obligaba a ser normal. Pero Rory era físicamente lo que ella siempre quiso. Aunque
Ciara tenía que admitir que a Rory siempre se la imaginó como si fuese un
dibujo anime, pero igual era lo que ella quería. Pelo rojo largo y brillante,
una cara tierna que podía llegar a ser la cosa más amenazadora del mundo, ojos
verdes, buen cuerpo…
Cuando Ciara se veía al espejo veía a un chico. Es más,
varias veces en la calle la habían confundido con un chico, lo cual desesperaba
a su madre a tal punto que la obligaba a usar polleras. Ella no tenía muchos
atributos femeninos más allá de ciertas delicadezas en su rostro. Tenía una
contextura normal, pero su falta de busto la hacía parecer más gorda de lo que
era, a menos que la confundieran con un chico. Era bajita, dentro de todo. Tenía
el pelo corto, aunque su madre intentase persuadirla de mil y un maneras para
que se lo dejara largo, por el simple hecho de que sus rulos se le hacían imposibles
de mantener de una manera decente si no se lo cortaba. Su cara era más bien
cuadrada. Tenía una mandíbula grande, pero no se notaba su gran tamaño, gracias
a que el flequillo que usaba hacia que su cara pareciera más bien redonda. Después
de eso, sus rasgos no dejaban nada que desear. Labios finos per bien
delineados, ojos claros, entre verdes y azules, y una piel tan pálida que parecía
traslucida si no fuese por las pecas que iban desde su nariz a las mejillas.
Con pocas ganas se dirigió al living, donde la esperaban su
madre y hermana, mientras se alisaba la pollera negra de cuero que Brianna le había
regalado hacia una semana. Odiaba ir de shopping, en especial si era con su asquerosamente perfecta hermana. Pero tenía
que admitir tres cosas: cada tanto había ropa que le encantaba, la quería a su
hermana y la pasaba mucho mejor que si fuese con cualquier otra persona.
Porque en realidad ella nunca iría a ningún lugar siquiera
parecido a un shopping si no era con su hermana.
Mientras las otras dos hablaban y salían de la casa, Ciara
las siguió detrás fijándose en los mensajes de su teléfono, que era un viejo Samsung
touch, que solía ser de su padre, que tenía una funda que ella había pintado
con los esmaltes de uña que su hermana le había regalado (ya que no los iba a
usar para otra cosa) que decía: bloody life.
Tenía un solo mensaje, que como ya se imaginaba era de
Paula:
Cara
de plopus, estoy esperando a que me llames.
Esto iba seguido de una banda de emoticones. ¿Por qué whats
app tenía hasta un emoticón de deshechos sonriéndote? Era como si alguien te
dijera: mira, me cague felizmente en vos.
Dios mío…
estoy argentinizada. Pensó Ciara.
Le respondió a Paula dos simples palabras que para ellas
significaba la peor de las tragedias:
Código
Erin.
Erin era el nombre de su madre.
En otras palabras: sálvame,
mi vieja me rompe las pelotas.
Pero la respuesta de su amiga era exactamente lo que la
chica de pelo negro se esperaba:
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJA
JAJAJAJAJJAJAJAJ
JA
JAJ
AJAJA
MATATE.
Aay…
Paula… siempre puedo confiar en vos para acordarme de la opción kamikaze. Ciara sacudió
su cabeza y se puso a pensar en que responder a esa incitación tan explícita al
suicidio.
Mientras escribía su respuesta se sentó en la parte trasera
del auto e hizo de cuenta de que estaba escuchando a su familia con una sonrisa
falsa y un asentimiento.
Enferma,
ayúdame! Me están llevando a nosedonde.
Paula: y pregunta!! Tenemos que terminar el cap.
Ciara: lo se… pero desconecto mi compu, no me dejó
ni tiempo de guardar.
Paula: larcha miertera…
- - ¡Ciara!
Tanto su hermana como su madre tenían una expresión de
enojo.
- - ¿Qué? – preguntó haciendo caso omiso a la
frustración de ambas.
- - Te estamos hablando, Ciara, podrías prestar un
poco de atención, ¿te parece?
- - No.
Su madre la miro desde el retrovisor con impaciencia.
- - Era broma… - se retractó - ¿Qué pasa?
- - Te estamos llevando a un retiro.
Ciara no lo pudo evitar… sus carcajadas fueron tan fuertes
que terminó hecha una bola en su asiento.
- - Linda broma, chicas.
- - No es una broma. – contestó Brianna – Queremos
que estés con gente de tu edad, que tengas amigos…
- - ¡Tengo amigos! Y son de mi edad.
- - Paula es solo una, y es más chica, estas por
entrar a la facultad y necesitas poder desenvolverte.
- - Yo puedo desenvolverme sin problemas.
- - ¿y cómo es que sos una antisocial?
- - Nadie me cae bien.
- - Ciara… - intervino su madre – no quiero pasar más
situaciones como las de la secundaria que un día te aparecías en la casa con un
moretón en la cara, que me llamaba la directora todos los días porque te metías
en peleas…
- - ¡ellos me metían a mí!
- - Ciara, si son tres chicos contra una chica, y
uno queda con la cabeza abierta porque le tiraste un ventilador encima, el otro
queda con un genital inutilizable y otro llorando en un rincón mientras vos apenas
temes un moretón en el brazo creo que fuiste vos más la que causo la pelea. –
agregó Brianna.
- - Fue en defensa propia. Ellos me golpearon primero.
Las dos suspiraron completamente frustradas.
- - Mira, esto lo vas a hacer quieras o no. Hoy te
vamos a llevar a una junta que hacen unos chicos. Vas a conocerlos, vas a ser
lo más simpática que puedas… y más te vale que no escuche ni una queja de tu
comportamiento. – la amenazo su madre.
- - Y te vamos a sacar el teléfono. No queremos que
te refugies en Paula para no hablar con los demás. – finalizó su hermana.
- - ¡Eso es represión! No voy a dejar que me hagan
algo así. No tengo porque sociabilizar. No necesito ni amigos ni novio para ser
feliz. Con mis libros…
- - Ciara, no seas infantil. Estamos orgullosos de
que seas una chica intelectual y autosuficiente, pero es inmaduro que compares
a una historia de ficción con tus amigos. Los personajes no existen y no hay nadie como ellos. Empezá a conformarte
con la sociedad.
Y con esas palabras Brianna
tocó un punto sensible. Ciara se quedó con la mirada sombría clavada en la
ventana mientras ellas seguían con una conversación diferente.
Era cierto. Nunca iba a
encontrar a nadie como sus personajes. A ninguna persona que fuese tan
interesante. Supongo que son así porque a
la sociedad le pasa lo mismo que a mí, que no puedo ser como Rory. La gente no
es como en los libros porque la sociedad no los deja ponerse a prueba y ser
distintos...
Era cierto. Nunca iba a encontrar
a nadie como sus personajes. A ninguna persona que fuese tan interesante. Supongo que son así porque a la sociedad le
pasa lo mismo que a mí, que no puedo ser como Rory. La gente no es como en los
libros porque la sociedad no los deja ponerse a prueba y ser distintos...

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