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¡Date cuenta que la vida no es tan simple! No podes pretender reinar y,
a la vez, ir de un lugar a otro. No podes pretender ser rebelde, cuando eso
significa sabotearte a vos misma.
Ryota parecía un tanto enojado. Yo estaba en una punta
de la sala, mirando por la ventana. Me sentía cansada, pero a la vez tenía
ganas de hacer todo. Quería correr, buscar algo… estaba harta de la rutina. Mi
consiglieri, como llamaba a Ryota, vivía retandome por diversas cosas, esta vez
había decidido escaparme a mi ciudad, a ver a unos amigos de antes de todo los
problemas que habían llevado a ese momento. No odiaba mi vida, simplemente
quería un descanso, y la idea de ser inoportuna, de escaparme aunque fuese por
un día, era muy tentador.
Mientras mi consiglieri seguía con su discurso, yo me
levante y me mire al espejo. No podía parar de pensar en que me encantaban los
espejos. No me gustaba verme, pero me encantaba pensar en qué podría haber en
el otro lado. Me saqué la peluca negra, aun estaba disfrazada por la fiesta. La
había pasado muy bien, aun podía recordar a Ciro con su disfraz de pirata. A mi
no se me había ocurrido una gran idea, era muy simple, pero nunca había sido
ocurrente para disfrazarme. Un vestido azul simple, corto, hacía resaltar mis
ojos, que eran, según una amiga, de labradorita. Un antifaz negro tapaba mi
rostro de una manera que no era demasiado reconocible para la gente mi rostro,
no quería escándalos. Era discreto, elegante, incluso podría decir sexy, pero
no era lo que yo quería. Yo quería algo mas alocado, no provocador, pero si
algo divertido, que me viera y pudiera reirme. Sin embargo no podía meter mi
cabeza en mi disfraz. Todos habían llevado mascaras, nadie era reconocible,
nadie menos Ciro. Sus ojos lo delataban detrás de la mascara sucia del pirata,
su mirada sobre mi era tal como la recordaba.
Mucha gente me había amado, lo sabía. Pero el amor que
se tiene a una figura, a un talento, una voz, una imagen, no es el mismo que se le puede tener, seriamente, a
una persona. Tal vez esa era una de las cosas que mas apreciaba de Ciro, y de
Yuki también. Ellos nunca me quisieron por ser la gran reina, ellos me querían
por la rebelde y alocada chica que siempre había sido, con mi mala memoria, mi
sarcasmo e incluso habían amado a mis errores. Sabía que las cosas no tenían
que cambiar, no quería que fuera así. Lo único era la persistencia de los
guardías, de la gente… ¿Cómo amaban a alguien al que nunca vieron en persona?
Todos querían acercárseme, todos querían el honor de tenerme cerca. Yo quería
el honor de borrarme de la historia.
Si… borrarme…
-
Las cosas van mal, Caramelle…
-
¿Qué va mal? ¿Hay gente que se muere de hambre? ¿Hay injusticia?
Sabía que no era una reina. Mis modales eran malos,
era muy prepotente, no quería escuchar a los demás… pero no hacía mal las
cosas. Las reinas, mas allá de hacer bien su deber, eran refinadas, educadas.
Hablaban con propiedad y daban respuestas diplomáticas. Tal vez por eso me
querían, yo me parecía tanto a un humano de verdad que sentían que era una mas.
Yo no era refinada, y menos aun educada, era directa, y brusca siempre que
podía. Me encataba burlarme de todos, y todos se quedaban boquiabiertos. Nadie
entendía ni conocía bien a su reina.
-
Tengo muchas sospechas de… bueno, ellos. – explicó el consiglieri,
obligándome a sentarme en una silla, tomando una de mis manos, como si fuesen
frágiles, consideré el hacer un comentario como “tene cuidado que no sabes
donde anduvieron esas manos” pero sonaba demasiado mal – Caramelle, están
conspirando en tu contra, quieren que te vayas. Sabes que son capaces.
-
No lo creo…
Sabía mas que bien quienes eran. ¿No podían hacer a un
lado las diferencias y aceptar el hecho de que yo estaba ahí al mando? ¿No
podían acaso aceptar mi relación con su hijo? Claro, en realidad, nuestra
relación era secreta, solo Yuki y Ryota lo sabían, aunque era un tanto obvio
para ellos. Aunque, ¿quién diría que la reina cada tanto se escapaba al único
pasillo con final en todo el palacio para encontrarse a solas con el hijo de
sus mayores contrincantes, su amante, Ciro? Solo ella con su imaginación podía
ocurrírsele semejante historia, y solo ella podía convertirla en realidad…
Fue entonces que, acudiendo a mi pensamiento, llego
él. Todavía estaba vestido de pirata, claro, quien había dicho que en medio de
la fiesta, justo cuando saliamos por un poco de aire, vendrían los guardias a
llevarnos de vuelta, sin permiso alguno. Me sonrió maliciosamente y yo sonreí
vagamente y mire para otro lado, me gustaba molestarlo de ese modo. Hacerme la
ignorante.
Entonces sentimos algo, un temblor. Mire a mi
alrededor, era como si todo desapareciera, pero no como en las películas esas
de ficción que se iba pixelando, sentía como si mi mundo fuera un sueño del
cual me despertaba, y nunca volvería a él. Con mi última idiotez cometida, la
de creer en esos dos, se borró mi historia. Un borrón y cuenta nueva, había
dicho Gekko.
No me importó. Me preocupé, pero sabía que volvería…
Me levanté. Me dolía el cuello y la espalda y maldije
el hecho de que mi cama estuviera ocupada. ¿Era mi imaginación o acababa de
soñar con el final de la reina? ¿y por qué estaba adentro de su mente? Se
parecía tanto a mí… este sueño no solo lograba aclararme ciertas cosas, sino
que también marearme demasiado.
Por un lado no quería seguir, y tenía mis razones, ya
que seguir significaba o mi muerte o la posible pérdida de la persona a la que
yo, desgraciadamente y admitiéndolo con cierta vergüenza, más quería, Ciro, que
ahora podía confirmar que ella lo quería.
Por otro lado me daba cuenta de que él tenía razón, yo
me parecía a la reina, tenía una conexión aparente y, físicamente, podía decir
que se parecía mucho a mí, aunque no podía decir, ya que mi sueño no se
concentraba tanto en el reflejo de ella. Tenía mi misma manera de ser, talvez
un poco mas dulce, aunque no podría decir. Además, sacando el hecho de como era
su personalidad o su físico, hacía bien su trabajo, o eso parecía. Mi sueño
mostraba algo: que ella, aunque no quisiera el puesto, era buena reina, buena
gobernante. La gente la quería…
¿Podría ser tan egoísta de poner mi felicidad antes de
la de la gente?
La respuesta era simple: poder, podía. Pero no quería,
no quería ser así. Mi orgullo se basaba en el respeto que tenía en mí misma, si
me ponía antes que todos lo perdería todo.
Debo
ser bipolar, me bromeé a mi misma, cambio de parecer de un momento al otro, de
tener miedo, a intentar olvidar lo que podría pasar a asegurarme de que nadie
me lo sacaría, a, finalmente, estar casi dispuesta a ceder lo que tengo…
Tengo
que olvidar.
Esas ultimas palabras resonaron en mi cabeza. Tenía
que olvidar, olvidar esa parte de lo que sabía, olvidar todo eso que solo me
detuviera.
Me levanté y salí del cuarto. Era más difícil olvidar
lo que me iban a sacar, posiblemente, si lo tenía frente a mí.
Caminé un poco, mientras intentaba calmar un leve
calambre que tenía en el cuello. Ignoré un tanto la presión que iba creciendo a
cada paso en mi muñeca derecha, al principio sin entender lo que significaba.
-
¿Te escapabas de
nosotros? – preguntó una voz burlona
Me
di vuelta con tranquilidad, no me había
sorprendido que Ciro estuviera ahí, no con las uniones.
-
No podría aunque
quisiera. – respondí, sin ganas, levantando mi mano derecha, mostrando la
unión. La sonrisa de Ciro desapareció al escuchar mi voz, desganada y decepcionada.
Él tenía razón, me había querido escapar, aunque solo fuera por un momento, no
lo quería ver, me costaba olvidar.
-
¿Qué te pasa? –
preguntó, y yo seguí caminando, sabiendo que él me seguiría.
¿Qué
hacer? ¿Le decía o me guardaba la inquietud?
-
Nada… - respondí, pero
una pregunta apareció: ¿Qué podría
perder? - ¿estas enamorado de la reina?
-
¿Qué? ¡Ya te dije que
es rídiculo eso! – exclamó, con su sonrisa volviendo a su lugar.
-
Pero si ella existiera,
te quisiera también… - insistí, sin poder mirarlo.
-
¿Tambien? ¿De donde
sacas esto?
-
Respondeme, por favor.
– seguía sin poder mirarlo. Si me decía que sí, renunciaría a él, si me decía
que no, seguiría mi camino con él.
-
No, si ella existiera y
te tengo a vos, no estaría con ella, sin importar nada.
Entonces
sentí como si, después de estar por ahogarme, me sacaran de un mar sin fondo.
Sentía como podía respirar un poco mas tranquila, aunque hasta ese momento no
había notado lo duro que parecía dar una bocanada de aire.
-
Como sea…
-
¿Por qué tenes esa
idea?
-
Vi tu cara cuando
hablabas con ella, y… - ¿decía o no la verdad? Antes de decidir, ya estaba
hablando – tuve unos sueños, sueños de ustedes… estoy segura de que ella
también…
Me
odiaba. ¿Cómo no podía decir una frase coherente? Me sentía patética y supliqué
que la oscuridad tapara el rubor de mis mejillas. No podía verlo, no podía
dejar que me viera, y entonces, como si tuviera cinco años, corri la cabeza y
cerré los ojos.
-
Eso es patético… -
escuché decir a Ciro.
-
Lo se.
Sentí
su mano en mi mentón, obligándome a mirarlo, pero me fue imposible.
-
Sos mia, si pensas que
te voy a dejar escapar…
Entonces
no necesitábamos más palabras. Intentó besarme, pero yo corrí la cabeza, y
terminó con sus labios sobre mi pelo. Le escuché reírse, y pude sentir su
aliento entre mis cabellos. Quería dejarlo así, congelar el tiempo, pero estaba
demasiado inquieta. Sin embargo ahí quedamos. Él me abrasó y todos mis nervios
se fueron. No quise quejarme por eso de “sos mia”, no me importaba. En ese
momento, estaba dispuesta a cualquier cosa para que se quedara a mi lado.
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