Reino Perdido 11

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-         ¡Date cuenta que la vida no es tan simple! No podes pretender reinar y, a la vez, ir de un lugar a otro. No podes pretender ser rebelde, cuando eso significa sabotearte a vos misma.
Ryota parecía un tanto enojado. Yo estaba en una punta de la sala, mirando por la ventana. Me sentía cansada, pero a la vez tenía ganas de hacer todo. Quería correr, buscar algo… estaba harta de la rutina. Mi consiglieri, como llamaba a Ryota, vivía retandome por diversas cosas, esta vez había decidido escaparme a mi ciudad, a ver a unos amigos de antes de todo los problemas que habían llevado a ese momento. No odiaba mi vida, simplemente quería un descanso, y la idea de ser inoportuna, de escaparme aunque fuese por un día, era muy tentador.
Mientras mi consiglieri seguía con su discurso, yo me levante y me mire al espejo. No podía parar de pensar en que me encantaban los espejos. No me gustaba verme, pero me encantaba pensar en qué podría haber en el otro lado. Me saqué la peluca negra, aun estaba disfrazada por la fiesta. La había pasado muy bien, aun podía recordar a Ciro con su disfraz de pirata. A mi no se me había ocurrido una gran idea, era muy simple, pero nunca había sido ocurrente para disfrazarme. Un vestido azul simple, corto, hacía resaltar mis ojos, que eran, según una amiga, de labradorita. Un antifaz negro tapaba mi rostro de una manera que no era demasiado reconocible para la gente mi rostro, no quería escándalos. Era discreto, elegante, incluso podría decir sexy, pero no era lo que yo quería. Yo quería algo mas alocado, no provocador, pero si algo divertido, que me viera y pudiera reirme. Sin embargo no podía meter mi cabeza en mi disfraz. Todos habían llevado mascaras, nadie era reconocible, nadie menos Ciro. Sus ojos lo delataban detrás de la mascara sucia del pirata, su mirada sobre mi era tal como la recordaba.
Mucha gente me había amado, lo sabía. Pero el amor que se tiene a una figura, a un talento, una voz, una imagen, no es el  mismo que se le puede tener, seriamente, a una persona. Tal vez esa era una de las cosas que mas apreciaba de Ciro, y de Yuki también. Ellos nunca me quisieron por ser la gran reina, ellos me querían por la rebelde y alocada chica que siempre había sido, con mi mala memoria, mi sarcasmo e incluso habían amado a mis errores. Sabía que las cosas no tenían que cambiar, no quería que fuera así. Lo único era la persistencia de los guardías, de la gente… ¿Cómo amaban a alguien al que nunca vieron en persona? Todos querían acercárseme, todos querían el honor de tenerme cerca. Yo quería el honor de borrarme de la historia.
Si… borrarme…
-         Las cosas van mal, Caramelle…
-         ¿Qué va mal? ¿Hay gente que se muere de hambre? ¿Hay injusticia?
Sabía que no era una reina. Mis modales eran malos, era muy prepotente, no quería escuchar a los demás… pero no hacía mal las cosas. Las reinas, mas allá de hacer bien su deber, eran refinadas, educadas. Hablaban con propiedad y daban respuestas diplomáticas. Tal vez por eso me querían, yo me parecía tanto a un humano de verdad que sentían que era una mas. Yo no era refinada, y menos aun educada, era directa, y brusca siempre que podía. Me encataba burlarme de todos, y todos se quedaban boquiabiertos. Nadie entendía ni conocía bien a su reina.
-         Tengo muchas sospechas de… bueno, ellos. – explicó el consiglieri, obligándome a sentarme en una silla, tomando una de mis manos, como si fuesen frágiles, consideré el hacer un comentario como “tene cuidado que no sabes donde anduvieron esas manos” pero sonaba demasiado mal – Caramelle, están conspirando en tu contra, quieren que te vayas. Sabes que son capaces.
-         No lo creo…
Sabía mas que bien quienes eran. ¿No podían hacer a un lado las diferencias y aceptar el hecho de que yo estaba ahí al mando? ¿No podían acaso aceptar mi relación con su hijo? Claro, en realidad, nuestra relación era secreta, solo Yuki y Ryota lo sabían, aunque era un tanto obvio para ellos. Aunque, ¿quién diría que la reina cada tanto se escapaba al único pasillo con final en todo el palacio para encontrarse a solas con el hijo de sus mayores contrincantes, su amante, Ciro? Solo ella con su imaginación podía ocurrírsele semejante historia, y solo ella podía convertirla en realidad…
Fue entonces que, acudiendo a mi pensamiento, llego él. Todavía estaba vestido de pirata, claro, quien había dicho que en medio de la fiesta, justo cuando saliamos por un poco de aire, vendrían los guardias a llevarnos de vuelta, sin permiso alguno. Me sonrió maliciosamente y yo sonreí vagamente y mire para otro lado, me gustaba molestarlo de ese modo. Hacerme la ignorante.
Entonces sentimos algo, un temblor. Mire a mi alrededor, era como si todo desapareciera, pero no como en las películas esas de ficción que se iba pixelando, sentía como si mi mundo fuera un sueño del cual me despertaba, y nunca volvería a él. Con mi última idiotez cometida, la de creer en esos dos, se borró mi historia. Un borrón y cuenta nueva, había dicho Gekko.
No me importó. Me preocupé, pero sabía que volvería…

Me levanté. Me dolía el cuello y la espalda y maldije el hecho de que mi cama estuviera ocupada. ¿Era mi imaginación o acababa de soñar con el final de la reina? ¿y por qué estaba adentro de su mente? Se parecía tanto a mí… este sueño no solo lograba aclararme ciertas cosas, sino que también marearme demasiado.
Por un lado no quería seguir, y tenía mis razones, ya que seguir significaba o mi muerte o la posible pérdida de la persona a la que yo, desgraciadamente y admitiéndolo con cierta vergüenza, más quería, Ciro, que ahora podía confirmar que ella lo quería.
Por otro lado me daba cuenta de que él tenía razón, yo me parecía a la reina, tenía una conexión aparente y, físicamente, podía decir que se parecía mucho a mí, aunque no podía decir, ya que mi sueño no se concentraba tanto en el reflejo de ella. Tenía mi misma manera de ser, talvez un poco mas dulce, aunque no podría decir. Además, sacando el hecho de como era su personalidad o su físico, hacía bien su trabajo, o eso parecía. Mi sueño mostraba algo: que ella, aunque no quisiera el puesto, era buena reina, buena gobernante. La gente la quería…
¿Podría ser tan egoísta de poner mi felicidad antes de la de la gente?
La respuesta era simple: poder, podía. Pero no quería, no quería ser así. Mi orgullo se basaba en el respeto que tenía en mí misma, si me ponía antes que todos lo perdería todo.
Debo ser bipolar, me bromeé a mi misma, cambio de parecer de un momento al otro, de tener miedo, a intentar olvidar lo que podría pasar a asegurarme de que nadie me lo sacaría, a, finalmente, estar casi dispuesta a ceder lo que tengo…
Tengo que olvidar.
Esas ultimas palabras resonaron en mi cabeza. Tenía que olvidar, olvidar esa parte de lo que sabía, olvidar todo eso que solo me detuviera.
Me levanté y salí del cuarto. Era más difícil olvidar lo que me iban a sacar, posiblemente, si lo tenía frente a mí.
Caminé un poco, mientras intentaba calmar un leve calambre que tenía en el cuello. Ignoré un tanto la presión que iba creciendo a cada paso en mi muñeca derecha, al principio sin entender lo que significaba.
-         ¿Te escapabas de nosotros? – preguntó una voz burlona
Me di vuelta con tranquilidad,  no me había sorprendido que Ciro estuviera ahí, no con las uniones.
-         No podría aunque quisiera. – respondí, sin ganas, levantando mi mano derecha, mostrando la unión. La sonrisa de Ciro desapareció al escuchar mi voz, desganada y decepcionada. Él tenía razón, me había querido escapar, aunque solo fuera por un momento, no lo quería ver, me costaba olvidar.
-         ¿Qué te pasa? – preguntó, y yo seguí caminando, sabiendo que él me seguiría.
¿Qué hacer? ¿Le decía o me guardaba la inquietud?
-         Nada… - respondí, pero una pregunta apareció: ¿Qué podría perder? - ¿estas enamorado de la reina?
-         ¿Qué? ¡Ya te dije que es rídiculo eso! – exclamó, con su sonrisa volviendo a su lugar.
-         Pero si ella existiera, te quisiera también… - insistí, sin poder mirarlo.
-         ¿Tambien? ¿De donde sacas esto?
-         Respondeme, por favor. – seguía sin poder mirarlo. Si me decía que sí, renunciaría a él, si me decía que no, seguiría mi camino con él.
-         No, si ella existiera y te tengo a vos, no estaría con ella, sin importar nada.
Entonces sentí como si, después de estar por ahogarme, me sacaran de un mar sin fondo. Sentía como podía respirar un poco mas tranquila, aunque hasta ese momento no había notado lo duro que parecía dar una bocanada de aire.
-         Como sea…
-         ¿Por qué tenes esa idea?
-         Vi tu cara cuando hablabas con ella, y… - ¿decía o no la verdad? Antes de decidir, ya estaba hablando – tuve unos sueños, sueños de ustedes… estoy segura de que ella también…
Me odiaba. ¿Cómo no podía decir una frase coherente? Me sentía patética y supliqué que la oscuridad tapara el rubor de mis mejillas. No podía verlo, no podía dejar que me viera, y entonces, como si tuviera cinco años, corri la cabeza y cerré los ojos.
-         Eso es patético… - escuché decir a Ciro.
-         Lo se.
Sentí su mano en mi mentón, obligándome a mirarlo, pero me fue imposible.
-         Sos mia, si pensas que te voy a dejar escapar…
Entonces no necesitábamos más palabras. Intentó besarme, pero yo corrí la cabeza, y terminó con sus labios sobre mi pelo. Le escuché reírse, y pude sentir su aliento entre mis cabellos. Quería dejarlo así, congelar el tiempo, pero estaba demasiado inquieta. Sin embargo ahí quedamos. Él me abrasó y todos mis nervios se fueron. No quise quejarme por eso de “sos mia”, no me importaba. En ese momento, estaba dispuesta a cualquier cosa para que se quedara a mi lado.

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