Reino Perdido 10

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No pasó mucho hasta que Ciro se quedó dormido, y a mí no me costó mantenerme despierta para cuando Yuki entró, sigilosamente, en mi cuarto. Lo dejé a Ciro en la cama con una sonrisa, a pesar de todo, me sentía feliz.
Salí con ella del cuarto y cerré con cautela la puerta. Con una sonrisa le di la bienvenida, agradeciendo el hecho de que la chica se sentía lo bastante nerviosa para que su brillo no fuese algo que me torturara, aunque con esa simple sonrisa logré hacer que su mirada alumbrara el pasillo.
-         ¿Querías hablarme? – preguntó.
Acentí.
-         Quiero saber si pensaste lo mismo que yo en cuanto a lo que está pasando.
-         No… no entiendo. – se quejó ella con cierto miedo, aunque me imagine que era a que pensara que era tonta.
-         A las dos nos pasó lo mismo, ambas tuvimos recuerdos de algo que no parecía de esta vida. Son recuerdos,  recuerdos, Yuki. – insistí – Ella estuvo en serio viva, y ahora tiene que volver.
-         ¿Quién?
-         ¡La reina Caramelle! – exclamé, sintiendome muy estúpida, ya que el “reina” lo sentía de más antes de mi nombre – Ciro me contó…
-         ¡Ah, cierto! Ya me parecía conocido tu nombre… no me sorprende que él te lo hubiera puesto.
Me ruboricé.
-         ¿Por?
-         Porque siempre le gustaron sus historias, hasta me las contaba a veces. Siempre quisimos que estuviera, aunque creo que el se creía que era verdad…
-         Lo era. – dije contra mi voluntad, lo unico que hacía saber la admiración que Ciro sentía por ella era bronca – Lo es – continué recordandome que tenía algo que hacer -. Date cuenta que todo esto no es un cuento.
-         ¿Y que tiene que ver los recuerdos con esa reina o con lo que vamos a hacer?
Dudé por un segundo. ¿Le contaba la farsa que eran sus padres o me guardaba ese secreto? Era inocente, pero ya entendía lo que estaba pasando. Si me iba a ayudar, tenía que saber con qué me iba a ayudar.
-         ¿Tendrías algún problema si mi teoría tiene que ver con ellos? – pregunté con cautela, tomando como hecho que ellos eran sus padres.
-         No, ya estoy preparada para casi cualquier cosa.
Entonces le expliqué. No era casualidad que todas sus instrucciones nos llevaran a nada más que muertes, las cuales no parecieron afectar demasiado a esos dos, y ahora estuvieramos en la nada. Me querían sacar del mapa, a mí, la supuesta “elegida” por todas esas profecías que podría llegar a sacar al mundo de esa situación tan desesperante. ¿Por qué, siendo los líderes que velaban por el bien de su reino, querían sacar de encima a esa persona que iba a ayudar a su mundo antes de que lo hiciera? Yo le encontraría el sentido si fuese así, ayudo a todos y después me matan, ya que sería muy posible que después de todo, terminara intentando sacarles el poder y darselo a otro un poco mas inteligente o, como me parecía mejor, hacer que todo volviera al estilo de antes. El sistema antiguo tenía demasiadas fallas… pensé en un momento, pero sacudí la cabeza para eludirlo, no era algo que tuviera que importarme.
Basandome en los hechos, no sorprendería a nadie que vio y escucho lo que nosotros saber qué estaban tramando. Ellos no querían el bien de todos, solo el suyo. No podía quejarme de eso, porque por lo general nadie piensa, en realidad, en los demás. Sin embargo, ellos sabían que su vida, su reino lleno de fraudes, iba a cambiar radicalmente si el mundo volvía a ser el de antes. Terminaría volviendo a ser un mundo separado o a ser el mismo reino de la Reina. Habíamos visto el escondite, donde habían claras pruebas de una reina anterior, habíamos escuchado la charla, donde dejaban claro de que harían lo que fuese por sacarme del medio, teníamos los recuerdos que habíamos tenido Yuki y yo, teníamos pruebas de que la corona había sido robada e incluso, según lo sentí yo, violada al sacar sus joyas y haberlas puesto en otras partes.
A lo que me había llevado a pensar esto era en que era una especie de… ¿defensora? No sabía, solo sabía que de algún modo tenía que revivir lo desaparecido, lo que creía muerto.
- Claro… - dijo Yuki – No tenemos mucho fundamento, pero es mejor que nada. Te digo que creo que es así, no debería ser tan solo una teoría. Aunque… ¿Nunca pensaste en que en realidad fueras vos la reina?
La miré con una ceja alzada.
-         Si la Reina Caramelle era tan importante, tan buena, no debo ser yo. Soy poco seria y demasiado infantil, y ni te digo de caprichosa. Sirvo para las recoluciones, no para reinar.
-         Si vos decis…
Me reí. Por un momento recordé cuando todo había empezado, que creía que era imposible de doblegar con problemas de esta misma clase, no tenía secretos. Como habían cambiado las cosas…
Yuki entró conmigo al cuarto, me hubiera gustado ir a otra parte, pero no podía estar demasiado lejos de Ciro por culpa de las uniones.
-         ¿Te diste cuenta que casi todas las preguntas que parecíamos hacernos se resolvieron? – preguntó ella en voz baja, acostandose junto a su hermano.
Asentí, aunque no estaba segura a lo que se refería. ¿Qué preguntas serían las que ella tenía en realidad?  No podía decir lo mismo, ella parecía feliz de que sus preguntas se iban resolviendo, parecía tranquila. Yo, en cambio, a medida que encontraba mas respuestas, encontraba mas preguntas, y más ansiedad me daba el no saber otras, que aún no podía contestar, que me hacía desde hacía mucho tiempo y que recién ahora parecían atacarme con tal ansiedad.
¿Quién era el hombre que nos había atacado, buscando a Ciro, en la casa verde? ¿Qué habría hecho Seth para que nos encontraran en el otro siglo? ¿Por qué me quería Roy? ¿Qué haría cuando todo terminara? ¿Qué tenía que terminar?
Y la peor: ¿Qué tal si nunca terminaba?
Al mirar a Ciro y Yuki supe la respuesta: seguiría andando con ellos a mi lado.
Empecé a recorrer todo lo que había vivido con detalle, buscando algo que me indicara lo que fuese, un camino o algo.
Recordé cuando empezó, que me había despertado en mi propia cama y, después de un shock,me desmayé. Me devané los sesos intentando recordar en qué momento, por qué había perdido el conocimiento. Despues de un rato, recorde la voz, Bienvenida al mundo real me había dicho. No era una voz cualquiera… era la de Gekko. Solo en esos momentos me había dado cuenta del resentimiento en su voz, del odio, pero a la vez de la alegría. Sentí como si la única razón de no haberme matado antes era que pudiera ver a ese mundo arruinado, para que me sintiera mal, que sufriera. ¿y si pensaban que yo era la reina? Sería muy divertido lograr que volviera para arruinarles la vida.
Otra cosa que recordé era como nos tratabamos con Ciro, él había cambiado mucho, o eso parecía. De odio, a casi compañerismo, a amistad a… ese beso, y de ahí el cambio desde el principio, en el cual nos odiabamos prácticamente, a esos momentos, en los cuales no entendíamos que eramos del otro, había ocurrido.
En fin, me senté en el suelo, ya que mi cama había sido usurpada como el trono de la Reina, y cerré los ojos. Antes de darme cuenta estaba dormida.

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