No
pasó mucho hasta que Ciro se quedó dormido, y a mí no me costó mantenerme
despierta para cuando Yuki entró, sigilosamente, en mi cuarto. Lo dejé a Ciro
en la cama con una sonrisa, a pesar de todo, me sentía feliz.
Salí
con ella del cuarto y cerré con cautela la puerta. Con una sonrisa le di la
bienvenida, agradeciendo el hecho de que la chica se sentía lo bastante
nerviosa para que su brillo no fuese algo que me torturara, aunque con esa
simple sonrisa logré hacer que su mirada alumbrara el pasillo.
-
¿Querías hablarme? – preguntó.
Acentí.
-
Quiero saber si pensaste lo mismo que yo en
cuanto a lo que está pasando.
-
No… no entiendo. – se quejó ella con cierto
miedo, aunque me imagine que era a que pensara que era tonta.
-
A las dos nos pasó lo mismo, ambas tuvimos
recuerdos de algo que no parecía de esta vida. Son recuerdos, recuerdos,
Yuki. – insistí – Ella estuvo en serio viva, y ahora tiene que volver.
-
¿Quién?
-
¡La reina Caramelle! – exclamé, sintiendome muy
estúpida, ya que el “reina” lo sentía de más antes de mi nombre – Ciro me contó…
-
¡Ah, cierto! Ya me parecía conocido tu nombre…
no me sorprende que él te lo hubiera puesto.
Me ruboricé.
-
¿Por?
-
Porque siempre le gustaron sus historias, hasta
me las contaba a veces. Siempre quisimos que estuviera, aunque creo que el se
creía que era verdad…
-
Lo era. – dije contra mi voluntad, lo unico que
hacía saber la admiración que Ciro sentía por ella era bronca – Lo es –
continué recordandome que tenía algo que hacer -. Date cuenta que todo esto no
es un cuento.
-
¿Y que tiene que ver los recuerdos con esa
reina o con lo que vamos a hacer?
Dudé por un segundo. ¿Le contaba la
farsa que eran sus padres o me guardaba ese secreto? Era inocente, pero ya
entendía lo que estaba pasando. Si me iba a ayudar, tenía que saber con qué me iba a ayudar.
-
¿Tendrías algún problema si mi teoría tiene que
ver con ellos? – pregunté con
cautela, tomando como hecho que ellos
eran sus padres.
-
No, ya estoy preparada para casi cualquier
cosa.
Entonces le expliqué. No era casualidad
que todas sus instrucciones nos llevaran a nada más que muertes, las cuales no
parecieron afectar demasiado a esos dos, y ahora estuvieramos en la nada. Me
querían sacar del mapa, a mí, la supuesta “elegida” por todas esas profecías
que podría llegar a sacar al mundo de esa situación tan desesperante. ¿Por qué,
siendo los líderes que velaban por el bien de su reino, querían sacar de encima
a esa persona que iba a ayudar a su mundo antes
de que lo hiciera? Yo le encontraría el sentido si fuese así, ayudo a todos
y después me matan, ya que sería muy posible que después de todo, terminara
intentando sacarles el poder y darselo a otro un poco mas inteligente o, como
me parecía mejor, hacer que todo volviera al estilo de antes. El sistema antiguo tenía demasiadas fallas…
pensé en un momento, pero sacudí la cabeza para eludirlo, no era algo que
tuviera que importarme.
Basandome en los hechos, no sorprendería
a nadie que vio y escucho lo que nosotros saber qué estaban tramando. Ellos no
querían el bien de todos, solo el suyo. No podía quejarme de eso, porque por lo
general nadie piensa, en realidad, en los demás. Sin embargo, ellos sabían que
su vida, su reino lleno de fraudes, iba a cambiar radicalmente si el mundo
volvía a ser el de antes. Terminaría volviendo a ser un mundo separado o a ser
el mismo reino de la Reina. Habíamos
visto el escondite, donde habían claras pruebas de una reina anterior, habíamos
escuchado la charla, donde dejaban claro de que harían lo que fuese por sacarme
del medio, teníamos los recuerdos que habíamos tenido Yuki y yo, teníamos
pruebas de que la corona había sido robada e incluso, según lo sentí yo,
violada al sacar sus joyas y haberlas puesto en otras partes.
A lo que me había llevado a pensar esto
era en que era una especie de… ¿defensora? No sabía, solo sabía que de algún
modo tenía que revivir lo desaparecido, lo que creía muerto.
- Claro… - dijo Yuki – No tenemos mucho
fundamento, pero es mejor que nada. Te digo que creo que es así, no debería ser
tan solo una teoría. Aunque… ¿Nunca pensaste en que en realidad fueras vos la
reina?
La miré con una ceja alzada.
-
Si la Reina Caramelle era tan
importante, tan buena, no debo ser yo. Soy poco seria y demasiado infantil, y
ni te digo de caprichosa. Sirvo para las recoluciones, no para reinar.
-
Si vos decis…
Me reí. Por un momento recordé cuando
todo había empezado, que creía que era imposible de doblegar con problemas de
esta misma clase, no tenía secretos. Como habían cambiado las cosas…
Yuki entró conmigo al cuarto, me hubiera
gustado ir a otra parte, pero no podía estar demasiado lejos de Ciro por culpa
de las uniones.
-
¿Te diste cuenta que casi todas las preguntas
que parecíamos hacernos se resolvieron? – preguntó ella en voz baja,
acostandose junto a su hermano.
Asentí, aunque no estaba segura a lo que
se refería. ¿Qué preguntas serían las que ella tenía en realidad? No podía decir lo mismo, ella parecía feliz
de que sus preguntas se iban resolviendo, parecía tranquila. Yo, en cambio, a
medida que encontraba mas respuestas, encontraba mas preguntas, y más ansiedad
me daba el no saber otras, que aún no podía contestar, que me hacía desde hacía
mucho tiempo y que recién ahora parecían atacarme con tal ansiedad.
¿Quién era el hombre que nos había
atacado, buscando a Ciro, en la casa verde? ¿Qué habría hecho Seth para que nos
encontraran en el otro siglo? ¿Por qué me quería Roy? ¿Qué haría cuando todo
terminara? ¿Qué tenía que terminar?
Y la peor: ¿Qué tal si nunca terminaba?
Al mirar a Ciro y Yuki supe la
respuesta: seguiría andando con ellos a mi lado.
Empecé a recorrer todo lo que había
vivido con detalle, buscando algo que me indicara lo que fuese, un camino o
algo.
Recordé cuando empezó, que me había
despertado en mi propia cama y, después de un shock,me desmayé. Me devané los
sesos intentando recordar en qué momento, por qué había perdido el
conocimiento. Despues de un rato, recorde la voz, Bienvenida
al mundo real me había dicho. No era una voz
cualquiera… era la de Gekko. Solo en esos momentos me había dado cuenta del
resentimiento en su voz, del odio, pero a la vez de la alegría. Sentí como si
la única razón de no haberme matado antes era que pudiera ver a ese mundo
arruinado, para que me sintiera mal, que sufriera. ¿y si pensaban que yo era la
reina? Sería muy divertido lograr que volviera para arruinarles la vida.
Otra
cosa que recordé era como nos tratabamos con Ciro, él había cambiado mucho, o
eso parecía. De odio, a casi compañerismo, a amistad a… ese beso, y de ahí el
cambio desde el principio, en el cual nos odiabamos prácticamente, a esos
momentos, en los cuales no entendíamos que eramos del otro, había ocurrido.
En
fin, me senté en el suelo, ya que mi cama había sido usurpada como el trono de la Reina , y cerré los ojos.
Antes de darme cuenta estaba dormida.

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