Improvisado 2

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- ¿Quién sos? - preguntó con suma precaución Angélica. Era fría, como costumbre, pero no de un modo intimidante. Lo suficiente como para que la gente se alejara y no la odiara.
- Soy Thomas Black.
Irónico, creyó ella, llamarse así con esos ojos.
- ¿Y se puede saber que hace acá?
- Lo mismo que usted. Olvidar. - respondió, con una sonrisa que sacaba el aliento, pero era también melancólica.
Sacó s
u mirada de la trampa de la araña, del hechizo de esos ojos tan profundos como el mismo vacío.
Olvidar...esa palabra hacía eco en su mente. Quería vaciarla como miles de veces, con ayuda de la bebida. Pero no podía vaciarse. Lo que necesitaba era renovarse. El tema, el problema, era como hacerlo. Su válcula de escape había sido por años un trago, ahora no tenía.
Ahora que había escapado de los ojos de Black, se daba cuenta que solo quería sumergirse en su mirada de nuevo. Pero no se dio el lujo.
- ¿Quién le ha dicho, Señor Black, que yo estoy aquí para olvidar?
- ¿Qué clase de joven con un rostro tan delicado vendría a un bar de mala muerte en año nuevo, observando al suelo con tal tristeza?
Tenía razón. Eso era ella. Una joven con un pasado que olvidar y un futuro que crear. Aunque ya se había vuelto a perder en su mirada, mucho más eficiente que cualquier licor que vaciara y dañara su cuerpo, más poderosa que cualquier droga.
- ¿Me deja acompañarla a su casa?
Ella asintió, quería más de él, más de su mirada.

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