Prologo de un nuevo comienzo

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-          Damas y Caballeros, los hemos traído aquí con una única razón, y lamentamos mucho tener que darles esta noticia…
Miraba a mi alrededor sin escuchar ni media palabra de lo que la presidenta decía. No… no captaba el sentido de semejante reunión. Todos los ciudadanos estaban ahí, mirando con la ansiedad reflejada en sus ojos secos, con las bocas tapadas por sus dedos carcomidos por los nervios.
La plaza parecía estar desierta a pesar de haber mas de un millón de personas ahí afuera, escuchando el aviso. Yo, personalmente, no se que hacía ahí, no quería estar ahí, pero estaba buscando a Santiago, mi mejor amigo, gran genio que se había perdido en la muchedumbre y me llamó, casi llorando, para que lo buscara.
Hice caso omiso al “gran anuncio” y empecé a codear a los expectadores con cierto desprecio, siempre odié a la gente, y aun mas la concentración de ella en un solo lugar, para encontrar a mi amigo.
-          No sé como podré decirles esto a todos ustedes que tan buenos han sido...
-          Tan idiotas como para hacerle caso.
Me callé al instante de darme cuenta de mi idiotes. No era momento de hacer comentarios, no cuando todo un país estaba callado fijándose, con miedo, en que decía una mujer que no sabe hacer mas que meter impuestos a su gente para tener mas plata con la cual pagarle a sus peluqueros y modistas.
Menos cuando todos me podían escuchar, y podían mirarme con odio.
Subi mi capucha maldiciendo en voz baja para que las cámaras no captaran mi rostro y segui caminando.
-          Más allá de su opiniones acerca de mi gobierno…
Mentalmente empecé a cantar “yo soy lo que soy, no tengo que dar excusas por eso…” y perdí el resto de la frase.
De repente encontré una cabeza rubia inconfundible y tomé su brazo con fuerza antes de atraerlo hacia mi, con enojo. Santiago me chistó, estaba serio.
-          Todos ustedes saben los problemas que hemos tenido internacionalmente…
Miré extrañada. ¿Problemas? Sacudí mi cabeza bajo la capucha negra. Tengo que vivir más en este mundo que en el de los libros…
-          A fin y a cabo – siguió la presidenta, ¡por fin! lamento informarles que seremos atacados.
Una oleada de exclamaciones cruzó la audiencia, algunos comenzaron a llorar, otros abrazaron a sus compañeros, otros se quedaron inmóviles, congelados por Medusa, como Santiago. Despues yo la mire con asco, la culpa la tenía ella. Aunque… no lograba caer, aun me sentía en una historia, como si estuviese soñando mi propia historia.
-          Asi que ya saben, tendremos que preparar el ejercito.
Un griterío sonó de fondo. Mujeres desesperadas, hombres quejándose, y algun que otro borracho diciendo incoherencias que gritaban por el simple hecho de ser un gran compatriota desesperado.
Entonces, miré al cielo. Se que suena estúpido, pero para pedir ayuda siempre miro al cielo.
Entonces, los ví.
El ataque había comenzado.
Mientras las bombas caían sentí como si fuese todo en cámara lenta. Vi la primera caer justo en el balcón donde la presidenta se encontraba hablando, y ahora se encontraba destrozada bajo los escombros de su gran palacio hecho por nuestro dinero.
La segunda bomba callo a, fácil, un kilometro mio. Otra mas a mi otro costado. Santiago corrió, pero yo me sentía inútil, no podía coordinar mis pensamientos con mis movimientos. Cuando él tiro de mi brazo intenté seguirlo como si fuera una marioneta, pero no lo logré.
Me caí ahí, varios me pisaron, pero yo ya ni sentía, estaba dormida.

No se cuanto después de aquel desastrozo anunció desperté en un cuarto sin techo, bajo un sol cegador. Me levanté lentamente, me sentía abombada. Mi vista era borrosa, pero distinguía un monton de manchas marrones y amarillas. Cierro dos segundos los ojos y al toque me encuentro con un rostro pegado al mío, que me miraba con los ojos como platos.
Era chico. No debería tener mas de 8 años, con unos rasgos algo raros. No tenía puente en la nariz, y sus ojos eran alargados, aunque su rostro algo gordo. Aleje mi rostro y lo mire. Me sonrio.
-          Tomas, ¿Qué haces? – preguntó un chico que estaba entrando, que no tendría mas de 20 años.
-          Nada, - contestó arrastrando mucho las consonantes – solo me fijaba si se despertó.
-          Bueno, ahora ya te podes ir… - dijo el otro con dulzura.
-          ¡No quiero!
Yo, como siempre, ignoraba toda la discusión. Primero mire con curiosidad a aquel chico de facciones raras, mi cabeza estaba tan bloqueada que tarde en darme cuenta de que tenía síndrome de down. Después miré al otro chico. Era muy moreno y alto, pelo negro potente, ojos iguales y unos labios perfectos.
Sacudí la cabeza. ¿Labios perfectos? ¿Qué me pasaba?
-          ¿Me dejarías a solas al menos?
Tomás balbuceó un par de cosas, pero igual se fue bastante animado.
-          Hola…
-          Hola. – respondí secamente – Es hora de que me digas de que estamos en medio de una apocalipsis zombie y que vos, ese Tomas, una mujer histérica, dos tipos idiotas y yo somos los únicos sobrevivientes. Si no es eso, toma numero y espera.
Entonces me tiré en la cama.
-          Alguien es fanatica de las historias de terror, eh. Bueno, esto es peor. Con un grupo bastante parecido al que me dijiste somos los únicos de nuestro país que están vivos, al menos, eso creemos. Los invasores están cazando a todos esos que aun queden vivos.
Asenti, impresionada por su relato tan relajado de algo tan dramático, y sonreí.
-          Muy bien, llamaste mi atención. – y también saco mi aliento cuando sonrió ante aquel comentario, pero sacudi la cabeza para sacármelo de la mente -  Siga por favor. – y lo invite a que me contara mas con un movimiento autoritario, pero suelto, con la mano.
-          Aah… - duda – no hay mucho mas… supongo que me puedo presentar…
Me levanto sin ganas, como si me pesara el cuerpo.
-          No me prive del placer señor. – bromeé, el rió, y devuelta me robaron la respiración.
-          Me llamo Marcos. – sonríe – Tengo 17 años, casi 18. Y…
-          Sos naturalmente bronceado. – comenté estúpidamente. Él me miró extrañado.
-          Se podría decir…
-          Bueno, yo soy Sakura… - esperó un segundo - ¿no vas a decirme “¡hola Sakura!” como en las juntas de alcoholicos anónimos?
-          No, pero si voy a comentar que es un nombre raro.
-          No, ¿nunca viste “Sakura cardcaptor”? No tenes infancia. – le acusé.
-          Si, me lo vi. – rió.
-          Bien, una cosa menos que explicar, por eso me tenes que comprar cartas… ok, eso fue una broma.
-          ¿Algo de lo que dijiste no lo fue?
Lo miró y asiento.
-          Muy inteligente señor. Bueno, tengo 16, pelo rojo, y no se que hago aca.
-          Estas como todos.

3 comentarios:

Shinigami dijo...

Me gusta, me gusta, promete mucho :3

Unknown dijo...

I LOVE IT

julyy dijo...

raawr! me gusta mucho >w< amo al personaje principal badass xD