El Reino Perdido 5

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Me fui a mi cuarto de vuelta a dormir sintiendome mas tranquila por alguna razón. Al levantarme fui al departamento de Ciro y Yuki. Me sentía tranquila, contenta incluso. Entré con cierta tranquilidad, y al ver que no había nadie en la cocina, me fui al cuarto de Yuki. Tenía muchas ganas de hablar con la chica, no sabía porque.
Toqué la puerta y esta se abrió sola.
-         ¿Yuki? – pregunté abriendo un poco más la puerta, aunque me mantuve afuera.
-         ¿Si…? –  su voz era medio adormilada, intentando levantarse entre las sábanas - ¿Quién es?
-         Soy yo, Caramelle, ¿puedo pasar?
-         Si.
Entonces entré, intentando esconder la sonrisa, y me senté al pié de la cama.
-         ¿Qué pasó? – preguntó.
-         Nada… - entonces me sentí estúpida, estaba ahí sin ninguna razón, ¿a quién le importa? Me pregunté – Solo quería hablar.
Entonces me tiré para atrás, recostándome en la cama, insorportablemente dura. Recién en ese momento me di cuenta de lo mucho que odiaba las camas duras, el colchón en el cual dormía en el palacio era viejo, por lo cual, blando. Pero por alguna razón no me acostumbraba. Yuki se sentó, luchando con las sábanas, de un verde manzana claro, con usagi atrapado en sus brazos. Su mirada iluminaba, literalmente, el cuarto, con ese resplandor amarillo; el brillo era suave, pero preferí no mirarla directo a los ojos, para no encandilarme. Me reí, me parecía dulce como se alegraba al verme ahí. Sabía que era la persona mas cercana a una amiga, aunque no estaba segura de si las cosas que generalmente se les cuentan a las amigas de la misma edad, que comprendían ciertas cosas que no podría entender una chica de menor edad, o incluso mayor. Pero siempre valía la pena tener alguien con quien hablar, entendiera o no, tuviese la edad que tuviese, era algo solo para… distraerse.
-         ¿De qué? – siguió cuestionando. Yuki parecía madura, pero no era distinta a cualquier chica de su edad, necesitaban saber todo lo que iban a hacer y hacer algo todo el tiempo, tenían esa curiosidad insaciable. Era agobiante, pero a la vez entretenido.
-         De lo que quieras. – contesté, acariciando al suave peluche en manos de Yuki – Parece contenta con vos.
-         Que bueno. – dijo ella - ¿Seguis sin recordar nada?
-         Si, aunque mejor así. – contesté con honestidad – Estoy feliz así, cualquier recuerdo sería como… una distracción. Se mentiría mal, y la verdad es que estoy en otra y no quiero que me arruine algo que nunca voy a tener.
Se hizo un silencio, me sentía como si no estuviera ahí, hablar con Yuki era como hablar sola, en cierto punto, porque no te incomodaba, fue entonces que me di cuenta que esa chica era peligrosa: le podías contar cualquier cosa sin darte cuenta. Sin embargo confiaba plenamente en ella. Me escucho en silencio y después de un rato, en el cual nada se dijo, comentó, con alegría:
-         Entonces sos tan feliz con nosotros que no querés que otra cosa te distraiga. – tradujo mis palabras en, lo que a mí me parecía, la cruda verdad. Me ruboricé un poco, no me gustaba decir lo que sentía por los demas.
-         Eh… - dudé un segundo – Supongo…
-         No te avergüences, podes contarme esas cosas. – dijo, casi quejandose – Después de todo, somos amigas, ¿no?
Pareció preocupada por un momento, como si realmente dudara de que yo la viese como una amiga. Le sonreí.
-         ¿Qué te parece? – pregunté – Aunque… ¿Cómo vas a pagarme por dudar así de mi? – pregunté en broma.
-         ¿Qué…?
Entonces me reí, era demasiado inocente. La abracé y propuse desayunar algo. Obviamente, Yuki me siguió como un pato bebé a la pata mayor. Sabía que Yuki me seguiría siempre, lo que me divertía. Podría ayudarla, después de todo, parecía estar convirtiendome en su hermana mayor, y sentía que podría hacer más por ella de lo que Ciro podría. Aunque… tenía terror de ser una intrusa. Terror, esa era la verdad, que para mi desgracia, me hacía parecer patética.
Me quedé parada ante la duda de qué comer. Por eso me parecía tan genial Ciro: era fuerte, tierno, aparentemente inteligente, sarcástico, en otras palabras, todo lo que un hombre tenía que tener, pero además, cocinaba. Eso era algo muy importante, porque yo no sabía hacerlo, y me encantaba que hicieran ese tipo de cosas para mi.
Me puse a buscar algo en la heladera, pero la mayoría de las cosas eran para hacer… era como leer algo en otro idioma. Sentí un arrebato de odio hacia mi inutilidad, era una mujer que no sabía cocinar. Por suerte mi orgullo volvió, al apoyarse mi inutilidad en mis pensamientos liberales: ¿Por qué tenía que saber cocinar, solo porque era mujer? Callate me obligue, mientras buscaba algo para comer.
Entonces sentí una mano que me apartaba con una risa suave pero extremadamente burlona. Me encontré con esos ojos esmeralda por un segundo, mientras que me obligaba a sentarme en la mesa. Ahí vino mi gladiador a salvarme…
-         ¿Qué nos vas a hacer, perro? – pregunté divertida, mientras me ponía comoda.
-         Algo, porque aparentemente vos no podes hacer nada.
Se estaba burlando de mí, pero no me ofendió del mismo modo que lo había hecho cuando se burló de mi horrible declaración.
-         Callate. – le obligué entre risas.
-         ¡Quiero algo dulce! – pidió Yuki con un tono lleno de emoción por algo, supuse que por ver como nos llevabamos su hermano y yo… me puse nerviosa, pero intente olvidarlo para volver a sonreir.
-         ¡Yo también! – acordé – Asi que apurate, pocas cosas son tan peligrosas como dos chicas con hambre a las altas horas de la mañana.
-         Corrección: pocas cosas son tan peligrosas como mi hermana y vos aliadas con hambre a la mañana. – corrigió Ciro, sin mirar.
-         Exacto, siempre es bueno que nos entiendas. – dije riendo con Yuki.
Todo parecía perfecto, aunque no podía sacarme de la cabeza lo que había pasado el día anterior. No podía evitar el sonreir por el alivio que sentía al ver a Yuki y a Ciro contentos, reían, parecían olvidar lo que yo matenía patente en mi cabeza. Sabía que Ciro estaba peor que yo. El había sufrido más… pero haría lo que fuese para remediar ese dolor, aunque me lo quedara todo yo. Una idea un tanto suicida, aunque por alguna razón no me pareció rara viniendo de mí.
Fue entonces, en medio de las risas, que llegaron los padres de los chicos. Una sensación de paranoía me ataco. Al instante la deseche, aunque entendía lo que me pasaba: teníamos que darles explicaciones a esos dos, contarles la muerte de sus sobrinos, después de vernos reir. Era algo que parecía muy desamorado o poco humano.
Al toque pidieron explicaciones, y yo me sentía demasiado mareada para explicar o prestar atención por las palabras que Gekko me había dicho, que parecían acusarme con crueldad, haciendo que me sintiera peor por todo lo que había pasado de lo que me sentía antes: va a ser culpa de ella. Lo que había pasado era mi culpa… ellos sabían que Ciro iba a resultar un problema, o mejor dicho, iba a tener un problema. Ahora, él había matado a Seth, teníamos un compañero menos y Ciro tenía la carga de su muerte. Y ellos tenían razón, yo había insistido en que se metiera en esto, todo era mí culpa.
Intenté olvidarlo, no dejaría que ellos se dieran cuenta de mi odio a mi misma, no les daría tal satisfacción. Yo era fuerte, tenía que demostrarlo, olvidarme de mis problemas y sonreirle a la vida, que no siempre me daba cosas buenas, pero no me podía quejar de ella. Tenía una amiga que era como mi hermanita, que me seguía siempre, tenía a mi chico que parecía quererme… tenía toda la ayuda, todo el apoyo sentimental que necesitaba. Ciro explicó lo sucedido con una precisión y valentía admirable. Se enfrentaba a la realidad con la frente en alto, sin importar lo dolorosa que podía ser. Lo había juzgado mal, pensé que era un negador, ahora me daba cuenta que era mas valeroso de lo que pensaba antes.
Sonreí para infundirle valor y apoyo cuando nuestras miradas se cruzaron, y pareció hacer efecto. Me sonrió de vuelta y volvió a encararse a sus padres, los cuales los miraban con seriedad. Ya se habían sentado y alternaban sus miradas entre él y yo.
-         Teniamos razón, hijo. Te dijimos que ibas a arruinarlo todo. – acusó Gekko. Me dio asco, en especial la madre, la cual se suponía que debía intervenir a favor de su hijo. Son mala gente, no lo van a hacer. Me dije.
-         ¡No, no la tienen! – exclamé, intentando calmar mi enojo, levantandome - ¿Cómo pueden pensar eso de su hijo, con todo lo que pasó? ¿Son sus padres o qué? ¡Si no hubiese sido por él, es posible que ni siquiera este viva! Y no fue su culpa, como ya les conto su hijo, estaba poseído, se vio torturado por su sobrino. ¡No es su culpa! – si quería fingir tranquilidad, esconder mi furia, lo hice muy mal.
-         Tenés razón, después de todo, te habíamos dicho algo, es culpa. – respondió Gekko a mis quejas.
Me callé por un segundo, pero antes de que Ciro pudiese quejarse, hable.
-         Perfecto, no tengo problema, soy la persona que mejor se adapta a su necesidad.
-         ¿Necesidad? – preguntó la madre, cuyo nombre no sabía.
-         ¡La de culpar a alguien! Dejenlo en paz, ya tuvo suficiente.
Con esas palabras me volví a sentar, como si estuviera agotada, pero estaba furiosa. Después pense, ¿Qué me harían? No me podían hacer nada en realidad, me necesitaban, ¿no?
Vi que Ciro me dejaba algo en frente mio, un plato, pero ya no tenía hambre. Estaba molesta. Podría jurar que escuche venir de Gekko algo como: tan metida como siempre o tan prepotente, sería imposible saber, el tiempo que pasaba intentarlo descifrar sus palabras solo hacía que se distoricionaran más y más en mi mente.
-         No tenes que intervenir por mí, esta bien, no me importa en realidad sus regaños. – anunció Ciro mirando a sus padres con odio. Quise abrir la boca para discutir, pero ya no tendría sentido, y tenía demasiada hambre para hablar.
-         Andate a tu cuarto, ya vamos a hablar con vos. – ordenó la mujer a Ciro.
-         ¿A mi cuarto? ¡Ya no tengo diez años! – se quejó.
-         ¡Anda! – exclamó la madre, y este, sin nada más que un gruñido, se fue.
No sabía qué decir. Vi como se iba de la cocina y me sentí culpable por no poder intervenir en su favor. ¿Qué mas da? Me pregunte, aunque mire a Yuki, a ver si hacía algo, pero ella solo miraba al suelo.
-         No se si te das cuenta de las cosas que haces. – dijo Gekko, sorprendiendonos a Yuki y a mi – Todos sabemos que fue tu culpa, incluso vos. Lo sorprendente es que seguis arruinando todo. Esperemos que no hagas lo mismo en el proximo viaje.
Al decir esto se fue con su mujer, supuse que al cuarto de su hijo.
Por lo menos… por lo menos ahora sabía que algo me esperaba, tenía una misión. Pero solo me podía hacer una pregunta: ¿Por qué me odian tanto, si no me conocen?

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