Reino Perdido 7

|

Tuvimos que esperar a que los padres volvieran al departamento para probar las uniones. Mientras tanto, probamos las distancias que podíamos tomar con Ciro, ya que muy lejos el uno del otro no podríamos estar.
Al principio pareció un tanto decepcionante. Corrí con Yuki por todo el palacio, el cual eran cuadras y cuadras de pasadizos, divirtiendonos al principio, pero mi pésima resistencia me jugaba en contra, ya que después de lo que calcule como una cuadra y media corriendo estuve al borde del desmayo. Me tomé las rodillas e intenté respirar entre las risas de vergüenza.
-         ¿Qué te pasa? – preguntó la chica un tanto preocupada.
-         Nada… es que no puedo correr mucho…
Entonces escuchamos unos pasos, y ambas dirijimos las miradas al lado de donde parecían provenir los sonidos con cierta alerta. El pasillo era como muchos otros, aunque tenía una perturbadora diferencia: no tenía continuación. Habíamos corrido sin sentido, y la gran mayoría de aquellos pasajes tenían otros a su vez. Este en cambio, desde que habíamos tomado su camino, no habíamos visto ningún otro que se conectara y, lo peor del caso, estaba a punto de terminar. Nos faltaban unos pocos metros aún para llegar a esa pared, pero no podría llegar. Por un momento sentí como si ese lugar me fuese conocido, pero no era una sensación rara, era más pícara, como si algo que recordaba con felicidad, aunque vergüenza, hubiese pasado ahí. Era un lugar que sentía como confidencial, aunque sabía que sería difícil volver si quisiera…
Entonces empezamos a escuchar ciertos insultos, obviamente provenientes de la boca de Ciro, que se acercaban más y más. Miré hacía donde se oían las quejas de Ciro, reprimiendo la risa mientras veía a ese gladiador sometido bajo el poder de una pulsera dorada. Con el brazo izquierdo frente a él, como si alguien tirara de su muñeca, dando tropezones. Sentí cierta presión en mi muñeca derecha, donde estaba la unión, que me quería llevar a Ciro, aunque claramente, no era la misma que él sentía, ya que parecía obligarlo a venir a mí. Sonreí ante aquel hecho, y hubiese hecho un comentario, como: sabía que no podías estar demasiado tiempo sin mí o algo por el estilo, pero en cuanto abri la boca, el calló sobre mí, logrando que chocara contra la pared y darme un buen golpe en la cabeza, sintiendo algo hueco. Al cabo de menos de segundos, estabamos tirados en el piso, con Ciro encima mío. En cuanto me miró, pareció ruborizarse por un instante, pero su vergüenza pasó a ser una sonrisa arrogante y llamativa, con su mirada tentadora.
Me reí y lo tiré a un costado, estaba un tanto incómoda. Entonces me senté y le volví a dirijir mi mirada, aunque ahora era un tanto inquisitiva.
-         Tenías razón, - le dije – ninguno se va a poder escapar.
Me dedicó una gran sonrisa, y yo posé mi mano donde me había golpeado. Me estaba mareando, y al poco se nubló mi visión, aunque tan levemente que no resultaría difícil fingir, sin embargo, los otros dos ya parecían haberse dado cuenta.
-         ¿Estas bien? – preguntó Ciro, inclinandose a mi lado.
-         Si, no es nada, solo un golpe. – respondí con indiferencia, levantandome con un poco de dificultad.
Entonces recordé lo que había sentido al golpearme: una pared hueca. ¿Hueca? No entendía como podría serlo la pared esa…
Me di vuelta y empecé a buscar algun indicio en la pared de que hubiese algo. Sabía que ya tenía lo que necesitaba, pero la curiosidad me ganaba.
-         ¿Qué buscas? – preguntó Yuki, ocupando el lugar a mi costado, buscando por algo tambien.
-         Esta pared es hueca… - empecé a explicar, pero en cuanto me dí vuelta para mirarlos a las caras, ellos me dedicaban una expresión burlona y de poca comprensión, ¡no estoy loca! Quise gritar, pero no tenía sentido. ¿Cómo podía ser que dos personas tan distintas creyeran lo mismo? Bueno, eran hermanos, y esos dos, en especial, parecían venir de un paquete de los hijos mas desobedientes conocidos.
-         Si, ¿y? – preguntó Ciro.
-         Que podría haber algo escondido…
-         Si, como otro pasillo o el salón principal. – continuó su hermana.
-         Pero, ¿y si hay algo más? ¡Por favor! – pedí, aunque antes de suplicar, decidí optar por otra manera de persuadirlos – No van a desconfiar de mí después de encontrar el escondite de las uniones…
Era mejor que una súplica por lo menos.
-         ¡Vamos! – exclamé y ambos se quejaron.
-         Ademas, no sabemos ni que tenemos que buscar aca adentro… - comentó Ciro, golpeando levemente la pared hueca, aunque no pudo seguir dado a un estruendo.
Todos dirigimos las miradas a lo que era como un gran agujero, y me dí cuenta, antes que todos, que lo que parecía una puerta en esa pared hueca se había derribado.
-         Siempre supe que eras brusco, Ciro, pero nunca pensé en tan extremo de derribar paredes con un golpe. – bromeé.
-         Hay tantas cosas que no sabes de mi… - contestó en el mismo tono con una sonrisa, entrando antes de todos a aquel extraño lugar.
-         ¿Qué es esto? – preguntó Yuki, entrando antes que yo.
-         Un misterio… - contesté con un tono juguetón, con intenciones de animarla a entrar.
Entré última a la sala más oscura que había visto en mi vida, aunque jamás creí que Yuki sería tan útil. Con mi última frase la había animado lo suficiente como para que su mirada alumbrara toda la sala, aunque por un momento no quise que fuese así.
Empezamos a ver esas cosas, que parecían fotos, páginas escritas, todo era raro.
Había una corona, toda partida, a la cual le habían sacado todas sus gemas menos una única, del tamaño de mi uña del dedo meñique, de un rojo, sospechosamente igual al del resto… La sentí tan conocida… casi como si fuese mía. Entonces me di cuenta: era la de mis sueños. La tomé, sentí como si fuese un sacrilegio su estado. ¿Cómo podía estar tan destrozada? Las imágenes de mis sueños se volvían nítidas, y ante el miedo de recordar algo más, la solté.
Seguí mirando las fotos, eran todas del palacio, pero en sus ventanas podría jurar de ver el brillo del sol. Había una, que me llamó principalmente la atención, era una chica, de pelo castaño y rulos, de espalda a la cámara. Era imposible el no reconocer la corona, aunque ahora estaba completa, en un perfecto y asombroso estado. En frente suyo, cuyo rostro era apenas perceptible para la vista, había un chico, de pelo negro, bastante alto, que miraba extrañado a la cámara. Supe al instante que era el chico con el que había soñado… supe que era Ciro.
Por un momento me pregunte si todo esto estaba vinculado con mi pasado o… otro tiempo.
¿Por qué me sentía tan rara? Estas cosas me ponían los pelos de punta.
Entonces me sentí intranquila, como el presentimiento de que alguien iba a aparecer. Hasta el momento había ignorado todos los comentarios de los dos hermanos, pero en cuanto supe que no era buena idea quedarse ahí, ordené a ambos, con una voz un tanto ausente, a irnos, guardando la foto en mi bolsillo. Despues de levantar la puerta y dejar la pared un poco presentable, para que no fuese tan obvio, salimos a las apuradas de ese pasillo. Note que Yuki marcaba las paredes con un marcador, no muy perceptible a simple vista, aunque una técnica muy inteligente. Cuando me dirigió una mirada culpable le sonreí con complicidad. Ciro aún no se daba cuenta de lo que hacía su hermana, al caminar frente de nosotras dos.
Al rato volvimos a vernos acorralados por los múltiples caminos y todos nos sentimos un poco más cómodos, aunque yo aún estaba alerta.
Al poco escuche pisadas, y sabía que no sería Ciro tropezándose para llegar a mí por la atracción de las uniones, eran varias pisadas, que se acercaban a nosotros. Automáticamente, tiré de Yuki y Ciro para atrás y me aseguré de estar bien escodidos detrás de una pared de los pasadizos, donde las pisadas nunca nos encontrarían… si teníamos suerte.
Gekko, su mujer y Ryota, quien se veía un tanto asustado, estaban ahí. El último se refregaba frenéticamente las manos, y el matrimonio parecía un tanto molesto, y automáticamente lo asocié conmigo.
-         ¿Para que venimos acá? – preguntó Ryota.
-         Para asegurarnos de que no nos escuchen. – contestó Gekko.
-         Deberiamos irnos… - susurró Ciro, un tanto preocupado – Si nos encuentran…
-         Tranquilo, no te pueden ver. – respondí alzando la muñeca derecha haciendole ver que las uniones lo protegían.
-         No me importa que me agarren a mí, tampoco a Yuki, no nos harían nada, pero a vos…
-         No me importa, quiero escuchar.
-         … tenemos que asegurarnos de que la reina no vuelva. – continuó hablando la mujer. ¿Reina? ¿No es ella? ¿a que se refiere?
-         Si, por eso tenemos que sacarla del medio.
Era obvio que esa sí era yo.
-         Pero la necesitamos… - se quejó Ryota – Sin ella no vamos a poder volver a lo que era antes…
-         ¡Es que es eso mismo lo que no queremos! Nuestra intencion no es matarla, no nos conviene, solo lograríamos que nuestros hijos se enojen, y a menos que la sigan, nos van a hacer la vida imposible. – explicó Gekko.
Todos nos quedamos helados con esa contestación. Yuki se veía un tanto herida y Ciro había largado una silenciosa y amarga carcajada, sabía lo que pensaba: era obvio. Abracé a Yuki y posé apenas una mano sobre el hombro de Ciro mientras los obligaba a seguir por el pasillo ese. Ya habían escuchado demasiado.
Ya había escuchado yo lo suficiente como para saber que me querían sacar de encima, lo suficiente para saber que me temían.
Suprimí la sonrisa de satisfacción ante el hecho de que era más poderosa de lo que me imaginaba, ante el hecho de que yo representaba una amenaza contra ellos, e iba a usar ese poder.
Aunque mientras mas pasaba el tiempo mas me costaba el concentrarme en los hermanos y más me preguntaba quien era la reina, porque sabía que no era la mujer de Gekko, cuyo nombre no sabía y eso me desesperaba.
Tenía que averiguar, y para eso, iba a encararlos con la ayuda del mejor cómplice que me podría imaginar: Ciro.

0 comentarios: