Tuvimos que esperar a que los padres volvieran al
departamento para probar las uniones. Mientras tanto, probamos las distancias
que podíamos tomar con Ciro, ya que muy lejos el uno del otro no podríamos
estar.
Al principio pareció un tanto decepcionante. Corrí con
Yuki por todo el palacio, el cual eran cuadras y cuadras de pasadizos,
divirtiendonos al principio, pero mi pésima resistencia me jugaba en contra, ya
que después de lo que calcule como una cuadra y media corriendo estuve al borde
del desmayo. Me tomé las rodillas e intenté respirar entre las risas de
vergüenza.
-
¿Qué te pasa? –
preguntó la chica un tanto preocupada.
-
Nada… es que no puedo
correr mucho…
Entonces
escuchamos unos pasos, y ambas dirijimos las miradas al lado de donde parecían
provenir los sonidos con cierta alerta. El pasillo era como muchos otros,
aunque tenía una perturbadora diferencia: no tenía continuación. Habíamos
corrido sin sentido, y la gran mayoría de aquellos pasajes tenían otros a su
vez. Este en cambio, desde que habíamos tomado su camino, no habíamos visto
ningún otro que se conectara y, lo peor del caso, estaba a punto de terminar. Nos
faltaban unos pocos metros aún para llegar a esa pared, pero no podría llegar.
Por un momento sentí como si ese lugar me fuese conocido, pero no era una
sensación rara, era más pícara, como si algo que recordaba con felicidad,
aunque vergüenza, hubiese pasado ahí. Era un lugar que sentía como
confidencial, aunque sabía que sería difícil volver si quisiera…
Entonces
empezamos a escuchar ciertos insultos, obviamente provenientes de la boca de
Ciro, que se acercaban más y más. Miré hacía donde se oían las quejas de Ciro,
reprimiendo la risa mientras veía a ese gladiador sometido bajo el poder de una
pulsera dorada. Con el brazo izquierdo frente a él, como si alguien tirara de
su muñeca, dando tropezones. Sentí cierta presión en mi muñeca derecha, donde
estaba la unión, que me quería llevar a Ciro, aunque claramente, no era la
misma que él sentía, ya que parecía obligarlo a venir a mí. Sonreí ante aquel
hecho, y hubiese hecho un comentario, como: sabía
que no podías estar demasiado tiempo sin mí o algo por el estilo, pero en
cuanto abri la boca, el calló sobre mí, logrando que chocara contra la pared y
darme un buen golpe en la cabeza, sintiendo algo hueco. Al cabo de menos de
segundos, estabamos tirados en el piso, con Ciro encima mío. En cuanto me miró,
pareció ruborizarse por un instante, pero su vergüenza pasó a ser una sonrisa
arrogante y llamativa, con su mirada tentadora.
Me
reí y lo tiré a un costado, estaba un tanto incómoda. Entonces me senté y le
volví a dirijir mi mirada, aunque ahora era un tanto inquisitiva.
-
Tenías razón, - le dije
– ninguno se va a poder escapar.
Me
dedicó una gran sonrisa, y yo posé mi mano donde me había golpeado. Me estaba
mareando, y al poco se nubló mi visión, aunque tan levemente que no resultaría
difícil fingir, sin embargo, los otros dos ya parecían haberse dado cuenta.
-
¿Estas bien? – preguntó
Ciro, inclinandose a mi lado.
-
Si, no es nada, solo un
golpe. – respondí con indiferencia, levantandome con un poco de dificultad.
Entonces
recordé lo que había sentido al golpearme: una pared hueca. ¿Hueca? No entendía
como podría serlo la pared esa…
Me
di vuelta y empecé a buscar algun indicio en la pared de que hubiese algo.
Sabía que ya tenía lo que necesitaba, pero la curiosidad me ganaba.
-
¿Qué buscas? – preguntó
Yuki, ocupando el lugar a mi costado, buscando por algo tambien.
-
Esta pared es hueca… -
empecé a explicar, pero en cuanto me dí vuelta para mirarlos a las caras, ellos
me dedicaban una expresión burlona y de poca comprensión, ¡no estoy loca! Quise gritar, pero no tenía sentido. ¿Cómo podía
ser que dos personas tan distintas creyeran lo mismo? Bueno, eran hermanos, y
esos dos, en especial, parecían venir de un paquete de los hijos mas
desobedientes conocidos.
-
Si, ¿y? – preguntó
Ciro.
-
Que podría haber algo
escondido…
-
Si, como otro pasillo o
el salón principal. – continuó su hermana.
-
Pero, ¿y si hay algo
más? ¡Por favor! – pedí, aunque antes de suplicar, decidí optar por otra manera
de persuadirlos – No van a desconfiar de mí después de encontrar el escondite
de las uniones…
Era
mejor que una súplica por lo menos.
-
¡Vamos! – exclamé y
ambos se quejaron.
-
Ademas, no sabemos ni
que tenemos que buscar aca adentro… - comentó Ciro, golpeando levemente la
pared hueca, aunque no pudo seguir dado a un estruendo.
Todos
dirigimos las miradas a lo que era como un gran agujero, y me dí cuenta, antes
que todos, que lo que parecía una puerta en esa pared hueca se había derribado.
-
Siempre supe que eras
brusco, Ciro, pero nunca pensé en tan extremo de derribar paredes con un golpe.
– bromeé.
-
Hay tantas cosas que no
sabes de mi… - contestó en el mismo tono con una sonrisa, entrando antes de
todos a aquel extraño lugar.
-
¿Qué es esto? –
preguntó Yuki, entrando antes que yo.
-
Un misterio… - contesté
con un tono juguetón, con intenciones de animarla a entrar.
Entré última a la sala más oscura que
había visto en mi vida, aunque jamás creí que Yuki sería tan útil. Con mi
última frase la había animado lo suficiente como para que su mirada alumbrara
toda la sala, aunque por un momento no quise que fuese así.
Empezamos a ver esas cosas, que parecían
fotos, páginas escritas, todo era raro.
Había una corona, toda partida, a la
cual le habían sacado todas sus gemas menos una única, del tamaño de mi uña del
dedo meñique, de un rojo, sospechosamente igual al del resto… La sentí tan
conocida… casi como si fuese mía. Entonces me di cuenta: era la de mis sueños.
La tomé, sentí como si fuese un sacrilegio su estado. ¿Cómo podía estar tan
destrozada? Las imágenes de mis sueños se volvían nítidas, y ante el miedo de
recordar algo más, la solté.
Seguí mirando las fotos, eran todas del
palacio, pero en sus ventanas podría jurar de ver el brillo del sol. Había una,
que me llamó principalmente la atención, era una chica, de pelo castaño y
rulos, de espalda a la cámara. Era imposible el no reconocer la corona, aunque
ahora estaba completa, en un perfecto y asombroso estado. En frente suyo, cuyo
rostro era apenas perceptible para la vista, había un chico, de pelo negro,
bastante alto, que miraba extrañado a la cámara. Supe al instante que era el
chico con el que había soñado… supe que era Ciro.
Por un momento me pregunte si todo esto
estaba vinculado con mi pasado o… otro tiempo.
¿Por qué me sentía tan rara? Estas cosas
me ponían los pelos de punta.
Entonces me sentí intranquila, como el
presentimiento de que alguien iba a aparecer. Hasta el momento había ignorado
todos los comentarios de los dos hermanos, pero en cuanto supe que no era buena
idea quedarse ahí, ordené a ambos, con una voz un tanto ausente, a irnos,
guardando la foto en mi bolsillo. Despues de levantar la puerta y dejar la
pared un poco presentable, para que no fuese tan obvio, salimos a las apuradas
de ese pasillo. Note que Yuki marcaba las paredes con un marcador, no muy
perceptible a simple vista, aunque una técnica muy inteligente. Cuando me
dirigió una mirada culpable le sonreí con complicidad. Ciro aún no se daba
cuenta de lo que hacía su hermana, al caminar frente de nosotras dos.
Al rato volvimos a vernos acorralados
por los múltiples caminos y todos nos sentimos un poco más cómodos, aunque yo
aún estaba alerta.
Al poco escuche pisadas, y sabía que no
sería Ciro tropezándose para llegar a mí por la atracción de las uniones, eran
varias pisadas, que se acercaban a nosotros. Automáticamente, tiré de Yuki y
Ciro para atrás y me aseguré de estar bien escodidos detrás de una pared de los
pasadizos, donde las pisadas nunca nos encontrarían… si teníamos suerte.
Gekko, su mujer y Ryota, quien se veía
un tanto asustado, estaban ahí. El último se refregaba frenéticamente las
manos, y el matrimonio parecía un tanto molesto, y automáticamente lo asocié
conmigo.
-
¿Para que venimos acá? – preguntó Ryota.
-
Para asegurarnos de que no nos escuchen. –
contestó Gekko.
-
Deberiamos irnos… - susurró Ciro, un tanto
preocupado – Si nos encuentran…
-
Tranquilo, no te pueden ver. – respondí alzando
la muñeca derecha haciendole ver que las uniones lo protegían.
-
No me importa que me agarren a mí, tampoco a
Yuki, no nos harían nada, pero a vos…
-
No me importa, quiero escuchar.
-
… tenemos que asegurarnos de que la reina no
vuelva. – continuó hablando la mujer. ¿Reina? ¿No es ella? ¿a que se refiere?
-
Si, por eso tenemos que sacarla del medio.
Era obvio que esa sí era yo.
-
Pero la necesitamos… - se quejó Ryota – Sin
ella no vamos a poder volver a lo que era antes…
-
¡Es que es eso mismo lo que no queremos!
Nuestra intencion no es matarla, no nos conviene, solo lograríamos que nuestros
hijos se enojen, y a menos que la sigan, nos van a hacer la vida imposible. –
explicó Gekko.
Todos nos quedamos helados con esa
contestación. Yuki se veía un tanto herida y Ciro había largado una silenciosa
y amarga carcajada, sabía lo que pensaba: era
obvio. Abracé a Yuki y posé apenas una mano sobre el hombro de Ciro
mientras los obligaba a seguir por el pasillo ese. Ya habían escuchado
demasiado.
Ya había escuchado yo lo suficiente como
para saber que me querían sacar de encima, lo suficiente para saber que me
temían.
Suprimí la sonrisa de satisfacción ante
el hecho de que era más poderosa de lo que me imaginaba, ante el hecho de que
yo representaba una amenaza contra ellos, e iba a usar ese poder.
Aunque mientras mas pasaba el tiempo mas
me costaba el concentrarme en los hermanos y más me preguntaba quien era la
reina, porque sabía que no era la mujer de Gekko, cuyo nombre no sabía y eso me
desesperaba.
Tenía que averiguar, y para eso, iba a
encararlos con la ayuda del mejor cómplice que me podría imaginar: Ciro.

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