Reino Perdido 8

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¿Quién mejor para ayudarme a doblegar a esos dos que su propio hijo?
Habíamos logrado llegar nuevamente a la sala principal, y antes de que ellos fueran a su departamento, creí una mejor idea volverlos a sacar del palacio. Una vez afuera, les dejé hablar en libertad, pero ninguno de los dos encontraban las palabras necesarias para expresarse. La primera que pudo hablar, después de unos diez minutos caminando, fue Yuki, sentandose apesumbrada en el suelo.
-         Tenías razón Ciro, son unos idiotas.
No pude evitar el notar que se le abalanzaban las lágrimas en los ojos.
-         Y si. – respondió él, sentandose a su lado.
Me senté al lado de la chica, pasandole un brazo por los hombros. Me sentía culpable sintiendome tan inspirada ante la charla que habíamos escuchado en los pasillos.
No quise decir nada, repito que siempre, pasado, presente y futuro, incluso en mis vida anterior, fui y seré la peor persona para  animar a esos que se sienten mal con algo. Me limito, como en ese momento, en estar a su lado, con la boca cerrada y poner una mano en el hombro, sin olvidar mi sonrisa estúpidamente forzada.
Nadie dijo nada por un buen rato, en el cual Yuki se apoyó sobre mí y, podría jurar, se quedó dormida.
-         Gracias por no decir nada. – dijo Ciro, en cuanto nos aseguramos de que la chica estaba dormida – A veces es mejor que dejar que esto se pase solo.
-         No hay de qué, mejor callarse a decir estupideces. De todos modos, ¿estas bien? – me atreví a preguntar.
-         Si, a mi no me importa, son unos idiotas y siempre lo supe. – explicó, aunque no le creí – De todos modos, estoy preocupado por ella, no se acostumbró a ese hecho tanto como yo. Lo que mas me sorprendió fue lo que dijeron…
-         ¿Lo de la reina o lo de sacarme del medio?
-         ¿Cómo sabes que te quieren sacar a vos del medio?
-         Soy la única a la que se querrían sacar del medio: me odian, los odio, soy nueva aca… ¿Qué mas queres? – le respondí.
-         Por donde empezamos… no, pero en serio. – se quejó – No creo que vos puedas significar semejante amenaza, además, me parece que el tema más importante es el de la reina.
-         ¿Sabes algo sobre ese tema? Me parece que para empezar deberíamos empezar por lo que tenemos, que sería tema.
-         Si, tengo algo. – contestó con una sonrisa feroz – Me acuerdo de unas historias que me contó Ryota cuando era mas chico…
-         Eso da miedo. – bromeé entre risas, el tambien rió.
-         Supongo, el tema es que puede que sea cierto. – continuó, parecía realmente interesado por el tema – Me acuerdo que, antes, cuando Ryota y mis padres eran contra…
-         ¿Contra? – pregunté con sorpresa.
-         Si, se odiaban, y un día, cuando apareciste vos, lo obligaron a ser algo así como su cómplice.
-         ¿De qué se trataban las historias? – pregunté con cierta desesperación.
-         Era de que, antes de mis padres, había una reina, que… - lanzó una carcajada, avergonzado – tenía tu mismo nombre, me hacías acordar tanto a ella que te llamé así. – le sonreí para ayudarlo a que siguiera contando, no me importaba por qué me había puesto ese nombre, lo importante era que me lo había puesto, y punto – De todos modos, su reino era mucho, mucho mejor que el de estos dos. En sus tiempos no había la injusticia que hay ahora, la gente no estaba encerrada por crímenes estúpidos, tampoco era tan corrupta. Odio este reino estúpido, daría lo que fuese por estar en sus épocas…
No pude evitar el notar una sonrisa nostálgica en él, lo que me dio un tanto de bronca. Sentía como si sintiera cierto cariño por esa reina, más que por mí. Sacudí la cabeza, no quería pensar en eso, te quiere, más que a esa desconocida.
-         ¿Te gusta? – pregunté contra mi voluntad- ¿Sera parecida a… - pregunté mientras sacaba de mi bolsillo la foto que había sacado de aquel lugar – ella?
La foto estaba de espaldas, pero podría ser que la reconociera, aunque no podía evitar sentir cierta bronca. Entonces, una idea cruzó por mi cabeza, una idea que me sacó la cabeza de esos problemas y mitigó lo que parecía amenazarme como un dolor de estómago por culpa de los nervios.
-         Puede ser… es igual a la corona que me habían contado… pero, para un momento. ¿Si me gusta?
-         Si, podría ser. Mucha gente puede llegar a obsecionarse con la imagen de alguien de ficción, como cuando una chica se enamora de los chicos de sus novelas favoritas.
-         ¿Estas celosa? – preguntó, con una sonrisa que en otro momento me hubiera resultado encantadora, pero ahora solo me parecía manipuladora y falsa. Es tu imaginación me dije.
-         Intento pensar con la cabeza fría, y la verdad es que ese chico es muy parecido a vos… - comenté señalando al chico que miraba a la foto, dandome cuenta de que tenía razón en algo, pero tendría que esperar a hablar a solas con Yuki para saberlo, por el momento decidí que sería mejor no pensar en ello – y sí, puede ser que algo celosa esté… ¡Pero no importa! – exclamé, nerviosa ante el hecho de hablar de esas cosas en voz alta, sin siquiera dame cuenta – Siempre puedo encontrar a alguien con una obseción hacia mí.
-         ¿Decis que me gusta un cuento? – preguntó - ¿Mas que vos?
-         ¡Callate!
Me había empezado a poner demasiado nerviosa, eso por no mencionar que la situación no me gustaba, nunca me gustaron esos histeriqueos cuando estoy de mal humor. Además, no quería seguir seguir hablando de ese tema, aunque al darme cuenta de que había sido demasiado brusca y que no faltaría mucho para asustarlo, reí con una dulzura asquerosamente fingida e intenté cambiar de tema.
-         ¿No sería mejor ir a probar estas cosas?
-         Como quieras. – contestó, encongiendose de brazos.
Entonces levantamos a Yuki y nos pusimos en camino, nuevamente, al palacio. Mientras caminabamos, le hice señas a la chica para que se diera cuenta que necesitaba hablar con ella a solas. Ya entendía lo que pasaba, y no me gustaba nada. Mi misión no era salvar al mundo de sí mismo, era salvarlo de los reyes corruptos que lo arruinaban, todo eso que me guíaba a un camino falso estaba ahí a propósito. Yo no estaba ahí porque tenía que estar ahí para ellos, yo estaba ahí por accidente, un error de ellos. Era un error suyo… era imposible el no sonreir pensando que les podía hacer la vida imposible.
Sabía que Yuki pensaba lo mismo que yo, obviamente, sin todo lo que dije antes. Supe que los sueños que tuve, esas imágenes, no habían sido en vano, algo importante me querían decir, y creo que ya lo sabía: yo era la protectora de esa reina. No quedaban muchas opciones, y estaba segura de que todo lo que había pasado me llevaban a buscarla a ella para que volviera al poder. No me quedaba otra que admitirlo, estaba ahí para traer de vuelta a esa reina, a que el mundo volviera a ser un buen lugar. Tenía que traerla para que, probablemente, Ciro fuera tras ella y yo fuese nada más que la chica que la trajo de vuelta…
No me importaba. Por mas que me doliera, si ese era mi destino, que así fuese, ahora era feliz como estaba. Tomé de la mano a Ciro, haciendo que las uniones sonaran al chocarse. Me miró sorprendido, pero después me sonrió.
Si… el destino era algo que vendría mas adelante, ahora solo tendría que disfrutar, aunque costara.

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