¿Quién mejor para ayudarme a doblegar a esos dos que
su propio hijo?
Habíamos logrado llegar nuevamente a la sala
principal, y antes de que ellos fueran a su departamento, creí una mejor idea
volverlos a sacar del palacio. Una vez afuera, les dejé hablar en libertad,
pero ninguno de los dos encontraban las palabras necesarias para expresarse. La
primera que pudo hablar, después de unos diez minutos caminando, fue Yuki,
sentandose apesumbrada en el suelo.
-
Tenías razón Ciro, son
unos idiotas.
No
pude evitar el notar que se le abalanzaban las lágrimas en los ojos.
-
Y si. – respondió él,
sentandose a su lado.
Me
senté al lado de la chica, pasandole un brazo por los hombros. Me sentía
culpable sintiendome tan inspirada ante la charla que habíamos escuchado en los
pasillos.
No
quise decir nada, repito que siempre, pasado, presente y futuro, incluso en mis
vida anterior, fui y seré la peor persona para
animar a esos que se sienten mal con algo. Me limito, como en ese
momento, en estar a su lado, con la boca cerrada y poner una mano en el hombro,
sin olvidar mi sonrisa estúpidamente forzada.
Nadie
dijo nada por un buen rato, en el cual Yuki se apoyó sobre mí y, podría jurar,
se quedó dormida.
-
Gracias por no decir
nada. – dijo Ciro, en cuanto nos aseguramos de que la chica estaba dormida – A
veces es mejor que dejar que esto se pase solo.
-
No hay de qué, mejor
callarse a decir estupideces. De todos modos, ¿estas bien? – me atreví a
preguntar.
-
Si, a mi no me importa,
son unos idiotas y siempre lo supe. – explicó, aunque no le creí – De todos
modos, estoy preocupado por ella, no se acostumbró a ese hecho tanto como yo.
Lo que mas me sorprendió fue lo que dijeron…
-
¿Lo de la reina o lo de
sacarme del medio?
-
¿Cómo sabes que te
quieren sacar a vos del medio?
-
Soy la única a la que
se querrían sacar del medio: me odian, los odio, soy nueva aca… ¿Qué mas
queres? – le respondí.
-
Por donde empezamos…
no, pero en serio. – se quejó – No creo que vos puedas significar semejante
amenaza, además, me parece que el tema más importante es el de la reina.
-
¿Sabes algo sobre ese
tema? Me parece que para empezar deberíamos empezar por lo que tenemos, que
sería mí tema.
-
Si, tengo algo. –
contestó con una sonrisa feroz – Me acuerdo de unas historias que me contó
Ryota cuando era mas chico…
-
Eso da miedo. – bromeé
entre risas, el tambien rió.
-
Supongo, el tema es que
puede que sea cierto. – continuó, parecía realmente interesado por el tema – Me
acuerdo que, antes, cuando Ryota y mis padres eran contra…
-
¿Contra? – pregunté con
sorpresa.
-
Si, se odiaban, y un
día, cuando apareciste vos, lo obligaron a ser algo así como su cómplice.
-
¿De qué se trataban las
historias? – pregunté con cierta desesperación.
-
Era de que, antes de
mis padres, había una reina, que… - lanzó una carcajada, avergonzado – tenía tu
mismo nombre, me hacías acordar tanto a ella que te llamé así. – le sonreí para
ayudarlo a que siguiera contando, no me importaba por qué me había puesto ese
nombre, lo importante era que me lo había puesto, y punto – De todos modos, su
reino era mucho, mucho mejor que el de estos dos. En sus tiempos no había la
injusticia que hay ahora, la gente no estaba encerrada por crímenes estúpidos,
tampoco era tan corrupta. Odio este reino estúpido, daría lo que fuese por
estar en sus épocas…
No
pude evitar el notar una sonrisa nostálgica en él, lo que me dio un tanto de
bronca. Sentía como si sintiera cierto cariño por esa reina, más que por mí.
Sacudí la cabeza, no quería pensar en eso, te
quiere, más que a esa desconocida.
-
¿Te gusta? – pregunté
contra mi voluntad- ¿Sera parecida a… - pregunté mientras sacaba de mi bolsillo
la foto que había sacado de aquel lugar – ella?
La
foto estaba de espaldas, pero podría ser que la reconociera, aunque no podía
evitar sentir cierta bronca. Entonces, una idea cruzó por mi cabeza, una idea
que me sacó la cabeza de esos problemas y mitigó lo que parecía amenazarme como
un dolor de estómago por culpa de los nervios.
-
Puede ser… es igual a
la corona que me habían contado… pero, para un momento. ¿Si me gusta?
-
Si, podría ser. Mucha
gente puede llegar a obsecionarse con la imagen de alguien de ficción, como
cuando una chica se enamora de los chicos de sus novelas favoritas.
-
¿Estas celosa? –
preguntó, con una sonrisa que en otro momento me hubiera resultado encantadora,
pero ahora solo me parecía manipuladora y falsa. Es tu imaginación me dije.
-
Intento pensar con la
cabeza fría, y la verdad es que ese chico es muy parecido a vos… - comenté
señalando al chico que miraba a la foto, dandome cuenta de que tenía razón en
algo, pero tendría que esperar a hablar a solas con Yuki para saberlo, por el
momento decidí que sería mejor no pensar en ello – y sí, puede ser que algo
celosa esté… ¡Pero no importa! – exclamé, nerviosa ante el hecho de hablar de esas cosas en voz alta, sin siquiera
dame cuenta – Siempre puedo encontrar a alguien con una obseción hacia mí.
-
¿Decis que me gusta un
cuento? – preguntó - ¿Mas que vos?
-
¡Callate!
Me
había empezado a poner demasiado nerviosa, eso por no mencionar que la
situación no me gustaba, nunca me gustaron esos histeriqueos cuando estoy de
mal humor. Además, no quería seguir seguir hablando de ese tema, aunque al
darme cuenta de que había sido demasiado brusca y que no faltaría mucho para
asustarlo, reí con una dulzura asquerosamente fingida e intenté cambiar de
tema.
-
¿No sería mejor ir a
probar estas cosas?
-
Como quieras. –
contestó, encongiendose de brazos.
Entonces
levantamos a Yuki y nos pusimos en camino, nuevamente, al palacio. Mientras
caminabamos, le hice señas a la chica para que se diera cuenta que necesitaba
hablar con ella a solas. Ya entendía lo que pasaba, y no me gustaba nada. Mi
misión no era salvar al mundo de sí mismo, era salvarlo de los reyes corruptos
que lo arruinaban, todo eso que me guíaba a un camino falso estaba ahí a
propósito. Yo no estaba ahí porque tenía que estar ahí para ellos, yo estaba
ahí por accidente, un error de ellos. Era un error suyo… era imposible el no
sonreir pensando que les podía hacer la vida imposible.
Sabía
que Yuki pensaba lo mismo que yo, obviamente, sin todo lo que dije antes. Supe
que los sueños que tuve, esas imágenes, no habían sido en vano, algo importante
me querían decir, y creo que ya lo sabía: yo era la protectora de esa reina. No
quedaban muchas opciones, y estaba segura de que todo lo que había pasado me
llevaban a buscarla a ella para que volviera al poder. No me quedaba otra que
admitirlo, estaba ahí para traer de vuelta a esa reina, a que el mundo volviera
a ser un buen lugar. Tenía que traerla para que, probablemente, Ciro fuera tras
ella y yo fuese nada más que la chica que la trajo de vuelta…
No
me importaba. Por mas que me doliera, si ese era mi destino, que así fuese,
ahora era feliz como estaba. Tomé de la mano a Ciro, haciendo que las uniones
sonaran al chocarse. Me miró sorprendido, pero después me sonrió.
Si…
el destino era algo que vendría mas adelante, ahora solo tendría que disfrutar,
aunque costara.

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