Mundo Real 10

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Aquel que me pueda decir como puede ser que mi vida termino con esto, le hago una ovación. Desde que aparecí en ese mundo tan bizarro, esa era la primera vez que me separaba de Yuki y Ciro. El hombre que me dijo que me habían estado esperando, Ryota, me apartó de ellos y me llevó por el laberinto que era ese edificio y ahora me encontraba en una sala completamente sola.
El hombre era raro. Era muy grande, aunque solo de ancho, porque de altura le llevaba como una cabeza… sin embargo me ponía mas incómoda que los que habían capturado a Yuki.
Me puse a caminar de una punta a la otra de la sala, recordando una y otra vez las cosas… Sin Ciro y sin Yuki, encima encerrada, me sentía como una fiera enjaulada, atormentada por sus propios pensamientos y recuerdos.
-    Sigame – me había dicho Ryota.
-    ¿A dónde? – pregunté nerviosa.
-    Necesitamos que conozca a alguien, hágame el favor de seguirme.
Cuando tuve que caminar tras él, Ciro fue conmigo, o eso intentó.
-    ¿A dónde vas Ciro? – le preguntó el padre. Su voz… era la misma que me había hablado desde la puerta de la casa la primera vez que me desperté.
-    La voy a acompañar. – contestó seguro de sí mismo, pero algo en sus ojos me decía que no le gustaba que su padre le cuestionara justamente eso…
-    ¿Por qué? Tiene que ir sola Ciro, dejala ir sola. – le ordenó el padre.
-    Pero… - intentó quejarse, pero aparentemente no se animaba a persuadir con sus poderes a su padre.
-    Ciro…
-    Papá… - dijo imitando el tono.
-    Que no se te ocurra persuadirnos, ya sabemos todos, y no vas a poder…
-    Esta bien, ¿pero que tiene de malo que la acompañe? – siguió insistiendo.
-    Que tenemos que presentarle alguien a la señorita… - explicó Ryota.
-    Pero… yo se algo de ella… - intentó decir.
-    ¿Qué? – pregunté, con miedo de uqe lo que supiera fuese mi recuerdo y se lo cuente a todos.
-    Ella… es la chica esta de la que hablaban… ¡Es la congelada! – exclamó, dejandome mas confundida que nunca.
-    ¿QUÉ? – volví a preguntar, algo enojada.
-    Nada, después te explico. – dijo sin mirarme.
-    Ya lo sabemos, - contó Ryota – por eso tenemos que presentarle a esta persona…
-    ¿Quién es? – demandó saber.
-    ¡No es de tu incumbencia Ciro! ¿Desde cuando te importan estos temas? – preguntó su madre extrañada, pero él no le prestaba atención, sino que me miraba con preocupación.
La tentación le ganaba a mi miedo a estar sola, por lo cual no pude evitar acceder a decirle que sí, solo para saber cual sería la expresión de Ciro, pero tuve tal mala suerte de que al instante pasé a un pasillo y no llegué ni a ver un atisbo de su mirada.
Eso es a lo que yo le llamo mala suerte.
Pero si yo digo que esto era mala suerte o bizarro, lo que pasó después fue inclusive peor.
En mi marcha nerviosa de una punta a la otra de la sala, me choqué contra un chico. Era alto, incluso mas alto que Ciro, rubio de ojos azules… era el tipico chico por el cual todas las chicas normales se morirían, pero a mi me sonaba un poco… común. No se porque, pero incluso lo veía y me parecía empalagoso. Sus ojos azul electrico me miraban con demasiada suavidad, y su sonrisa gigante me intimidaba un poco. Tenía la expresión de aquel que estaba sorprendido por algo, o simplemente era demasiado idiota.
Me miraba de arriba abajo, pero por alguna razón no me había sentir nada… ¿acaso Ciro me había arruinado ese sentimiento de emoción de toda mujer al ver a un chico lindo? Era posible, o talvez este chico no tenía una pizca de interesante y solo era una cara linda.
-    Hola, que bueno por fín verla… - dijo, fuese lo que fuese ese chico, tenía la voz mas dulce e irritante que jamás había escuchado… eso que no había escuchado muchas.
-    Hola. – respondí, un poco cortante.
-    Caramelle, él es Seth. – nos presentó Ryota.
-    Que lindo nombre…
-    Me lo puso Ciro. – conté al instante.
-    Ah… Ciro… - dijo con desprecio.
-    ¿Lo conoces? – pregunté.
-    Si.
-    Y te cae mal…
-    Si. – repitió de mala gana – Pero dejemos de hablar de esos temas horribles, y enfoquemonos en… - dijo con un tono meloso, incluso peor que el que usaba Ciro cuando quería persuadir a alguien, y me miro de arriba abajo, dandome náuseas – cosas más, mucho más lindas…
-    Hay, mi dios, ¿Qué tiene que ver toda esta escena conmigo? – pregunté a Ryota, esforzándome por no vomitar.
-    Bien, es hora de explicar el tema este, asi que, Caramelle, sentate, puede ser largo.
Entonces nos sentamos los tres, aunque cuando Seth se me sentó alarmantemente cerca opté por cambiarme de lugar… lo más lejos posible…
Entonces me empezaron a contar una historia que parecía ser una especie de historia de terror mal hecha, sin un buen desarrollo y sin final. Aparentemente, yo tenía que hacer el final, y yo era la actriz principal.
“De los tres congelados, sólo la persona elegida que halla sufrido las ardientes llamas de la perdición y el intenso frío paralizante, que halla viajado al pasado, presente y futuro, podrá conducir a la sociedad hasta la Salvación”
No explicaban mucho, y menos aún entendía. Que… ¿Qué se suponía que era? ¿Una especie de monstruo? ¿Por eso se habían asustado de mi los ladrones? Me daban a entender como si fuera una heroína y como si decidiese el futuro de todos… pero, ¿cómo? No tenía sentido, la rebelión… los celos de alguien desconocidos, almas intrusas… nada concordaba y sin embargo eran tratadas con suma seriedad.
-    Están locos, los dos, están desquiciados… - les acusé, levantandome de mi asiento y retrocediendo con horror.
-    No, sos la congelada. Vos dominas todo… - explicó nuevamente Ryota, que ahora me parecía un idiota aficionado a las historias de ciencia ficción.
-    Si, claro. – dije con ironía.
-    Caramelle, tranquilizate. – pidió Seth – Tiene razón…
Intenté creerles, pero me resultaba imposible. Mis pies estaban demasiado sujetos a la tierra como para hacerlo. Sentía que se estaban burlando de mi, era una broma muy bien elaborada…
Pero entonces pensé: ¿Acaso algo de todo lo que me había pasado desde que me desperté tenía lo suficiente de sentido común como para no creer en esto? Igual, sabía que el suelo que me sostenía no era el que yo recordaba de mis únicos y patéticos recuerdos, pero… yo aún me aferraba al pasado.
-    Supongámonos que les creo. ¿Qué tengo que hacer? – pregunté.
-    No es algo que tenes que suponer… - intentó explicar Ryota con una falsa paciencia
-    ¡Solo contesteme! – exclamé yo irritada. Ambos se hecharon para atrás.
-    Eh… vas a tener que encontrar el punto clave, el presente. – explicó sin acercarme.
-    ¿Y como hago eso? ¿Qué quiere, que me tome un taxi? – pregunté – Además, ¿No es este el presente?
-    No, es el futuro.
-    ¿Es broma?
-    No. – contestó estúpidamente Seth.
-    Vas a tener que viajar con Seth, él…
-    No me digas que tiene el poder de viajar por el tiempo. – adiviné, aunque en realidad lo decía de broma.
-    Si. Van a ser compañeros de viaje. – concluyó.
Lo miré a Seth de pies a cabeza, sin poder evitar preguntarme cuanto tiempo duraría y si mi decencia quedaría a salvo después.
-    ¿Y Ciro? – pregunté.
-    ¿Qué pasa con él? – consultó Ryota.
-    ¿No me va a acompañar? – pregunté, suplicando que tenga la suerte de que si.
-    No…
-    Quiero ir con él, lo conozco… - dije yo.
-    No creo que sea posible. – dijo Seth, muy seriamente.
Como una nena caprichosa, salí de la sala. Corrí por los pasillos oscuros, intentando recordar como hacer para llegar al lugar donde nos habíamos separado. Seth me seguía detrás, aunque tuvo la buena idea de no llamarme a los gritos como otra persona haría.
No sabía a donde iba, pero tuve bastante suerte y encontré la salida al edificio, y Ciro estaba ahí, con la espalda sobre la pared, extremadamente preocupado. Al verme salir, salió de su mundo interno para mirarme con una mirada furiosa, pero no enojada, era apasionada. Había estado preocupado por mi…
Y yo me sentía mal, por alguna razón.
- Ciro…
Al decir su nombre, me tiré en sus brazos, conteniendo las lágrimas de la confusión y miedo que sentía.

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