Aquel que me
pueda decir como puede ser que mi vida termino con esto, le hago una ovación.
Desde que aparecí en ese mundo tan bizarro, esa era la primera vez que me
separaba de Yuki y Ciro. El hombre que me dijo que me habían estado esperando,
Ryota, me apartó de ellos y me llevó por el laberinto que era ese edificio y
ahora me encontraba en una sala completamente sola.
El hombre era
raro. Era muy grande, aunque solo de ancho, porque de altura le llevaba como
una cabeza… sin embargo me ponía mas incómoda que los que habían capturado a
Yuki.
Me puse a caminar
de una punta a la otra de la sala, recordando una y otra vez las cosas… Sin
Ciro y sin Yuki, encima encerrada, me sentía como una fiera enjaulada, atormentada
por sus propios pensamientos y recuerdos.
-
Sigame – me había dicho Ryota.
-
¿A dónde? – pregunté nerviosa.
-
Necesitamos que conozca a alguien, hágame el favor de seguirme.
Cuando tuve que
caminar tras él, Ciro fue conmigo, o eso intentó.
-
¿A dónde vas Ciro? – le preguntó el padre. Su voz… era la misma que me había
hablado desde la puerta de la casa la primera vez que me desperté.
-
La voy a acompañar. – contestó seguro de sí mismo, pero algo en sus ojos me
decía que no le gustaba que su padre le cuestionara justamente eso…
-
¿Por qué? Tiene que ir sola Ciro, dejala ir sola. – le ordenó el padre.
-
Pero… - intentó quejarse, pero aparentemente no se animaba a persuadir con sus
poderes a su padre.
-
Ciro…
-
Papá… - dijo imitando el tono.
-
Que no se te ocurra persuadirnos, ya sabemos todos, y no vas a poder…
-
Esta bien, ¿pero que tiene de malo que la acompañe? – siguió insistiendo.
-
Que tenemos que presentarle alguien a la señorita… - explicó Ryota.
-
Pero… yo se algo de ella… - intentó decir.
-
¿Qué? – pregunté, con miedo de uqe lo que supiera fuese mi recuerdo y se lo
cuente a todos.
-
Ella… es la chica esta de la que hablaban… ¡Es la congelada! – exclamó,
dejandome mas confundida que nunca.
-
¿QUÉ? – volví a preguntar, algo enojada.
-
Nada, después te explico. – dijo sin mirarme.
-
Ya lo sabemos, - contó Ryota – por eso tenemos que presentarle a esta persona…
-
¿Quién es? – demandó saber.
-
¡No es de tu incumbencia Ciro! ¿Desde cuando te importan estos temas? –
preguntó su madre extrañada, pero él no le prestaba atención, sino que me
miraba con preocupación.
La tentación le
ganaba a mi miedo a estar sola, por lo cual no pude evitar acceder a decirle
que sí, solo para saber cual sería la expresión de Ciro, pero tuve tal mala
suerte de que al instante pasé a un pasillo y no llegué ni a ver un atisbo de
su mirada.
Eso es a lo que
yo le llamo mala suerte.
Pero si yo digo
que esto era mala suerte o bizarro, lo que pasó después fue inclusive peor.
En mi marcha
nerviosa de una punta a la otra de la sala, me choqué contra un chico. Era
alto, incluso mas alto que Ciro, rubio de ojos azules… era el tipico chico por
el cual todas las chicas normales se morirían, pero a mi me sonaba un poco… común.
No se porque, pero incluso lo veía y me parecía empalagoso. Sus ojos azul
electrico me miraban con demasiada suavidad, y su sonrisa gigante me intimidaba
un poco. Tenía la expresión de aquel que estaba sorprendido por algo, o
simplemente era demasiado idiota.
Me miraba de
arriba abajo, pero por alguna razón no me había sentir nada… ¿acaso Ciro me
había arruinado ese sentimiento de emoción de toda mujer al ver a un chico
lindo? Era posible, o talvez este chico no tenía una pizca de interesante y
solo era una cara linda.
-
Hola, que bueno por fín verla… - dijo, fuese lo que fuese ese chico, tenía la
voz mas dulce e irritante que jamás había escuchado… eso que no había escuchado
muchas.
-
Hola. – respondí, un poco cortante.
-
Caramelle, él es Seth. – nos presentó Ryota.
-
Que lindo nombre…
-
Me lo puso Ciro. – conté al instante.
-
Ah… Ciro… - dijo con desprecio.
-
¿Lo conoces? – pregunté.
-
Si.
-
Y te cae mal…
-
Si. – repitió de mala gana – Pero dejemos de hablar de esos temas horribles, y
enfoquemonos en… - dijo con un tono meloso, incluso peor que el que usaba Ciro
cuando quería persuadir a alguien, y me miro de arriba abajo, dandome náuseas –
cosas más, mucho más lindas…
-
Hay, mi dios, ¿Qué tiene que ver toda esta escena conmigo? – pregunté a Ryota,
esforzándome por no vomitar.
-
Bien, es hora de explicar el tema este, asi que, Caramelle, sentate, puede ser
largo.
Entonces nos
sentamos los tres, aunque cuando Seth se me sentó alarmantemente cerca opté por
cambiarme de lugar… lo más lejos posible…
Entonces me
empezaron a contar una historia que parecía ser una especie de historia de
terror mal hecha, sin un buen desarrollo y sin final. Aparentemente, yo tenía
que hacer el final, y yo era la actriz principal.
“De los tres
congelados, sólo la persona elegida que halla sufrido las ardientes llamas de
la perdición y el intenso frío paralizante, que halla viajado al pasado,
presente y futuro, podrá conducir a la sociedad hasta la Salvación”
No explicaban
mucho, y menos aún entendía. Que… ¿Qué se suponía que era? ¿Una especie de
monstruo? ¿Por eso se habían asustado de mi los ladrones? Me daban a entender
como si fuera una heroína y como si decidiese el futuro de todos… pero, ¿cómo?
No tenía sentido, la rebelión… los celos de alguien desconocidos, almas
intrusas… nada concordaba y sin embargo eran tratadas con suma seriedad.
-
Están locos, los dos, están desquiciados… - les acusé, levantandome de mi
asiento y retrocediendo con horror.
-
No, sos la congelada. Vos dominas todo… - explicó nuevamente Ryota, que ahora
me parecía un idiota aficionado a las historias de ciencia ficción.
-
Si, claro. – dije con ironía.
-
Caramelle, tranquilizate. – pidió Seth – Tiene razón…
Intenté creerles,
pero me resultaba imposible. Mis pies estaban demasiado sujetos a la tierra
como para hacerlo. Sentía que se estaban burlando de mi, era una broma muy bien
elaborada…
Pero entonces
pensé: ¿Acaso algo de todo lo que me había pasado desde que me desperté tenía
lo suficiente de sentido común como para no creer en esto? Igual, sabía que el
suelo que me sostenía no era el que yo recordaba de mis únicos y patéticos
recuerdos, pero… yo aún me aferraba al pasado.
-
Supongámonos que les creo. ¿Qué tengo que hacer? – pregunté.
-
No es algo que tenes que suponer… - intentó explicar Ryota con una falsa
paciencia
-
¡Solo contesteme! – exclamé yo irritada. Ambos se hecharon para atrás.
-
Eh… vas a tener que encontrar el punto clave, el presente. – explicó sin
acercarme.
-
¿Y como hago eso? ¿Qué quiere, que me tome un taxi? – pregunté – Además, ¿No es
este el presente?
-
No, es el futuro.
-
¿Es broma?
-
No. – contestó estúpidamente Seth.
-
Vas a tener que viajar con Seth, él…
-
No me digas que tiene el poder de viajar por el tiempo. – adiviné, aunque en
realidad lo decía de broma.
-
Si. Van a ser compañeros de viaje. – concluyó.
Lo miré a Seth de
pies a cabeza, sin poder evitar preguntarme cuanto tiempo duraría y si mi
decencia quedaría a salvo después.
-
¿Y Ciro? – pregunté.
-
¿Qué pasa con él? – consultó Ryota.
-
¿No me va a acompañar? – pregunté, suplicando que tenga la suerte de que si.
-
No…
-
Quiero ir con él, lo conozco… - dije yo.
-
No creo que sea posible. – dijo Seth, muy seriamente.
Como una nena
caprichosa, salí de la sala. Corrí por los pasillos oscuros, intentando
recordar como hacer para llegar al lugar donde nos habíamos separado. Seth me
seguía detrás, aunque tuvo la buena idea de no llamarme a los gritos como otra
persona haría.
No sabía a donde
iba, pero tuve bastante suerte y encontré la salida al edificio, y Ciro estaba
ahí, con la espalda sobre la pared, extremadamente preocupado. Al verme salir,
salió de su mundo interno para mirarme con una mirada furiosa, pero no enojada,
era apasionada. Había estado preocupado por mi…
Y yo me sentía
mal, por alguna razón.
- Ciro…
Al decir su
nombre, me tiré en sus brazos, conteniendo las lágrimas de la confusión y miedo
que sentía.

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