¿En qué pense
cuando supuse que podría salvarnos a todos? ¿Acaso tenía una fuerza
incomparable y llevar a Ciro y a Yuki a mis espaldas, o era lo suficientemente
poderosa para detener el incendio? Seguramente no. ¿Qué haría sin Ciro?
Había aprovechado
la distracción de las cosas suicidas y me había librado de esos idiotas con una
simple patada en las partes bajas. No solo eran mas débiles de lo que me hubiera
imaginado jamás, sino mucho mas cobardes. Ante el incendio me miraron con
miedo, como si fuera un monstruo, y no pude evitar el reirme de sus expresiones
horrorizadas, aunque no entendía su razón. Empezaron a retroceder hasta
terminar tropezandose con los escalones.
-
¿Qué les pasa? – pregunté un tanto divertida, olvidandome de la situación
desesperante en la que me encontraba.
-
Sos… sos vos… - decían, confundidos y atolondrados. Que ganas de golpearlos…
pero antes de que me pudiera acercar terminaron corriendo.
-
Bueno, ya fue… - me dije a mi misma.
Los tipos
cerraron la puerta, dejandonos encerrados en ese sótano incendiandose. Esto
era, sin lugar a dudas, un gran problema… ¿Qué hacer ahora, encerrada con dos
dormidos?
Con una mano
tapandome la boca busqué un modo de escapar, de apagar el fuego… y todo lo que
encontré fue una botella de agua a la mitad. Esto era lo que yo llamaba una
pésima suerte.
Tomé
inconcientemente mi collar, cuya existencia no me había dado cuenta hasta ese
mismo momento de presión. Era una llave, no demasiado grande, chata y plateada
con unas cosas que parecían rubíes en el mango. Era muy linda… pero hice lo que
primero me paso por la cabeza, y tomé el agua y se la roseé en el rostro a Ciro
para que se despertara.
Él abrió con
rapidez los ojos y negó con la cabeza sorprendido. Me miró con sierta molestia
y sorpresa, aunque yo ya me había ido a desatar a Yuki. No había tiempo que
perder…
Despues de
desatarla, subi a Yuki a mis espalda como había hecho cuanto saqué a Ciro de la
casa en el terremoto.
-
¿Qué paso? – preguntó - ¿La encontramos? ¿Está bien?
Entonces me dí
cuenta que ni siquiera me fije si seguía respirando. Por suerte así lo hacía,
pero si seguíamos asi, o terminariamos aplastados o asfixiados… o ambos.
-
No hay tiempo, esta bien, pero vamos. Nos cerraron la puerta. – contesté con
impaciencia.
-
¿Pero qué paso? – preguntó siguiendome a la puerta cerrada, tomandose la
quijada con una expresión adolorida.
Entonces le conté
con rapidez lo sucedido, cuando lo trajeron, cuando comenzó el incendio, cuando
se escaparon…
Me miraba con una
expresión sorprendida y preocupada.
-
Entonces… - comenzó a decir, y yo alcé las cejas con imaciencia – Nada…
olvidalo.
-
No quiero olvidar mas cosas, Ciro, ahora ayudame. – pedí – Decime, te
golpearon, ¿no?
-
Si, eran muy fuertes… aunque ahora parecen unos nenes creídos. – comentó.
Le di a Yuki para
que la sostuviera, y como si estuviera segura de lo que hacía (a pesar de que
ni lo estaba pensando), me saqué el collar y puse la llave en la cerradura…
Encajaba…
Logré abrir la
puerta, teniendo a Ciro a mi espalda mirandome con los ojos como platos de lo
sorprendido.
-
¿Tenías la llave del lugar? – me preguntó – ¿O la robaste?
-
Pero que mala imagen mía tenes. – bromeé saliendo del lugar – No, por alguna
razón la tenía colgada ya…
-
Que raro…
Salimos del
lugar, donde el fuego se asomaba con furia por todas las puertas, aunque ahora
las llamas parecían apaciguarse tal y como se iba apaciguando mi ira mientras
ibamos escaleras arriba hasta lo que sentía como mi salvación.
Mis piernas me
suplicaban un descanzo, lo mismo mis pulmones llenos de cenizas. No podía dejar
de toser, y cuando un rato después salí, caí sobre mis rodillas en el suelo.
Ciro la dejó a
Yuki con delicadeza en el suelo, con la espalda apoyada sobre la pared. Por un
momento pareció dudar, si venirme a ayudar o quedarse con su hermana, y yo
andaba en una pregunta no muy distinta, o mas bien dos sentimientos similares:
una parte de mi lo llamaba a los gritos, y la otra suplicaba que fuera con su
hermana tanto por la vergüenza como por la preocupación que tenía.
Ciro decidió por
agacharse frente a mi, mirandome con intriga y cierta fascinación que me ponía
nerviosa, o en otras palabras, completamente violenta. El corazón me palpitaba
bastante rápido, pero asumí que había sido todo lo sucedido.
-
¿Estás bien?
-
No, estoy practicando para una obra de acción en la que participo, ¿Qué te
parece? ¿Demasiado exagerado? – dije con sarcasmo, completamente agitada.
-
No hace falta ser asi. Hablo en serio, no nos falta mucho, casi llegamos,
cuando despierte a Yuki tenemos que ir al centro…
-
¿Es broma? ¡Dejamos cosas en la otra casa! – exclamé desesperada, no quería
dejar mi libro y el conejo de mi hermano… nuevamente.
-
Despues, ahora tenemos que avisar que… estas despierta. – dijo él.
-
¿Por? ¿Cómo? ¿A quien? – pregunté olvidándome de mi cansancio.
-
No importa, después te dirán. – contestó con un insoportable misterio.
-
Bueno… - me rendí, ya se lo sacaría de entre los dientes mas tarde – Mejor
despertemosla, ¿si?
-
Dale.
Intentamos
despertarla. Todo, sacudirla, hablarle… aunque ninguno de los dos nos habíamos
percatado de que aún tenía la botella con un poco de agua, con la que había
despertado a Ciro, en la mano.
En cuanto me di
cuenta la vacié sobre el rostro de la chica, quien abrió los ojos sorprendida.
Ahora que la veía, era muy parecida a su hermano en cierto modo.
-
¿Cómo estas? – pregunté.
-
Bien… no estan ese tipo, ¿no? – preguntó – Me durmieron… perdón.
-
Esta bien, tranquila… - dijo Ciro.
Pero antes de que
ninguno pudiera decir algo mas, la chica empezó a llorar y se abalanzó encima
nuestro, abrazandonos a ambos.
Ciro y yo nos
miramos extrañados, devolviendole a medias el abrazo. Ninguno parecía estar muy
cómodo con la situación, pero por suerte terminó soltándonos. Yo le sonreí,
pero Ciro ya estaba parado mirando por las calles sucias y oscuras.
-
¿Qué pasa Ciro? – preguntó Yuki.
-
Tenemos que seguir por ahí. – dijo – Vamonos. ¿Podes ir sola, Yukari?
-
Si, creo que si.
-
Mejor que vaya lento, mejor adelantate, nosotras te seguimos por detrás. –
propuse con la ilusión de no tener que seguir el paso rápido de Ciro.
-
Para eso prefiero llevarla yo. – dijo, estaba de mal humor.
-
Como quieras…
Pero nada, tenía
la ilusión de que me dejara ir a mi ritmo pero no. Fue una hora casi trotando
tras él, intentando seguirle el paso a sus enormes zancadas. Estaba muy
cansada, el corazón parecía querer salir con su vibración constante de mi
cuerpo, y mis pulmónes eran, literalmente, de plomo. No daba mas…
En el mismo
momento en que mis rodillas nuevamente me traicionaron, ya habíamos llegado.
Era un edificio
enorme, gris, sucio… era parecido a toda la calle, pero este resaltaba con
notoriedad. Era bastante complejo, aunque nunca supe nada de arquitectura, y no
podía apreciarlo, si es que se podía hacerlo, en el esstado que estaba.
Hiperventilaba, viendo si una gota de oxígeno entraba por mi nariz.
-
Veni… - dijo Ciro – tenemos que llegar…
Caminamos por
unos pasillos completamente vacíos y estrechos, por no mencionar tenebrosos.
Esta vez, gracias a dios, ibamos mas lento, aunque nunca tuve mas ganas de
recobrar de vuelta el ritmo anterior.
Entonces llegamos
a un gran lugar, parecía esos lugares donde estaban los tronos de los reyes y
reinas. Parecía antiguo… y si para mi era antiguo no se que sería para ellos.
Quien sabe, talvez las modas esas se habían recuperado. Despues de todo, las
épocas de reyes y reinas eran bastante vulgares o mezquinas… me hacían acordar
a esos momentos.
Entonces,
aparecieron tres desconocidos, dos hombres y una mujer, que caminaron hacia
nosotros con una expresión extraña… como si después de mucha espera apareciera
lo que buscaban.
-
¡Mamá, papá! – exclamó Yuki corriendo hacía la mujer y un hombre que era
perturbadoramente parecido a Ciro… bueno, ahora conocía a sus padres.
-
Hola. – me saludó la mujer con una cálida sonrisa.
-
Un gusto, soy Gekko. – se presentó el padre de los chicos.
-
Un gusto. – dije estrechandole la mano.
-
¿Cómo te llamas? – preguntó.
-
Caramelle, se lo puso Ciro. – contestó Yuki con los ojos como antorchas. Se
veía contenta…
-
Caramelle… - dijo el otro hombre – un gusto conocerte. Te estabamos esperando.

0 comentarios:
Publicar un comentario