Mundo Real 9

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¿En qué pense cuando supuse que podría salvarnos a todos? ¿Acaso tenía una fuerza incomparable y llevar a Ciro y a Yuki a mis espaldas, o era lo suficientemente poderosa para detener el incendio? Seguramente no. ¿Qué haría sin Ciro?
Había aprovechado la distracción de las cosas suicidas y me había librado de esos idiotas con una simple patada en las partes bajas. No solo eran mas débiles de lo que me hubiera imaginado jamás, sino mucho mas cobardes. Ante el incendio me miraron con miedo, como si fuera un monstruo, y no pude evitar el reirme de sus expresiones horrorizadas, aunque no entendía su razón. Empezaron a retroceder hasta terminar tropezandose con los escalones.
-    ¿Qué les pasa? – pregunté un tanto divertida, olvidandome de la situación desesperante en la que me encontraba.
-    Sos… sos vos… - decían, confundidos y atolondrados. Que ganas de golpearlos… pero antes de que me pudiera acercar terminaron corriendo.
-    Bueno, ya fue… - me dije a mi misma.
Los tipos cerraron la puerta, dejandonos encerrados en ese sótano incendiandose. Esto era, sin lugar a dudas, un gran problema… ¿Qué hacer ahora, encerrada con dos dormidos?
Con una mano tapandome la boca busqué un modo de escapar, de apagar el fuego… y todo lo que encontré fue una botella de agua a la mitad. Esto era lo que yo llamaba una pésima suerte.
Tomé inconcientemente mi collar, cuya existencia no me había dado cuenta hasta ese mismo momento de presión. Era una llave, no demasiado grande, chata y plateada con unas cosas que parecían rubíes en el mango. Era muy linda… pero hice lo que primero me paso por la cabeza, y tomé el agua y se la roseé en el rostro a Ciro para que se despertara.
Él abrió con rapidez los ojos y negó con la cabeza sorprendido. Me miró con sierta molestia y sorpresa, aunque yo ya me había ido a desatar a Yuki. No había tiempo que perder…
Despues de desatarla, subi a Yuki a mis espalda como había hecho cuanto saqué a Ciro de la casa en el terremoto.
-    ¿Qué paso? – preguntó - ¿La encontramos? ¿Está bien?
Entonces me dí cuenta que ni siquiera me fije si seguía respirando. Por suerte así lo hacía, pero si seguíamos asi, o terminariamos aplastados o asfixiados… o ambos.
-    No hay tiempo, esta bien, pero vamos. Nos cerraron la puerta. – contesté con impaciencia.
-    ¿Pero qué paso? – preguntó siguiendome a la puerta cerrada, tomandose la quijada con una expresión adolorida.
Entonces le conté con rapidez lo sucedido, cuando lo trajeron, cuando comenzó el incendio, cuando se escaparon…
Me miraba con una expresión sorprendida y preocupada.
-    Entonces… - comenzó a decir, y yo alcé las cejas con imaciencia – Nada… olvidalo.
-    No quiero olvidar mas cosas, Ciro, ahora ayudame. – pedí – Decime, te golpearon, ¿no?
-    Si, eran muy fuertes… aunque ahora parecen unos nenes creídos. – comentó.
Le di a Yuki para que la sostuviera, y como si estuviera segura de lo que hacía (a pesar de que ni lo estaba pensando), me saqué el collar y puse la llave en la cerradura…
Encajaba…
Logré abrir la puerta, teniendo a Ciro a mi espalda mirandome con los ojos como platos de lo sorprendido.
-    ¿Tenías la llave del lugar? – me preguntó – ¿O la robaste?
-    Pero que mala imagen mía tenes. – bromeé saliendo del lugar – No, por alguna razón la tenía colgada ya…
-    Que raro…
Salimos del lugar, donde el fuego se asomaba con furia por todas las puertas, aunque ahora las llamas parecían apaciguarse tal y como se iba apaciguando mi ira mientras ibamos escaleras arriba hasta lo que sentía como mi salvación.
Mis piernas me suplicaban un descanzo, lo mismo mis pulmones llenos de cenizas. No podía dejar de toser, y cuando un rato después salí, caí sobre mis rodillas en el suelo.
Ciro la dejó a Yuki con delicadeza en el suelo, con la espalda apoyada sobre la pared. Por un momento pareció dudar, si venirme a ayudar o quedarse con su hermana, y yo andaba en una pregunta no muy distinta, o mas bien dos sentimientos similares: una parte de mi lo llamaba a los gritos, y la otra suplicaba que fuera con su hermana tanto por la vergüenza como por la preocupación que tenía.
Ciro decidió por agacharse frente a mi, mirandome con intriga y cierta fascinación que me ponía nerviosa, o en otras palabras, completamente violenta. El corazón me palpitaba bastante rápido, pero asumí que había sido todo lo sucedido.
-    ¿Estás bien?
-    No, estoy practicando para una obra de acción en la que participo, ¿Qué te parece? ¿Demasiado exagerado? – dije con sarcasmo, completamente agitada.
-    No hace falta ser asi. Hablo en serio, no nos falta mucho, casi llegamos, cuando despierte a Yuki tenemos que ir al centro…
-    ¿Es broma? ¡Dejamos cosas en la otra casa! – exclamé desesperada, no quería dejar mi libro y el conejo de mi hermano… nuevamente.
-    Despues, ahora tenemos que avisar que… estas despierta. – dijo él.
-    ¿Por? ¿Cómo? ¿A quien? – pregunté olvidándome de mi cansancio.
-    No importa, después te dirán. – contestó con un insoportable misterio.
-    Bueno… - me rendí, ya se lo sacaría de entre los dientes mas tarde – Mejor despertemosla, ¿si?
-    Dale.
Intentamos despertarla. Todo, sacudirla, hablarle… aunque ninguno de los dos nos habíamos percatado de que aún tenía la botella con un poco de agua, con la que había despertado a Ciro, en la mano.
En cuanto me di cuenta la vacié sobre el rostro de la chica, quien abrió los ojos sorprendida. Ahora que la veía, era muy parecida a su hermano en cierto modo.
-    ¿Cómo estas? – pregunté.
-    Bien… no estan ese tipo, ¿no? – preguntó – Me durmieron… perdón.
-    Esta bien, tranquila… - dijo Ciro.
Pero antes de que ninguno pudiera decir algo mas, la chica empezó a llorar y se abalanzó encima nuestro, abrazandonos a ambos.
Ciro y yo nos miramos extrañados, devolviendole a medias el abrazo. Ninguno parecía estar muy cómodo con la situación, pero por suerte terminó soltándonos. Yo le sonreí, pero Ciro ya estaba parado mirando por las calles sucias y oscuras.
-    ¿Qué pasa Ciro? – preguntó Yuki.
-    Tenemos que seguir por ahí. – dijo – Vamonos. ¿Podes ir sola, Yukari?
-    Si, creo que si.
-    Mejor que vaya lento, mejor adelantate, nosotras te seguimos por detrás. – propuse con la ilusión de no tener que seguir el paso rápido de Ciro.
-    Para eso prefiero llevarla yo. – dijo, estaba de mal humor.
-    Como quieras…
Pero nada, tenía la ilusión de que me dejara ir a mi ritmo pero no. Fue una hora casi trotando tras él, intentando seguirle el paso a sus enormes zancadas. Estaba muy cansada, el corazón parecía querer salir con su vibración constante de mi cuerpo, y mis pulmónes eran, literalmente, de plomo. No daba mas…
En el mismo momento en que mis rodillas nuevamente me traicionaron, ya habíamos llegado.
Era un edificio enorme, gris, sucio… era parecido a toda la calle, pero este resaltaba con notoriedad. Era bastante complejo, aunque nunca supe nada de arquitectura, y no podía apreciarlo, si es que se podía hacerlo, en el esstado que estaba. Hiperventilaba, viendo si una gota de oxígeno entraba por mi nariz.
-    Veni… - dijo Ciro – tenemos que llegar…
Caminamos por unos pasillos completamente vacíos y estrechos, por no mencionar tenebrosos. Esta vez, gracias a dios, ibamos mas lento, aunque nunca tuve mas ganas de recobrar de vuelta el ritmo anterior.
Entonces llegamos a un gran lugar, parecía esos lugares donde estaban los tronos de los reyes y reinas. Parecía antiguo… y si para mi era antiguo no se que sería para ellos. Quien sabe, talvez las modas esas se habían recuperado. Despues de todo, las épocas de reyes y reinas eran bastante vulgares o mezquinas… me hacían acordar a esos momentos.
Entonces, aparecieron tres desconocidos, dos hombres y una mujer, que caminaron hacia nosotros con una expresión extraña… como si después de mucha espera apareciera lo que buscaban.
-    ¡Mamá, papá! – exclamó Yuki corriendo hacía la mujer y un hombre que era perturbadoramente parecido a Ciro… bueno, ahora conocía a sus padres.
-    Hola. – me saludó la mujer con una cálida sonrisa.
-    Un gusto, soy Gekko. – se presentó el padre de los chicos.
-    Un gusto. – dije estrechandole la mano.
-    ¿Cómo te llamas? – preguntó.
-    Caramelle, se lo puso Ciro. – contestó Yuki con los ojos como antorchas. Se veía contenta…
-    Caramelle… - dijo el otro hombre – un gusto conocerte. Te estabamos esperando.

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