-
Ciro, esto esta muy bueno… - dije con honestidad probando lo que me había
cocinado.
-
Que bueno.
Se había sentado
a mi lado y me miraba comer, me sentía como un cachorro. Me había cocinado
pasta… era raro, pero ya lo sentía como mi plato favorito. Me reí sin saber por
qué y lo miré con una sonrisa inocente. Estaba feliz… sacarme el hambre me
ponía de buen humor.
-
Te ves bien. – comentó después de un rato, mirándome fijo. Me ruboricé y él rió
maliciosamente.
-
La verdad es que ni idea. – dije.
Me miró
extrañada. Había algo en sus ojos que me decía que estaba disfrutando ese
momento como yo…
-
¿Ni siquiera te acordás de cómo sos? – preguntó sorprendido.
-
No, podría ser china o indú y ni cuenta me daría.
Se rió. Tenía una
risa melodiosa y unos dientes perfectos. Me mordí el labio y miré para otro
lado para que pensara que mi nerviosismo era por el no saber quien era…
Me sacó uno de
los mechones de la cara y me miró con atención.
-
¿Querés que te diga como te ves? – preguntó. Asentí con nerviosismo ante su
mirada. – A ver…
“ Tenes ojos muy
grandes,verdes… no, azules… no se. No logró distinguir. Sos muy pálida, aunque
tenes bastante color en las mejillas a tono con tus labios finos y rojos… - el
tono de su voz iba disminuyendo progresivamente y yo me perdía en sus palabras
y me costaba un poco prestar atención – Pelo… castaño. Sos…
-
¿Si? – pregunté, ansiosa ante el repentino silencio – Soy…
Se acercó, sabía
bien sus intenciones. Esperaba sin sacarle la mirada de los ojos, pero cuando
sus labios estuvieron lo suficientemente cerca torció el gesto, dejandome con
una pila de ilusiones rotas.
-
En fin, sos muy linda. – concluyó en un tono casi inaudible.
-
Gracias.
Un silencio
incómodo invadió la casa. Yo seguí comiendo como si nada, pero había un
cosquilleo insoportable en la boca de mi estómago. La verdad, no tenía nada de
hambre. Intenté varias cosas para sacarme el recuerdo de su aliento fresco
sobre mi piel, pero era casi imposible.
Empecé a analizar
los momentos de un modo analítico, psicológico… o como fuese. Ciro había hecho
bien, no estaba bien el besarnos. Pero, ¿Qué estaba bien? No me importaba, no
lo sabía y lo ignoraba. En ese momento de mi vida solo me importaba lo que yo
creía que era correcto, ya que era la única voz razonable que tenía. Hubiera
sido besar a un extraño… no
te olvides que para vos misma tambien lo sos. ¿Cuándo se
callaría esa conciencia tan inútil?
Entonces todo fue
interrumpido por un ronquido. No pude evitar el reirme, y tampoco él. Así
entonces el aire de tensión se calmó bastante y pude volverle a hablar como si
nada.
-
Bueno, estoy esperando. – comenté sin pensar.
-
¿A qué…? – preguntó con un tono nervioso.
-
A que me cuentes algo de vos, yo ya te lo conté todo… - dije y me reí de mi
pobreza. Despues de todo, “al mal tiempo buena cara”, ¿no?
-
No tengo nada interesante, la vida aca es muy aburrida. – comentó.
-
Me imagino.
-
¿Siempre sonreís o lo haces solamente para molestarme? – preguntó con cierto
enojo y confusión.
-
Un poco de ambos… - mentí. La verdad era que si no sonreía, mi mente sería
invadida por esos horribles pensamientos suicidas que, siendo yo, harían que
terminara siendo una asesina en serie, porque nunca podría matarme a mi mismo,
por simple orgullo.
Miró al cielo
negando como si su paciencia fuera infinita, y con un par de palabras se
despidió.
-
Me voy a dormir.
Y se fue con una
absurda dignidad.
Me quería dejar
plantada, no era idiota.
Entonces yo
tambien subí a mi cuarto, donde Yuki ya había despertado y miraba unas cosas…
un libro viejo amarillento de tapa dura, unas fotos tambien medio rotas y con
sus vordes quemados, un conejo de peluche igual al que tenía ella pero en azul,
una piedra celeste…
Algunas cosas me
sonaban conocidas, como si en algún momento hubieran sido cosas mias, y cosas
valiosas.
-
¿Qué haces? – pregunté con una sonrisa bondadosa, sentandome frente a ella en
la cama.
-
Nada, miraba las cosas que rescate de la casa…
-
¿Eran estas cosas? – pregunté, por mas obvio que fuese, solo quería tratarla
bien.
Entonces tomé el
libro con cierto cariño. “Lágrimas del alma” me sonaba conocido ese libro… lo
abrí a la mitad, conocía esa historia. Me la acordaba de pies a cabeza, lo cual
era raro, pero me puse feliz, algo que recordaba que no me ponía mal.
Me puse a leerlo,
como si fuera costumbre. Ya sabía como seguiría cada palabra y sin embargo
siempre me sorprendía algo.
-
Me suena conocida esta historia… - dije.
-
Si, me imaginé. Creo que estas… - explicó – eran tus cosas.
Su luz era tenue
y su rostro era serio, miraba a las cosas como tesoros que cedía por una buena
causa.
Me miró y esbozó
una sonrisita al tiempo que su luz aumentaba, pero no mucho.
-
¿En serio? – pregunté con sorpresa – Me parecía raro que me sonaran tan
conocidos.
Entonces, con el
libro aún en manos experimente cierto orgullo hacia él y recordé la voz de una
chica que no lograba reconocer del todo, sus palabras eran confusas. Contaban
la historia esta, sonaba alegre, emocionada…
-
Mira este, es el que más me gusta. – dijo ella, entregandome un reloj de
bolsillo muy antiguo, con sus ojos bien encendidos. Entonces recordé una voz,
que al instante, reconocí como mi padre.
“Cuidalo, viene
de varias generaciones… a ver si ahora te ubicas un poco en el tiempo real.”
Las palabras
hicieron eco en mi mente, haciendo que una sonrisa melancólica decorara mi
rostro al ver el reloj, cuyo andar, aparentemente, era perfecto.
-
¿Te acordaste de algo? – preguntó al ver mi sonrisa.
-
Si… solo que es de mi padre... – contesté sin mirarla - ¿Hay más?
-
Si…
Entonces me fue
dando así un par de cosas más, de las cuales no reconcí ninguna, a excepción
del conejo… entonces me acordé de mi hermano y yo, en una foto cuando éramos
mas chicos ambos con los conejos, el mio el blanco y el suyo azul, y una
punzada paso por mi pecho y estómago.
-
Soni… - dije, al parecer ese era el nombre del conejo.
-
¿Lo reconocés? – preguntó, con su brillo aumentando nuevamente.
-
Si… era el conejo de mi hermano, el tuyo es el mío… - le conté.
-
¿Tenés un hermano? – preguntó emocionada.
-
Si… mas chico… me… ¿me puedo quedar con él? – pregunté, tomando el conejo.
-
Si, obvio. ¿No querés el tuyo? – preguntó, tomando a usagi.
-
No, quedatelo vos… - dije – parece quererte.
Entonces ella
rió. Me costó mucho no taparme los ojos por lo encandilada que estaba, pero no
la quería hacer sentir mal.
-
Voy a buscar algo de desayunar. – anunció llendose sin más preámbulos a la
cocina.
-
Pero… - intenté quejarme, pero ya se había ido – acabo de cenar. – concluí
solitariamente.
Me quede mirando
a Soni, con cierta nostalgia. Un rato después, Ciro se encontraba en la puerta
de mi cuarto, con una expresión molesta.
-
¿Tenían que hablar tanto? Además, ¿Qué es todo ese ruido? – preguntó de mal
humor.
Tenía razón, Yuki
estaba haciendo mucho ruido. Se escuchó uno o dos platos caer y romperse, cosas
de metal chocarse entre sí… podrían ser cosas normales para una chica de
su edad cocinando, pero no tenía un buen presentimiento.
-
No sé, pero mejor ir a ver… - propuse saliendo del cuarto delante de él.
Entonces,
escuchamos un grito y una ventana romperse. Ambos la llamamos a los gritos y
bajamos apresuradamente las escaleras pero ya era demasiado tarde… el hombre
que estaba durmiendo en el armario había salido y la había capturado.

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