Mundo Real 21

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Desperté en la cama, bien tapada, tomada de la mano de Ciro, quien estaba dormido, sentado en el piso al lado de mi cama. Odiaba decir esto, pero era muy tierno, y el hecho de estar tomada de la mano de él hacía que mi corazón saltara arrítmicamente.
Me senté sobre la cama y me acomodé para verlo al revez. Le soplé en la cara, para que se despertara, y él abrió lenta y tranquilamente los ojos. Me miró fijamente. ¿Cómo se podía tener una mirada mas fuerte que la conciencia o una persona? Me sonrió suvemente.
- Buenos días, perro. – le burle.
- ¿Por qué perro?
- Sos mi perro, dormis al lado de mi cama en el suelo. – respondí acariciandole la cabeza como si fuese una mascota.
- ¿Se supone que tengo que ladrar?
- Si me queres hacer feliz, si.
- Tengo algo mejor.
Entonces me dio un beso, aunque corto, fue bastante significativo. Mi nariz por apenas un segundo toco su menton, y después se alejó lo suficiente para reirse de mi expresión sorprendida.
- ¿Tenés hambre? – preguntó – por tu cara me imagino que si, vámonos.
Entonces se levantó y, tomandome de la mano, me llevó fuera del cuarto. ¿Cómo podía ser que a partir de una expresión de asombro y shock dedujera que tenía habre?
Caminamos entre los pasadizos tomados de la mano como si fueramos chiquitos de cinco años. Finalmente llegamos a la casa de Ciro, donde no se escuchaba ni una voz. Me daba miedo que alguien nos encontrara así, tomados de la mano
Entramos a lo que sería la cocina y me hizo sentarme en una silla.
- ¿Qué queres? – preguntó.
- Mas que mi perro, sos mi sirviente. Me seguis fielmente, me cuidas, me cocinas…
- Bueno, mejor que estes de buen humor, sino no quiero terminar como otros.
- Que bueno que te des cuenta de eso.
Entonces él mando una carcajada y Yuki entró, obviamente nos callamos ambos. Él se fijó a ver que podría hacer mientras ella se me sentaba al lado, con una cara de sueño y los ojos ténues.
- Buenos días. – dijo con un tono bajo.
- Buenos días zombie. – respondí.
Esperamos un rato a que Ciro se sentara con nosotras y nos diera algo parecido a una torta… aunque no me quería aventurar. Probé un poco… sin duda, era eso.
El silencio reinaba aunque las miradas nos acusaban. Yuki parecía devanarse los sesos intentando adivinar que significaban las miradas que Ciro y yo nos mandabamos, nos reíamos…
- ¿De qué me perdí? – preguntó ofendida. Ambos nos reimos.
- Nada, ¿no te da gracia a vos? – pregunté.
- ¿Qué?
- Su cara de tonto. – bromeé, mientras Yuki y yo nos reíamos de la cara de idiota que ponía Ciro al no entender el chiste.
Entonces entró Seth. En serio, ahora todo, su andar, su mirada, incluso su aspecto, eran distintos. No veía hacía ya demasiado tiempo su peine, no sonreía tanto como antes y ese acento suyo meloso había cambiado por un tono mas bestial.
Me gustaba mas así, en especial por su nuevo estilo. Su pelo despeinado hacía que pareciera más… interesante.
Se sentó en la mesa con cierta brusquedad, me miró y sonrió. Me quedé algo sorprendida. ¿Qué quería decir esa sonrisa?
De todos modos, su indiferencia hacía Ciro y Yuki no fue algo que pasó por desapercibido. Ciro se veía algo enojado y Yukari parecía ofendida. Sin embargo el otro ni se digno a decir algo que evitara ese sentimiento de confusión en la sala. Eran primos y tan mal se llevaban… ¿por qué no me sorprendía? Quiero decir… en una familia se deberían llevar bien…
No importaba ya, me parecía mas importante calmar a Ciro, que por alguna razón, la cual podía o ser la indiferencia de su primo o por la mirada que me envió, antes de que golpeara a Seth otra vez… Lo miré preventivamente. Parecía suplicarme con la mirada para que le dejara pelearse. Me negué, aunque no pude evitar la risa.
- Ciro, ¿puedo hablar con vos un momento? – preguntó Seth, repentinamente, asustandonos al principio a Ciro y a mi, y después preocupandonos.
- Si, seguro. – accedió el gladiador siguiendo a su primo afuera de la sala.
Me mandó una mirada que finjía miedo, no pude evitar reirme.
Sin embargo cuando se fue, me dice unta de lo ridícula que estaba siendo. No… no debía ilusionarme, dejarme llevar por las cosas o sentimientos… era demasiado peligroso, y tenía que mantenerme atenta a lo que pasaba…
A quien engañaba. Era, soy y probablemente siempre seré una ilusa en estos temas.
- Caramelle, ¿te puedo hacer una pregunta? – me pidió Yuki.
- Ya la hiciste. – dije aún intentando entender esta duda.
- No, en serio. ¿Qué pasó entre Ciro y vos?
Bueno, eso fue incómodo. ¿Cómo podía ser que una nena de unos ocho años sabía mas que yo de estos temas?
De todos modos, me sorprendió el brillo de sus ojos. Era… divertido en cierto punto lo emocionada que parecía porque talvez algo hubiera pasado entre nosotros dos. me mordí el labio para contener la risa.
- No se. – contesté - ¿Por qué preguntas?
- Se veían animados, además, si te pones con Ciro serías mi hermana. – comentó alegremente. Me reí.
- ¿Tanto querés que nos pongamos juntos?
- Si. No me digas que no te gusta. – dijo ella, sonriéndome pícaramente.
- No seas mala. – supliqué, con ciertos nervios – Y no…
- ¿No te gusta? – preguntó, con su brillo yendose abruptamente.
- No sé…
- ¿Cómo haces para no saber si te gusta o no alguién?
Me ruboricé, tenía razón.
- No se…
- ¡Pero es obvio!
- ¿Qué es obvio?
- El que sea mas chica que vos no significa que sea tonta…
Un ruido sordo interrumpió a Yuki, un golpe… uno bastante feo, que venía de donde Ciro y Seth estaban.
- Otra vez… - me quejé, levantandome para detenerlos.
Abrí la puerta por la cual habían salido para ver lo que había pasado.
Ciro, tirado en el suelo repleto de sangre. El susto fue tal que por un momento me quedé helada, pero fueron solo unos instantes. Al instante pude despejar mi mente y obligarme a ir a su lado. Miré a Seth, no acusadoramente, pero si algo asustada.
- ¿Qué paso? – pregunté.
- No se… se cayó esa lampara de arriba y lo golpeó. – contó, algo asustado, señalando a la lampara rota en el suelo, no muy lejos mio.
- ¿Se le cayó en la cabeza? – pregunté, era la única manera posible en la que me imaginaba que podría desmayarse de tal manera, pero no que le salga tanta sangre.
- Si…
- ¿Y de donde viene la sangre? – consulte, alternando mi mirada para buscar la sangre y ver a Seth. Algo no me cerraba.
- De la cabeza supongo.
Pero no, venía del cuello. Se había cortado de la quijada al final del cuello. Me acordé de los vampiros, pero sabía que no podría ser posible, no encajaba con ningun tipo de mordida.
Mire a Seth, quien no se daba cuenta del origen de la sangre.
- ¿Dónde lo golpeó?
- Aca arriba. – me respondió, señalando la parte de arriba de la cabeza.
Pero ya no quería escuchar más, sabía que me estaba mintiendo. Puse a Ciro encima mío, como ya había hecho a su tiempo, y lo llevé a algún lugar donde pudiera savarlo. Había sido muy estúpido quedarme para pedir explicaciones antes de que pudieran parar la emorragia, aunque por suerte parecía ser resistente.
Por suerte Yuki había llamado a sus padres, y no estaban tan lejos. Obviamente, me hecharon una mirada horrible, me imagine, por un momento, que me estaban hechando la culpa de lo sucedido, como habían prometido al comenzar el viaje. Pero no me importaba, solo querían que salvaran a Ciro…
Que lo salvaran…
Sentí como si algo me estrujara el estómago, pero opté por ignorarlo. Cuando se llevaron a Ciro me sentí más aliviada, ya que se salvaría, pero no sabía como hacer para sacar la verdad de Seth. Estaba segura de que me había mentido.
- Seth… - le llamé, una vez segura de que Ciro estuviera bien.
- ¿Si? – preguntó él, quien todavía estaba en la cocina, cuando entré me miró sorprendido – Cambiate, después hablamos.
- ¿Qué? – pregunté mirandome a mi misma, claro, mis ropas se habían llenado de sangre, una pena, porque era lo único que tenía, junto al uniforme del soldado, que nunca volvería a usar – No tengo que ponerme – contesté honestamente.
- Veni.
Entonces lo segui hasta lo que supuse que sería su cuarto, que como el mío, quedaba afuera del departamento que sería la casa de Ciro. Cuando llegamos a ese caos (cosa que no lograba meterse en mi mente, ya que mi sentido común me decía algo distinto con como era Seth) me tiró una remera y unos pantalones.
- Ponetelos. – me obligó, recostandose en la cama.
- Es broma, ¿no? – pregunté.
- ¿Qué?
- ¿En serio crees que me voy a cambiar en frente tuyo?
- Ah… bueno, me tapo los ojos. – propuso poniendo su mano para no ver.
- No me sirve. Ademas, tengo que hacerte unas preguntas.
- Adelante.
- Primero, ¿Qué te paso?
- ¿Por qué me debe pasar algo? – preguntó.
- No soy idiota. De ser un chico delicado, ordenado y más afeminado pasaste a ser una bestia. ¿Dónde esta tu peine o tu delicadeza?
- ¿Qué tiene? ¿No te gusta más así? – preguntó acercandose alarmantemente. Era una tactica como las de Ciro, sin embargo no… no tenía ese atractivo que tenía mi gladiador, pero eso no le sacaba lo interesante.
- ¿A qué viene eso?
- A que cambié por vos. – dijo, apartando un mechón de mi cara. Lo aparté, no era tan interesante como me imaginé, aunque tenía ganas de reirme, me mordí el labio para evitarlo, aunque era evidente.
- Si claro, ahora pasemos a la parte que si mentis te mato. ¿Qué le hiciste a Ciro?
Las expresiónes de los dos pasaron a ser serias. Se daba cuenta de que no le creía, de que era un idiota al mentirme, porque yo me daba cuenta. Yo ya sabía, y podía leer el miedo que tenía por su mirada.
- No le hice nada. Le cayó encima una lámpara.
- Si, seguro. Si le cayó en la cabeza, ¿como puede ser que se cortó el cuello?
- No sé. – contestó con cara de idiota.
- No…
- ¿No qué? Creo que tenemos cosas mas importantes de las cuales encargarnos ahora. Como el tema de nosotros.
- No molestes. – supliqué para evadir el tema.
- ¿Te molesto?
- Si. No me vengas con esas cosas, son estúpidas. Se mas que bien que no cambiaste por eso, algo te pasó, sino no hubiera sido tan repentino.
- ¿Y cuando cambié para vos, entonces?
- Cuando… - intenté responder de una manera en la cual no supiera de lo ocurrido entre Ciro y yo.
- Cuando Ciro y vos se besaron. – contestó él, por sí mismo.
- Si. – concluí, no serviría de nada mentir.
- ¿Ves? Me imaginé… que tendría que ser mejor que Ciro para ganarte.
- ¿Quién te dijo que yo quería a Ciro para empezar? – pregunté, de un modo en el cual podría irme lo antes posibles, aunque ni siquiera así podría irme en ese instante – No molestes. Se que me estas diciendo cualquier cosa…
Pero no pude decir más. Seth ya se había acercado lo suficiente e intentó besarme. Fue apenas un instante, en el cual no logré reaccionar, sin embargo, el hecho de que no tenía ni el más mínimo interés en ese chico, que solía peinarse con un peine lila y verde cada dos segundos, logró hacer que me alejara lo suficientemente rápido como para poder escaparme sin que me siguiera, por el sobresalto.
Salí del cuarto, hiperventilando por los nervios. No le quería…
Entonces simplemente me escapé lentamente hacía el departamento.
Era… era demasiado.

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