Desperté en la
cama, bien tapada, tomada de la mano de Ciro, quien estaba dormido, sentado en
el piso al lado de mi cama. Odiaba decir esto, pero era muy tierno, y el hecho
de estar tomada de la mano de él hacía que mi corazón saltara arrítmicamente.
Me senté sobre
la cama y me acomodé para verlo al revez. Le soplé en la cara, para que se
despertara, y él abrió lenta y tranquilamente los ojos. Me miró fijamente.
¿Cómo se podía tener una mirada mas fuerte que la conciencia o una persona? Me
sonrió suvemente.
- Buenos días,
perro. – le burle.
- ¿Por qué perro?
- Sos mi perro,
dormis al lado de mi cama en el suelo. – respondí acariciandole la cabeza como
si fuese una mascota.
- ¿Se supone que
tengo que ladrar?
- Si me queres
hacer feliz, si.
- Tengo algo
mejor.
Entonces me dio
un beso, aunque corto, fue bastante significativo. Mi nariz por apenas un
segundo toco su menton, y después se alejó lo suficiente para reirse de mi
expresión sorprendida.
- ¿Tenés hambre?
– preguntó – por tu cara me imagino que si, vámonos.
Entonces se
levantó y, tomandome de la mano, me llevó fuera del cuarto. ¿Cómo podía ser que
a partir de una expresión de asombro y shock dedujera que tenía habre?
Caminamos entre
los pasadizos tomados de la mano como si fueramos chiquitos de cinco años.
Finalmente llegamos a la casa de Ciro, donde no se escuchaba ni una voz. Me
daba miedo que alguien nos encontrara así, tomados de la mano
Entramos a lo
que sería la cocina y me hizo sentarme en una silla.
- ¿Qué queres? –
preguntó.
- Mas que mi
perro, sos mi sirviente. Me seguis fielmente, me cuidas, me cocinas…
- Bueno, mejor
que estes de buen humor, sino no quiero terminar como otros.
- Que bueno que
te des cuenta de eso.
Entonces él
mando una carcajada y Yuki entró, obviamente nos callamos ambos. Él se fijó a
ver que podría hacer mientras ella se me sentaba al lado, con una cara de sueño
y los ojos ténues.
- Buenos días. –
dijo con un tono bajo.
- Buenos días
zombie. – respondí.
Esperamos un
rato a que Ciro se sentara con nosotras y nos diera algo parecido a una torta…
aunque no me quería aventurar. Probé un poco… sin duda, era eso.
El silencio
reinaba aunque las miradas nos acusaban. Yuki parecía devanarse los sesos
intentando adivinar que significaban las miradas que Ciro y yo nos mandabamos,
nos reíamos…
- ¿De qué me
perdí? – preguntó ofendida. Ambos nos reimos.
- Nada, ¿no te
da gracia a vos? – pregunté.
- ¿Qué?
- Su cara de
tonto. – bromeé, mientras Yuki y yo nos reíamos de la cara de idiota que ponía
Ciro al no entender el chiste.
Entonces entró
Seth. En serio, ahora todo, su andar, su mirada, incluso su aspecto, eran
distintos. No veía hacía ya demasiado tiempo su peine, no sonreía tanto como
antes y ese acento suyo meloso había cambiado por un tono mas bestial.
Me gustaba mas
así, en especial por su nuevo estilo. Su pelo despeinado hacía que pareciera
más… interesante.
Se sentó en la
mesa con cierta brusquedad, me miró y sonrió. Me quedé algo sorprendida. ¿Qué
quería decir esa sonrisa?
De todos modos,
su indiferencia hacía Ciro y Yuki no fue algo que pasó por desapercibido. Ciro
se veía algo enojado y Yukari parecía ofendida. Sin embargo el otro ni se digno
a decir algo que evitara ese sentimiento de confusión en la sala. Eran primos y
tan mal se llevaban… ¿por qué no me sorprendía? Quiero decir… en una familia se
deberían llevar bien…
No importaba ya,
me parecía mas importante calmar a Ciro, que por alguna razón, la cual podía o
ser la indiferencia de su primo o por la mirada que me envió, antes de que
golpeara a Seth otra vez… Lo miré preventivamente. Parecía suplicarme con la
mirada para que le dejara pelearse. Me negué, aunque no pude evitar la risa.
- Ciro, ¿puedo
hablar con vos un momento? – preguntó Seth, repentinamente, asustandonos al
principio a Ciro y a mi, y después preocupandonos.
- Si, seguro. –
accedió el gladiador siguiendo a su primo afuera de la sala.
Me mandó una
mirada que finjía miedo, no pude evitar reirme.
Sin embargo
cuando se fue, me dice unta de lo ridícula que estaba siendo. No… no debía
ilusionarme, dejarme llevar por las cosas o sentimientos… era demasiado peligroso,
y tenía que mantenerme atenta a lo que pasaba…
A quien
engañaba. Era, soy y probablemente siempre seré una ilusa en estos temas.
- Caramelle, ¿te
puedo hacer una pregunta? – me pidió Yuki.
- Ya la hiciste.
– dije aún intentando entender esta duda.
- No, en serio.
¿Qué pasó entre Ciro y vos?
Bueno, eso fue
incómodo. ¿Cómo podía ser que una nena de unos ocho años sabía mas que yo de
estos temas?
De todos modos,
me sorprendió el brillo de sus ojos. Era… divertido en cierto punto lo
emocionada que parecía porque talvez algo hubiera pasado entre nosotros dos. me
mordí el labio para contener la risa.
- No se. –
contesté - ¿Por qué preguntas?
- Se veían
animados, además, si te pones con Ciro serías mi hermana. – comentó
alegremente. Me reí.
- ¿Tanto querés
que nos pongamos juntos?
- Si. No me
digas que no te gusta. – dijo ella, sonriéndome pícaramente.
- No seas mala.
– supliqué, con ciertos nervios – Y no…
- ¿No te gusta?
– preguntó, con su brillo yendose abruptamente.
- No sé…
- ¿Cómo haces
para no saber si te gusta o no alguién?
Me ruboricé,
tenía razón.
- No se…
- ¡Pero es obvio!
- ¿Qué es obvio?
- El que sea mas
chica que vos no significa que sea tonta…
Un ruido sordo
interrumpió a Yuki, un golpe… uno bastante feo, que venía de donde Ciro y Seth
estaban.
- Otra vez… - me
quejé, levantandome para detenerlos.
Abrí la puerta
por la cual habían salido para ver lo que había pasado.
Ciro, tirado en
el suelo repleto de sangre. El susto fue tal que por un momento me quedé
helada, pero fueron solo unos instantes. Al instante pude despejar mi mente y
obligarme a ir a su lado. Miré a Seth, no acusadoramente, pero si algo asustada.
- ¿Qué paso? –
pregunté.
- No se… se cayó
esa lampara de arriba y lo golpeó. – contó, algo asustado, señalando a la
lampara rota en el suelo, no muy lejos mio.
- ¿Se le cayó en
la cabeza? – pregunté, era la única manera posible en la que me imaginaba que
podría desmayarse de tal manera, pero no que le salga tanta sangre.
- Si…
- ¿Y de donde
viene la sangre? – consulte, alternando mi mirada para buscar la sangre y ver a
Seth. Algo no me cerraba.
- De la cabeza
supongo.
Pero no, venía
del cuello. Se había cortado de la quijada al final del cuello. Me acordé de
los vampiros, pero sabía que no podría ser posible, no encajaba con ningun tipo
de mordida.
Mire a Seth,
quien no se daba cuenta del origen de la sangre.
- ¿Dónde lo
golpeó?
- Aca arriba. –
me respondió, señalando la parte de arriba de la cabeza.
Pero ya no
quería escuchar más, sabía que me estaba mintiendo. Puse a Ciro encima mío,
como ya había hecho a su tiempo, y lo llevé a algún lugar donde pudiera
savarlo. Había sido muy estúpido quedarme para pedir explicaciones antes de que
pudieran parar la emorragia, aunque por suerte parecía ser resistente.
Por suerte Yuki
había llamado a sus padres, y no estaban tan lejos. Obviamente, me hecharon una
mirada horrible, me imagine, por un momento, que me estaban hechando la culpa
de lo sucedido, como habían prometido al comenzar el viaje. Pero no me
importaba, solo querían que salvaran a Ciro…
Que lo salvaran…
Sentí como si
algo me estrujara el estómago, pero opté por ignorarlo. Cuando se llevaron a
Ciro me sentí más aliviada, ya que se salvaría, pero no sabía como hacer para
sacar la verdad de Seth. Estaba segura de que me había mentido.
- Seth… - le llamé,
una vez segura de que Ciro estuviera bien.
- ¿Si? –
preguntó él, quien todavía estaba en la cocina, cuando entré me miró
sorprendido – Cambiate, después hablamos.
- ¿Qué? –
pregunté mirandome a mi misma, claro, mis ropas se habían llenado de sangre,
una pena, porque era lo único que tenía, junto al uniforme del soldado, que
nunca volvería a usar – No tengo que ponerme – contesté honestamente.
- Veni.
Entonces lo segui
hasta lo que supuse que sería su cuarto, que como el mío, quedaba afuera del
departamento que sería la casa de Ciro. Cuando llegamos a ese caos (cosa que no
lograba meterse en mi mente, ya que mi sentido común me decía algo distinto con
como era Seth) me tiró una remera y unos pantalones.
- Ponetelos. –
me obligó, recostandose en la cama.
- Es broma, ¿no?
– pregunté.
- ¿Qué?
- ¿En serio
crees que me voy a cambiar en frente tuyo?
- Ah… bueno, me
tapo los ojos. – propuso poniendo su mano para no ver.
- No me sirve.
Ademas, tengo que hacerte unas preguntas.
- Adelante.
- Primero, ¿Qué
te paso?
- ¿Por qué me
debe pasar algo? – preguntó.
- No soy idiota.
De ser un chico delicado, ordenado y más afeminado pasaste a ser una bestia.
¿Dónde esta tu peine o tu delicadeza?
- ¿Qué tiene?
¿No te gusta más así? – preguntó acercandose alarmantemente. Era una tactica
como las de Ciro, sin embargo no… no tenía ese atractivo que tenía mi
gladiador, pero eso no le sacaba lo interesante.
- ¿A qué viene
eso?
- A que cambié
por vos. – dijo, apartando un mechón de mi cara. Lo aparté, no era tan
interesante como me imaginé, aunque tenía ganas de reirme, me mordí el labio
para evitarlo, aunque era evidente.
- Si claro,
ahora pasemos a la parte que si mentis te mato. ¿Qué le hiciste a Ciro?
Las expresiónes
de los dos pasaron a ser serias. Se daba cuenta de que no le creía, de que era
un idiota al mentirme, porque yo me daba cuenta. Yo ya sabía, y podía leer el
miedo que tenía por su mirada.
- No le hice
nada. Le cayó encima una lámpara.
- Si, seguro. Si
le cayó en la cabeza, ¿como puede ser que se cortó el cuello?
- No sé. –
contestó con cara de idiota.
- No…
- ¿No qué? Creo
que tenemos cosas mas importantes de las cuales encargarnos ahora. Como el tema
de nosotros.
- No molestes. –
supliqué para evadir el tema.
- ¿Te molesto?
- Si. No me
vengas con esas cosas, son estúpidas. Se mas que bien que no cambiaste por eso,
algo te pasó, sino no hubiera sido tan repentino.
- ¿Y cuando
cambié para vos, entonces?
- Cuando… -
intenté responder de una manera en la cual no supiera de lo ocurrido entre Ciro
y yo.
- Cuando Ciro y
vos se besaron. – contestó él, por sí mismo.
- Si. – concluí,
no serviría de nada mentir.
- ¿Ves? Me
imaginé… que tendría que ser mejor que Ciro para ganarte.
- ¿Quién te dijo
que yo quería a Ciro para empezar? – pregunté, de un modo en el cual podría
irme lo antes posibles, aunque ni siquiera así podría irme en ese instante – No
molestes. Se que me estas diciendo cualquier cosa…
Pero no pude
decir más. Seth ya se había acercado lo suficiente e intentó besarme. Fue
apenas un instante, en el cual no logré reaccionar, sin embargo, el hecho de
que no tenía ni el más mínimo interés en ese chico, que solía peinarse con un
peine lila y verde cada dos segundos, logró hacer que me alejara lo
suficientemente rápido como para poder escaparme sin que me siguiera, por el
sobresalto.
Salí del cuarto,
hiperventilando por los nervios. No le quería…
Entonces
simplemente me escapé lentamente hacía el departamento.

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