Mundo Real 19

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No podía evitar pensar que no era normal, sin embargo tampoco podía negar el hecho de que no lo quisiera. ¿Qué había sido eso? Fue tan repentino que mi mente, por un momento, parecía en blanco. No podía pensar en lo que estaba pasando, y menos aún en otra cosa.
De todos modos, la claridad no volvió a mi mente cuando se separo. Era como un zumbido constante que me ponía muy nerviosa, y el hecho de que siguiera sin cambiar su opinión me ponía de bastante mal humor, pero intenté olvidarlo.
Recordé lo de Seth en el suelo con su peine y mi humor y la claridad en mi mente volvieron a estar de pié. Esta vez no contuve la risa, sabía que Ciro pensaría que estaba loca, pero lo que sea para sacar ese molesto zumbido o peor aún, ilusionarme con algo que nunca pasaría.
Ciro también rió, aunque apenas. Me miraba de un modo raro, y yo simplemente desvié la vista. Sentía las palpitaciones en la garganta y la sangre circulando por mis brazos, haciendo un cosquilleo agradable pero molesto.
Me solté. Los nervios se apoderaban de mis acciones.
-    Eso significa, que no me das la razón, ¿no? – pregunté con la necesidad de sacar esa incomodidad que sentía.
-    No, pero… ¿importa? Ya se que no voy a lograr nada diciendotelo, la proxima te cuido un poco mejor.
-    No seas idiota, no soy un bebé…
-    Deberías dejar de portarte como tal…
-    Dejala en paz. – ordenó con una voz autoritaria Seth, entrando de improvisto a la sala, tomandome del brazo y tirandome detrás de él, como para protegerme.
-    ¿Qué? – pregunté, sorprendida.
Seth se veía extraño. De su tristeza por las perdidas del día había pasado a ser una especie de ferocidad protectora. No era mala la transformación, dado a que ahora que parecía un poco menos… molesto o afeminado, era mas interesante, pero seguía siendo extraño.
La pregunta era: ¿Qué le había pasado?
-    No la molestes mas. Nos vamos, Caramelle. – dijo con tono autoritario y me llevó hacia la puerta.
-    Si seguro… ¿Quién te pensas que sos para meterte? – preguntó Ciro, molesto, tirandome para su lado.
-    El jefe. – respondió Seth con total seguridad.
-    ¿QUÉ?- pregunté yo.

-    No podes obligarla a hacer nada. Ella si quiere se va, sino no. – le retó Seth.
Yo miraba estupefacta.
-    Exacto, ella no quiere ir. ¿No es cierto? – dijo Ciro, mirandome con seriedad, tal como Seth. Mire a uno y al otro.
-    ¿Saben qué?, no quiero irme con ninguno de ustedes. – exclamé, nerviosa.
Seth negó con la cabeza y volvió a intentar llevarme con él. ¿Cuál era su problema?
Ciro no dudó ni por un momento. Con un golpe seco y lleno de furia tiró a Seth en el suelo. El chico ahí tirado, despeinado y dolorido, era todo menos el chico que yo conocía. Era mas… salvaje, por así decirlo. Mas normal.
Seth también fue rapido, y no mucho después la lucha siguió. Esto era ridiculo y de algún modo divertido, mi conciencia me pedía detenerlos de algún modo u otro, y otra parte de mi recordaba a los apostadores en las peleas de Boxing, Seth solo había recibido un golpe y ya le sangraba la nariz, pero Ciro… era luchador nato, esquivaba cada ofensiva con clase y talento, definitivamente hubiera apostado por él. Era divertido en un punto pero tenía que dar el ejemplo…
Entonces me acorde: no era la jefa. Me agarró algo de bronca. Me divertía mucho más la idea de que yo podía mandar a esos dos chicos que verlos pelearse, mas allá del hecho de que era por mi. ¿Por qué meterme? Eran idiotas… ojalá Hang o Yuki estuvieran ahí para sacarme.
Sin pensarlo dos veces, me metí en el medio, no con la intención de detenerlos sino de dejar algunas cosas claras.
-    Escuchen bien, - dije en un tono bajo de voz, bastante seria – entiendan dos cosas. Primero, no voy a seguir a ninguno de los dos, y segundo, yo soy aca la que manda, después de todo, soy la razón de todo esto, ¿no? Asi que se los dejo bien claro: no me molesten más. – concluí con voz mas que amenazadora, asustandolos a ambos. Podría haber sido mafiosa con ese tono… bromeé por mis adentros, aunque evité reirme, mejor no arruinar con mi estúpido humor privado lo que podría ser un logro.
Entonces salí triunfante, o por lo menos sintiendome así. Seguía algo angustiada, pero tenía otras cosas en mi mente, la cual no quería pensar en la perdida de Hang. Había otras cosas como el cambio de Seth. De un momento a otro había cambiado radicalmente en su actitud. ¿Sería por el peine? Talvez, aunque eso no tenía mucho sentido, aunque no pudo no notar que no lo tenía siquiera a mano a su preciado peine.
Subí inconcientemente las escaleras pensando en la poca variación que pudo haber hecho el cambio de actitud en mi compañero y de repente me encontre en el cuarto de Hang Yue, donde estaba recostado, en paz. Me senté a su lado y me dediqué a no pensar. Si suena ridículo, pero me tranquilizaba un poco el no tener nada en la mente que pudiera afectar mi humor.
La verdad es que mucho la actitud de Seth no me importaba. Me importaba mas mi situación, ya que los problemas de él eran solo suyos, y no tenía derecho de meterme, ya que ni lo conocía, no sabía si ese era su comportamiento habitual o que.
Miré a Hang en busca de algo… no sabía de que. Aunque no me tarde en saberlo.
Había una hoja justo debajo de la almohada. Con curiosidad la tomé y la desdoblé. Era una especie de carta… ¿dirijida a mi?
Caramelle:
No te preocupes por mí. Yo ya sabía lo que me iba a morir, después de todo, soy un humano y a todos nos llega un final, a mi me toco ahora. No tenía miedo, y voy a estar bien, preocupate por lo que tenes que hacer. Estuve averiguando, no puedo negar que tu situación me resulto algo… interesante. Yo siempre supe que Thony tenía algo especial, por eso lo tomé desde un principio. Llegué a pensar que eso de los elegidos es algo complementario entre los tres, si te fijas bien, Thony, Seth y vos son completamente distintos, pero entre ustedes forman algo que podría ser perfecto, y el mas fuerte sería el lider, quien claramente sos vos, dado a que Seth es… no es lo mismo. Aunque es una pena que aún no haya podido pensar en más. Sin embargo, encontré algo que me hizo preocupar bastante por Seth, una profecía, la cual te dejo acá.
“El que antes estuvo congelado será traicionado por un ser interno. Cuando el hielo sienta una gran decepción será el momento perfecto para el fuego para derretirlo. La destrucción se acerca a medida que ese ser crece y destruye al posible elegido. La decepción será generada por un intruso entre los helados, aunque un posible acompañante y confidente.” 
¿Crees que alguién intente matarlo? Ahora todo queda en tus manos, es todo lo que puedo dejarte.
Te desea lo mejor.
Hang Yue.

Me sentí algo mal. Hang se había ido. Releí la carta, solo para captar el contenido y no, como la primera leida, para recordarlo. No… no entendía. No había un intruso, y menos un… ser.
-    Caramelle… - llamó Ciro, entrando de desprovisto. Al instante me guardé la carta en mi bolsillo, era solo mía. Lo miré con sorpresa.
-    ¿Si?
-    ¿Qué haces? – preguntó.
-    Nada… - me miró extrañado y se acerco como para saber de que tramaba, miré para abajo al instante, preparada para actuar – simplemente… quería un tiempo a solas, para, ya sabes, despedirme. Con todos esos problemas… vos decis que yo no me daba cuenta de lo que pasaba, pero si me doy. No… solo quería darle una última despedida. – añadí, con la mejor actuación que me imagine. Hasta había logrado que lágrimas se asomaran, para dar mas pena y que no me molestara.
-    Caramelle… perdón.
Entonces Ciro se sentó sobre el apoyabrazos de mi silla y posó con nerviosismo su mano sobre mi hombro. ¿Ahora era torpe? Fue una batalla interna la mia, ¿me acercaba o dejaba las cosas así, para evitar confusiones? Creo que era la primera vez desde que tenía memoria que hice algo relativamente valiente sin que fuese un acto reflejo. Apoye mi cabeza sobre su pecho, apartando todo pensamiento de mi cabeza, y él paso su brazo por mi cintura.
Entonces vio el papel, o por lo menos una de sus puntas que sobresalía de mi bolsillo. Entonces me abalancé para abrazarlo, como si estuviera desconsolada, para evitar que lo tomara. Sabía que algo lo confundiría con eso…
Él tambien me devolvió el abrazo, aparentemente olvidandose de la carta.
Entonces una idea cruzó mi cabeza.
Un intruso entre los congelados…
Ciro…
Intruso…
Pero… ¿Quién era, entonces, el ser? 

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