No podía evitar
pensar que no era normal, sin embargo tampoco podía negar el hecho de que no lo
quisiera. ¿Qué había sido eso? Fue tan repentino que mi mente, por un momento,
parecía en blanco. No podía pensar en lo que estaba pasando, y menos aún en
otra cosa.
De todos modos,
la claridad no volvió a mi mente cuando se separo. Era como un zumbido
constante que me ponía muy nerviosa, y el hecho de que siguiera sin cambiar su
opinión me ponía de bastante mal humor, pero intenté olvidarlo.
Recordé lo de
Seth en el suelo con su peine y mi humor y la claridad en mi mente volvieron a
estar de pié. Esta vez no contuve la risa, sabía que Ciro pensaría que estaba
loca, pero lo que sea para sacar ese molesto zumbido o peor aún, ilusionarme
con algo que nunca pasaría.
Ciro también
rió, aunque apenas. Me miraba de un modo raro, y yo simplemente desvié la
vista. Sentía las palpitaciones en la garganta y la sangre circulando por mis
brazos, haciendo un cosquilleo agradable pero molesto.
Me solté. Los
nervios se apoderaban de mis acciones.
-
Eso significa, que no me das la razón, ¿no? – pregunté con la necesidad de
sacar esa incomodidad que sentía.
-
No, pero… ¿importa? Ya se que no voy a lograr nada diciendotelo, la proxima te
cuido un poco mejor.
-
No seas idiota, no soy un bebé…
-
Deberías dejar de portarte como tal…
-
Dejala en paz. – ordenó con una voz autoritaria Seth, entrando de improvisto a
la sala, tomandome del brazo y tirandome detrás de él, como para protegerme.
-
¿Qué? – pregunté, sorprendida.
Seth se veía
extraño. De su tristeza por las perdidas del día había pasado a ser una especie
de ferocidad protectora. No era mala la transformación, dado a que ahora que
parecía un poco menos… molesto o afeminado, era mas interesante, pero seguía
siendo extraño.
La pregunta era:
¿Qué le había pasado?
-
No la molestes mas. Nos vamos, Caramelle. – dijo con tono autoritario y me
llevó hacia la puerta.
-
Si seguro… ¿Quién te pensas que sos para meterte? – preguntó Ciro, molesto,
tirandome para su lado.
-
El jefe. – respondió Seth con total seguridad.
-
¿QUÉ?- pregunté yo.
-
No podes obligarla a hacer nada. Ella si quiere se va, sino no. – le retó Seth.
Yo miraba
estupefacta.
-
Exacto, ella no quiere ir. ¿No es cierto? – dijo Ciro, mirandome con seriedad,
tal como Seth. Mire a uno y al otro.
-
¿Saben qué?, no quiero irme con ninguno de ustedes. – exclamé, nerviosa.
Seth negó con la
cabeza y volvió a intentar llevarme con él. ¿Cuál era su problema?
Ciro no dudó ni
por un momento. Con un golpe seco y lleno de furia tiró a Seth en el suelo. El
chico ahí tirado, despeinado y dolorido, era todo menos el chico que yo
conocía. Era mas… salvaje, por así decirlo. Mas normal.
Seth también fue
rapido, y no mucho después la lucha siguió. Esto era ridiculo y de algún modo
divertido, mi conciencia me pedía detenerlos de algún modo u otro, y otra parte
de mi recordaba a los apostadores en las peleas de Boxing, Seth solo había
recibido un golpe y ya le sangraba la nariz, pero Ciro… era luchador nato,
esquivaba cada ofensiva con clase y talento, definitivamente hubiera apostado
por él. Era divertido en un punto pero tenía que dar el ejemplo…
Entonces me
acorde: no era la jefa. Me agarró algo de bronca. Me divertía mucho más la idea
de que yo podía mandar a esos dos chicos que verlos pelearse, mas allá del
hecho de que era por mi. ¿Por qué meterme? Eran idiotas… ojalá Hang o Yuki
estuvieran ahí para sacarme.
Sin pensarlo dos
veces, me metí en el medio, no con la intención de detenerlos sino de dejar
algunas cosas claras.
-
Escuchen bien, - dije en un tono bajo de voz, bastante seria – entiendan dos
cosas. Primero, no voy a seguir a ninguno de los dos, y segundo, yo soy aca la que
manda, después de todo, soy la razón de todo esto, ¿no? Asi que se los dejo
bien claro: no me
molesten más. – concluí con voz mas que amenazadora,
asustandolos a ambos. Podría
haber sido mafiosa con ese tono… bromeé por mis adentros,
aunque evité reirme, mejor no arruinar con mi estúpido humor privado lo que
podría ser un logro.
Entonces salí
triunfante, o por lo menos sintiendome así. Seguía algo angustiada, pero tenía
otras cosas en mi mente, la cual no quería pensar en la perdida de Hang. Había
otras cosas como el cambio de Seth. De un momento a otro había cambiado
radicalmente en su actitud. ¿Sería por el peine? Talvez, aunque eso no tenía
mucho sentido, aunque no pudo no notar que no lo tenía siquiera a mano a su
preciado peine.
Subí
inconcientemente las escaleras pensando en la poca variación que pudo haber
hecho el cambio de actitud en mi compañero y de repente me encontre en el
cuarto de Hang Yue, donde estaba recostado, en paz. Me senté a su lado y me
dediqué a no pensar. Si suena ridículo, pero me tranquilizaba un poco el no
tener nada en la mente que pudiera afectar mi humor.
La verdad es que
mucho la actitud de Seth no me importaba. Me importaba mas mi situación, ya que
los problemas de él eran solo suyos, y no tenía derecho de meterme, ya que ni
lo conocía, no sabía si ese era su comportamiento habitual o que.
Miré a Hang en
busca de algo… no sabía de que. Aunque no me tarde en saberlo.
Había una hoja
justo debajo de la almohada. Con curiosidad la tomé y la desdoblé. Era una
especie de carta… ¿dirijida a mi?
Caramelle:
No te preocupes
por mí. Yo ya sabía lo que me iba a morir, después de todo, soy un humano y a
todos nos llega un final, a mi me toco ahora. No tenía miedo, y voy a estar
bien, preocupate por lo que tenes que hacer. Estuve averiguando, no puedo negar
que tu situación me resulto algo… interesante. Yo siempre supe que Thony tenía
algo especial, por eso lo tomé desde un principio. Llegué a pensar que eso de
los elegidos es algo complementario entre los tres, si te fijas bien, Thony,
Seth y vos son completamente distintos, pero entre ustedes forman algo que podría
ser perfecto, y el mas fuerte sería el lider, quien claramente sos vos, dado a
que Seth es… no es lo mismo. Aunque es una pena que aún no haya podido pensar
en más. Sin embargo, encontré algo que me hizo preocupar bastante por Seth, una
profecía, la cual te dejo acá.
“El que antes
estuvo congelado será traicionado por un ser interno. Cuando el hielo sienta
una gran decepción será el momento perfecto para el fuego para derretirlo. La
destrucción se acerca a medida que ese ser crece y destruye al posible elegido.
La decepción será generada por un intruso entre los helados, aunque un posible
acompañante y confidente.”
¿Crees que
alguién intente matarlo? Ahora todo queda en tus manos, es todo lo que puedo
dejarte.
Te desea lo
mejor.
Hang Yue.
Me sentí algo
mal. Hang se había ido. Releí la carta, solo para captar el contenido y no,
como la primera leida, para recordarlo. No… no entendía. No había un intruso, y
menos un… ser.
-
Caramelle… - llamó Ciro, entrando de desprovisto. Al instante me guardé la
carta en mi bolsillo, era solo mía. Lo miré con sorpresa.
-
¿Si?
-
¿Qué haces? – preguntó.
-
Nada… - me miró extrañado y se acerco como para saber de que tramaba, miré para
abajo al instante, preparada para actuar – simplemente… quería un tiempo a
solas, para, ya sabes, despedirme. Con todos esos problemas… vos decis que yo
no me daba cuenta de lo que pasaba, pero si me doy. No… solo quería darle una
última despedida. – añadí, con la mejor actuación que me imagine. Hasta había
logrado que lágrimas se asomaran, para dar mas pena y que no me molestara.
-
Caramelle… perdón.
Entonces Ciro se
sentó sobre el apoyabrazos de mi silla y posó con nerviosismo su mano sobre mi
hombro. ¿Ahora era torpe? Fue una batalla interna la mia, ¿me acercaba o dejaba
las cosas así, para evitar confusiones? Creo que era la primera vez desde que
tenía memoria que hice algo relativamente valiente sin que fuese un acto
reflejo. Apoye mi cabeza sobre su pecho, apartando todo pensamiento de mi
cabeza, y él paso su brazo por mi cintura.
Entonces vio el
papel, o por lo menos una de sus puntas que sobresalía de mi bolsillo. Entonces
me abalancé para abrazarlo, como si estuviera desconsolada, para evitar que lo
tomara. Sabía que algo lo confundiría con eso…
Él tambien me devolvió
el abrazo, aparentemente olvidandose de la carta.
Entonces una
idea cruzó mi cabeza.
Un intruso entre
los congelados…
Ciro…
Intruso…
Pero… ¿Quién
era, entonces, el ser?

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