No quise gritar
su nombre, intentar despertarlo o cualquier otra cosa que me hiciera creer que
seguía vivo. Si había muerto no me servía de nada mentirme a mí misma, por más
que quisiera. Ciro… que
mal momento elegiste para morir pensé. Había admitido lo que
sentía por él y se suicidaba, era deprimente, aunque peor era tener otra vez a
alguien querido en mis brazos sin vida.
Sentía las gotas
sobre mí. Hacía rato que llovía, pero recién ahora sentía los golpecitos
imacientes sobre mi cabeza, hundido sobre el frío hombro de Ciro. Ni el viento
ni la lluvia lograban llevarse consigo la opresión que sentía en la garganta.
No entendía
porque, aunque fuese contra mi voluntad, no podía moverme de donde estaba. No
podía soltarlo, lo tenía aferrado contra mi, escondiendo mis ojos al borde de
las lágrimas en su cuello, que aunque estuviese frío, seguía oliendo como él.
No… esto era
demasiado, no podía caer tan bajo.
Lo amaba, pero
el no querría que me quedara ahí de brazos cruzados, siendo quien era.
Aparté mi rostro
de su escondite y le miré. Se veía en paz.
Una ola de
angustia me recorrió. No lo podía contener más, lo abracé más fuerte aún, y una
única lágrima se escapo de mientras, golpeandolo directamente en la mejilla…
De repente, me
devolvió el abrazo, y con un grito ahogado, me separé de él. Me estaba mirando
con su fuerte mirada, aunque la batalla reciente se denotaba en sus ojeras. Me
miraba con una expresión rara, era de alivio, según me lo imaginé.
-
No puedo creer que pensaras que estoy muerto. – bromeó – Con como soy…
Pero no lo deje
seguir, me abalancé para abrazarlo. Ya había quebrado, no podía aguantar las
lágrimas ni un segundo más, las dejé caer en silencio, solo dejando que una
risa de alivio y alegria se escuchara y dejara ver lo que sentía.
En un momento me
separó de él y me sacó los mechones enrulados de la cara.
-
¿Por qué lloras? Ya paso todo…
-
Pero no soy tan fuerte, o tal vez solo soy estúpida…
-
Sos estúpida por decir eso.
Entonces me
acordé de algo, no podía resistir la tentación de preguntar. Mi curiosidad era
mas fuerte que cualquier cosa.
-
Cuando dijiste, antes de… desmayarte – dije eludiendo la malabra “muerte” – “yo
tambien” te referías a…
Entonces sonrió,
divertido y cansado, y me besó, dandome la respuesta a la pregunta que tanto me
había hecho mientras que el viento los despeinaba y la lluvia lavaba nuestros
pesares, dejando lugar a algo mejor.
Quedaba mucho
aún pero… ya no me importaba.

0 comentarios:
Publicar un comentario