Me senté nuevamente en la mesa,
aunque esta vez la felicidad que albergaba el lugar ahora era un sentimiento de
confusión y preocupación. No había ni una pizca de viento que se llevara
consigo esos sentimientos como si fueran las hojas de los árboles que se caen
en el otoño. Deje posar mi cara sobre mis manos para detener el temblor. No…
algo estaba mal… el cambio de actitud, el corte, ese beso…
Aca había algo que no era como lo
pintaba Seth.
No le podía creer, era un sexto
sentido mío que no podía creerle. Si hubiese sido el antiguo Seth hubiera sido
distinto, probablemente se hubiera ganado mi confianza.
Sin embargo, ahora había algo en él
que no me convencía, mucho más allá de su cambio de apariencia y actitud.
Me acordé de la charla con Ciro.
¿Sería que Seth estaba intentando ser como su hermano Roy?
Podía escuchar la voz de Seth en mi
cabeza: cambié
por vos, tendría
que ser mejor que Ciro para ganarte.
Solo era un poco rebelde…
Era posible, si lo consideraba. Los
hermanos menores solían copiar a los mayores, no importa que tan mal se lleven.
Una especie de recuerdo borroso cruzó mi mente, de Nacho dibujando, con cara de
insatisfacción, una caricatura, del estilo japonés. Siempre quiso dibujar como yo, y nunca dejó de
intentarlo… pensé,
agarrándome desprevenida con una sonrisa nostálgica.
-
¿Qué paso ahí? – me preguntó la madre de Ciro, quien había entrado con tal
cautela que el susto casi me tira de la silla.
-
¿Dónde? – pregunté, sin sacar el recuerdo de mi hermano de la mente.
-
¿Qué le pasó a Ciro?
Entonces sentí como si la realidad
me golpeara como si fuese un puñetazo. ¿Cómo me había olvidado de Ciro? Aunque…
ni que me importara…
-
No sé, Seth estaba con él cuando pasó, yo solo fui a ver lo que pasaba cuando
escuché un ruido, e hice lo posible para que no perdiera demasiada sangre.
-
Ah… está bien. Muchas gracias. – dijo sorprendiéndome aún más.
-
¿G, gracias? – pregunté tartamudeando un poco - ¿Por qué?
-
No sos tan mala como nos imaginamos.
-
Ah… ¿Y por qué sería mala?
-
No sé, simplemente no confiabamos tanto…
-
Bueno… - no se me ocurría nada mas que decir, no era porque no quisiera saber
el por qué o caerle bien a los padres de Ciro y Yuki pero… no tenía ni interés
ni ganas de gastar tantas energías en que alguién me quisiera, sin embargo,
había cosas mas importantes - ¿Cómo está Ciro?
-
Bien, se mejoró rápido. ¿Querés pasar a verlo? – preguntó, con una sonrisa que
aparentaba ser materna, aunque no sabía si era mi falta de voluntad hacía
entablar algún tipo de relación o si era en serio, que la sentí falsa.
-
Bueno, gracias.
Entonces la mujer, cuyo nombre no
tenía en claro si me lo había olvidado o nunca me lo habían dicho, me llevó
hacía donde estaba Ciro. Me alegró que se recuperara tan rápido, aunque intenté
ocultarlo lo máximo posible.
Cuando entramos, la mujer se fue y
me quedé sola con Ciro. ¿Qué se suponía que hiciera? Quería verlo, asegurarme
de que estaba bien pero…
¿Qué se suponía que hiciera con una
persona inconciente?
Mejor ni pensarlo, la idea o era
demasiado aterradora, o demasiado aburrida. Me dejé caer en una silla cerca
suyo y tomé el libro que estaba en la mesa de luz. “Orgullo y Prejuicio” la
mujer, por lo menos, tenía un buen gusto por la literatura. Me puse a leer, con
interés, durante largo rato. Al cabo de un tiempo, me había dejado llevar tanto
por la lectura que no me había dado ni cuenta de que estaba oscureciendo, de
que había entrado y salido gente más de una vez, y de que Ciro me estaba
mirando en ese mismo instante. ¿Qué quería decir esa mirada…?
No era la misma que me había dado
antes, era distinta. Ya no tenía esa fuerza de siempre… ¿sería la pérdida de
sangre?
No…
-
Hasta que despertaste. – dije con una sonrisa, estaba, en cierto modo, aliviada
de que sus ojos esmeralda me volvieran a ver, y mas allá del cambio en su
mirada, seguía siendo recomfortante en cierto punto.
-
Hasta que te diste cuenta de que me desperté. – contestó con cierto mal humor.
-
Perdón… estaba leyendo…
-
Me dí cuenta. – comentó bruscamente. Ya no había muchas razones por las cuales
me podría tratar de ese modo, así que lo miré algo desafiante.
-
¿Qué te pasa? – pregunté, sin consideración alguna a su estado.
-
¿Me tendría que pasar algo?
-
No te tendría, te está pasando algo. Si vas a estar así de idiota el resto del
tiempo mejor me voy. No me interesa estar donde no soy bienvenida…
-
Muy tarde para eso entonces, aunque aún te podes ir de aca…
Lo miré sorprendida. No… no podría
ser que me estuviera diciendo eso. No hubo modo de evitar el sentirme dolida
por el comentario, pero no lo demostré, me mantuve seria, como si esto fuese un
juego de cartas y no de fuego.
-
Disculpame por sobrepasar mi bienvenida, me diste a entender algo distinto. –
le contesté, sin pensarlo seriamente, con un tono punzante y extrañamente
venenoso. Me sacudí, para sacar ese enojo de mi.
-
Bueno, son cosas que pasan, cuando se ve a un perro desolado no te queda mas
que darle de comer.
Sentí como si algo se viniera abajo.
No quiero decir el mundo, porque no soy ni tan exagerada ni tan patética.
-
Creeme, que si te estas refiriendo a mí, no te necesito en lo más mínimo.
No pude evitar la cara de dolor,
aunque no me dí cuenta por mi misma, sino por la expresión de Ciro, que parecía
arrepentirse. Era, literalmente, un idiota. Salí del cuarto, pensando que
podría vengarme fácilmente si usaba a Seth como medio, pero si lo hacía caería
tan bajo como él.
Pero… pensé ¿Cómo
olvidarlo?
Tuve muchas ganas de golpearme a mi
misma.
La bronca era mucha y supliqué por
que alguien me sacara la mente de Ciro. Sin embargo no di oportunidad a que
nadie se me acercara, ya que recién salí del cuarto donde Ciro se encontraba me
fui, con una falsa sonrisa en la cara para desviar a los curiosos, como Seth
(quien se encontraba cerca), de la casa.
Caminé sin rumbo por el palacio. Me
sentía una intrusa, necesitaba salir… pero no quería darles el placer. Hiciese
lo que hiciese, terminaría siendo patética, si me iba afuera, me perdería y
parecería porque no quise verlos nunca mas, en otras palabras, se ofenderían.
Si me iba a mi cuarto no sabría que hacer, aunque podría seguir leyendo el
libro, que no había soltado aún, la idea no me llamaba la atención.
Entonces me acordé que tenía el
libro de la madre de Ciro. Mejor sería devolverlo antes de que tengas más
razones por las cuales odiarme.
Llegar al departamento, por así
llamarlo, donde vivían Ciro y su familia, me resultaba fácil de encontrar,
aunque no podía decir lo mismo del camino a mi cuarto o al de Seth…
Deje el libro sobre la mesa y salí
nuevamente para chocarme contra alguien. Me rodeó vagamente con sus brazos, y
al instante, me aparte. Me incomodaban esas cosas como abrazos repentinos. Seth
me miraba con una media sonrisa.
-
¿Qué pasa? – pregunté, sin entender la sonrisa que me dedicaba.
-
Nada… ¿te ibas? – preguntó.
-
Si… no… en realidad, solo salgo de aca.
-
Bueno, voy con vos.
Entonces salimos los dos juntos. Yo
estaba con los sentidos alertas para poder esquivar los problemas que pudieran
venirse, no me sentía a gusto con él, no… no lograba confiar en ese chico.
De todos modos, me llevó a mi
cuarto, no era la primera vez que lo hacía. Pensé en Ciro, ¿Qué le habría
pasado? Él… no, talvez la pregunta no era esa…
Sintiendo mi cabeza extrañamente
pesada, cerré los ojos, apoyé mi espalda en la puerta, y me dejé deslizar hasta
llegar a sentarme en el suelo.
-
Seth, - pregunté con decisión, aunque sin abrir los ojos - ¿Qué era lo que le
tenías que decir a Ciro?
-
¿Importa?
-
Si… - entonces abrí los ojos, y lo vi sentandose a mi lado.
-
Le dije… - se interrumpió para mirarme a los ojos, tenía que admitir algo: su
mirada tambien tenía algo de tentadora, pero era… incompleta – le pedí, mejor
dicho, que te dejara en paz.
Eso… ¿era eso? Tal vez… Ciro le
estuviera haciendo caso…
Imposible, sacudí cabeza para
sacarme la idea de encima. Lo miré y me decidí en cambiar el tema.
-
¿Cuándo es… el próximo viaje? – pregunté, y el sonrió.
-
Mañana.
Me sentí aliviada por alguna razón.
Algo en mí me decía una y otra vez que quería irme a casa, pero no sabía ni
donde era eso. Sentí un nudo en la garganta, pero lo ignoré, no tenía que ser
tan tonta. Si quería llorar… lo haría cuando no hubiese nadie.
-
Tranquila, - me dijo sorprendiendome Seth – no va a faltar mucho para que todo
esto termine.
-
¿Terminar…? – repetí. No… no quería que terminara. ¿Qué haría una vez que ya no
pudiera estar con ellos? ¿Qué pasaría? No le
temas a lo desconocido. Dijo
una voz conocida en mi interior. No… no lograba reconocerla.
-
Si. Vas a ser… bueno, vamos a ser libres.
Esas palabras de Seth me llamaron la
aterncion. Vamos a ser libres… ¿Qué quería decirme con
eso? ¿Qué era una especie de prisionero en su propia familia? Lo miré
extrañada. Además… ¿Por qué me sentía como si esto fuese una indirecta de un
futuro en el cual lo seguiría viendo?
Él se limito a abrazarme, aunque
esta vez lo dejé, sin entender la razón. Simplemente se sentía bien, Seth olía
bien y no era tan bruto como Ciro…
Ciro…
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