Tenes ojos muy
grandes,verdes… no, azules… no se. No logró distinguir. Sos muy pálida, aunque
tenes bastante color en las mejillas a tono con tus labios finos y
rojos… Pelo… castaño. Sos… En fin, sos muy linda. Recordé la voz de Ciro al mirarme al espejo.
No se había
equivocado. Mi pelo era definitivamente castaño y ondulado. Mis ojos eran una
mezcla entre un petróleo y gris, aunque muy fuertes, y definitivamente esa
pálida.
Me sonreí a mi
misma, como si me acabara de conocer en persona. Era como las relaciones
virtuales, talvez llegabas a conocer a la persona en como era, pero no la veías
en persona. Bueno, yo me acababa de conocer.
Sin embargo, me
decidí en tomar el sobre y salir, no sin antes detenerme para decidir si ver o
no mi historial. Era algo tentador, pero algo en mí me detenía.
¡Apurate! ¿Quién
sabe lo que podría estar pasando? Me ordenó
una voz en mi interior.
Entonces,
renunciando en cierto punto a mi antigua persona, salí de la sala con disimulo.
Había gente, que automáticamente se ganaron mi simpatía, en las sillas, casi
dormidos. Me tapé la cara con el pelo y seguí caminando. No los conoces, no los conoces me
repetía constantemente. Salí sin ser vista del hospital, con una suerte
increíble.
Esperé a caminar
un par de cuadras para hecharle nuevamente un vistazo al sobre.
Castillo de los
pasadizos, 31 de diciembre.
No lo entendía,
no sabía que día era, pero sabía a donde tenía que ir.
Llamé a un taxi
y le pregunté por algun castillo en la zona.
-
¿Castillo? – repitió con un tono burlón.
-
Si, ¿Algún problema? – consulté de mal modo, no era un día para burlarse de mí.
-
No… - contestó algo asustado – no hay palacios, pero lo que más se parece a uno
es la antigua iglesia, que es muy parecido, aunque esta en ruinas…
-
No importa…
Todo era
posible, no podía ignorar ninguna posibilidad… ¿Por qué sentía esas ganas
feroces de ver a Ciro? Sentía como si necesitara ayuda… como si algo malo
estuviese pasando.
El taxista se
encogió de brazos y arrancó.
Las nubes
tapaban todo lo que podría dar ilusión en un día como ese en la ciudad. Era
todo gris, los edificios, el cielo, la gente… parecían todos deprimidos, nadie
levantaba la vista, todos encapuchados, nadie parecía disfrutar de la libertad
que podría ser tomar algo de aire libre, caminar contra el viento y que este se
lleve consigo todo esos problemas…
Los edificios
parecían monótonos, pero eran todos distintos. Edificios altos, bajos, casas,
construcciones modernas de vidrio y otras que parecían de la época victoriana.
A pesar de las diferencias, todas eran de un gris, reflejando al cielo.
Si pensaba,
nunca me hubiese imaginado una ciudad tan deprimente. Esos lugares siempre me
los imaginé como un lugar… ¿alegre? No, pero por lo menos no tan deprimente.
De todos modos,
mientras me hundía en mis pensamientos sobre la ciudad y me olvidaba de
los problemas de mi vida “real”, llegamos a lo que sería mi destino. Me baje
del taxi, después de un sentimiento desagradable al darme cuenta de que no
sabía con qué pagar (por suerte tenía cambio suficiente para darle en los
bolsillos de los jeans holgados que tenía puestos) y me fijé a mi alrededor,
tras escuchar un gruñido de parte del taxista y al auto acelerar. Caminé en
linea recta sin saber que hacer. Los ruidos parecían entrar por una oreja y
salir por la otra, como si fueran normales, pero en las paredes de mi mente
resonaba la afirmación de que algo pasaba. Algo… no muy bueno que digamos.
No tarde mucho
en fijarme en la iglesia con estilo anglicano, semi-derrumbada, sin techo,
extrañamente familiar…
Era el palacio
de los pasadizos.
Sin dudarlo,
corrí hacia la puerta. Cierta alegría me embargaba, era raro sentirse así como
si… me dominara. ¿Sería parecido emborracharse? No, esto debería ser mejor.
Entré con cierta
mezcla de felicidad del momento y preocupación para descubrir algo que
definitivamente me desvió de todo lo que sentía.
Lo primero que
ví al abrir las puertas, fue rojo. Un charco, grande, rojo… la sangre parecía
estar en todo el suelo, aunque fuese en realidad una exageración mía.
Lo segundo que
vi fue a Seth herido, sobre toda la sangre. Parecía no reaccionar.
Lo tercero fue a
Ciro, con una mirada distante y una espada en mano. Mi espada, si no me
equivocaba, manchada de sangre, tambien.
No… no pude
asociar las imágenes en el instante. Me quedé ahí parada, mirando de Seth a
Ciro sin comprender. Sabía que era obvio, pero una parte en mi lo negaba y la
otra estaba en esta de shock.
No podía ser…
Ciro, espada, Seth, sangre…
Esa mirada…
Solo por su
mirada entendí lo que pasaba.
Ciro había
matado a Seth, pero estaba segura de una cosa…
Ese no era Ciro.

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