No… algo no me
cerraba de esto. No la quería dejar ir sola, no porque fuese indefensa o me
necesitara, sino porque… creo que la había empezado a necesitar yo mismo…
Sentía mucha
bronca, Caramelle no conocía a nada ni nadie de este mundo, no podá ser que la
sacaran de al lado nuestro, con quienes guardaba cierta confianza. Pero no
podía evitar el preguntarme si realmente nos tenía algo de confianza a Yukari y
a mi. No nos conocíamos lo suficiente como para tener confianza, pero yo no
quería, no podía mejor dicho, dejarla ir a donde la llevaban… sabía muy bien lo
que pasaría…
Porque me hace
pensar tanto una chica que en algún momento dejará de ser mi amiga como todos
lo hacen? Siempre me dejan, prefieren estar con otra gente. Igualmente, esto no
me afecta, me da más tiempo para estar solo
Cuando intenté ir
tras ella los idiotas de mis padres me detuvieron. ¿Acaso no notaban el error?
No, claro que no… Aunque me dejaron con mas dudas que las que tenía ya hasta el
momento. En cierto punto tenían razón, a mi nunca me importaron los temas de
las profecías y esa cursilada de las almas y la salvacion. Simplemente desde
que había aceptado que la persona importante ahí era Seth me había resignado.
Era una persona muy cerrada, lo sabía mas uqe bien, pero estaba bien asi…
¿entonces por qué necesitaba tanto ir con ella?
De mal humor salí
del palacio de las profecías, que antes solía ser una catedral bastante
importante, hasta que llegó la catástrofe que congeló a Seth.
No entendía
porque todo el mundo adoraba tanto a ese idiota de mi primo. ¡Era un imbécil en
todo sentido! Yo, siendo dos o tres años más chico, era más fuerte e
inteligente. “Pero sos irresponsable y maleducado, no como Seth, quien siempre
será un caballero trabajador” recordé las palabras que una vez me dijo mi padre
cuando se dio cuenta de mi rencor, que según él aumenta cada día, yo no
entiendo como puede creer que tenga algún tipo de sentimiento hacia Seth, para
mi es otra pared sin importancia que solo me obstruye el camino cada vez que
intento hacer algo. Siempre odié a Seth, un meloso sin cerebro que se creía el
centro del universo por haber sido uno de los elegidos, y estaba mas que seguro
que él no era el elegido, era uno de los congelados, sí, pero no tenía nada que
pudiera decir que era el elegido. Como mucho ese poder suyo de viajar en el
tiempo, el cual por alguna razón jamás usó. Para sumarlo, se cree que s cabello
es la perfección y tiene un peine en su bolsillo, me molesta tanto porque siempre
se lo está acomodando, ¡como si a alguien le interezara! Pero si pensaba
en Caramelle, notaba que todo en ella era del elegido… o eso creía, tenía
fuerza física y mental, cierta inteligencia que no lograba descifrar y cierta
habilidad… estaba cien por ciento seguro de que ella había causado el incendio
en lo de Yuki y el terremoto en la casa. Tenía un poder, ella estaba vinculada
a estas catástrofes.
Una vez en la
calle, respiré hondo con mucha bronca. ¿Qué tenía él mejor que yo? ¿Ella le
preferiría a él antes que a mi?
No, olvidate de
la última, olvidate de todo. Eran estos momentos en los que me gustaría olvidar
todo como Caramelle. ¿Por qué me importa siquiera? Como si yo fuese a
importarle a ella..
-
¡Ciro! ¡Esperame! – me llamó Yukari siguiendome desde atrás con los ojos bien
brillantes.
-
¿Qué querés? – pregunté con un pésimo humor.
-
¿Qué pasa? ¿Adonde llevan a Caramelle? – preguntó con ingenuidad.
-
¿Qué te importa? – le pregunté casi a los gritos - ¿Acaso es tu hermana o algo
así? ¡La acabas de conocer! No finjas preocupación.
-
Pero… Ciro… ¡Solo quería…! – intentó inútilmente defenderse, ambos sabíamos mas
que bien que yo ganaría, como siempre.
-
¿Qué? ¿Molestarme? Anda a torturar a otros con tus estupideces.
Al decir esto, le
di la espalda a Yukari, quien quedó llorando, y seguí caminando.
¿A dónde iría? No
lo sabía. Tenía demasiada bronca. No quería pensar en nada ni en nadie, no
quería hablar ni pensar en otros… pero no podía evitar recordar la noche
anterior en la casa verde. ¿Acaso estuve a tan poco de besarla? No lo podía
creer. Eso hubiese sido… un gran error, creía.
Me ponía de mal
humor esos ojos suyos azules… ¿o verdes? Cambiaban constantemente. Su mirada
atravezaba paredes… no, no podía ser que no parara de pensar en ella, era culpa
de Seth, obviamente. Si hubiera sido otra persona a la cual le tuviera más
confianza no estaría así de alterado.
Entonces, por
alguna razón, recordé a Yukari. ¿Habría sido muy duro con ella? ¿Por qué me
había enojado? Por un momento pensé que sería algo así como que reflejaba lo
que yo mismo sentía a travez de ella, y la retaba por eso, pero no era así.
Siempre me desquito en Yuki, ¿como se debe sentir ella?
Una punzada de
culpa me atravesó al recordar lo que Caramelle me había contado de su hermano.
Había muerto, en sus propios brazos… y yo me peleaba por ninguna razón con mi
hermana, que era lo único que tenía.
No podía dejar
esto así…
¿Qué tal si
pasaba algo? ¿Y si no me perdonara? No porque hubiese sido una pelea muy
importante, Yukari era medio llorona y estaba acostumbrada a mis malos humores,
pero no era la primera vez que la trataba mal, por no mencionar las veces que
la manipulé, muchas por simple aburrimiento…
Corrí de vuelta
al palacio, necesitaba hablar con ella, disculparme… por más que me costara. Me
iba a costar, de eso estaba seguro. No acostumbro a pedir disculpas, ni aunque
de verdad lo sienta. No soy muy expresivo, y debe ser por eso que estoy siempre
solo. Talves, solo talvez, lo que le paso a Caramelle fuese una
advertencia de que la tratara mejor, pero mejor no decirlo.
Cuando llegué a
la sala principal no había nadie. El miedo me torturaba, primero desaparecía
Caramelle, ahora Yukari.
Se la debieron
haber llevado los idiotas.
Salí para ver si
los encontraba. Nada, solo calles desiertas.
Me senté contra
la pared de una casa, y no estoy seguro de si me quede dormido o si simplemente
el tiempo, del cual yo ya no confiaba, se había pasado volando ante mí. Me
había dejado llevar por los recuerdos y pensamientos. Recordaba cuando Seth
había sido elegido. Ya desde siempre había sido el favorito de todos, con su
apariencia y modales envidiables. Yo, por el contrario, siempre fui algo así
como el rebelde. La mayoría de su familia había muerto en el accidente, una
inundación en su casa, la cual nadie entiende como ocurrió. Por eso mis padres
lo trataban como un hijo, sentían lastima por él y Seth se aprovechó quitándome
del medio y sacándome todo, menos a Yuki. Se había congelado y hacía no mucho
despertado. Nunca quise saber nada de las profecías y esas cosas… era la bronca
que me daba.
Seguía
torturandome a mi mismo preguntandome que estaría pasando con Caramelle. Estaba
seguro de que Seth intentaría hacer algo con ella, y no me gustaba la idea.
Además… era más que posible que a ella tambien le interesara…
-
¿Ciro? – preguntó de repente una vocesita conocida.
-
¿Yukari? – dije, mirando para quien me llamaba.
-
¿Estás bien? – consultó, parecía haberse olvidado de la pelea. Me paré, algo
nervioso.
-
Si… - contesté - ¿Dónde estabas?
-
Fuimos con mama y papa a buscar las cosas que nos olvidamos en la casa verde.
Eran cosas de Caramelle… no quería que se perdieran. – dijo mostrando un conejo
azul.
-
Menos mal… - dije – Yukari… perdón, no tenía razón alguna por la cual gritarte
así.
-
¿Seguro que estas bien? ¿No tenes fiebre? – preguntó con preocupación tocando
mi frente para ver si tenía temeperatura.
-
Si, estoy bien. ¿Estamos a mano?
-
Desde que la conociste… estás diferente, estás mejor. Nunca me habías pedido
perdón...
Era muy inocente
y algo tonta … aunque por un momento me ruborizé.
-
No digas idioteces.
Entonces la
abracé. Pobre, supongo que, como yo solo la tenía a ella, ella solo me tenía a
mí, aunque tambien se llevaba con nuestros padres.
-
Tambien traje las espada… - concluyó, sacando la espada de rubí.
-
Muy bien, Yuki. – dije finalmente con una sonrisa.
-
Vamonos, Yukari. – la llamó nuestro padre.
-
¿Venis? – consultó.
-
No, me quedo a esperar a Caramelle. Vayan ustedes.
-
Como quieras…
Entonces se fue.
No tenía ganas de hablar con los idiotas, ya me habían separado de Caramelle,
si los veía terminaríamos en una pelea.
Regresé al
palacio, pero opté por quedarme afuera. Adentro tendría la tentación de
buscarla. Mejor quedarse ahí antes de tener mas problemas.
Con la espalda
sobre la pared esperé. Pensaba todavía en la otra noche. ¿Qué era realmente lo
que sentía por ella? No estaba seguro…
Entonces, con el
rabillo del ojo, logré captar su figura, la cual daba zancadas a la salida,
medio asustada y desesperada. Me di vuelta para verla bien, se veía agitada…
Algo no había salido bien, y tenía que admitir que el hecho de que algo con
Seth saliera mal me ponía de un estupendo humor.
-
Ciro… - dijo ella.
Entonces se tiro
en mis brazos. Me sentía extremadamente avergonzado, pero la verdad es que
nunca me había sentido tan contento en mi vida llena de aburrimiento y
resentimiento.
Le devolví el
abrazo con fuerza, mientras que veía a Seth salir con un aspecto estresado del
palacio.
Esto se había
vuelto en algo, honestamente, divertido.

1 comentarios:
wagh, ciro *__*
Publicar un comentario