Ciro y yo bajamos
a la corridas, empujandonos para llegar, pero no tuvimos suerte.
Los vidrios
parecían burlarse de nosotros desde su pedestal en el suelo y recordarnos que
habíamos fallado en la estúpida tarea de cuidar a una niña de un hombre dormido
en un armario. La culpa me atacaba… pero no iba a dejar las cosas así.
Salí por la
ventana, cortandome con los vidrios rotos las palmas de las manos, y me fije a
ver si veía algo, pero no. Habían desaparecido en el horizonte. Me sentía
impotente y la bronca perforaba mi garganta con la angustia de que esa pobre
chica haya tenido que sufrir con las consecuencias de nuestros actos…
Ciro ya estaba
detrás mio, pero sin marcas en las palmas. Se veía muy preocupado, mirando
tambien a la linea que separaba al cielo negro con el suelo rojo, cada vez mas
luminoso.
Sin pensar, como
todo lo que hacía, lo tomé del brazo manchandolo de sangre con brusquedad para
que me mirara.
-
¿Sabes como hacer para llegar a donde estan? – pregunté con autoridad. Sentía
como si yo mandara ahora
-
No… no se… - negó – Dios mio… soy un idiota…
-
Eso ya lo sé, - me le apresuré – pero tu idiotez la discutiremos mas tarde,
¡ahora tenemos que buscarla! – exclamé sacudiendolo por los hombros.
-
¡Pero debí haber matado a ese tipo antes de que la capturara! – se quejó.
-
¡Callate! – ordené nuevamente – Vamos a buscarla y la vamos a traer sana y
salva, ¿si? y deja de quejarte – dije antes de que volviera a hablar – pensa
que si lo hubieras matado yo no te hablaría nunca mas
Entonces lo tome
de la muñeca y lo arrastre, a las corridas, hacía donde me parecía el camino
correcto, era un simple presentimiento… pero lo suficientemente fuerte como
para seguirlo ciegamente.
La culpa nos
invadía a ambos mientras corriamos por el amanecer. Por suerte no era tan torpe
como para caerme en estos momentos, pero mis sentidos eran traicioneros y mis
piernas parecían doblegarse ante el temblor que me causaban los nervios. Lo que
no me vino bien fue mi pésima resistencia y respiración. Al rato tuve que
parar, con el corazón saliendo por mi garganta y los pulmones repletos de ese
aire pesado y lleno de lo que sentí como bronca y nervios, aunque talvez fuese
solo mi imaginación.
Me agaché con las
manos en mi cara. No daba más. Ciro me miró con impaciencia.
-
¿Qué te pasa? ¿No podes correr quince minutos seguidos? – preguntó molesto.
-
¡No…! – exclamé yo, cuando vi un papel…
Lo tomé y lo leí.
Era un papel como cualquier otro, parecía una advertencia de algo, tenía un
mapa, direcciones y otras cosas…
Entonces me di
cuenta, era un mapa de cómo llegar al lugar…
-
Ciro, mira, un mapa… - dije.
-
A ver. – dijo sacándome con brusquedad el mapa de las manos. Lo leyó con cierta
felicidad, aunque seguía con los nervios a flor de punta y bien que se notaban.
Ciro era un libro abierto que sabía esconderse de los ojos de curiosos…
Lo miró rapido y
me dedicó una sonrisa bastante rara.
-
El que seas débil no nos viene tan bien a veces… - dijo – Ahora, subite.
Dijo intentando
llevarme a sus espaldas.
-
¿Qué? ¿Acaso estas loco? – pregunté con nerviosismo.
-
Subite, sino vamos a llegar el día del juicio final. – me obligó.
-
¿Sabes que no soy como los demás a quienes les podes ordenar lo que quieras,
no? – pregunté. Quería encontrar a Yuki… pero no me gustaba la idea de subirme
como ginete al caballo sobre Ciro.
-
No me jodas… - dijo y me obligó, a la fuerza, a subirme.
Sentía mucha
vergüenza, aunque llegamos bastante mas rápido. Estabamos cerca, por lo cual el
viaje no fue largo. Sentía mucha asco de estar sobre él, no porque no me
gustara el contacto o lo que fuese, pero me hacía acordar a algo… una historia
demasiado melosa… ¿Crepúsculo? Algo asi era.
Cuando llegamos,
no puedo específicar tiempos, salte de su espalda lo más rápido que pude sin
caerme, entre a lo que sería un sótano.
De afuera parecía
una de esas ciudades de los cuarenta, pero una ciudad no muy linda. Las calles
estaban sucias, y no podía distinguir el momento en el cual habíamos pasado del
desierto rojo erosionado a esa ciudad desconocida y oscura.
No quería
detenerme a verla, me daba escalofríos, y tampoco quería seguir cerca de Ciro
en esas circunstancias, por lo cual entre, como dije antes. La puerta, que
rechinaba como las rejas de un cementerio, daba a unas escaleras interminables,
las cuales eran extremadamente empinadas y creo que hasta más chicas que mis
pies.
Ciro me detuvo y
se me adelantó en las escaleras, como si el debiera estar al frente.
-
¿Qué haces? – pregunté.
-
Dejame a mi al frente. Esto puede ser peligroso…
-
¿Y? ¡Vamos! – exclamé adelantandome nuevamente.
Terminamos de
bajar para terminar en un pasillo oscuro con una única luz, muy tenue, que
titilaba tan nerviosamente que me hacía sentir peor aún. Había miles de puertas
y ninguna mostraban señales de vida.
-
Separemonos, yo entro por esta y vos por esa. – propuse señalando dos puertas
al azar.
-
¿En serio te crees que te voy a dejar andar sola por aca?
-
Si, ¿por? ¿algún problema?
-
No… solo decía… - dijo incómodo ante mi respuesta
-
Bien. – concluí con mal humor, adentrandome en una de las puertas.
Estaba todo
oscuro. Camine con precaución en ese lugar, que parecía ser un cuarto. Palpe
las paredes en busca de una luz hasta encontrar un interruptor que me dio una
patada de electricidad. Al prenderla, vi que la luz no era mas que un foco que
colgaba de un fino cable, y se balanceaba sin cesar, haciendo que su centro de
un celeste verdoso te hipnotizara y llevara… pero no tenía tiempo para quedarme
observando esa estúpida trampa.
En el cuarto no
había ninguna puerta que llevara a otro lugar, y cansada me apoye dos segundos
sobre una pared…
La pared, ante mi
peso, se habrió para dejar ver una puerta escondida, donde después de un par de
escalones, se encontraba una silla con una chica…
Ahí estaba Yuki,
atada y dormida en esa silla…
La bronca me
invadió, ¿Quién haría eso? Unos cuantos insultos cruzaron mi mente mientras me
acercaba.
-
¿Qué crees que estas haciendo, linda? – preguntó una voz desconocida y cuatro
brazos me sujetaron con fuerza – No vas a irte tan fácil, vas a terminar
muerta, como esta chiquita en poco tiempo…
La ira me
invadía, pero esos dos que me sujetaban eran mucho mas grandes y fuertes que
yo, por lo cual no me pude ni mover.
-
¡¿Cómo le haces eso a una nena?! ¡Sos un…! – pero antes de que pudiera
terminar, trajeron a Ciro, a quien parecían haber dormido. Se notaba que lo
habían golpeado en la quijada, por lo cual supuse que se había desmayado…
¿Acaso estaba sola? Entonces recorde las palabras de Nacho: “nunca vas a estar
sola”
Sentía la sangre
subiendome a la cabeza, mientras esta andaba a toda velocidad. Tenía que pensar
rápido en una manera de sacarnos a los tres convida…
Entonces el humo
llenó los pulmones de todos y casi nos afixia. Las cosas parecían caer por si
mismas en lo que parecía una rebelión, se caían sin ninguna razón, no había
viento, ni un terremoto… Pero ya todos nos habíamos dado cuenta de que todo el
lugar se estaba incendiando. Sin dudarlo, aproveche el momento de distracción…

1 comentarios:
sos una grosa!! veo mucho futuro en lo que haces, me encanta tu trabajo!! :3
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