Mundo Real 8

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Ciro y yo bajamos a la corridas, empujandonos para llegar, pero no tuvimos suerte.
Los vidrios parecían burlarse de nosotros desde su pedestal en el suelo y recordarnos que habíamos fallado en la estúpida tarea de cuidar a una niña de un hombre dormido en un armario. La culpa me atacaba… pero no iba a dejar las cosas así.
Salí por la ventana, cortandome con los vidrios rotos las palmas de las manos, y me fije a ver si veía algo, pero no. Habían desaparecido en el horizonte. Me sentía impotente y la bronca perforaba mi garganta con la angustia de que esa pobre chica haya tenido que sufrir con las consecuencias de nuestros actos…
Ciro ya estaba detrás mio, pero sin marcas en las palmas. Se veía muy preocupado, mirando tambien a la linea que separaba al cielo negro con el suelo rojo, cada vez mas luminoso.
Sin pensar, como todo lo que hacía, lo tomé del brazo manchandolo de sangre con brusquedad para que me mirara.
-    ¿Sabes como hacer para llegar a donde estan? – pregunté con autoridad. Sentía como si yo mandara ahora
-    No… no se… - negó – Dios mio… soy un idiota…
-    Eso ya lo sé, - me le apresuré – pero tu idiotez la discutiremos mas tarde, ¡ahora tenemos que buscarla! – exclamé sacudiendolo por los hombros.
-    ¡Pero debí haber matado a ese tipo antes de que la capturara! – se quejó.
-    ¡Callate! – ordené nuevamente – Vamos a buscarla y la vamos a traer sana y salva, ¿si? y deja de quejarte – dije antes de que volviera a hablar – pensa que si lo hubieras matado yo no te hablaría nunca mas
Entonces lo tome de la muñeca y lo arrastre, a las corridas, hacía donde me parecía el camino correcto, era un simple presentimiento… pero lo suficientemente fuerte como para seguirlo ciegamente.
La culpa nos invadía a ambos mientras corriamos por el amanecer. Por suerte no era tan torpe como para caerme en estos momentos, pero mis sentidos eran traicioneros y mis piernas parecían doblegarse ante el temblor que me causaban los nervios. Lo que no me vino bien fue mi pésima resistencia y respiración. Al rato tuve que parar, con el corazón saliendo por mi garganta y los pulmones repletos de ese aire pesado y lleno de lo que sentí como bronca y nervios, aunque talvez fuese solo mi imaginación.
Me agaché con las manos en mi cara. No daba más. Ciro me miró con impaciencia.
-    ¿Qué te pasa? ¿No podes correr quince minutos seguidos? – preguntó molesto.
-    ¡No…! – exclamé yo, cuando vi un papel…
Lo tomé y lo leí. Era un papel como cualquier otro, parecía una advertencia de algo, tenía un mapa, direcciones y otras cosas…
Entonces me di cuenta, era un mapa de cómo llegar al lugar…
-    Ciro, mira, un mapa… - dije.
-    A ver. – dijo sacándome con brusquedad el mapa de las manos. Lo leyó con cierta felicidad, aunque seguía con los nervios a flor de punta y bien que se notaban. Ciro era un libro abierto que sabía esconderse de los ojos de curiosos…
Lo miró rapido y me dedicó una sonrisa bastante rara.
-    El que seas débil no nos viene tan bien a veces… - dijo – Ahora, subite.
Dijo intentando llevarme a sus espaldas.
-    ¿Qué? ¿Acaso estas loco? – pregunté con nerviosismo.
-    Subite, sino vamos a llegar el día del juicio final. – me obligó.
-    ¿Sabes que no soy como los demás a quienes les podes ordenar lo que quieras, no? – pregunté. Quería encontrar a Yuki… pero no me gustaba la idea de subirme como ginete al caballo sobre Ciro.
-    No me jodas… - dijo y me obligó, a la fuerza, a subirme.
Sentía mucha vergüenza, aunque llegamos bastante mas rápido. Estabamos cerca, por lo cual el viaje no fue largo. Sentía mucha asco de estar sobre él, no porque no me gustara el contacto o lo que fuese, pero me hacía acordar a algo… una historia demasiado melosa… ¿Crepúsculo? Algo asi era.
Cuando llegamos, no puedo específicar tiempos, salte de su espalda lo más rápido que pude sin caerme, entre a lo que sería un sótano.
De afuera parecía una de esas ciudades de los cuarenta, pero una ciudad no muy linda. Las calles estaban sucias, y no podía distinguir el momento en el cual habíamos pasado del desierto rojo erosionado a esa ciudad desconocida y oscura.
No quería detenerme a verla, me daba escalofríos, y tampoco quería seguir cerca de Ciro en esas circunstancias, por lo cual entre, como dije antes. La puerta, que rechinaba como las rejas de un cementerio, daba a unas escaleras interminables, las cuales eran extremadamente empinadas y creo que hasta más chicas que mis pies.
Ciro me detuvo y se me adelantó en las escaleras, como si el debiera estar al frente.
-    ¿Qué haces? – pregunté.
-    Dejame a mi al frente. Esto puede ser peligroso…
-    ¿Y? ¡Vamos! – exclamé adelantandome nuevamente.
Terminamos de bajar para terminar en un pasillo oscuro con una única luz, muy tenue, que titilaba tan nerviosamente que me hacía sentir peor aún. Había miles de puertas y ninguna mostraban señales de vida.
-    Separemonos, yo entro por esta y vos por esa. – propuse señalando dos puertas al azar.
-    ¿En serio te crees que te voy a dejar andar sola por aca?
-    Si, ¿por? ¿algún problema?
-    No… solo decía… - dijo incómodo ante mi respuesta
-    Bien. – concluí con mal humor, adentrandome en una de las puertas.
Estaba todo oscuro. Camine con precaución en ese lugar, que parecía ser un cuarto. Palpe las paredes en busca de una luz hasta encontrar un interruptor que me dio una patada de electricidad. Al prenderla, vi que la luz no era mas que un foco que colgaba de un fino cable, y se balanceaba sin cesar, haciendo que su centro de un celeste verdoso te hipnotizara y llevara… pero no tenía tiempo para quedarme observando esa estúpida trampa.
En el cuarto no había ninguna puerta que llevara a otro lugar, y cansada me apoye dos segundos sobre una pared…
La pared, ante mi peso, se habrió para dejar ver una puerta escondida, donde después de un par de escalones, se encontraba una silla con una chica…
Ahí estaba Yuki, atada y dormida en esa silla…
La bronca me invadió, ¿Quién haría eso? Unos cuantos insultos cruzaron mi mente mientras me acercaba.
-    ¿Qué crees que estas haciendo, linda? – preguntó una voz desconocida y cuatro brazos me sujetaron con fuerza – No vas a irte tan fácil, vas a terminar muerta, como esta chiquita en poco tiempo…
La ira me invadía, pero esos dos que me sujetaban eran mucho mas grandes y fuertes que yo, por lo cual no me pude ni mover.
-    ¡¿Cómo le haces eso a una nena?! ¡Sos un…! – pero antes de que pudiera terminar, trajeron a Ciro, a quien parecían haber dormido. Se notaba que lo habían golpeado en la quijada, por lo cual supuse que se había desmayado… ¿Acaso estaba sola? Entonces recorde las palabras de Nacho: “nunca vas a estar sola”
Sentía la sangre subiendome a la cabeza, mientras esta andaba a toda velocidad. Tenía que pensar rápido en una manera de sacarnos a los tres convida…
Entonces el humo llenó los pulmones de todos y casi nos afixia. Las cosas parecían caer por si mismas en lo que parecía una rebelión, se caían sin ninguna razón, no había viento, ni un terremoto… Pero ya todos nos habíamos dado cuenta de que todo el lugar se estaba incendiando. Sin dudarlo, aproveche el momento de distracción…

1 comentarios:

Shinigami dijo...

sos una grosa!! veo mucho futuro en lo que haces, me encanta tu trabajo!! :3