¿Se podía estar
más incómoda? A ver, recopilemos:
No recuerdo
quien soy, de donde vengo, como soy… nada. Solo recuerdo la muerte de mis
padres y de mi hermano y un par de cosas sueltas, que no se cuando podré unir
con algo significativo. Frases, voces, caras, pero nada interesante. ¡No sé ni
mi propio nombre!
Estoy en un
lugar que mi sentido común no llegaba a reconocer y con gente que eran
simplemente exasperantes y raros.
De un momento a
otro soy una persona fundamental para la “salvación” y todo el mundo depende de
mi, que realmente me considero inútil para algo así.
Y como último, y
creo que era lo peor, si algo pasaba malo, era completamente mi culpa.
Mea culpa…
Entonces estos
viajes comenzaron. No me acostumbraba a este de Ciro y Seth, las peleas eran
tantas que me ponían histérica. No entendía como dos personas pudieran ser tan
distintas, por no mencionar lo distinta que era yo a cada uno de ellos. Seth
era lento y Ciro era violento.
A ver, empezemos
por donde me quedé.
Al día siguiente
del escándalo con los padres de Ciro, en el cual termine siendo la responsable
de todo, empezamos el viaje.
Por fin había
podido dormir algo, aunque no habíamos comido nada, y mi estómago suplicaba una
miga de pan, pero aparentemente no había nada, y no quería pedir tampoco.
Cuando desperté, no había nadie. Muy inteligente, dejar a una desconocida que
no sabía nada del lugar, sola en un palacio cuyo único similar posible era un laberinto.
Con los párpados pesados, pestañeé un par de veces. La penumbra era increible,
eso que deberíamos estar de día. Estaba en un cuarto del palacio, al cual Seth
me había guíado, sin muchas palabras, estaba segura de que él pensaba que se
veía reservado, aunque la verdad era que se veía como un nene caprichoso, al
cual le acababan de negar algo y tenía que aguantar su berrinche. La verdad es
que no me importaba en absoluto, en realidad, me sentía bastante egoísta, nada
que no fuera mío me importaba. Que me odien, que me teman, que alguien se enoje
por algo que hice… solo sabía que me quería apegar a todos esos que parecían
aceptarme, y alejarme lo mas posible de los que no, como los padres de Ciro,
porque, honestamente, quien dijo “manten cerca a tus amigos pero mas cerca a
tus enemigos” era sin duda un masoquista.
Deambulé por el
palacio, sintiendome extremadamente estresada y con un pésimo humor. Eran dos
cosas, o seguía con la bronca del día anterior o era una de esas personas que
se despertaban de un pésimo humor, o, como siempre digo, ambas. Pero,
seriamente, quien había inventado ese palacio tenía una mente tan retorcida
como sus pasadizos, aunque podría ser mi humor que afectaba todo.
Aunque en serio,
odiaba ese lugar.
A pesar de todo,
a cada paso que daba, mi mente se despejaba un poco, y a medida que avanzaba
los rincones parecían iluminarse con un aire de esperanza. El aire que
respiraba al levantarme, el cual era tal como el que había sentido cuando salí
por primera vez por la puerta de mi casa, empezó a alivianarse. El ambiente
cambiaba a uno un poco mas liviano y optimista.
O eso me
imaginé, tenía que tener mucho cuidado con diferenciar mi imaginación a la
realidad, por que o una o la otra era demasiado fuerte, y aca no puedo decir
que ambas.
A pesar de todo
el cambio, me termine perdiendo entre los pasadizos, y antes de perderme aún
mas decidi retroceder. Mala idea.
Me senté en el
suelo, rindiendome con el gusto amargo de la derrota frente a mi propia
idiotez. Entonces senti una brisa de viento, la cual no tenía mucho sentido
dado a que no había ninguna ventana cerca mio. Me golpeaba el rostro con
suavidad pero firmeza, por alguna razón sentí que me quería llevar. El silbido
parecía llevarme, guiarme junto con el viento que me alborotaba el pelo. Seguí
sin pensarlo, y solo dios sabrá cuanto tiempo tarde. Como se imaginaran, todo
malhumor desapareció.
También la brisa
desapareció a su debido momento, y cual mejor que cuando Ciro hizo su
aparición. Estaba muy distraída como para notarlo, y parecía que él también.
Nos chocamos, y yo levanté al toque la vista, pero él hizo ademán para seguir
caminando.
-
Mira por donde caminas. – masculló con pésima educación. Ahora entendía porque
los padres de Ciro, aunque no de todo, pensaban lo uqe pensaban de él.
Sin embargo solo
dio un paso más, ya que pareció notar algo.
-
¿Estás bien Ciro? – pregunté algo confundida por su actitud.
Se dio vuelta
lentamente, cauteloso… me miró, primero con una duda marcada en sus ojos y
después con sorpresa. Algo le pasaba.
-
Ah, no me había dado cuenta que eras vos. – dijo con una sonrisa, menos mal
que, aparentemente, le caía bien, porque por lo menos me hablaba con un tono
mas dulce y una sonrisa, no como a los demás.
-
¿Qué pasó? ¿Por qué estas tan raro? – empezé a preguntar. No pensaba hacerlo,
pero las preguntas se amontonaban y salían en manada de mi boca sin filtro
alguno.
-
¿Raro? Estoy bien. – contestó sin entenderme - ¿Cómo sabías que tenías
que ir para allá?
Bueno, era
listo. O por lo menos despierto. No pude evitar el alterarme, aunque no lo
demostrara, por el hecho de que nuevamente había un misterio para otros sobre
mi msima que ni yo entendía.
-
No sé, ¿debería saberlo…?
-
No, es imposible encontrarse en este palacio, esta hecho para que los intrusos
nunca encuentren el camino adecuado, por lo cual vos que nunca viniste… supongo
que nunca viniste – yo negué con mi cabeza – no podrías saberlo.
-
Bueno, no importa. – dije – ¿Me buscabas? – pregunté, con una alarmante ilusión.
-
Si, tenemos que irnos, ¿tenés…? Nada. – se arrepintió. Probablemente le pasara
como a mi, las palabras salían por sí mismas y no cuenta se daba hasta no
escucharse a si mismo decirlas, aunque por lo menos él se detenía antes.
-
¿Todo preparado? – adiviné, me miré a mi misma y me volví para mirarlo – Si
bastante, a menos que tenga mal la vista y me olvide algun brazo.
Se rió.
-
Genial, vámonos.
Caminamos por
los pasillos hasta encontrar lo que yo imaginaba como la sala principal, en la
cual se encontraban todas las personas que hasta ese momento había conocido,
aunque eso no me importó. Solo una cosa llamó mi atención, algo en la pared,
frente a Seth. ¿Qué era? Parecía una gran puerta, de un violeta oscuro con destellos
verdes… parecía moverse… necesitaba acercarme, si podía tocarlo…
-
No. – me prohibió Ciro a mi oido como si hubiera leído mi pensamiento.
-
¡Caramelle! – me llamó Seth, con su sonrisa infantil decorando nuevamente su
rostro. Parecía haber olvidado lo de ayer, o por lo menos su enojo – Que bueno
que estas aca, ya nos vamos.
-
¿Cómo? – pregunté mirando a la abertura violeta.
Seth rió, su
risa era un poco mas animada que la típica carcajada de Ciro, aunque no me
llegaba a convencer, sin embargo me divertía.
-
Si, nos vamos por ahí. ¿Te gusta? – preguntó sin afectar su sonrisa.
-
Si, pero…
-
Es un portal de tiempo. Seth puede hacer estos portales con su sangre y
trasladan a todos los que quieran a la época a la que quieren ir. – explicó
Ciro. Seth lo miró con desconfianza.
-
Muy bien, igual, no te asquees por lo de la sangre…
-
¿Por qué me asquearía? – pregunté con una inocencia demasiado tonta e inútil.
-
Porque las chicas por lo general sienten repulsión hacía la sangre. – comentó.
-
Ah… pues no.
Entonces cuando
camine frente a él hacia el portal, me tomó por el hombro. No sabía que
significaba, pero me quería alejar, era lo que entendía. Igual no lo hice, la
cara de ira de Ciro me divertía lo suficiente como para olvidarme de lo
incómoda que me sentía en ese momento. Cuando me paré frente al portal, el cual
emitía un sonido alarmante de succión que me impresionaba un poco, Seth hizo
ademán para que me metiera.
-
¡Caramelle! ¿Te vas sin despedirme? – preguntó Yuki antes de que entrara. Me
había olvidado de ella, pobre.
-
No, claro que no. – mentí, agachandome para abrazarla.
-
Llevate esto, te va a dar suerte. – dijo dandome el conejo de Nacho, el reloj
de mi padre y el libro. Bueno, ahora si tenía equipaje.
-
Gracias. – dije, esta vez con honestidad.
Entonces nos
despedimos y entré al portal, el cual en un segundo me traslado a la nueva
época a mi y a los chicos. Era como un empujón, unos segundos apenas, en los
cuales no quise abrir los ojos.
Cuando los abrí,
percibí muy cerca nuestro una explosión, gritos. Había una atmósfera de terror
y desesperación, pero a la vez cierta ilusión. El olor a sangre y a transpiración
llenaba el lugar, un lugar relativamente normal con un cielo azul, sol, y
suelos marrones y verdes, aunque parecían haber sido quemados.
Camine sin dudar
o meditación previa a ver que ocurría, cuando escuche un sonido sordo y agudo,
el típico de algo que se cae en los dibujos animados. Me corrí para atrás, con
miedo, para dejar lugar a una bala de cañón antiguo caer. Ciro y Seth corrieron
a mi ayuda cuando vieron la bala caer, aunque la nube de tierra impedía la
vista.
Me di cuenta al
instante, me sentía una experta a medias en estos temas, como esos que saben la
teoría y no la practica, aunque este era un caso distinto, yo no sabía como
hacerlo, sino que sabía como se hacían. Se escuchaban maldiciones, en inglés
según detecte. Los uniformes parecían ser tan antiguos como las armas, entonces
supe, por alguna razón.
Si no estaba
delirando, estaba mas que segura de que habíamos caido en medio de una de las
batallas de las guerras civiles inglesas.
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