No sabía si había
sido o no fuera de lugar, pero se había sentido bien. No podía creer que Ciro
me hubiese devuelto el abrazo, no me había dado cuenta de que podría ser tan
cálido.
-
¿Hay algo que debería saber? – preguntó de repentino Seth, interrumpiendo.
-
¿Qué tengas que
saber? No, creo que no. – contesté, extrañada ante la risa de Ciro.
-
Pues… talvez que vas a hacer. Tienen que empezar el viaje cuanto antes. –
concluyó Ryota, quien parecía agitado después de haber corrido tras de mí.
-
Bueno, Ciro, ¿Qué te parece? – le pregunté, con su brazo sosteniéndome la
cintura, la cual cosquilleaba nerviosa y alegremente - ¿Vamos?
El rió, con
cierto orgullo me pareció.
-
Por mi genial. – dijo sin sacarle la mirada a Seth de encima – No creo que
tengas ningún problema, ¿no?
-
Miren, a mi no me importa si vas, Ciro, o no. Pero decídanse de una vez por todas.
Si no comienzan solo dios sabe lo que podría pasar.
No uses el nombre
de dios en vano… por alguna razón se me cursó esa frase
por la cabeza, como si me hubieran retado varias veces por eso.
-
Vamos, primo…
- dijo, para mi sorpresa, Seth - ¿Para qué querés venir? Yo siempre creí que la
Salvación te parecía estúpida e irreal…
-
¿Primo? ¿Irreal? Como si todo esto lo fuera, no me importa lo que cree, si es
necesario lo arrastro. – concluí, sorprendida de mi misma.
-
Si, somos primos. – contestó a la pregunta que jamás hice, pero sí pensé – Y
si, me parecían cursilerías… pero ahora se que algo de razón tiene…
-
¿O simplemente no querés dejarla a Caramelle ir sola conmigo? – adivinó con un
tono punzante Seth.
-
Muy bien, honestamente es mi primera razón. Nadie merece perder su decencia
cuando intenta salvar al mundo. – comentó – Ahora, si no te molesta, la quiero
acompañar.
-
¿Vos que decís, Caramelle? – preguntó Seth con cierta ilusión en sus ojos azules.
¿Acaso no se
podían pelear como chicos? Me divertiría mucho más, o por lo menos sería más
fácil parar o identificar, si se estuvieran golpeando. Pero estaban luchando de
la típica manera de una chica venenosa o de un hombre tranquilo, o como los mafiosos
que mantenían la calma y se basaban en el poder que tenían las palabras frente
a la gente…
-
O venís o te mato. – concluí dirigiéndome a Ciro – No es que me caigas mal,
pero es una de las pocas caras conocidas que tengo. – le mentí a Seth, la verdad
era que me sentía mas segura a su lado.
-
Esta bien, ya te acostumbrarás…
-
Gracias. – susurró Ciro a mi oído, haciéndome temblar hasta la última de mis
terminaciones nerviosas. Su aliento era fresco, tal y como lo recordaba de
cuando casi me besaba, sin embargo me limite a asentir, con cierta frialdad, no
me gustaban las cosas cursis.
-
Esta bien… - dijo en tono ofendido, sacando un peine lila con unos ostentosos
dientes verde manzana y peinándose, ahora esto ya no era cosa de chicos – Pero, tené en
cuenta que… no me gusta compartir. – concluyó con una mirada asesina hacia Ciro.
-
No te preocupes, no te voy a usar la valija o tu ropa, conservo mi buen gusto y
juicio.
Me reí, fue
inevitable. Seth usaba una remera azul y unos jeans… honestamente me gustaba
más el atuendo de Ciro, era más salvaje y desprolijo… en otras palabras, era
más mi estilo. Encima… ¿Por qué se peinaba? Le quedaría mucho mejor otro
estilo, pero no era jueza.
-
Entonces ya está. – dijo Ryota, medio aliviado medio inquieto – Yo diría que
comenzaran mañana, ahora sería demasiado pronto y creo que ustedes dos – nos
tomó a Seth y a mi del hombro – deberían conocerse un poco mejor. Yo me voy…
-
Que descanse. – dije como rutina cuando se dio media vuelta.
Me miró extrañado
y asintió, ¿acaso estaba mal ser educada o cariñosa? No entendía, cuando a Yuki
le empecé a llamar así se sorprendió, cuando a este le digo que descanse, como
simple acto de educación, me mira con los ojos como platos. ¿Qué le había
pasado a la sociedad? ¿Había cambiado junto al paisaje, y aparentemente, el
metabolismo, o como fuese, de la gente?
Seth me miró de
una manera extraña, era una mezcla de entre desafiante y suplicante. Una idea,
que probablemente era acertada, se me cruzó por la cabeza: quería que lo
ayudara a derrotar en cierto punto a Ciro, y me parecía que si no lo hacía me
obligaría en cierto punto. ¿En que querría ganarle a Ciro? No sabía, sin
embargo, no pensaba ayudarlo. Parecía ser de esas personas competitivas a las
que les gusta ganar siempre… y por alguna razón yo había descubierto que era de
las que les gustaba verlos sufrir cuando perdían. Me reí por lo bajo.
-
¿A dónde vamos ahora? – le pregunté a Ciro, quien sentía como si estuviera
seguro de lo que hacía y lo supiera todo. Él vaciló.
-
Me parece que tenés que venirte conmigo… - intentó decir Seth, pero Ciro le
interrumpió.
-
Te venís con Yuki y conmigo.
Se miraron los
dos con desprecio, parecían muy competitivos entre sí.
Ciro se dio media
vuelta y siguió su camino, como si nada. Mi duda fue de un segundo, mire
momentáneamente a Seth y seguí a Ciro. El rubio me siguió por detrás,
peinándose nuevamente dándome ganas de golpearlo.
La atmósfera no
podría estar mas tensa, me sentía nerviosa…
Ciro caminaba
como si conociera completamente el palacio, se metió en los pasadizos esos como
si fuera su propia casa. Solo se detuvo en un momento, frente a una enorme
puerta verde, la cual abrió como si lo hiciese siempre…
-
¡Caramelle! – exclamó Yuki saliendo de la puerta y abalanzándose sobre mí.
-
¡Yuki! – exclamé riéndome - ¿Tanto me extrañaste?
-
No sabes… - dijo riendo, sus ojos eran enormes faroles amarillos.
-
¿Qué hacen acá? – preguntó Gekko.
-
La traje. – contestó Ciro sin mirar a su padre y dejándose caer sobre el sillón
- ¿Algún problema?
-
Primero, mas respeto, soy tu padre. Segundo, se tiene que ir con Seth… -
entonces pareció darse cuenta de algo, quería explicar, pero preferí quedarme
ahí, callada y quieta, con Yuki. - ¿Qué esta pasando?
-
Ciro decidió venir con nosotros. – respondió Seth, echándole la culpa.
-
No decidió, - le corregí sin pensarlo – yo le pedí.
-
¿Puedo ir yo también? – preguntó Yuki con alegría.
-
¡No! – exclamaron todos menos Seth y yo.
-
¿Estás loco Ciro? ¡No podes ir! – dijo la madre.
-
¿Por qué no? – pregunté con ingenuidad.
-
Porque piensan que me van a matar, que voy a ser una carga, etc.… - respondió
Ciro, mirando para otro lado – Aunque la realidad es que lo único que les
importa es lo de que arruine algo.
-
Ciro, no te metas. – le regañó el padre – Esto no es…
-
¿Algo de mi incumbencia? ¡Que raro! Y yo que pensé que hablaban de mí… -
concluyó ironía.
-
¡Basta Ciro! ¡Deja de actuar como un idiota! – le retó el padre. ¿Por qué la
madre se quedaba ahí, como si estuviera a favor? Me daba bronca.
-
No vas a ir. – dijo como toque final la madre. ¿Ahora hablaba? Hubiera
preferido que se callara...
-
No podes evitarlo. Voy a ir, Ryota no tenía problema y Caramelle me lo pidió… -
dijo y sus padres me miraron, yo al instante me ruboricé, pero opté por no
desviar la vista agachada ahí - ¿Qué van a hacer?
-
Prohibirte, no es tan complicado. Acá nosotros mandamos Ciro. – dijo Gekko.
-
Ya casi tengo dieciocho, - se quejó Ciro, no sabía que era tanto más grande que
yo – y pueden mandar en la casa y en el mundo, pero nunca en mi vida.
Eran muy buenas
palabras, me resultaron inclusive inspiradoras y hasta despertaron un nuevo
interés en él. Pero algo me llamó la atención más que la divertida rebeldía de
Ciro, que era el hecho de que sus padres controlaban el mundo. ¿Era en serio o
había sido una manera de decir?
-
¡Ubicate Ciro! Aún no sos mayor de edad, y esto es algo de lo que tu primo se
tiene que encargar…
-
Pero… - intervine sin pensar, levantándome y mirándolos fijamente, a pesar de
mi voluntad – Ciro es más que capaz, nos puede ayudar de mucho. Confío en él, y
la verdad es que en cierto modo ya me familiarice con él y con Yukari. Necesito
tener a alguien conocido cerca, en especial si esperan de mi algo como lo que
aparentemente esperan.
-
No puede ser que ellos sean así de conocidos como le parecen. – dijo el padre –
Si se familiariza tan rápido con las personas, entonces familiarícese con mi
sobrino, que al fin y a cabo, es con quien tiene que irse.
-
¿Por qué no confían en Ciro? – pregunté estúpidamente, o también podría
considerarse inocencia.
-
Porque piensan que soy un inútil. – contestó él – Confían más en Seth que en mí.
-
Eso es porque sos un irrespetuoso incapaz de controlar una situación con
seriedad. – respondió el padre. ¿Esa mujer estaría por siempre callada? ¿Dónde
quedo la dulzura y el soporte de una madre?
Además, ese no
parecía ser el Ciro que yo conocía. Nunca se había reído, o dicho cosas fuera
de lugar cuando Yuki o yo nos encontrábamos en peligro… ¿Acaso sería porque le
importábamos? Quien sabe…
-
Disculpen, no quiero ser metida… - intenté intervenir, esta vez pensando
previamente.
-
Tarde. – comentó, interrumpiéndome, Ciro. Infeliz, ¿no ves que intento ayudarte? A quien engaño, esto
es algo más egoísta… pensé.
-
Pero por lo que vi, Ciro parece bastante responsable, y lo veo mas serio de lo
que ustedes parecen pensar. ¿Por qué no le dan una oportunidad? Es su hijo
después de todo…
Se produjo un
silencio incómodo. De los adultos, nadie quería mirar a nadie. Seth miraba el
techo y los padres de Ciro miraban al piso. En cambio, Yuki alternaba su mirada
sin terminar de comprender la situación y Ciro y yo nos mirábamos. Algo en su
mirada parecía agradecerme, o talvez era simple sorpresa. O talvez desprecio…
Ciro sin duda era un libro abierto, pero estaba escrito en arameo.
-
Está bien. – dijo finalmente el padre – Pero, sepan que si algo va mal…
-
Me vas a culpar en todo a mi, lo se. – se adelantó Ciro, sacando su vista de mi
para ver a Gekko.
-
No, va a ser culpa de ella. – dijo con una sonrisa algo pícara mirándome. ¿Eso
le divertía?
-
¿Qué? – pregunté con voz ahogada, completamente ruborizada.

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