Mundo Real 25 - El interior de Ciro

|


¿Qué… qué me pasaba? No me podía controlar.
¿Por qué trataba así a Caramelle?
Bueno, son cosas que pasan, cuando se ve a un perro desolado no te queda mas que darle de comer.No… ¿Por qué le dije eso?
Parecía algo ofendida, pero es imposible entenderla, sabe ocultar las cosas…
Me senté en la cama, preocupado. La cabeza me pesaba de una manera algo sospechosa, y tenía demasiado sueño. Sin embargo, había cosas que no paraban de cruzarme por la mente…
La idea de haberle burlado a Caramelle ya me hacía sentir mal. Todo lo que había sufrido, y aún así parecía ser tan fuerte y… tierna.
Callate. Dijo una voz rebelde, aunque conocida, en mi mente.
La ignoré. Entonces pasó por mi cabeza el beso… aún no podía creer que la hubiese besado, que me hubiese dejado. ¿Me querría tambien? Era… estúpido. Ni que yo la quisiese en realidad, era solo…
¿A quien engaño? Aunque me sienta patético, la verdad es la verdad.
Las imágenes eran cada vez más nítidas, y en un momento, sentí como si nos vieramos a mi y a Caramelle desde otra perspectiva. Una especie de odio me inundo la mente y corría con una peligrosa violencia en mis venas. Nuevamente, no era dueño de mi mismo, y cuando quise enterarme, había caído en un sueño profundo.

¿Qué…?
No sentía nada. Ni los brazos, ni las piernas. Nada. Estaba tirado sobre una jaula, o eso parecía ser, las rejas oxidadas se alzaban a mis alrededores, dandome un espacio menos que grande para moverme con libertad. Intenté acostumbrar mi vista a las penumbras de ese lugar, pero era imposible. Con tantos años soportando a la oscuridad de las noches, en las cuales no había ni un atisbo de luz natural, uno se acostumbraba, se adaptaba, como decía la ley del mas apto, aunque tampoco sabía mucho de eso. La oscuridad se mantenía constante… era insoportable. Odiaba el no poder hacer algo, fuese por la razón que fuese. Mis padres siempre me acusaron de un caprichoso, pero nunca me importó. Incluso, estoy orgulloso de serlo, en cierto punto, para mi significa que no me rindo, para otros significa que soy testarudo. Si, soy caprichoso, testarudo y negador, porque lo ignoro. Y no me importa. O eso creo.
Me levanté con mucha dificultad. No… no parecía como si fuese mi cuerpo. Era raro, como si fuese algo que no era material. Una luz empezó a verse a lo lejos, y me costó entender lo que veía. Era algo borroso, aunque lo que mas me llamo la atención fueron dos puntos fuertes de un color azul verdoso…
Las cosas se iban aclarando poco a poco, y por un momento quise no verlo, pero no podía. Era Caramelle, con tajo en la cara del lado izquierdo. Tenía una mirada de horror, miedo, súplica… pero esa cambió en un instante. Su cara de ser la de una victima de acoso a la de odio, con sus ojos parecía decirte un discurso, reprenderte sin la necesidad de malgastar sus palabras. Siempre supe que Caramelle era mas que fuerte, y no me refería a fuerza física.
-          No sos Ciro, es obvio. – se escuchó la voz suave de la chica como si fuera lejana, aunque la podía ver ahí mismo, como si fuese una pantalla, agarré los barrotes con una sensación extraña en el estómago, aunque la saqué rápidamente, cunado me mire, me había quemado - ¿Por quien me tomas? ¿Por idiota? No sos Ciro, te ves como él, pero no le llegas ni a los talones. – con esas palabras, sentí como si mi pecho se hinchara de algo raro, sonreí, aunque me sentía como si viese una escena, la verdad era que no comprendía lo que estaba pasando – Tus modos, tu manera de hablar… sos demasiado tosco y muy poco inteligente. Como si fuese poco, tu mirada es mediocre, la de Ciro es mucho mas fuerte.
“ Pero vamos – continuó, poniéndose de pié y caminando hacia… ¿mi? – No estoy aca para esto, porque estoy como para hacer un libro de las mil y un maneras en las cuales es imposible hacerse pasar por Ciro. Pero entendé algo, nadie se mete ni conmigo ni con mis amigos, Roy.
Entonces, con cierta clase y una sonrisa desafiante dibujada a pesar de la sangre que le corría por la mejilla, golpeó a quien fuese en el estómago, le dobló el brazo y le arrebató la espada. Sentía lo que le pasaba al otro, pero levemente. No entendía que estaba pasando, pero inconcientemente y lleno de preocupación me volví a aferrar de los barrotes y me volvi a quemar, pero esta vez no me aparté, sino que luché para doblar los barrotes. Era complicado, la fuerza era demasiada. Mi vista se nubló y no lograba coordinar ni movimientos ni pensamientos. Solo tenía una cosa clara: tenía que ayudar a Caramelle.
Pero… la visión se volvía menos clara por cada segundo y los mis párpados, a pesar de no sentirlos del todo, se me iban cerrando. En poco tiempo solo pude diferenciar el dolor en las palmas y distinguía una única palabra, o mejor dicho, un nombre.
Caramelle…
Pero mis ojos se cerraron nuevamente.

Volví a despertarme, encerrado nuevamente en los barrotes, pero estos tenían un gran agujero en el medio… ¿lo habría logrado? ¿era libre? Pero, ¿libre de qué? No entendía donde estaba…
-          ¿Confundido, Ciro? – me preguntó una voz conocida, alcé la vista inmediatamente, la vista no me gustó para nada - ¿Complacido de verme?
Ahí parado estaba Roy. Su mirada parecía atravesarme, como siempre. Sus ojos azules parecían más débiles de lo normal, aunque en realidad, hacía demasiado que no lo veía como para darme cuenta. Solo al verlo lo recordaba bien, sus ojos azules, su pelo castaño claro, siempre vestido de negro y su mirada ausente que contrastaba su actitud decidida. Para las chicas parecía un punto perfecto, pero a los hombres en general era un idiota. Sin embargo, a mi siempre me había resultado un personaje interesante, una persona con actitud y rebeldía, la inocencia parecía haberlo abandonado por completo, era un hombre por naturaleza, pero… ¿Cuál era el uso de esa falta si no se sabía actuar? Siempre pensé que era un problema que ambos sufríamos, por eso, de mi familia sin contar a mi hermana, era el más interesante, o al que mas aprecio podría guardarle.
Aunque no por mucho tiempo.
No entendía que hacía ahí, las ideas no encajaban, me faltaba más de una pieza para un rompecabezas que no quería ver. ¿Había revivido? ¿Habría muerto realmente?
Miró a los barrotes doblados y después a mí. Sonrió con cierta maldad.
-          Las prisiones naturales de la mente son más fuerte de lo que un simple humano se podría imaginar. – dijo, haciendose el filosófico – Es una pena que no se puedan usar con facilidad, ya que cada uno se encuentra sin darse cuenta en esa prisión. Vos aparentemente lograste… deformarla en parte. – continuó hechandole una breve mirada a los barrotes.
-          No te me vengas con la charla filosófica Roy. – dije con una fingida seguridad - ¿Qué está pasando? ¿Dónde está Caramelle?
Su expresión cambió. Ya no parecía divertida, ahora era seria. Recordé de lo que habíamos hablado con Caramelle antes de dormir aquella noche. ¿Cómo supo lo de Roy? ¿Estaría sospechando algo?
¿Y… y no me lo dijo?
-          ¿Qué? – pregunté bruscamente.
-          ¿No entendés lo que está pasando? Sos más lento de lo que creía. – su sonrisa volvió, aunque ahora tenía una expresión más seria, y más cargada de odio - ¿Tanto te procupa la chica?
-          ¿Tanto te preocupa a vos?
Se hizo un silencio, incómodo, aunque ambos lo disimulabamos con las miradas desafiantes y llenas de odio. Era obvio lo que estaba pasando. Ambos queríamos lo mismo, pero no podíamos admitirlo.
-          ¿Vos que decis? – preguntó como si fuese un sabio.
-          Que tantas preguntas te van a pudrir aún más el cerebro. – respondí con odio – Respondeme.
-          Me sorprende tu prepotencia. Ademas, no puedo creer que no te des cuenta de la situación de inferioridad en la que te encontras.
-          No se en que estúpida situación me encuentro, solo sé que querés meterte con Caramelle – al decir esto, lanzó una silenciosa carcajada – y no lo pienso permitir.
-          A ver… te lo voy a explicar de una manera en la cual tu simple cerebro lo comprenda…
-          Veo que te pensas un dios, aunque Seth haya sido el elegido.
-          Callate, yo siempre fui superior a él. – escupió con desprecio.
-          Si, seguro… - comenté para molestarlo.
Entonces sentí una punzada de dolor. ¿De donde venía? Me dolía todo… era como si me quemaran vivo. Perdí la noción del tiempo, y ya no sabía cuanto tiempo estuve así, si un año, un día o un segundo.
-          ¿Listo para escuchar? – preguntó, quise quejarme, pero no tenía las fuerzas suficientes – Empecemos por el principio. ¿Te diste cuenta de que Seth cambió bastante? – acentí – Bueno, él hace tiempo que estaba débil, mi alma paso a su cuerpo cuando morí, y con el tiempo, mi alma, que era mas fuerte que la suya, lo iba desplazando de su cuerpo, hasta que finalmente desapareció tras ese beso suyo. – dijo con desprecio – A él le interesaba la chica esta en cierto punto, y al ver que no lo quería pareció desaparecer, así que volví a tener un cuerpo. Eh ahí que pudiese atacarte para debilitar tu alma, hacerte pelear con Caramelle y darme ventaja para enamorarla.
Terminó como si le estuviera contando a un amigo de toda la vida los planes para la fiesta de esa noche. Algo de inocencia tenía, después de todo. Unas palabras resonaron en mi mente y me hicieron sentir un horrible cosquilleo en la boca del estómago por la bronca. Enamorarla…
-          ¿Qué le hiciste? – pregunté con un profundo odio.
-          La besé. – contestó, parecía estar contento de aquel logro.
Nunca sentí tal violencia en mí. ¿Cómo se atrevía…?
-          No te preocupes, no vas a sufrir mucho. Pienso matarte, y después con la ayuda de esta chica vamos a dominar el mundo.
-          Dos cosas, uno, si estas tan enamorado de ella, no la trates como si fuese un objeto o una mascota. Dos, ¿sos tan débil que necesitas a una chica que te ayude? – pregunté.
-          Tenes razón, talvez, en lo primero, pero en lo segundo no. ¿tenes idea del potencial que tiene esta chica? – si, mas de lo que te imaginas contesté en mi interior – Con ella nadie podría vencernos. No te pienses que quería estar en tu cuerpo, intenté unirme a ella pero… es extremadamente fuerte. Sus barreras ya fueron rotas por su imaginación. Vos te pensas que la conoces, pero no sabes nada de ella.
Lo miré con odio. Intentó dominarla y ahora quería meterse con ella… ¿Por qué sentía como si me quisieran robar algo?
Entonces una voz dulce y conocida, aunque con un tono desesperado, nos alertó a ambos.
-          ¡Ciro! – llamó Caramelle desde lejos, no la podía ver - ¡Ciro por favor! ¡Se que estas vivo! Lo se, lo se… - repetía como intentando convencerse a sí misma, se sintió una sacudida - ¡Ciro por favor! – su voz se quebró y se escuchó un mínimo sollozo - ¡Te amo! Ciro…
Esa última frase nos alertó a ambos. Sentí como si mis pulmones se llenaran de algo… ¿alegría? No, era ridículo. Sin embargo de repente sentí como si estas limitaciones de las cuales Roy tanto había hablado de fueran y volvía a recobrar mi compostura, volvía a tener mi cuerpo… aunque no del todo.
Roy no se iría a menos que muriésemos los dos. Cuando pude recobrar mi vista, vi como primer cosa la espada de las almas… ¡Claro! Eso era… si lo hacía… no cabían dudas, era riesgoso, pero necesario. Era eso o dejarla a Caramelle en manos de aquel idiota.
-          Caramelle… - exclamé con cierta dificultad, me costaba dominarme por completo.
-          ¡Ciro! – exclamó ella, mirandome con alegría y alivio.
No pude dudarlo mas. No funcionaría sin ella, solo ella podía hacer funcionar a esa espada… ella era la elegida, la única restante…
Sin dudarlo, tomé sus dos manos, las cuales rodeaban la espada, y terminé con todo, escuchando un único grito de horror adentro de mi cabeza, y otro similar, pero mas agudo, por fuera.
Ya… ya había terminado todo. Mirando por última vez a Caramelle, caí.
- Yo… también. – fue lo último que dije.

0 comentarios: