Mundo Real 23

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Las cosas no cambiaron al día siguiente.
Seth seguía raro y lo mismo se puede decir de Ciro, y mis nervios estaban colgados del techo.
Cuando me desperté algo en mi repetía lo mismo constantemente. Hoy vuelvo… ¿adonde? No me entendía, y mi inconciente parecía carecer de sentido común, talvez por eso es inconciente.
Me levanté, callandome a mi misma, y me miré a mi misma desde abajo. ¿Cómo era posible que todavía no me había visto al espejo? Sin embargo algo era seguro de mi apariencia: tenía que cambiarme con urgencia. Mi ropa todavía tenía manchas de la sangre de Ciro y de otras cosas que no recordaba, probablemente del tiempo. Me di asco a mi misma, aunque sentí cierto alivio al dame cuenta de que había ropa en una silla cerca de mi cama.
No me gusta verte tan mal, te dejo algo mio. Era la letra de Seth, supuse. Reí ante mi capacidad de predicción, aunque eso no estaba segura de si fuese o no una predicción. Me puse rápidamente la ropa, me guarde el conejo de mi hermano en uno de los bolsillos, solo por si al caso, y en el otro bolsillo el reloj de mano de mi papa, y salí de mi cuarto para ir a la casa de Ciro. La ropa me quedaba muy grande, podía sentir el dobladillo del pantalón debajo de mis zapatillas y la remera, que aparentaba ser manga corta, me llegaba hasta casi más allá de los antebrazos. ¿Era Seth más grande de lo que me imaginaba o yo era prácticamente nada a comparación?
El camino parecía corto, ahora que me había casi acostumbrado a él. Cuando entré nadie pareció percatarse demasiado, sin embargo todos miraban a Seth hacer el portal para nuestro próximo viaje. No sabía que era más deprimente: el no tener nada que llevar conmigo mas que un conejo, un reloj y un libro, o el hecho de tener que ir con Ciro y Seth a un lugar que no conocía.
Entré y me pare al lado de Yuki, quien me saludó silenciosamente.
-          Caramelle, tanto tiempo… - me saludó Ryota, dandome cuenta de que me había olvidado de su existencia.
-          Hola. – salude con una timidez fingida.
-          ¿Querés comer algo antes de irte…? – preguntó, algo nervioso. Parecía un oso… uno bastante torpe.
-          No, muchas gracias. – negué con una sonrisa, mejor ser educada.
-          ¿Vamos Caramelle? – me preguntó Ciro, quien se había acercado a nosotros.
-          Si…
Lo miré. Parecía haberse mejorado, pero no podía decir lo mismo de su humor. No me miraba, se veía bastante distante… ¿Qué le pasaba? Me ponía nerviosa este cambio, antes tenía mas cercanía con Ciro, ahora parecía ser con Seth, y no me gustaba tanto esa idea.
Seth terminó el portal y caminó hacia donde Ciro y yo nos encontrabamos, y como si fueramos amigos de siempre, me pasó un brazo por el hombro, el cual intenté esquvar inútilmente.
-          Que bueno que te cambiaste. – dijo – Aunque va a ser mejor que nos vayamos ahora.
-          Supongo…
Ciro nos miraba con una expresión que no logré descifrar. Estaba ahí, pero a la vez no. No podría decir si estaba enojado o si simplemente era su mal humor el que lo hacía ver con esa cara…
De todos modos, no quise quedarme mirando demasiado rato. Me despedí de Yuki y del resto y pasé, primera, por el portal…
Nuevamente, cerré los ojos y me dejé llevar. El traslado me pareció tardar demasiado, no fue como los otros…
Entonces sentí como si me despertara de un largo sueño. Sentía el cuerpo entero abarrotado, y cierto dolor en mis brazos. Ese olor me sonó horriblemente conocido, a… desinfectante, medicinas… se podían escuchar sollozos a lo lejos, y pasos cerca. Un sonido agudo que sonaba cada segundo iba acelerando su frecuencia tal como los latidos de mi corazón.
No fue difícil darme cuenta de donde estaba. Tampoco fue difícil saber que estaba sola en un hospital internada.
No quería abrir los ojos, pero la pregunta de donde estarían Ciro y Seth era dominante. ¿Me habrían abandonado? ¿Por eso los cambios de actitud?
Era evidente que algo había pasado, porque estaba sola, bueno, con una enfermera. La mujer me miraba algo aliviada, como si hubiera estado esperando por algo. Yo me miré a mi misma: estaba acostada en una camilla, con unos tubos que entraban en mis brazos…
Tuve nauseas.
-          Hasta que despertó, señorita. – me dio la bienvenida la enfermera con una sonrisa cálida de pena y compasión que provocaba en mí cierta violencia.
-          ¿Qué… qué paso? – pregunté confundida intentando levantarme, con cierta desesperación - ¿Dónde estoy? ¿Dónde estan los chicos?
La enfermera me detuvo. Sostuvo mis manos sin piedad, aunque su mirada demostraba cierta tristeza compartida, que me daban ganas de gritarle. Que me miraran como la pobre chica me daba mucha bronca.
-          ¿Te referís a tus padres? – preguntó, soltando mis manos.
-          ¿Qué…? – pregunté sin comprender, pero entonces me dí cuenta.
Estaba devuelta en mi época…
Mi casa…
Pero… ¿por qué no lo sentía como mi hogar?
¿Por qué no recordaba nada?
-          Estas muy confundida… tus padres murieron en el accidente…
-          ¿Qué? – pregunté, esta vez con un tono de burla, mis padres no murieron en un accidente…
-          Si, no se sabe bien que paso en tu casa, que se derrumbó… ¿no te acordas? – preguntó mientras yo me agarraba la cabeza, malinterpretando lo que realmente sentía. En vez de la prisa y la confución por el hecho de no saber si había sido o no un sueño todo eso, probablemente pensó que estaba al borde de las lágrimas por la muerte de mi familia.
Ilusa… pensé con cierta crueldad sin intenciones.
Pero… ¿Y si en serio todo hubiese sido un sueño?
-          ¿Qué me pasó? – pregunté sin mirarla.
-          Estuviste en coma por casi un mes. – contestó, tomandome la mano, aunque yo la aparte. No… que no me tuviera pena, que me contestara… la impaciencia y la desesperación me mataban.
-          ¿Un mes? – repetí.
-          Si… hay algunos amigos tuyos afuera…
-          ¿Amigos? – pregunté, la mujer sonrió.
-          Si, esperaban a que despertaras. ¿Querés que los deje pasar?
-          No. – contesté al instante, no… no los conocía – No quiero ver a nadie por ahora… muchas gracias, ¿me podría dejar un poco a solas? Estoy un poco confundida.
-          Si, seguro. – dijo con una simple sonrisa.
Entonces salió de la sala, y pude escuchar los susurros al otro lado de la puerta. Las voces de alivio y felicidad… no me importaban en el fondo.
Solo me importaban dos cosas: terminar lo que tenía que hacer y encontrar a Ciro y a Seth.
Sabía que podría ser un sueño… pero algo, algo debería mostrarme que no había sido un sueño…
Me tiré en la camilla con exasperación, a pesar de mi impaciencia, no había mucho que pudiera hacer.
De todos modos, cuando giré mi cabeza vi en la mesa de luz algo que me sonó conocido… un sobre…
No era cualquier sobre, era el sobre por el cual Ciro casi se ahoga cuando lo conocí.
Me levanté con brusquedad, logrando marearme hasta casi caer de la camilla. En cuanto me recuperé lo tomé y lo abri.
Respiré aire con felicidad al ver que todo lo que había vivido, aunque increíblemente irreal, era verdadero.
Sonreí y no dude en levantarme y buscar algo de ropa, la cual se encontraba en el baño. Al cambiarme, me di cuenta de otra cosa que me demostraba que lo que había pasado no era creación de mi inconciente: todavía tenía la marca en el estómago del corte que me había dado ese soldado en el último viaje.
Sonreí aún más, y antes de irme, me miré al espejo…

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