Mundo Real 26

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La sangre parecía alterar mi sentido común, mi poder de comprensión, mi todo. No podía creer lo que mis ojos veían. No todo lo que ves es verdad me dije a mi misma a mis adentros. Ciro no era así, no era un asesino… aunque tampoco que supiera mucho de él, o talvez, si pensaba con la cabeza fría, mi cariño me nublaba, me distraía y me alejaba cada vez mas de la realidad.
-          Ciro… ¿Qué pasó? – pregunté. ¡Idiota! ¡No es Ciro! Gritó algo en mí.
-          Caramelle… - me llamó, algo confundido.
-          ¿Qué hiciste? – insistí, agachandome para ponerme al lado del difunto Seth, tirado en el suelo. Seth… las imágenes pasaron volando, desde que lo conocí, sus cambios repentinos de actitud, el beso, ese abrazo… había sido un gran chico, no podía creer que estuviera muerto. No quería llorar, era un momento poco oportuno, no tenía a nadie cerca…
-          Fue, fue… un accidente. – respondió y claramente no le creí – Se volvió loco y…
Era imposible. Ciro nunca acuaría así. Estaba demasiado asustado, poco seguro. Se veía muy idiota, bueno, mejor dicho, actuaba como un idiota.
-          Sos un mal actor… - le acusé, dejando a Seth en el suelo con delicadeza y levantandome - ¿Qué le hiciste? ¿Qué te pasa?
-          Me atacó…
-          ¿Y lo mataste así no mas?
Tenía una mirada extraña. Era lejana, no me estaba mirando a mí, miraba a algo mas allá, aunque a la vez de profunda no tenía nada. Se veía enojado y caprichoso, como un nene al que lo agarran haciendo una travesura, cometiendo una equivocación, y lo reprendían, pero el seguía con su idea fija de que hacía lo correcto.
-          ¿Qué te pasa? – pregunté sin piedad – No te conozco bien, Ciro, pero hay cosas que me dejaste bien claras desde la primera vez que te ví.
-          ¿De qué hablas? – su mirada era rara, seguía con esa lejanía, pero había algo peligroso en ella, alguna especie de instinto asesino escondido en esos tonos esmeralda, apagados por alguna razón.
-          ¿Quién sos? ¿Qué estas? ¿Poseído? – seguí, aunque en realidad no me creía lo que decía, aunque ya lo había pensado, negaba lo que podría ser la realidad. Tenía que deternerme.
-          Caramelle, callate.
Esa orden me sorprendió. ¿Callarme? ¿Habría descubierto algo? ¿Mi primera teoría era verdadera? Ahora las cosas cerraban. El cambio de actitud repentino que tuvo Seth, el corte en el cuello de Ciro, la pelea, el beso… ¿el beso? Me confundí por un segundo.
-          ¿Quién sos? – seguí con el cuestionario.
-          Caramelle, te lo advierto…
-          ¿Advertir? ¿Quién te pensas que sos? ¡Yo soy la que te advierte…!
-          Soy yo, idiota…
-          ¡Exacto! ¿Quién es ese yo?
Pero no pude seguir, porque aparentemente mi bronca y mis preguntas habían despertado su violencia, y con un simple movimiento me cortó la mejilla izquierda y el impacto me tiró al suelo. Posé mi mano sobre el corte, bastante profundo y algo doloroso, sangraba bastante, pero lo ignoré.
-          Que caballero. – comenté con sarcasmo y un tono frío como el hielo.
-          Te lo advertí. ¿Por qué no me crees?
Entonces me puse yo violenta. ¿Me tomaba de estúpida? No, nadie burlaba a Ciro, pero menos a mí.
-          - No sos Ciro, es obvio. – le acusé con cierta impaciencia, que intenté fingir -¿Por quien me tomas? ¿Por idiota? No sos Ciro, te ves como él, pero no le llegas ni a los talones. Tus modos, tu manera de hablar… sos demasiado tosco y muy poco inteligente. Como si fuese poco, tu mirada es mediocre, la de Ciro es mucho mas fuerte.
La honestidad me mataba, era difícil para mi orgullo, aunque a la vez interesantemente liberador. Intenté mantener mi mente fría para que las lágrimas de bronca e impotencia no salieran a la superficie. Se fuerte, se fuerte me repetía como un mantra para concentrarme en algo alejado de lo que sucedía, por mas que estuviera conectado.
- Pero vamos, - seguí con cierta indecisión a causa de mi concentración en las dos palabras que repetía en mi interior, levantandome y llendo hacía Ciro, con la intención de desconcertarlo - No estoy aca para esto, porque estoy como para hacer un libro de las mil y un maneras en las cuales es imposible hacerse pasar por Ciro. Pero entendé algo, nadie se mete ni conmigo ni con mis amigos, Roy.
¡Ya estaba! ¡Lo dije! Ahora solo había que esperar a ver si había cometido la mayor idiotez de mi vida o la mejor y más inteligente maniobra de la misma.
Sin embargo, decidí ser fuerte como me repetía una y otra vez. Pero no fuerte como la típica chica que su fuerza es tan solo en aguantar o algo así, una fuerza que odiaba y me parecía insoportable, sino que decidi ser fuerte como Ciro: iba a luchar, con una sonrisa desafiante. Inspirada por ese personaje, sonreí y con una maniobra me puse tras de él, sosteniendole el brazo como hacían en esas series policiales para inmobilizarlo y le saqué mi espada. No entendía algo, si la espada era mía, ¿por qué la tenía siempre él?
De todos modos, me resultaba inútil la espada. No podía ni siquiera rasguñarlo, no entendía porque, ya que en cualquier otro momento era capaz de dejarle un ojo morado, pero ahora… no era ni capaz de golpearlo un poco.
Sin embargo, Ciro era demasiado fuerte, y  yo no podía luchar contra él. Es en estos momentos que se usa la típica fortaleza de una mujer: confundir a los hombres con sus sentimientos, por más que me cueste. Siempre era igual, las mujeres nunca actuaban físicamente, usaban palabras o atacaban de un modo indirecto o psicológico. Era interesante, mucho más que los golpes de los chicos, sin embargo, no podía negar que preferiría noquearlo. Talvez, no me sentiría tan distinta de ese modo.
Pero no sabía empezar, aunque tampoco fue necesario. Ciro se libró de mí, no sin cierta dificultad, lo cual me animó un poco. A pesar de que algo le costaba librarse de mí, me empujó de manera que volví a caer, pero esta vez de cara al suelo. Me sentía patética. No podía dejar que la cosa siguiera así, no era una nena indefensa de la cual abusaban. No… era mas fuerte que eso… o eso quería pensar.
Ciro parecía dudar de lo que hacía. Me tendió la mano, dandome a entender que se había arrepentido, pero no la tomé. Me levanté mirandolo a los ojos, aunque sin satisfacción alguna, porque no tenía la mirada de Ciro, que en cualquier sircunstancia su mirada sería como algo interesante, algo del cual aprendieras algo útil.
-          Decime la verdad. – le pedí -¿Sos Roy?
Hubo un silencio incómodo, no… no podía saber si me miraba en serio o que, pero mi humor empeoraba con cada segundo sin una respuesta. Intenté regular mi respiración, si él realmente era Roy, ¿Dónde estaba Ciro? Estas cosas me confundían. Si mi primer teoría estaba bien, Seth había muerto hacía algun tiempo y Ciro… también. Hay que admitir las cosas como son, pero al darme cuenta de que sería así, me empecé a desesperar. Si era así, nunca había peleado con él en realidad…
-          Si.
Con esa palabra logró desmoronar mi mundo. Un sí que sacó mi aliento y me puso la piel de gallina. Lo mire paralizada del horror.
-          ¿Ciro… esta muerto? – pregunté, pero nuevamente hizo un silencio - ¡Contestame! ¡Si sos tan inteligente respondé rápido!
-          Si.
Otra vez, quedé paralizada con la misma palabra.
-          No… no es posible… - la desesperación nublaba mi mente y comencé a negar lo que debería ser verdad, no podía estar muerto, ¡era Ciro! Era mas fuerte que Roy, de eso podía estar segura, pero… ¿Cómo probar que estaba vivo?
Solo se me ocurrió llamarlo. Tal vez… tal vez lo despertaba…
-          ¡Ciro! – exclamaba - ¡Ciro por favor! ¡Se que estas vivo! Lo se, lo se… ¡Ciro por favor! – mi voz se volvía débil, y mis ojos se llenaban involuntariamente de lágrimas, no… no quería llorar… - ¡Te amo! Ciro…
Dije esas palabras sin pensar, aunque creo que nunca había dicho algo tan en serio. Por mas meloso o idiota que fuese, alguna realidad de lo que pasaba en mi vida tenía que ser admitida, y estaba bastante segura de haber admitido una de las más difíciles y útiles, ya que dio resultado. Los ojos de Ciro parecían recobrar su fuerza, aunque se veían cansados y desesperados. Sus ojos no me miraban, estaban fijos sobre la espada en mi mano derecha.
-          Caramelle… - me llamó con una voz extraña.
-          ¡Ciro! – le devolví, con cierto alivio.
Quería que me mirase, aunque fuese por solo un momento. No sabía que iba a pasar, todo sentido común estaba tapado por el alivio de que no me había quedado sola. Sin embargo, tomó mis manos, las hizo aferrarse a la espada antes de que yo pudiese detenerlo, y con nuestras manos entrelazadas alrededor del arma, se la clavo tal como un seppuku[1]. Lo miré con horror, y antes de morir, sus manos se aflojaron, llenas de sangre suya y de Seth, sobre las mias, y me miró. La mirada que tanto quería se había vuelto algo mas dramático de lo que hubiese querido.
-          Yo… también. – fueron sus últimas palabras.
Entonces calló sobre mis brazos, llenandome de dolor y sangre.


[1] Seppuku es un ritual suicida que hacían los samurais para no enfrentarse a una pérdida

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