-
Caramelle… ¿Estas bien? – preguntó asustada Yuki.
-
No… no lo puedo creer… Nacho… - las palabras salieron ahogadas por la angustia.
Mis piernas ganaron,
por fin lograron detenerse y descanzar debido a la tristeza que me detenía y se
apoderaba de mi. Mire para abajo, reprimiendo mi llanto, recordando a mis
padres y a mi querido hermano. ¿Cómo pude olvidarlos? ¿Cómo pude ser tan
desamorada?
Me costaba respirar
y la cabeza me daba vueltas. Mis palpitaciones eran rápidas, despiadadas y
extremadamente fuertes, y en cierto modo combinaban con la atmósfera. Se
sentían sacudidas en el aire, de repente el aire se volvia mas pesado, y
después mas liviano. Yuki y Ciro se dieron cuenta de esto, y me miraban
imresionados y asustados.
Ciro se agacho
frente mio, me alzó la cabeza y me obligó a mirarle a los ojos.
-
¿Qué viste? – preguntó con un tono meloso pero autoritario.
-
Nada. No importa. – mentí por miedo mirando a otro lado.
-
No va a funcionar hermano, ella es inmune a tu poder aparentemente. – dijo Yuki
reprimiendo una sonrisita.
-
¿Cómo que es inmune?
-
¿De qué hablan? – pregunté con la ilusión de despejar mi mente.
-
¿Te acordas de los poderes que te conte? – preguntó.
-
¿Le contaste de los poderes…? ¡Se suponía que esas cosas se las explicarían
nuestros padres u otra persona!
-
¡Perdón, pero de algún modo tenía que explicar mis ojos! – exclamó ella con
ira, mientras sus ojos se encendían en un anaranjado peligroso. Parecían de
fuego.
-
¡Pero eso no es un poder! ¡Es… una deformación! – explicó él.
Sus ojos casi que
se apagaron completamente. Las lágrimas la inundaban y se puso a llorar.
-
Tonta. – comentó Ciro sin piedad hacia la chica.
-
¿Es necesario que la trates así? No hizo nada malo, solo intentó explicarme
algo. Estoy segura de que lo hizo con mejores intenciones que con las que vos
intentas sacarme información con esa voz rara… - le regañé.
-
No hables de lo que no sabes. – dijo el precavidamente. Parecía asustado.
Entonces me di
cuenta.
-
Tu poder tiene algo que ver con esto de sacar información o que te obedezcan,
¿no? – pregunté puntiagudamente.
-
Que inteligente… - opinó con inocencia ella, cuyos ojos habían abandonado sus
lágrimas y su brillo volvía a verse, iluminando nuestros rostros en la
oscuridad.
Él la miró con
una mirada asesina. Después, sus ojos se posaron en mi, con el inútil intento
de doblegarme, pero yo no me daba por aludida.
-
¿Tengo razón? – pregunté esbozando una sonrisa arrogante contra mi voluntad, ya
que no quería sonreir después de recordar la muerte de mi familia, pero tenía
muchas ganas de molestarlo. Si yo era inmune a sus poderes, entonces era la unica
que podía burlarlo, molestarlo… me iba a divertir.
-
Si, algo asi. Es el poder de la persuasión. Nada muy interesante…
Él se había
percatado de mis intenciones, era rápido, pero yo lo era más.
Sus ojos parecían
de terciopelo, pero eran punzantes y extremadamente llamativos. Me miraba
advirtiendome algo, pero no tardo en cambiar su expresión por una de duda.
-
¿Qué pasa? – pregunté.
-
Nada. – contestó. Su mirada era potente y no pude evitar el quedarme mirandole
fijo.
-
Eh… ¿podemos descansar? Ya es algo tarde… - aconsejó Yuki incómoda por la
situación.
-
Me parece una gran idea… pero, ¿Cómo hacemos? – consulté, intentando hacerle un
favor a la chica.
Me levanté
dejándolo a Ciro solo en el piso, siguiendo mi camino con la mirada sin mover
la cabeza. Me ponía un poco nerviosa, pero por molestarle no me inmuté.
-
Sigamos un poco, no nos falta demasiado para llegar a la casa verde. – dijo
Ciro levantandose con la dignidad de un gladiador caído.
-
¿La casa verde? – pregunté.
-
Es una casa abandonada a la cual van los viajeros. – explicó sin mirarme.
-
Aah…
Caminamos una
hora entera antes de llegar a esta casa. Era una casa más chica que la mia, de
un verde esmeralda… exactamente como los ojos de Ciro. Reí ante la comparación,
aunque me detuve cuando me percaté que me miraban extrañados. Miré a la casa,
me parecía conocida de algun lado… como si hubiera ido alguna vez.
Entramos y de
algún modo yo ya la conocía. Fui a uno de los cuartos y me recoste en la cama
mientras los dos hermanos me miraban sorprendidos.
-
Es que acaso sos adivina, ya habías venido antes, fue lo que recordaste o sos
una embustera. – dijo sin piedad Ciro, haciendome tener aún mas presente el
recuerdo que intentaba olvidar.
-
Adivina. – respondí sin pensarlo mucho.
-
Interesante… - comentó él – Yukari va a dormir al lado tuyo, o duermo abajo.
-
Como digas. – anuncié cerrando mis ojos, no me había dado cuenta de lo cansada
que estaba.
Asi entonces se
fueron y me dejaron desprotegida. Miraba al techo evitando revivir una y otra
vez como mis padres y mi hermano morían. Me asustaba la probabilidad de que
tuviera un serio problema mental, dado a que veía figuras en las manchas de
humedad del techo, aunque talvez solo fueran mis lágrimas. El dolor en el labio
inferior que me mordía con fuerza y sabor a la sangre me distraía un poco,
aunque eso sacaba lo mal que me sentía. Era un recuerdo tan fuerte…
No recordaba nada
mas. En realidad no sabía como eran mis padres, tampoco mi hermano, pero igual,
los quería, necesitaba sus consejos, esa alegría que recordaba. Los necesitaba…
pero jamás lo admitiría, menos aún con gente.
Recordaba a
Nacho, pobrecito, no debía tener mas de siete años, se veía tan chiquito e
indefenso… y había muerto en mis brazos. Lo había visto a él morir, también a
mis padres. Mis padres…
¿Los habría
decepcionado? No había logrado salvar a mi hermano, era… era patética. Me
sentía una inútil. ¿Sentir? ¿Qué digo? ¡Era inútil! Por culpa de mi ahora ese
inocente chico estaba muerto… no podía seguir reteniendo las lágrimas. Me senté
y las dejé caer, con la cabeza enterrada en mis piernas. Estaba en silencio, la
casa entera lo estaba.
Entonces la
pregunta me volvió a atacar, como un tiburón. Desaparecía de tu vista, no se
dejaba de mover, te atacaba, con sus miles de dientes filosos y te lastimaba
hasta la muerte, una muerte, en este caso, lenta y dolorosa, me había lastimado
y cada tanto el dolor desaparecía, pero me seguía desangrando.
¿Quién era yo?
No sabía nada.
Nunca me había siquiera mirado al espejo.
Fui al baño con
la esperanza de conocerme a mi misma, pero da la casualidad de que era
probablemente el único baño sin un espejo. Me lavé la cara, la sentía como si
se estuviera incendiando.
Me miré el brazo.
Entonces, había sido todo verdad, había una marca, algo que demostraba que
realmente ese incendio, esas muertes había ocurrido: una cicatriz bastante
grande en mi brazo izquierdo, de una antigua quemadura.
La quemadura que
me había hecho al entrar al cuarto de Nacho.
Con un suspiro me
dirijí a la ventana. Menos mal que nos habíamos detenido, estaba tan oscuro que
no se veía el orizonte. Mire un rato, me di cuenta la cantidad de horas que
habíamos estado en esa casa, sin embargo el tiempo parecían segundos.
Estaba atrapada
en un mundo desconocido.
-
Caramelle… - me llamó una voz dulce y aguda. No me dí cuenta al principio que
era a mi a quien llamaba, pero me di vuelta por el ruido.
Yuki estaba
parada en la puerta, con una mirada preocupada. En una mano tenía un conejo
blanco de peluche, muy viejo y gastado, pero algo en él hizo despertar una
sensación infantil de felicidad en mi.Usagi… pensé,
y supuse que simplemente era que sabía idiomas, ya que eso era conejo en
japones… o eso creía.
-
¿Qué pasa? – pregunté con una sonrisa bondadosa pero falsa.
-
Es que… no puedo dormir… - explicó avergonzada sin pasar al cuarto.
-
¿Estas asustada? – pregunté con ternura.
-
¡No! ¡Yo no me asusto…! – se quejó pero su voz se quebró cuando se oyó un
chirrido espeluznante. Miró para el suelo, avergonzada con sus ojos apagados.
-
No tenes que hacerte la fuerte, es normal estar asustado en un lugar así… - la
calmé mirando alrededor.
Era tenebroso,
sin lugar a dudas, pero yo lo sentía acogedor en cierto modo, como si ya
hubiera estado ahí antes.
-
Pero… Ciro siempre es fuerte… - dijo con los ojos apagados mirando al suelo.
-
Pasa. – accedí, ella entro con los ojos un poco más iluminados – Primero, ser
valiente no es no es no tener miedo, sino enfrentarse a ellos, como enseña
Harry Potter… - entonces no solo recorde esos libros, que eran mis favoritos,
sino que tambien recorde que ella seguro que no sabía que eran – Nada. Segundo,
no sabes lo que siente Ciro, me imagino que debe ser un gran mentiroso.
-
Si… pero él es realmente valiente.
-
No importa, seguramente es miedoso tambien, pero no escapa. Aunque… - pense
rápido en una manera de hacerla sentir mejor – él es cobarde en ese caso,
porque tiene miedo de mostrar como se siente, y no lo enfrenta.
Sirvió, sus ojos
se iluminaron y parecía divertida.
-
¿Querés dormir aca? – pregunté y ella asintió con fervor y se acostó en la cama
de un salto.
-
Eeh… - le quería decir que no entraba si ella ocupaba toda la cama, pero al
verla tan pacífica decidí toma una almohada, una sábana y me senté.
Miré a la nada,
seguía con mi mente en otra parte, pero gracias a Yuki me sentí mas cómoda y
segura.
En menos de una
hora Yukari ya se había dormida, y mi estómago gruñía con enojo e impaciencia.
Tenía mucha hambre…
Me levanté, con
la ilusión de que en la heladera hubiera algo que comer. Con pasos seguros,
como si fuera mi propia casa, llegué a la cocina, una amplia cocina con paredes
blancas y muebles antiguos, todos de un color verde esmeralda.
La casa estaba
oscura, tanto que cuando entre a la cocina no note que no estaba sola. Pense
que era Ciro al principio, pero no me tardo el darme cuenta de que no era así.
Un hombre, de
unos veintitantos, musculoso, alto y pelado estaba parado en con la típica de
un animal acechando a su presa en una de las esquinas más oscuras.
Quise gritar,
pero él fue rápido como una pantera. Se avalanzó sobre mi. me tapó la boca y me
tiró al suelo sin hacer un solo ruido.
-
¡Callate si no queres morir! – amenazó con voz grave y llena de desprecio -
¿Dónde está Ciro?

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